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El relato erótico "Mi niñez en el internado, Parte 04 (Final)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mi niñez en el internado, Parte 01
  2. Mi niñez en el internado, Parte 02
  3. Mi niñez en el internado, Parte 03
  4. Mi niñez en el internado, Parte 04 (Final)
Tiempo de lectura: 15 minutos

¿No es cierto killian?”

-“S-si, auch” –

El director se acercó a mí no muy convencido de la situación y ayudo a pararme pero no pude mantenerme en pie y volví a caer. Por la cara que coloco supe que se preocupó bastante, quizás pensó que me había fracturado el pie o un desgarro. Sí supiera que lo único desgarrado en ese momento era todo mi conducto anal.

Pero para la suerte de nosotros se creyó el cuento y le pidió a Abraham que me llevara a la Enfermería y él nos acompañó hasta la entrada. Una vez ahí comencé a transpirar en frio y cuando vi el rostro de Abraham supe que él también lo hacía. ¿Qué diríamos cuando se dieran cuenta que mí pie estaba bien?

De todas formas yo ya no podía fingir más, porque mi pobre culito estaba doliéndome mucho, era inaguantable. Lo sentía palpitar como si mi corazón estuviera ahí, lo sentía ardiendo como si hubiese una chimenea dentro y dolía como si un taladro hubiese entrado destruyendo todo a su paso. El dolor lo sentía casi en mi vientre y creí que en cualquier momento me haría del “dos” porque todavía tenía mí culito abierto.

Y cuando la Enfermera chequeó que todo estaba bien, el director miro inquisitivamente al profesor Abraham, pero este le evitó la mirada.

-“Profesor, acompáñeme afuera, quiero hablar una palabrita con usted”

Y sin chistar desaparecieron ambos y a los segundos la Enfermera también fue llamada, dejándome solo con un terrible dolor de estómago. No sé cuánto tiempo pasó, pero la Enfermera entró con una cara de horror tremenda y no vi al director ni a Abraham. La enfermera comenzó a hacerme preguntas de sobre si Abraham me tocaba y cosas así, y como ya no tenía sentido mentir pues era más que obvio que ya se habían dado cuenta, le respondí con la verdad omitiendo los detalles escabrosos y los ricos orgasmos, porque fueron ricos, no voy a negarlo.

Me hizo acostarme de pecho y pidiéndome permiso comenzó a bajarme los pantalones. Fue algo muy incómodo pero la dejé porque realmente necesitaba que me calmaran el dolor. (No sé si a todos les paso eso en su primera vez o quizás yo era muy chico y su pene muy grueso, o soy muy estrecho o no sé, puede ser que fue muy bruto. La cosa es que realmente me dañó). Sentí sus suaves manos tocar mis suaves y turgentes nalgas y cuando las abrió escuche un grito ahogado y comenzó a decir cosas.

-“No puede ser, pobrecillo…Dios mío…”- y cosas así.

Después escuché que sacaba cosas y revolvía entre sus materiales, sentí algo frío y después algo que hizo que no sintiera nada en esa zona. Eso fue lo que más agradecí pues sentía que me quemaba. Luego sentí que puso algo como una venda o un parche y volvió a salir. Al rato entró y me puso mí ropa interior y a los minutos entró el director, me hizo preguntas y me dijo que había llamado a mi madre para que me llevara a casa.

Al día siguiente llego mi mamá y me abrazó con lágrimas en sus ojos, me pedía perdón aunque yo no entendía por qué si ella no había tenido ninguna culpa. Habló con el director muy enfadada y él le aseguró que a Abraham lo habían despedido y que ellos tomarían los cargos legales correspondientes para que mi madre no se preocupara de hacer nada y también le dio dinero, no sé para qué.

Y esa fue la última vez que pisé ese internado pues no volví más y nunca supe de Abraham ni si realmente el internado hizo algo en su contra.

Estuve un par de días sin poder hacer nada, ya no me dolía tanto y sentía mi culito 0 kilómetros otra vez, pero mi mamá se empeñaba en no dejarme hacer nada por miedo a que me doliera.

Por un tiempo viví mi vida normal como cualquier niño. Tenía muchos amigos en el colegio, pues siempre fui (y soy) muy carismático, participativo, amable y simpático. A todos les gustaba jugar conmigo y les caía muy bien a los profesores. Salí de la escuela básica con el mejor promedio del curso en un colegio de Temuco y aunque tenía becas para estudiar en algún liceo privado, preferí estudiar en uno municipal muy bueno de la ciudad.

Mi madre consiguió trabajo en una casa en el barrio alto y wow, que casa. Era muy lujosa y espaciosa y las personas que vivían ahí eran muy tranquilas y buenas con nosotros. Vivían 5 personas, pero la casa fácilmente albergaba mínimo tres familias de cuatro. Jamás vi una casa de tres pisos todo muy lujoso pero de aspecto hogareño.

Esa familia se componía del matrimonio con sus tres hijos. La mujer era una pediatra, tendría alrededor de 44 años y pues como adivinarán por su trabajo era muy apegada a los niños, así que en ella encontré una segunda mamá. Su marido era chef y tenía unos 50 años, era un buen hombre pero no lo veía mucho pues tenía unos restaurantes y siempre salía a atenderlos. El hijo mayor se llamaba Alger , tenía 27 años y estaba terminando su carrera de odontología. Luego le seguía Andrea que tenía 20 años que por el momento no hacía nada y siempre se metía en problemas. Y por último Vicente que era el regalón de todos y tenía 11. Eran una familia Alemana pues sus padres se vinieron de Alemania cuando Alger tenía 7 años.

Todos eran rubios, todos tenían ojos color avellana, excepto Vicente que los tenía más café. Todos eran muy altos, hasta Vicente que era menor que yo era casi de mi misma altura. Y todos muy guapos (gusto personal, me gustan las personas rubias) pues tenían un cuerpo muy lindo ya que todos hacían algún tipo de deporte. Y también siendo lo más importante, todos eran de buen corazón y nos acogieron muy bien.

Con mi madre dormíamos en el tercer piso. Ahí habían 3 habitaciones pero con mi mamá solo usábamos una pues yo aún no me acostumbraba a dormir lejos de ella otra vez. En el segundo piso dormían todos los demás.

En la mañana la señora Emmily nos iba a dejar a mí y a Vicente al liceo, aunque él iba al colegio Alemán mientras que yo a otro en el centro de Temuco. Cada vez que llegábamos al colegio de Vicente me quedaba viendo a todos los niños y niñas que ahí estaban y por Dios, muchos no tenían nada que envidiar a los modelos de revistas porque sobre todo los más grandes estaban para comérselos con papas fritas. Tanto hombres como mujeres.

Con Vicho (Vicente) teníamos un horario muy parecido y pues estábamos prácticamente toda la tarde juntos y él estaba muy feliz pues generalmente se quedaba abandonado prácticamente y desde que llegamos con mi mamá ya no se sentía tan solo.

Vicho tenía muchos juguetes y libros, incluso tenía Harry Potter y el cáliz de fuego (y obviamente lo tenía que leer pues me había quedado estancado con el prisionero de Azkaban). Por lo que no nos aburríamos y hacíamos muchas tonteras. Y como luego me di cuenta, a pesar de su carita inocente y tierna con esa piel blanca y tersa que asemejaba a un angelito, en realidad era muy diablillo.

Un día jugando (ya habían pasado 6 meses de que llegamos a vivir ahí) por internet en su habitación, mientras mi mamá hacia el almuerzo y Andrea estaba en su Habitación haciendo quizás que cosa extraña, Vicente me dijo que buscáramos algo más interesante para ver y que según él unos niños de su colegio veían casi siempre. Pensé que se refería a imágenes graciosas como los “memes” o algo así, por lo que acepté.

-“Iré al baño primero.- le dije.- búscalo mientras”.

-“Bueno, pero apúrate”.

Su baño era hermoso, yo feliz con una manta y un colchón viviría ahí. Era gigantesco, podría acostarme en el suelo y hacer ángeles de nieve sin tocar nada. Yo ya estaba más desarrollado, mi cuerpo estaba muy bien, mi vientre estaba marcado ligeramente totalmente lampiño, solo tenía una pequeña mata de pelo en la base de mi pene que ya estaba llegando a los 15cm en erección y mi culito estaba cada vez más durito y bien formado debido a el voleibol que practicaba en el liceo, además de que lo tenía grande de genética y prácticamente estaba como si nunca me lo hubiesen reventado a pollazos.

Cuando volví a la habitación encontré a Vicente casi babeando mientras veía un vídeo porno en el computador a la vez que con su mano acariciaba su entrepierna. Me hice notar con un sonido de garganta pero lejos de hacer que se sintiera incomodo, se giró y me invito a tomar asiento al lado de él. Yo quedé sorprendido pues esperaba que por último se sonrojara de la vergüenza pero parece que en ese momento el avergonzado era yo.

Silenciosamente y todavía anonadado por su desfachatez me senté a su lado. El vídeo para mí en ese momento era muy excitante, había una rubia con unas tetas enormes que alcanzaba a alimentar una familia de cinco. Era penetrada analmente por un pelirrojo que con el trozo de carne que poseía no tenía nada que envidiar a una espada laser de “Star wars”. La mujer gritaba como si el hombre la estuviera apuñalando y los gemidos sexys del chico me erizaban los pelos de la nuca.

Vicente miraba con los ojos casi dos centímetros más delante de lo sanamente normal.

-“¿Vicho? –Dije mientras intentaba llamar su atención.- ¿Estás ahí?

-“S-si”- dijo con los ojos abiertos.- “¿Crees que ella sienta dolor?

-“Mmm parece que sí, es realmente doloroso.”

-“¿Cómo sabes?- me preguntó todavía mirando la pantalla mientras el hombre sacaba su gran pene de glande rosado y arrojaba un escupitajo al dilatado y rosado ano de la mujer.

-“Hmm no sé, s-solo lo digo por la cara que ella pone”

A medida que avanzaba el vídeo yo me iba poniendo cada vez más excitado y mi pene estaba llegando a tope. Vicente por otro lado se frotaba cada vez más rápido, sin importar que yo estuviera al lado de él. Por un momento me sentí ignorado o invisible pero excitado.

-“¿Te has tocado alguna vez?”- Soltó de pronto.

-“¡Qué!”- Dije sorprendido por la pregunta.

-“Qué si te has tocado, yo sé que muchos de mis compañeros lo hacen y una vez vi a Alger haciéndolo, así que no te hagas.”

-“Es que… Hmm bueno, sí.”- Respondí rojo de la vergüenza.- “¿y tú?

-“Yo también”

Omg… Bueno, ya tendría que haberlo sospechado. Para tener once años ese chico sabía muy bien lo que hacía y no le avergonzaba decirlo.

-“¿Quieres pajearte ahora?”.- me pudro en el infierno. ¿Realmente dijo eso? Creo que dejaré el chocolate, me hace alucinar.- “oye, killian ¿Quieres pajearte?”

Rayos, si lo había dicho.

-“¿Lo dices en serio?”- escepticismo salió de mis labios pues quería pensar que me jugaba una broma.

-“Pues sí… Yo lo haré”- y sin perder tiempo se bajó sus ropas y me mostró un lindo pene blanco que al llegar al glande se volvía un poco rosa. Lampiño totalmente y suave a la vista. Estoy seguro que mi mandíbula rebotó en el piso y volvió a mi boca de la impresión. No podía creer que lo hiciera así tan fácil como si fuera la cosa más normal del mundo y más fue mi impresión cuando comenzó a jugar con sus testículos que empezaba la etapa de desarrollo.- “¿Lo harás tú también o no?”

-“Eh… claro”- que más da. No podía negar que ese niño me ponía. Siempre he tenido la debilidad por quienes tienen iniciativa y ese chico de seguro cuando creciera iba a tener a muchos y muchas locos por él y su personalidad.

Cuando saqué mi pene sus ojos automáticamente giraron para verlo. Si su mirada fuera un láser hubiese atravesado mi pene con todo y piso. Mi cara ardió como si me hubiesen tirado agua hirviendo y luego ese calor bajo a mi glande, pues esa mirada tenía deseo y ese deseo me excitaba.

Comenzamos una lucha de miradas, el vídeo quedó en segundo plano y los chillidos fingidos de la rubia quedaron en el olvido pues solo teníamos sentidos para mirar el pene del otro y escuchar las respiraciones. Él con sus deditos masturbaba su pene mientras sus ojos iban desde el movimiento que hacía con la mano hasta mis ojos. Cuando se daba cuenta que lo miraba se mordía esos labios rojos y sensuales descaradamente. Ese niño quería provocarme y en la edad que yo estaba, hasta una puerta me calentaba así que no le fue muy complicado. Yo le seguí el juego y usaba mi mirada con mi boca para provocarlo también y poco a poco en sus bellos pómulos comenzaron a pintarse unos ligeros tonos rojizos y sus ojos brillaban de excitación.

Miraba su pene, después a sus ojos y luego me mordía los labios, como sugiriéndole que se me hacía agua la boca por probar ese fino bocado de exportación. Por suerte no nos molestaron en todo ese rato porque la escena no traería nada bueno para nosotros, aunque ese riesgo sin duda era la salsa que agregaba sabor extra mis papas fritas. Mi pene comenzó a botar ese líquido transparente que siempre me salía en mucha abundancia y que al parecer llamó mucho la atención de Vicente pues lo miraba con curiosidad.

-“¿Qué es esa agüita que te sale?”-Preguntó tan sexy, dulce e inocentemente.-

-“Es pre-semen. Según me han dicho es para lubricar”

-“¿Lubricar?”- Genial, el niño tenía mente abierta solo para tocarse y ver porno pero no para entender siquiera su cuerpo.

-“Sip, como cuando se le pone aceite a las puertas para que no rechinen, solo que esto sirve para que al penetrar entre más fácil.”

Siguió haciendo preguntas estúpidas sobre eso y yo pacientemente se las respondí pues pensé que debería saber sobre su cuerpo y si teníamos planeado seguir con esto no iba a estar de más que supiera cosas nuevas.

-“¿Qué sabor tiene?”- Me gustaba para donde iba esta conversación.

-“Es un poco salado y viscoso”

-“¿Lo haz probado?”

-“Sip”

-“¿Cuándo?”- Niño curioso.

-“Otro día te lo diré”

Seguimos con la labor de masturbarnos aunque estábamos algo incomodos en las sillas y con los pantalones puestos, y al parecer lo pensé muy fuerte porque Vicente se paró y me invito a su cama. Se paró a medio camino y comenzó a bajarse los pantalones, hasta sacárselos completamente con sus calzoncillos. Cuando se agachó me dejó una magnifica vista. ¡Santos bebés celestiales! Tenía un culo muy lindo, no tan grande como el mío pero era súper apretable. Sus nalgas eran hechas a la medida de mis manos, de un color blanco que hacía que se vieran muy delicadas y suaves. Solo fue una fracción de segundo pero fue lo suficiente como para captar todos esos detalles y para encenderme a un nivel apocalíptico.

“Ese niño es todo un putazo, pero no más que yo” pensé. Y para demostrarle quien es el más sexy me giré y dejé caer mis pantalones con mi ropa interior, aproveché mi agilidad y me agaché perfectamente sin doblar mis rodillas y comencé a desabrochar mis cordones. De esa manera él podía ver mis lindas nalgas, mis gordos testículos pero sin ver mi ano que quedaba oculto entre mis globos de carne. Cuando me saqué los zapatos liberé mi pie de mi ropa y con el otro pie en un ágil movimiento de piernas levante las prendas doblando mi rodilla hasta llegar a la altura de mi mano para retirarlas elegantemente.

Al momento de girarme vi la cara excitación de Vicente y me di cuenta que le había ganado esa batalla. Estaba sin su camisa y solo se acariciaba los alrededores de su pene, seguramente para no correrse pero algo me decía que no aguantaría mucho así pues de vez en cuanto daba unos sacudones.

Al verlo ahí me di cuenta que era un niño muy lindo en todo sentido. Al principio me caía bien por su forma de ser tan alegre y madura, también porque teníamos gustos similares y nos entendíamos bien. Y ahora podía ver cómo era físicamente y también me gustaba. Sus piernas contorneadas, su culito respingado, su penecito bien formado, su vientre plano y suave, y su carita de ángel que engañaba. Bueno, el Diablo alguna vez fue un ángel.

En cuanto estuve al lado de él su mano reemplazó la mía en el trabajo que hacía con mi verga y yo solidariamente hice lo mismo con la suya. Era muy suave y estaba seguro que sería un pedazo de carne muy bueno cuando creciera. Estaba muy dura y caliente, creo incluso que le dolía de lo erecta que estaba, porque por lo menos a mi si.

Sus dedos subieron a mi glande y se mojaron con el líquido que vertía e hizo algo que me dejó impactado. ¿Adivinan lo que hizo? Bueno, para los que no tienen mente muy imaginativa les diré.

Jugó con sus dedos viendo la viscosidad y sin más los introdujo a su boca. Dios. Eso hizo que mi pene botara un chorro de pre-semen y que babeara exageradamente. Mi cara en ese momento sería la misma que pondría un hombre que lleva su primera asistida a Alcohólicos anónimos y que al salir ve a alguien bebiendo una cerveza. ¿Se la imaginan?

Cuando dejó de degustar el sabor y vi su cara de aceptación, escuche algo que sonó como música.

-“¿Me dejas chupártelo?”- ¿Vergüenza?… ¿Timidez?… no eran palabras que lo describieran.

-“¿Es broma?- me pilló volando bajo. Me excitaba la idea pero no quería obligarlo a nada y además me causaba curiosidad su atrevimiento.

-“Nop, te prometo que no te haré daño”.- ¿Hacerme daño?… que ternura más grande. Me dieron ganas de tirarlo contra la cama y follarlo hasta que tuviera que usar silla de ruedas. (En el buen sentido… bueno, si es que tiene un buen sentido lo que dije)

-“No es eso….”- dude en qué decir- ¿lo has hecho antes?

-“No, pero quiero intentarlo”- sonaba sincero.

-“¿Eres gay?”- era una pregunta valida, pues a mí me gustaban los chicos y todo pero no me consideraba gay pues la chicas igual me excitaban.

-“No lo sé, supongo. ¿Me dejas o no? porfi”- Al grano este niño.

-“Esta bien, pero ten cuidado”

Iba a explicarle lo que tenía que hacer pero antes de que siquiera articulara una palabra su boca abrazo mi pene. Fui al cielo, saludé a Jesús y volví a la tierra. Era la primera vez que mi pene tocaba algo que no fuera mi mano o mi ropa interior, y eso era deprimente. Su boca estaba caliente y húmeda, sin medir lo que hacía se metió más de lo aguantable por él y dio un respingo, pero se recompuso y siguió en su labor afanosamente.

-“Cuidado con tus dientes, peque”- Si no le decía, tendría mi pene todo raspado.

-“Discúlpame porfi”.- [Discúlpame]… [porfi]. Es una ternura el estúpido ése.

-“No tienes de que disculparte, peque”- Sentí la necesidad de aclarárselo.

El concejo fue bien aceptado y prontamente aplicado pues comencé a sentir más rico y a gemir más. Se estaba ganando un gran premio pues obviamente le devolveré la mano, me gusta dar placer así como recibirlo y es justo hacer todo lo posible por esa persona que tuvo gran dedicación por hacerte sentir placer.

Cuando se sacó mi pene sensualmente de su boca, puse mi mano en su frente y lo hice acostarse. Depositándole besos por todo su pecho y vientre (que olían a vainilla), llegué a su suave pubis. Con mi lengua repasé su suavidad y al ver que esos estímulos, nuevos para él, eran excelentemente recibidos, seguí bajando hasta el premio final. Su pene tenía un sabor salado muy rico debido a la fina capa de sudor que tenía su cuerpo y lo succione tan fuerte que Vicente dio un gran grito de placer. ¡Rayos! Por suerte la casa era enorme.

-“Para la otra tapate la boca”.- dije riendo.

-“Lo siento, no lo pude evitar”.- Lo entendía muy bien.

Volví a mi trabajo de succión a la par que con la lengua jugaba con su glande y también testículos. Se retorcía como las babosas lo hacen cuando le tiran sal. (No lo hagan, es triste). Solo que él se veía sexy. Supe que estaba a punto de correrse y antes de que lo hiciera me levanté.

-“¿Te gustó?”

-“F-fue… incre…increíble”

-“y eso que no llegamos a lo mej….”- un cálido beso me calló.

Era tierno, inocente y dulce. Sí, un beso dulce. Un beso tan dulce, que solo alguien de buen corazón y lleno de ternura y amor te puede dar. Mis ojos estaban abiertos debido a la impresión y puedo ver como los suyos se cerraban, lo que me causó una ola de calor en mi corazón.

Él no sabía besar. Pero eso no importaba porque las ganas y el deseo que me traspasaba era suficiente. Yo tampoco tenía mucha experiencia pero algo sabía y lo guíe un poco. Succionaba su lengua y el me imitaba, y cada vez que se la succionaba un rico y sexy gemido salía de sus labios encontrándose con los míos. Lo separé de mí y abrió sus ojos como si estuviese despertando de un hermoso sueño, sonrío tímidamente mostrándome sus bellos dientes y sus rojos labios que se veían aún más rojos debido a los besos.

-“Te quiero Killian”-

-“…”- Me dejó sin palabras. Mi corazón golpeaba mis costillas con furia. Si seguía así terminaría rompiéndome una.

Me miró extraño debido a mi silencio y se agachó a chupar mi pene que todavía estaba duro, y después del beso esta empapado en pre-semen. Le tome de su mentón y lo levanté. Me miró con vergüenza.

-“Lo siento, no debí decir eso”- me causó gracia porque me acordé de Hagrid en Harry Potter.

-“tranquilo peque. Yo igual te quiero”.- y le regalé una acogedora sonrisa.- “pero no debes chuparme el pene o hacer cosas como esas para ganarte mi cariño”

Luego de eso se me ocurrió una idea. 69. Jamás un número ha sido tan deseado como el 69 lo es. Le explique qué hacer y se subió sobre mi pero en dirección contraria. Me di cuenta en ese instante que había aprendido algo de la mamada que le di, porque las succiones que le dio a mi pene fueron más fuertes y placenteras que las que había hecho anteriormente. Y sin perder tiempo comencé a hacer mi trabajo.

Estaba afanosamente dándole placer a Vicente, cuando levante la vista y vi algo hermoso que me dejó al borde del orgasmo. Su anito. ¡Santo…Santo, santo es el señor etc…! Era perfecto, prieto, arrugado, de un rosa hermosamente delicado. ¿Así era el mío? Si es así, entendería por que el profesor Abraham estaba tan excitado esa vez. Mis pensamientos se desvanecieron cuando Vicente comenzó a convulsionar, gimiendo como poseso y teniendo un salvaje orgasmo.

Yo por mi parte al ver eso y también al ver su anito y sentir su esquicito y fino aroma, para nada desagradable (pues olía a vainilla, supongo que tendrá algún tipo de gel de baño con ese aroma) y dulce, pues me corrí endemoniadamente rico. Por suerte todavía tenía su pene en mi boca, lo que ahogó mis gemidos. ¡Changos! No le avisé a Vicente que me corría y le llené la boca de semen. Rápidamente me paré y busqué su cara.

-“Perdón, perdón… se me olvido avisarte”.- Me sentía muy arrepentido pues fue muy mal educado de mi parte.- Te llene toda la boca de semen, por suerte aun no eyaculo tanto”

-“s-si… aquí está todo”-dijo balbuceando y abrió la boca para mostrar toda mi leche dentro de ella. “y ahora no.”

Y sin más se la tragó. Santo Cielos, ángeles y querubines. Busqué en su rostro una mueca de desagrado pero no la encontré.

-“Discúlpame en serio, no fue mi intención. ¿No te desagradó?”

-“Un poco, pero no sé. Era aguantable y pues me dio curiosidad”

Cada vez me sorprendía más. Nuestros penes colgaban cansados y nosotros estábamos igual de agotados. Lo besé por agradecimiento. Y pues me sentía muy agradecido de él y quería hacérselo saber.
Me dijo que le había gustado como se la chupaba y que por eso se corrió rápido y yo le dije que él lo hacía muy bien y que tenía un anito precioso. Me miró con esa mirada pecadora que tiene y supe que algo tramaba.

Nos pusimos la ropa y salimos a jugar al patio, comimos algo y luego vimos TV. En la noche le pidió permiso a su Papá y a mi Mamá para que nos dejaran hacer una pijamada pues al otro día era festivo y no tendríamos clases. Yo quedé de piedra porque en ningún momento me dijo algo. Ellos aceptaron y me llamó a la cocina para que lleváramos algo para beber y comer en la noche. Luego subimos y al entrar me lo frené.

-“¿Pijamada? Para la otra si quieres me avisas con anticipación”

-“Quería sorprenderte”- sería un buen manipulador ese niño porque su cara era un arma de doble filo pero gracias a mi poder mental podía resistirme a sus encantos.

-“Si, claro”

Puso pestillo y colocó una película. “Harry Potter y la cámara secreta” Nos desnudamos ya sin vergüenza para ponernos pijama y antes de que me pusiera el mío Vicente hablo tímidamente.

-“Qui-Quiero… que, que… Quiero que me la metas”- caí sentado en la cama. Tuve que afirmar mis ojos o se saldrían de las cuencas.

-“¿Qué?”- no lo podía creer.

-“Quiero que me hagas el amor”

Mi mente abandonó mi cuerpo. Hice proyección astral y viajé en el tiempo a cuando estaba en esa cama con Abraham. Hable en piloto automático.

“Eh… yo……”

Continuará

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