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El relato erótico "Tempranos inicios lésbicos, Parte 04 (Final)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Tempranos inicios lésbicos, Parte 01
  2. Tempranos inicios lésbicos, Parte 02
  3. Tempranos inicios lésbicos, Parte 03
  4. Tempranos inicios lésbicos, Parte 04 (Final)
Tiempo de lectura: 14 minutos

Era sábado por la mañana y noté que ya el sol se asomaba detrás de las persianas de mi alcoba, volví a dormirme y desperté solo cuando noté que una mano se paseaba por mi entrepierna, continúe haciéndome la dormida y la mano más atrevidamente comenzó a meterse por debajo de mi pijama, unos dedos suaves y cálidos comenzaron a recorrer mi monte de Venus y siguieron con rumbo a mi vagina, los dedos recorrieron los labios vaginales de arriba hasta abajo una y otra vez mientras que uno de los dedos comenzaba a abrirse paso dentro de mi panochita. Mis fluidos comenzaron a manar y el dedo que pugnaba por penetrar lo comenzó a lograr, mis pezones se eructaron completamente y mi respiración se agitó, no pude contenerme por más tiempo y mis caderas se movieron circularmente, hice a un lado la colcha y abrí los ojos. Bernarda me estaba masajeando la panocha.

¡Ya te estás empapando mi nena! – me dijo con voz ahogada.

¡Tú me pones así! – dije con la voz entrecortada por la excitación.

¿Te la mamó?

Sí.

Enseguida mi mucama se levantó de la cama y se sacó el vestido rojo del uniforme, sus hermosas y grandes tetas quedaron libres y debajo solo una panty muy sexy de color negro, no se la quitó. Bernarda se montó sobre mí posando sus labios sobre los míos que inmediatamente respondieron, mi lengua jugó con la suya por varios minutos mientras que su hermoso pecho se frotaba con el mío. Mis manos acariciaron el cabello de la criadita y descendieron por la espalda hasta llegar a sus nalgas, metí debajo de su panty mis manos y amasé los dos cachetes, luego busque el ano y le comencé a meter un dedo; no pasó mucho tiempo pues Bernarda comenzó a besarme el cuello con rumbo a mis senos y tuve que dejar de juguetear con su arrugado agujero. Los labios de Bernarda buscaron encontraron mis pezones y jugueteó con ellos por largos minutos, su lengua experta se enredaba, los lamía y succionaba con gran deleite y después de esto continuó con su camino hasta llegar a mi plano vientre, recorrió lentamente de un lado al otro hasta encontrar el inicio de mi vagina, su lengua enseguida recorrió el canal entre los labios vaginales hasta llegar a mi ano, yo ya había abierto las piernas completamente mientras que mis manos sobaban mis propios senos. La lengua de mi sirvienta se introdujo en mi ano y una y otra vez me lo mamó deliciosamente, luego subió hasta encontrar mi clítoris y tan solo de tocarlo me vine. Bernarda no me dejó descansar y siguió lengüeteando mi panocha hasta que otro orgasmo más se encadenó al primero. Tuve que morder la colcha para no gritar.

¡Dame tu raja!… ¡Dámela! – dije.

Bernarda se levantó y rápidamente se quitó las panty, se montó sobre mi cuerpo e hicimos un sesenta y nueve, su hermosa vagina quedó sobre mí cara y no tarde en comenzar a mamar esos labios gruesos y húmedos que se me ofrecían, mi lengua recorrió las paredes internas una a una y luego su agujero, los líquidos de mi hermosa “gatita” (Un nombre que se les da a las sirvientas) fueron sorbidos, sin descanso hasta que nuevamente las dos llegamos a un formidable y simultaneo orgasmo. Luego me levanté y me recosté a un lado de Bernarda, nos besamos y acariciamos por largo tiempo hasta que por fin nos levantamos y juntas nos metimos a bañar.

Después de almorzar salí un rato a la alberca para asolearme y allí vi a la señora Toña que estaba arreglando unas cosas en el jardín, contemple su cuerpo moviéndose debajo de su uniforme y sentí que me volvía a calentar pensando en las cosas que ella sabía hacer en la cama. Seguí mirándola y ella de vez en cuando me regalaba una sonrisa. Después de que ella termino con lo que hacia se acercó a mí.

¡Hola señorita!… ¿Cómo se encuentra?

Bien Toña… ¡Un poco caliente!… Lo digo por la asoleada.

Sí, ya lo veo – dijo mirando mis pechos pues se notaba el pezón erecto a través de la delgada tela del traje de baño.

¿Y tu como estás?

¡Bien!… ¿Le gustaría ver algo en verdad caliente? – preguntó.

¡Pues claro! – dije emocionada e imaginando cosas.

Entonces siga mis instrucciones – dijo – Dígale a su mamá que se va a quedar hoy en casa de una de sus amigas pero en lugar de eso se queda escondida en casa.

¡Mamá!… ¿Qué hace mamá?…

No pregunte más solo haga lo que le digo.

Y en donde me voy a esconder.

Se va a mi cuarto o al de Bernarda.

¡Está bien!

Toña se retiró dejándome completamente pensativa e imaginando mil cosas sobre mamá. Papá se encontraba en uno de tantos viajes de negocios y no era muy raro suponer que mi madre de vez en cuando se echaba una canita al aire como supongo que mi padre lo haría en sus viajes.

Pues como Toña lo había dicho seguí sus instrucciones y le avisé a mi madre que esta noche me la pasaría en casa de Victoria, mi vecina. Ella sin más emoción me dijo que estaba bien y entonces salí del estudio en donde se encontraba pero desde ese momento no la perdí de vista. Habíamos quedado que yo saldría a eso de las tres de la tarde a casa de mi amiga y que no regresaría hasta el día siguiente por la tarde.

Poco tiempo después de que salí del estudio esperé en una de las puertas del frente sin dejar de espiar los movimientos de mi madre, ella se levantó de su escritorio y se asomó a la puerta, luego regresó, se sentó y marcó un número telefónico. No alcancé a escuchar lo que platicaba pero si noté de vez en vez que se le escapaba una discreta risita, después de esa llamada todo fue tan normal como de costumbre y ya a las dos de la tarde fingí que preparaba una pequeña maleta, mamá se asomó a mi habitación y estuvimos platicando unos minutos, luego me preguntó que si quería que me llevara hasta la casa de los vecinos, le dije que no, que la señora Toña lo haría y ella aceptó.

Salí junto con Toña justo a las dos treinta de la tarde y nos encaminamos calle abajo hasta la esquina de la casa, luego regresamos por nuestros mismos pasos y entramos de nuevo en la casa, de inmediato me escondí en el cuarto de Toña, Bernarda tampoco estaba al tanto de este movimiento pues si se hubiera enterado seguramente estaría aquí haciendo el amor con migo. Pues me recosté en la cama de Toña y me puse a ver la televisión a un volumen muy bajo para no llamar la atención. Cómo a las seis de la tarde Toña se presentó en su cuarto y me encontró recostada en su cama viendo la televisión.

Está entrando ahora. – dijo y me señaló a la ventana que daba para le patio.

¿Quién?

Asómese.

Me levanté y discretamente me asomé por la orilla de la ventana levantando un poco la cortina que estaba cerrada, una camioneta negra estaba estacionándose en la cochera, esperé a que terminara de maniobrar y entonces la puerta se abrió. Un hombre joven de cabello rubio muy bien recortado, cara muy agradable y cuerpo atlético descendió. Se escucharon unos tacones en el pasillo que se dirigían a la puerta lateral de la casa y al poco tiempo mi madre apareció en escena, traía puesto un vestido negro que se ceñía a su cuerpo modelando sus preciosas curvas exquisitamente, su busto de regular tamaño se apreciaba firme, su cabellera caía suelta a su espalda debajo de la cual se apreciaba su piel desnuda. El hombre le sonrió al verla e inmediatamente le abrió los brazos para recibirla depositó un beso largo en su boca y luego le acarició levemente una nalga.

No sentí ni pena ni rabia por mi padre pues en realidad casi nunca se encontraba con nosotras y en cierta ocasión ya había habido problemas de infidelidad por su parte. Pues bien el hombre se separó de mi madre y luego de platicar unos instantes con ella ambos abordaron la camioneta y salieron. Ya Bernarda se había dado cuenta de que estaba en casa pues cuando salió mi madre inmediatamente nos fuimos a la sala a ver una película de lesbianas que tenían guardada ella y Toña. No hicimos nada sino que esperamos el regreso de mi madre, serían las diez de la noche cuando se escuchó que se abría la puerta de la cochera. Nos levantamos y entonces Bernarda me dijo que la acompañara, subimos a toda prisa al las escaleras y esperamos. Se escucharon algunas risas y poco después mi madre abría la puerta de entrada, detrás de ella entró el apuesto joven y los dos se sentaron en la sala. Desde nuestra posición teníamos completa visión de todo lo que estaba sucediendo.

El hombre se levantó y fue hacía la cocina en donde se encontraba Toña, luego de un par de minutos regresó con un par de vasos con refresco o bebida, nuevamente se sentó a lado de mi madre y comenzaron a besarse, se abrazaron y él lentamente la fue tendiendo en el sofá, con delicadeza deslizó uno de los tirantes del vestido de ella y mostró parte de su torso, luego el otro y con deleite fue descubriendo muy despacio las firmes tetas de mamá, los labios del joven buscaron el cuello largo de mamá y fue besando desde ahí hasta llegar a los senos, con deleite chupó cada uno de los erectos pezones de mamá y ella comenzó a quitarle la camisa. El hombre se puso de pie y ella se volvió a sentar en el sofá, el chico estaba frente a ella, las manos de mi madre buscaron el cinturón y lo desajustó, luego desabotonó el pantalón y bajó el cierre y al abrirlo soltó la prenda que por su propio peso calló al suelo. Bajo los calzoncillos del hombre se apreciaba una formidable erección que pronto quedó a la vista pues mamá bajó al instante los ajustados calzoncillos. Las pequeñas y finas manos de mamá comenzaron a acariciar la gran tranca que quedaba frente a ella, masturbó lentamente al muchacho por varios minutos antes de que su boca se abriera para recibir en su interior la púrpura cabeza del largo instrumento. Los labios de mamá se ajustaron perfectamente al glande y poco a poco se fue tragando el instrumento, ella se metió más de la mitad en su boca y una y otra vez feló al joven que con sus manos amasaba los senos de ella. La felación se prolongó por varios minutos y entonces el hombre comenzó a gemir mientras sus caderas se movían de adelante para atrás, mi madre comenzó a tragar la leche que él le estaba depositando en la boca, alguna gotita le escurrió por la barbilla pero no más. Siguió chupando el duro dulce hasta que el hombre comenzó a perder la dureza. Levantó a mi madre y la besó en los labios intensamente mientras que terminaba de quitarle el vestido. Ella quedó con su panty y un hermoso liguero a juego con este. El hombre le acarició las nalgas y entonces la hizo darse la vuelta quedando el a su espalda, le besó el cuello y bajó por su espalda acariciando con sus manos los costados. Al llegar a sus nalgas se detuvo y le pidió a mamá que se empinara, ella lo hizo dejando sus piernas estiradas y su cuerpo flexionado, se apoyaba con los brazos estirados y las manos apoyadas en el respaldo del sofá. Él le hizo a un lado el panty y comenzó a lamer la rajada de mamá, su lengua con deleite recorrió los labios de mamá lentamente y poco después toda la boca se pegaba para chupar los líquidos que salían de esa deliciosa gruta.

A estas alturas yo estaba masturbando a Bernarda y ella a mí, lentamente sin apurarnos pues no queríamos ser descubiertas.

Luego de chuparle por varios minutos la panocha él se levantó y ya nuevamente con su verga bien dura, sujetó las caderas de mamá y con movimientos de sus caderas buscó el orificio de su panocha, el glande se apoyó entre los rosados labios y con pausado deleite fue introduciéndose hasta que sus cuerpos chocaron, un vaivén rítmicamente lento comenzó a sacar suspiros y gemidos de los labios de mamá, la larga daga entraba y a la hora de salir lo hacía completamente empapada con los jugos que por dentro la lubricaban. Así estuvieron unos minutos y luego cambiaron de posición. El chico la recostó en el sofá boca arriba y le quitó la panty pero dejó el liguero. Se metió entre las piernas de mamá y sujetándolas con ambas manos volvió a penetrarla por la vagina, ahora la vista era más clara pues se veía como los dos labios vaginales atrapaban la dura daga y una y otra vez ésta entraba y salía. Mi madre comenzó a gemir pues alcanzaba su orgasmo y el chico aceleró las embestidas que le daba y muy pronto los dos gemían frenéticamente, vimos como la leche comenzaba a escurrir de la vagina de mamá y los chasquidos aumentaba, por fin ambos quedaron tendidos en el sofá descansando unos minutos.

Luego el chico se puso de pie y comenzó a vestirse viendo el cuerpo de mamá aun tendido en el sillón. Salió de la cocina en ese momento Toña y se acercó al joven, le tendió uno billetes y éste sin decir nada más salió de casa mientras que toña lo observaba desde la puerta, la camionera arrancó y se escuchó la puerta de la cochera abrirse y luego de un par de minutos volverse a cerrar. Toña se giró hasta donde estaba mi madre y se paró a un lado del sofá.

¿Cómo estuvo señora?

Lo de costumbre… ¡Son unos estúpidos! – dijo mirando a Toña.

¿Continúo con el trabajo?

¡Cómo siempre querida!

Entonces Toña se hincó en el suelo y mi madre le abrió las piernas mostrándole su recién fornicada panocha. Toña acercó su cara a la pepa de mamá y comenzó a lamerla, su lengua se perdió profundamente dentro de la vagina y comenzó a tragarse todo el semen que quedaba al interior, las mamadas eran largas y evidentemente que Toña las estaba disfrutando al máximo, luego de limpiarle completamente la panocha de semen las chupadas se concentraron sobre el clítoris de mi madre, su espalda se arqueaba y sus manos se posaron sobre la cabeza de la sirvienta. Toña siguió sin pausas mamando la panocha de mamá y pronto comenzó a añadir uno de sus dedos al agujero, luego otro dedo más hasta que tres dedos penetraban sin descanso en esa deliciosa panocha, los vellos de ella brillaban por la saliva de Toña y sus propios jugos. Mamá gritaba fuertemente y gemía anunciando que se estaba viniendo. Toña siguió con su labor hasta que por fin dejó a mamá le pidió que se detuviera.

¡Ven con migo Toña! – dijo mi madre.

Toña se puso de pie y comenzó a desnudarse ante la atenta mirada de mamá, cuando por fin estuvo completamente en desnuda mostrando la enmarañada mata de vello en su entrepierna y sus grandes pechos tomó a mamá por la mano y la levantó, le terminó de quitar el liguero y las medias y así de pie le dio un largo beso en la boca que mamá respondió sin chistar. Mi madre se abrazó al cuello de Toña y pegó sus senos a los de la sirvienta, sus cuerpos se movían de un lado al otro buscando la total satisfacción sobre sus pezones que estaban chocando una y otra vez. Toña se paró a mi madre de su cuerpo y luego la hizo empinarse sobre el sofá, su culo quedó en pompa y Toña colocándose detrás de ella le abrió las nalgas con ambas manos acercó su cara y su lengua comenzó a juguetear con el ano hasta dejarlo muy bien lubricado, le metió entonces un dedo profundamente u comenzó a cogérsela con este.

¡Llámala! – dijo jadeante mamá.

Bernarda… Bernarda. – gritó Toña.

Mi compañera entonces se levantó y bajó las escaleras, se paró a un lado de las dos mujeres y comenzó a desnudarse lentamente hasta quedar sin una sola prenda, mamá le hizo una seña y la joven se montó al sofá frente a su cara, abrió sus piernas mostrando su panocha y mamá pegó su boca saboreando los jugos que ya manaban de su gruta por la masturbada que nos estábamos dando. – Qué caliente eres, ya estas escurriendo – dijo mamá viéndola a la cara. Bernarda le sonrió y luego levantó un poco sus caderas para que mamá se diera cuenta de que la esperaba, ella volvió a pegar su boca a la mojada pepa de la joven y mamó al ritmo que Toña le daba en su propia raja.

Yo estaba que no podía de lo caliente y me saqué la panty para comenzar a masturbarme intensamente. Mamá y Bernarda en ese instante comenzaban a venirse simultáneamente, aunque la única que gemía era Bernarda por no tener su boca ocupada. Me pude dar cuenta de que mamá se venía pues su piel estaba completamente erizada. Luego de sus orgasmos las tres mujeres descansaron unos instantes y Toña fue la primera que su puso de pie.

¡Le tenemos una sorpresa a la señora! – dijo Toña.

¡Qué bien!… ¿De qué se trata?

¡Ven hija! – gritó Toña y yo perpleja comencé a bajar las escaleras.

¡Hija! – dijo sorprendida mi madre.

Sin decir nada y con las piernas temblando me acerqué hasta donde estaba Toña de pie y ella me tomo por los hombros poniéndome frente a mamá, las manos de Toña se apoderaron de la parte baja de mi camiseta y lentamente comenzó a levantarla dejando mi estómago a la vista, siguió hasta sacarme la camiseta completamente, solo quedé con un corpiño blanco que traía y por el cual se traslucían mis erectos pezones. Mamá tenía sus ojos muy abiertos pero no se atrevía a pronunciar ni una sola palabra. Toña se agachó para quitarme los zapatos y las calcetas y luego hincada me desabotonó la falda. Quedé únicamente con el corpiño, las manos de Toña recorrieron mis piernas desde los tobillos hasta las caderas haciéndome estremecer y sin dejar de mirar a mi madre que a la vez no perdía detalle sobre mí. Las manos de Toña acariciaron mi trasero y luego desde atrás metió su mano entre mis piernas palpando mis labios vaginales, me comenzó a masturbar lentamente y yo por instinto abrí un poco las piernas dejando más libertad de movimiento a la mujer. Mis jugos se escurrían por los muslos. Apreté mis labios reprimiendo un gemido que no pude contener pues finalmente salió. La boca de Toña se entretenía mientras tanto con mis nalgas.

Bernarda se sentó al lado de mi madre y su mano se metió entra las piernas sedosas de mamá y comenzó a masturbarla lentamente, para estos momentos Toña se había levantado y me quitó por fin el corpiño dejándome como Dios me trajo al mundo. Se pasó al frente de mí y agachándose me dio un beso en la boca que no dudé en responder. La sirvienta fue descendiendo lentamente por mi cuello, senos y estómago hasta que finalmente se sentó sobre el suelo y entre mis piernas. Su cara se levantó para mirarme y yo abrí entonces más mis piernas, Toña abrió su boca y comenzó a mamarme dulcemente, su lengua inició con pequeños piquetes en mi agujero a la vez que se meneaba de un lado al otro, sus labios se pegaron a mi panocha como una sanguijuela a su presa y comenzó a darme deliciosas lengüeteadas sobre el clítoris, ella me metía la lengua profundamente y se tragaba todos mis jugos, no pasaron más de cinco minutos cuando comencé a experimentar un delicioso orgasmo y esta vez lo grite y gemí con todas mis fuerzas. Mi pecho subía y bajaba con gran velocidad y mis ojos se cerraron involuntariamente al transportarme al éxtasis. Solo pude ver como el cuerpo de mamá también se retorcía victima de la mano de Bernarda.

Cuando por fin pude abrir los ojos Toña ya se había levantado y estaba detrás de mí nuevamente sujetándome por los hombros, me fue empujando lentamente hasta quedar a escasos centímetros de mamá. Las dos nos miramos a los ojos presas de una serie de sensaciones nunca antes experimentadas, por fin Toña tomando mis manos las puso en los senos de mamá, temblando comencé a acariciar sus bellos pechos sintiendo como temblaba ella también. Jugué con sus pezones que estaban completamente erectos y mi madre por propia iniciativa levantó sus manos hasta dejarlas en mis nalgas, me las acarició lentamente y entonces nuevamente nos miramos, en esta ocasión no hubo necesidad de nuevas palabras, nuestras caras se acercaron y nuestros labios se unieron en un cálido y prolongado beso, mamá me ofreció su lengua y yo al instante le respondí. Mis manos dejaron sus senos y acaricié su cabellera rubia, ella siguió jugando con mis nalgas, su pecho se pegaba al mío y pronto comenzamos a movernos para que nuestros pezones se frotaran.

Nos separamos unos instantes para mirarnos y Bernarda puso a mamá de pie, Toña me hizo recostarme en el sofá y me abrió las piernas dejando expuesta mi vagina; Bernarda entre tanto hincaba a mi madre frente a mis abiertas piernas y ella me miró, yo muy levemente moví mi cabeza en señal de asentimiento y ella se agachó. Cuando su lengua se posó sobre mi clítoris una corriente eléctrica me recorrió completamente el cuerpo. A ese primer contacto con mi vagina la lengua de mamá ya no se pudo detenerse y recorrió de arriba para abajo y de un lado para el otro cada uno de mis pliegues, su boca atrapaba mis labios vaginales y la lengua se enredaba sobre mi clítoris. Yo deseaba también probar a la vagina de mamá y se lo dije y rápidamente nos acomodamos en un delicioso sesenta y nueve. Probé por fin esa delicada panocha que se me ofrecía y entre tanto Bernarda comenzó a chupar e ano de mi madre, Toña por el otro lado me comenzó a dedearme el ano metiendo profundamente su dedo en mi agujero. Bernarda y yo de vez en vez dejábamos los agujeros de mamá para besarnos y lo mismo hacían Toña y mi madre. Mamá y yo comenzamos a venirnos simultáneamente y con los dos agujeros ocupados el orgasmo fue todavía mucho más intenso, ambas nos bebimos hasta la última gota de fluido que manaba de nuestras vaginas.

Sin descansar nos separamos y mamá tomó a Toña y yo a Bernarda, las recostamos sobre el suelo muy juntas y mientras que ellas se besaban nosotras nos dedicamos a chuparles sus panochas, mi lengua hendía la rica panocha ya muy conocida de Bernarda y mamá se devoraba a Toña, mientras que una de mis manos amasaba una de la tetas de Bernarda la otra estaba ocupada en las nalgas de mamá y al igual yo tenía un dedo de mamá profundamente clavado en el ano. Las dos sirvientas se vinieron en nuestras bocas regalándonos ese delicioso néctar que nosotras las mujeres ofrecemos. Esta vez solo descansamos un par de minutos y luego mi madre me recostó sobre le sofá y ella se empino entre mis piernas, me metió dos dedos en la vagina y me comenzó a coger así, Toña en el suelo deseaba la vagina de mamá y a su vez recibía en su panocha los dedos de Bernarda que estaba a un lado de mi empinada y esta última tenía mis dedos bien clavados en su panocha, así el circulo estaba completamente cerrado, solo se escuchaban en casa chasquidos húmedos y fuertes gemidos que escapaban de nuestros labios.

La orgía duró hasta las dos de la madrugada y todas juntas nos quedamos dormidas en la cama del cuarto de mamá, nos despertamos como al medio día y después de darnos un baño todas juntas en el jacuzzi regresamos a la habitación a repetir lo que había pasado en la madrugada. Desde ese día ya sea juntas o por separado repetimos esas maravillosas sesiones, por supuesto que a una de estas incorporé a mi novia Lisa y estoy pensando un día de estos invitar a mi vecina victoria, pero primero creo que debo de trabajarla muy bien.

Fin

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