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El relato erótico "Mi nombre es Laura, Parte 04 (de Mimmi)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mi nombre es Laura, Parte 01 (de Mimmi)
  2. Mi nombre es Laura, Parte 02 (de Mimmi)
  3. Mi nombre es Laura, Parte 03 (de Mimmi)
  4. Mi nombre es Laura, Parte 04 (de Mimmi)
  5. Mi nombre es Laura, Parte 05 (de Mimmi)
Tiempo de lectura: 6 minutos

Sigo pensando que se le nota a una cuando ya perdió la virginidad, pues a partir de que empecé a tener relación con mi hermano, los chicos de la secundaria me buscaban, querían andar conmigo, me invitaban a salir, cuando antes ni siquiera me tomaban en cuenta. Para hacer trabajos en grupo, evitaba lo más posible tener que ir a la casa de Nena, porque aunque nos juntábamos grupos de 5 o 6 compañeros y compañeras de la secundaria y nos tocaba ir a la casa de Nena, su papá siempre buscaba pretextos para que me quedara al último. Un día que tuvimos que ir al Colegio por la tarde para preparar las fiestas de Navidad, terminamos cuando ya estaba oscuro. Hablé por teléfono a la casa y desafortunadamente no había nadie, nadie contestó el teléfono, así que decidí que tendría que regresarme caminando a casa. Dos de mis compañeros, con los que habitualmente hacíamos equipo para hacer las tareas, amablemente se ofrecieron a acompañarme a mi casa, “para que no me fuera sola”. Desde luego que yo accedí a que me acompañaran, pues son chicos muy serios y educados y nos fuimos caminando a mi casa. En el camino tuvimos que pasar por un parque que se haya muy cerca de mi casa y cuando íbamos atravezándolo, uno de mis compañeros me tomó de la mano, me jaló hacia él y trató de besarme. Yo no lo permití y me puse las manos en la cara para que no me besara, pero el otro compañero se situó atrás de mi y me quitó las manos de la cara por lo que mi compañero que estaba frente a mi, me besó en la boca mientras ponía sus manos en mis tetitas. Yo forcejeaba para que me dejaran ir a mi casa, pero no podía safarme de los brazos de ambos compañeros. Luego cambiaron de posición y el que estaba atrás de mi fue el que me besó y me sobaba mis tetitas, yo les pedía que me dejaran ir:

– No sean malitos, déjenme ir, me hacen daño.

– No me digas que no te gusta, me dijo al oído el que se encontraba atrás de mi.

– No pongas resistensia, te va a gustar, me dijo el otro. Y empezó a desabotonarme la blusa. Yo hacía esfuerzos por safarme, pero no podía. Me desabrochó toda la bluza y me levantó la camiseta, pues aún en ese tiempo no usaba bra, me levantó la camiseta y me empezó a chupar mis tetitas. Eso me desarmó. Sentí que todo el cuerpo se me aflojaba y ya no pude poner resistencia. Entre los dos compañeros me acariciaron toda, me chuparon mis tetitas y sin el menor esfuerzo de mi parte me quitaron mis calzoncitos y los aventaron hacia atrás de unos arbustos. Yo no podía pensar después de que me chuparon mis tetitas. Me recargaron en un árbol y uno de los chicos, sin saber cual, me la entró mientras el otro no dejaba de acariciarme mis tetitas. Me vino un orgasmo y él debió de tener el suyo adentro de mi, porque me la sacó. El otro chico ocupó su lugar y también me la entró. Así estuvieron uno y otro, no sé cuantas veces, hasta que sin poder evitarlo caí sentada al pie del árbol que había servido para que mis compañeros de la secundaria se aprovecharan de mi. Ellos debieron de asustarse cuando vieron que me caí, porque se fueron corriendo dejándome sola. Yo me quedé sentada en le suelo un buen rato, pues mis piernas las sentía blanditas y calientítas de momento no podía pararme. Me puse de pie, sentía que me orinaba, pero no tenía ganas de hacerlo, por lo que deduje que era lo que ellos me habían arrojado adentro. Me quité el fondito que me pongo debajo de la falda del uniforme y con él me limpie poniéndome de cuclillas. Cuando sentí que ya no me salía nada, tiré lejos el fondo mojado y me fui a mi casa que afortunadamente ya estaba cerca. Llegue a casa y afortunadamente todavía no había llegado nadie. Recordé que mi hermano me ha dicho terminando de tener sexo conmigo, que me aseé, así que me metí a la regadera para asearme. Me bañé con agua muy calientita y estuve un buen rato saboreando el calorcito y el relajamiento que me producía. Terminé y salí de la regadera. Tomé una toalla y frente al espejo me empecé a secar el cuerpo.

– ¡Pero si no tengo todavía cuerpo!, me decía viéndome en el espejo mientras me secaba.

– ¿Por qué me hacen esto si todavía tengo el cuerpo de niña?

– ¿Por qué abusan de mi si yo no los provoco? Estaba en mis cabilaciones, secándome, viendo en el espejo mi entonces pequeño cuerpo, cuando mi hermano entró al baño.

– Salte del baño, todavía no termino, le dije.

– Tengo muchas ganas de hacer pipí, me contestó él. Ya no dije nada y él se puso a hacer pipí estando yo todavía en el baño. Por el espejo volteé a verlo. Cuando terminó de hacer pipí, no se guardó su miembro, se volteó frente a mi y me dijo:

– ¿Quieres? Yo no le contesté nada. Pero él se acercó a mi y arrancó de mis manos la toalla con la que me estaba secando, bruscamente me volteó hacia él y me empezó a acariciar mis tetitas.

– ¡¡¡Déjame!!!, le dije, no quiero.

– Ya te están creciendo más, dijo él.

– Déjame, ya te dije que no quiero.

– Ya te estás poniendo muy buena, dijo él. Se agachó y me empezó a chupar mis adoloridas tetitas. Me quejé.

– No me digas que no te gusta, me preguntó.

– Me duelen, le dije. Bajó su mano a mi entrepierna y me empezó a frotar. Poco a poco empecé a sentir el calorcito que invadía mi cuerpo. Metió uno de sus dedos y luego se lo llevó a la nariz.

– ¡Oye!, esto huele a hombre, de quien te dejaste.

– De nadie, le dije yo.

– No me mientas, me dijo, ¡mira! Y puso su dedo mojado en mi nariz.

– Eso que hueles, es esperma, ¿con quien lo hiciste? Yo empecé a llorar.

– No llores, me estrujó, ¡¡¡dime!!!, ¿con quien estuviste? Yo estaba llorando y le conté lo que me había pasado. Me tomó de la mano y me sacó del baño, yo lloraba, pensaba que me iba a pegar, pero me llevó a su recámara, cerró con llave y me dijo:

– De modo que ya te gusta hacerlo por otros lados, ¿eh?, ¡¡¡pues te voy a enseñar!!! Me acostó en su cama y él se sentó encima de mi, en mi pecho, poniéndome su pene en la boca.

– ¡¡¡Abrela!!!, ¡¡¡chúpamela!!!

– Es que yo no sé, le dije entre suspiros por el llanto que había tenido.

– Tú abre la boca y yo te digo. Abrí la boca y el introdujo un poco de su pene.

– Ahora ciérrala, pero no lo hagas con los dientes, hazlo sólo con los labios. Así lo hice y sentí en mis labios su pene muy caliente.

– Ahora mueve tu lengua en mi pene, tócalo con tu lengua. Lo toqué con mi lengua y sentí que estaba muy caliente y duro.

– Ahora chúpalo, pero no uses tus dientes sino sólo los labios y la lengua, me dijo. Así lo hice y él me dijo:

– ¡¡¡Con los dientes no!!! Seguí chupándoselo y debí de hacerlo bien, pues ya no me volvió a decir nada. Me dolían las quijadas al estar chupándosela, pues la tiene muy gorda y él metía más y luego la sacaba muy despacito para volver a metérmela en la boca otro poco.

– ¿Te gusta?, me preguntó entre jadeos, ¿te gusta chupármela? Yo no podía contestarle por su cosota adentro de mi boca, sólo levanté la vista como preguntándole:

– ¿Y a ti te gusta que yo te la chupe? Y sentí que se orinaba en mi boca, yo quise quitarme pero el me sujetó de la cabeza y no me quedó otra que pasarme su orín. Cuando dejó de salirle me la sacó y me preguntó:

– ¿Te gustó mi lechita?

– ¿Lechita?, que no te orinaste en mi boca.

– Claro que no tonta, tuve un orgasmo en mi boca.

– Pero fue mucho, me estaba ahogando.

– Es que venía muy caliente, mi novia no se deja coger y con los agasajos me deja muy caliente.

– ¿Y yo que culpa tengo?, le dije.

– ¡Anda!, no me digas que no te gustó.

– No, no me gustó, eso sabe muy feo. Se bajó de encima de mi y se acomodó entre mis piernas y sin decir palabra me la entró arrancándome un quejido.

– ¿Esto si te gusta?, me preguntó.

– ¡¡¡TE GUSTA!!! me gritó.

– Si, eso si, le dije quedito. Y empezó con el mete y saca haciendo que tuviera yo un orgasmo.

– ¿Y te gustó que te cogieran tus compañeros?, me dijo entre jadeos. Yo estaba callada.

– ¡¡¡CONTESTAME!!! me dijo dándome una entrada muy brusca que me arrancó un quejido… ¡¡¡contéstame!!!

– No, no me gustó, le dije yo quedito.

– ¿Por qué no te gustó?

– Porque tenía miedo.

– ¿Miedo de qué?

– De que alguien nos viera.

– ¿Y descansaste?

– ¿Descanzar?

– ¡Si!, tuviste cuando menos un orgasmo. Pensé en ese momento todos los orgasmos que había tenido y me dio pena decírselo a mi hermano.

– ¿Qué si tuviste orgasmos? me repitió.

– ¡Si!

– ¿Cuántas veces te veniste?

– No sé.

– ¿Cómo que no sabes?

– No, no sé.

– ¿Pero fue más de una vez?

– Si.

– ¿Cinco?

– No.

– ¿Más?

– ¡Si!.

– ¡¡¡Andale chiquita, vaya que te la aventaste buena!!! Dijo mi hermano mientras arreciaba sus movimientos lanzando quejidos por su venida adentro de mi. Yo también tuve un orgasmo más.

Continuará

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