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El relato erótico "Mi nombre es Laura, Parte 05 (de Mimmi)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mi nombre es Laura, Parte 01 (de Mimmi)
  2. Mi nombre es Laura, Parte 02 (de Mimmi)
  3. Mi nombre es Laura, Parte 03 (de Mimmi)
  4. Mi nombre es Laura, Parte 04 (de Mimmi)
  5. Mi nombre es Laura, Parte 05 (de Mimmi)
Tiempo de lectura: 8 minutos

¿Es normal vivir la vida sin virginidad? ¿Los hombres aceptan a las chicas no vírgenes? Diciembre, el mes más bonito del año, pues llegan las posaditas y la cena de Navidad. Fecha en que vienen a mi ciudad, de todas partes de la República los tíos con toda su familia, que entre tíos, primos y hermanos (hombres y mujeres) bien nos juntamos más de 30 personas que incluye a niños chiquitos, así que los que vivimos aquí, en esta ciudad, tenemos que acomodarlos en nuestras casas. En nuestra casa nos tocó darles alojamiento a un tío, hermano de mamá, su esposa y dos chiquillos chillones de 3 y 5 años… aunque afortunadamente los más latosos son los primos de más o menos mi edad y que quedaron alojados en otras casas. Para la cena de Navidad, nos vamos juntando todos en la casa de la abuela, ahí podemos saludar a tíos y primos (hombres y mujeres) que no vemos desde el año pasado, así como conocemos a los primos que nacieron durante el año. Los viejos (tíos y tías) se la pasan diciéndonos que ya crecimos, que estamos delgados, que están gordos, que estamos lindas, que qué varoniles están los primos, etc. Esa noche, para la cena de Navidad, todo el mundo, hasta la abuela, toma vino y a nosotros los menores de 15 años nos dan cidra, pero sólo dos copas para cada uno, pero no falta el tío alcahuete que nos sirve a discreción. Acabada la cena, los mayores se pasan a la sala a seguir tomando el coñac con café, los pequeños a la cama y nosotros los medianos a correr por toda la casa, nosotras a escaparnos de los primos que nos arrojan “cuetes” en los pies y se burlan por los brincos que pegamos para no quemarnos. Poco a poco se va haciendo la calma, los mayores ríen a carcajadas, las nalgadas a las tías no se hacen esperar, ellas dan el regaño pero ríen complacidas, las primas que no aguantaron más de dos copas de cidra se fueron a dormir, así que me quedo sola con los mayores, pero estos en cuanto se percatan de mi presencia me dicen que me vaya a jugar con mi hermano y con los primos. Claro que yo no quiero ir a jugar con ellos, pues son cuatro y son los mayorcitos y al mismo tiempo los más latosos, yo prefiero estar con los “viejos” pues sus pláticas, sus chistes, sus bromas, las caricias a las tías me gustan, pero ellos insisten que me vaya a jugar con mi hermano y los primos o que me vaya a dormir y como yo no quiero irme a dormir todavía, pues a regañadientes me voy con ellos, los busco y los encuentro que están en ruedita platicando cosas pícaras, pues en cuanto me acerco a ellos dejan de platicar; me corren, pero yo les digo:

– No sean así, las tías no quieren que esté con ellos y yo no tengo ganas de irme a dormir, así que me tienen que juntar con ustedes a lo que estén haciendo y si no le voy a decir a la abuela que no me quieren juntar.

– Pero es que tú eres vieja y las viejas son muy chismosas.

– Les prometo que no digo nada de lo que hagan, pero déjenme estar con ustedes.

– Bueno, dice el mayor de mis primos, pero no te vayas a rajar de lo que hagamos.

– No, se los prometo, les dije yo muy convencida “de mi madurez”. Mi hermano no decía nada, sólo me veía.

– Mira, dijo uno de mis primos, estamos platicando del tamaño de los penes, ¿ya los conoces? Sentí que me puse roja de la cara cuando me hicieron esa pregunta delante de mi hermano y creo que él también se puso rojo, no porque me molestara que me dijeran eso, sino por el pudor natural de nosotras las chicas. Los tres primos rieron a carcajadas al verme colorada, mi hermano permaneció callado.

– No me digas que nunca has visto un pene, me volvió a decir mi primo el mayor. Tratando de no voltear a ver a mi hermano les dije:

– No, nunca he visto uno.

– Bueno, dijo mi primo mayor que era el que llevaba la voz, pues nos caes de perlas pues tú vas a ser la juez, tú vas a ser la que decide quien tiene el pene más grande de los cuatro. Yo permanecía callada y muy cohibida por la presencia de mi hermano, pero sabía que no tenía alternativa, o aguantaba las bromas de los primos o me iba a dormir.

– ¿Quieres o no quieres? me dijo con voz imperiosa. Mi hermano agachó la cabeza, yo lo veía como pidiéndole auxilio, pero él me dejó sola.

– ¡Si!, dije con voz resuelta.

– Bien, vamos a enseñársela a Laura y que ella nos diga cual es la más grande. Y se la sacaron de entre el pantalón, mi hermano no hacía nada, sólo veía.

– Tú también enséñasela, si no mañana tú pagas los refrescos.

– Pero es que… es mi hermana, dijo mi hermano.

– Nada, nada, o de plano te declaras perdedor de faul, anda, no seas marica, le dijeron los tres. Y mi hermano también se la sacó y se empezaron a masturbar para alargar su pene.

– ¿Quién la tiene más grande?, preguntó uno de los primos. Yo no decía nada, sólo veía tres penes, el de mi hermano no lo veía, pues de sobra lo conocía.

– Anda Laura, ¡o nos dices o te vas!

– El… el… el de… creo que el de “J” es el más largo.

– No es cierto, dijo “N”, el mío es mayor.

– Vas a tener que tocarlos para medirlos con tu mano, dijo “R” mi primo mayor. La verdad que yo no quería hacerlo, estaba ahí mi hermano y me daba pena tocar los tres penes para decidir cual era el mayor.

– Bueno Laura, si no quieres jugar con nosotros entonces lárgate, vete a dormir.

– Me da vergüenza, les dije.

– Que no te de vergüenza, dijo uno “R”, ¿verdad “F” que no pasa nada?

– Claro, dijo mi hermano: “F”. “R” me tomó de la mano y la puso en su pene.

– No se trata de cual es el más largo, sino que tienes que ver cual es el más grande, promediando el grosor con lo largo, en tu personal modo de apreciar, como mujer, tienes que decidir cual es el pene más grande. Yo volteé a ver a mi hermano y él con un lijerísimo movimiento de cabeza, o cuando menos así lo entendí yo, me hizo la seña que siguiera adelante. Con pena, porque en realidad sentí mucha pena, fui tocando con ambas manos cada pene de mis primos y dejé al final el de mi hermano.

– ¿Cuál es el más grande?, me preguntó “R”.

– No sé.

– ¿Cómo que no sabes? dijo “J”, tienes que decidirte por uno, por el pene que te parezca a ti el más grande.

– Anda, mídelos de nuevo con tus manos y decídete, dijo “N”. Y volví a tocar cada uno de los penes de mis primos y de mi hermano.

– ¿Y?… preguntó mi hermano.

– No sé, contesté, pues uno es más largo que los otros pero el de “J” es el más gordo.

– No es cierto… no es cierto, gritó “R”, que por ser mayor de edad, él quería ser el elegido por el pene más grande… vuelve a medirlos. Y vuelta a lo mismo. La verdad que no capté el juego de mis primos y creo que hasta el de mi hermano, que se mostraban inconformes con mi elección del pene más grande, a fin de que volviera a agarrárselos una y otra vez. Y yo, con tanta tocadera de penes me sentía irritada de la piel de la cara… bueno, creo que me sentía caliente de todo el cuerpo y mis primos seguían insistiendo a que se las volviera a medir. En lo que fue la última pasada de tocarles el pene para según ellos diera un veredicto justo, “R” me tomó de la mano y me la empezó a mover masturbándose. Yo quise quitar mi mano, pero fue tan débil mi resistencia que “R” siguió masturbándose con mi mano hasta que me arrojó un chorro de semen que mojó mi vestido; no soltó mi mano, siguió masturbándose y arrojó dos o tres chorros más que me mojaron los zapatos.

– Ya no juego, les dije, no se trataba de eso, sino de decidir por el tamaño. “N” tomó mi mano y me la puso en su pene y se masturbó con ella arrojándome varios chorros de semen que mojaron mi vestido y mis piernas. “J” no se quedó atrás e hizo lo mismo.

– Hazle a tu hermano, dijo “R”, quiero ver si arroja los chorros tan fuertes como los míos. Como yo no hice por agarrar el pene de mi hermano, “R” me puso mi mano en el pene de mi hermano y tomando la mano de mi hermano le dijo:

– Mastúrbate tú también. Mi hermano tomó mi mano y también se masturbó hasta mojarme el vestido. Cuando mi hermano soltó mi mano, me fui corriendo, pero yo sabía que no podía ir y decirle nada a la abuela o a mamá, así que me encerré en un baño a asearme y desde luego tuve que masturbarme para quitarme lo irritada que me sentía. Tanto mis primos como mi hermano pensaron que estaba llorando y todos se fueron con los mayores alegando que ya tenían sueño. Yo me masturbé varias veces y fue mamá la que me fue a tocar al baño para decirme que ya nos íbamos a casa. Arregle mi vestido lo mejor que pude y salí. Mis papás ya estaban en el coche con mi hermano, mis tíos y mis primitos que estaban en brazos de sus papás dormidos y nos fuimos a casa. En cuanto llegamos a casa, mi hermano se metió a su recámara y tiempo después me dijo que él temía que yo estuviera enojada y fuera a decirle algo a mis papás. Yo me fui a mi recámara y como siempre dejé la puerta entreabierta como es mi costumbre y también, como es mi costumbre, me acosté a dormir completamente desnuda, pues con el cobertor eléctrico y la calefacción de la casa, puedo dormir calientita y sin frío. Me estaba quedando dormida pensando en lo que había pasado, cuando sentí que entraba mi hermano a mi recámara y supuse a lo que iba. No dije nada y él cerró la puerta. Se acercó despacito y se sentó en la cama junto a mí y agachándose me dijo al oído:

– ¡Ya vi lo que hiciste con tus primos y tu hermano! Yo brinqué de susto, ¡NO ERA MI HERMANO!, era mi tío.

– Tranquila, me dijo quedito, no voy a decir nada, sólo dime ¿por qué lo hiciste? Yo estaba muda de miedo, mi tío se había dado cuenta que había masturbado, con mi consentimiento o no, que había masturbado a mis tres primos y a mi hermano.

– ¿Te gustó masturbar a tus primitos y a tu hermano? Yo callada, temblaba de miedo. Bajó poco a poco el cobertor con el que me cubría y ya acostumbrado a la media oscuridad de mi recámara, se dio cuenta que estaba completamente desnuda y puso una de sus manos en mis tetitas.

– ¡Pero si ya eres toda una mujercita!, dijo mi tío. Y me empezó a acariciar mis tetitas, yo estaba petrificada de miedo y podía ver una mueca de risa en su cara. Bajó su mano hasta mi entrepierna y la encontró muy mojada, pues por la calentura natural de masturbar a mis primos y a mi hermano y las posteriores masturbadas que tuve que darme yo en el baño.

– ¡Pero mira nada más, si estás toda mojadita! Y me empezó a masturbar. Yo apreté las piernas, pero él con mucha experiencia y fuerza, situó uno de los dedos en mi clítoris y me masturbó. Yo sin quererlo… soy sincera… no lo quería, pero la naturaleza obró en mi y él sintió que tuve un orgasmo. En ese momento se paró, yo pensé que ya se iba a salir de mi recámara, pero no, se quitó la bata y vi que él también quedaba completamente desnudo y con un enorme pene bien parado. Se acostó a un lado de mí, ¡en mi cama! y me siguió masturbando con su mano al mismo tiempo que me chupaba mis tetitas, hasta que tuve otro orgasmo. Ya he comentado en relatos anteriores que en cuanto me chupan mis tetitas, pierdo toda voluntad de resistirme, así que aflojé el cuerpo y lo dejé en libertad. Siguió masturbándome y me metió un dedo en mi vagina y debió de darse cuenta de que no era virgen, así que se acomodó sobre de mí, con sus mismas piernas separó las mías y con su mano acomodó su enorme y grueso pene en mi vagina y sin consideración alguna… y digo sin consideración alguna, porque él no sabía que tan estrecha era… me la entró de un solo movimiento de su cadera.

Continuará

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