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El relato erótico "Mi amigo el productor, Parte 03 (de Hector37ND)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

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  5. Mi amigo el productor, Parte 03 (de Hector37ND)
Tiempo de lectura: 14 minutos

Era una noche calurosa como de costumbre y abrí el ventanal que daba al jardín, para ver si entraba algo de aire fresco. Por la madrugada solía ocurrir eso. Dejé prendida solo la luz del velador en el nivel más tenue.

Me acosté vestido solo con un short anatómico, tipo slip. Sabía que con solo eso puesto se me marcaría bien el bulto, pero creo secretamente era lo que yo deseaba, que mi hijita notara lo que tenía su papá.

Vero traía una bombachita rosa y un top blanco, que era algo corto y dejaba ver de a ratos su precioso ombliguito.

Se abraza cariñosamente a mí, apoyando su carita sobre mi pecho desnudo bien masculino.

“Papi…. Nadina dijo que modelé bien hoy en el estudio”, me volvió a recordar con una encantadora voz que reflejaba autoestima.

“Por supuesto cosita! Te ví lo bien que posabas!”, le dije convencido.

“Pero cómo me viste Papi? Si no estabas!”

“Es que Pablo y yo te vimos por los monitores que tiene en su oficina.” Le expliqué. “Se puede ver lo que pasa en toda la agencia por esas pantallas.”

“Ahhh!!! Jijiji!!!!”, se reía.

“Paaaa…. – se revolvió en la cama un poco y levantó su cabecita de mi pecho para mirarme a los ojos. “Pa… a mí me gustó más cuando vos me sacaste las fotos, hoy en los médanos…”

“Sí, mi vida?” “Y por qué te gustó más?”

“Porque las fotos me las tomabas vos, y me gustaba la forma en que me mirabas…. y cómo me pediste que me abra los botones de la camisa, y después que me baje un poco el bikini… me hacía cosquillitas ricas en el estómago” me decía mientras de a poco mi verga empezaba a crecer imparable, encerrada en mi short anatómico.

Verito me mira a los ojos. Algo especial había en su expresión, dulce como siempre pero con un toque – cómo decirlo – algo sensual, o de niña ya adolescente, como si fuera algo nuevo en su personalidad.

“¿Te gustaba mirarme así Papá? ¿Te parezco linda?”

“No, Verito, no me pareces linda. Me parecés divina! Irresistible!” le confieso, ya con ganas de apachurrarla contra mi cuerpo.

“¿En serio? Sos el mejor papá del mundo!” exclama contenta, y sin dudarlo me zampa un besote en los labios!

“¡Epa! ¡Qué cariñosa que está mi nena!” le digo, pinchándole con un dedo entre sus costillas para hacerla reir, pero ella no se reía y me mira un poco seria.

Entonces mi pequeña y adorable hija, acerca su dulce boca a la mía, y entreabriendo los labios me volvió a besar. Yo no me resistí, solo le dejé hacerlo, y casi enseguida sentí una lengua calentita de niña pasando sobre mis labios provocativamente. No me pude resistir…. La pija se me paró por completo y se me salio del bóxer, su lenguita buscó la mía, y yo me entregué! No pude aguantarme. Se hizo un silencio sensual y peligroso. Yo solo escuchaba el sonido de los besos y los lametones, los de ella algo inexpertos, pero llenos de deseo! Su aliento delicioso y la humedad de esa boquita! Besaba como niña enamorada, pero también por momentos como una diablita! Yo le metía mi lengua de hombre sin refrenarme y lamí toda su boquita, su lengua, sus labios dulces como la miel!!!! Me sentía en una nube! Varios minutos estuvimos así, ella con sus ojos cerrados, yo mirándola con hambre de la cabeza hasta los pies! Por fin, el besuqueo se interrumpió, respirando agitados los dos.

“Y dónde aprendió a besar así mi nena?”, le pregunto en tono jocoso, tratando de bajar la tensión sexual, mientras ella aprieta un muslo contra mi entrepierna, apoyándolo sobre mi erección.

“Es que estuvimos jugando a las novias con mi amiga Carla, de la escuela… Y así las dos aprendimos a besar como hacen los grandes…” me dice con toda naturalidad.

“Ahhh… ya entiendo” le digo, mientras me hago todo el cuadro en mi mente de un flash. Las nenas ya habrán visto cosas eróticas por internet sin duda, vaya a saber qué. Luego se pusieron a practicar por curiosidad. Hasta ahí algo no tan extraño.

“Bueno…. Seguro que aprendiste bien mi amor. ¿Y cuántos años tiene Carla?” le pregunto, temiendo que fuera una chica mayor.

“Tiene ocho Paaaa…. pero va a mi misma clase, al cuarto grado, porque está adelantada un año!” me explica con impaciencia, mientras trata de volver a los besos. Y los besos volvieron aún con más ganas que antes. Al mismo tiempo la guachita de mi hija, que era obvio que ya no era inocente, se empieza a frotar la piernita contra mi pija que la tengo parada y la como loa mitad salida del bóxer! Ella percibe mi gemido de placer, aunque traté de disimularlo lo mejor que pude.

“Papi…?, me pregunta entre beso y beso, “A mamá también la besabas así, con la lengua?”

“Sí, así la besaba y ella a mí porque nos queríamos y nos gustábamos”

“¿Estará celosa mami mirándonos desde el cielo Pa?”

“No creo mi vida. Más bien pienso que estará feliz de vernos juntitos así y felices también.”

“Bueno!” me dice satisfecha y se aprieta más contra mi cuerpo.

“A mami…. a mami le metías esta cosa grandota?” me pregunta luego de dudar un momento, frotándome la verga con su piernita.

“¡Ay Verito! ¡Qué preguntas!” exclamé ya totalmente rendido ante los encantos y la seducción de mi nena. “Sí, se la metía a mamá….. se la metía entera!!!! Exclamé, frotándome ahora yo y por primera vez contra su piernita.

“¿Y así nací yo? “Yo nací de ahí de tu cosa dura?” me insiste y entonces siento una manito tibia sobre mi cintura, que se desliza por mi piel hasta encontrarme la verga, mitad al aire y mitad dentro del bóxer! Me la envuelve dulcemente entre sus dedos como sintiéndola, queriendo conocerla.

“Ay Verito! ¡Cómo te quiero mi bebé! Sí, vos naciste de mi pija amor! La tenía así bien parada como ahora y se la metía a mamá tanto, tantas veces que se quedó embarazada de vos…. ahhhh…..!” le digo de corrido mientras ella acaricia y explora el órgano sexual de su propio padre.

“¡Es muy grande Pa! ¿Cómo se la pudiste meter toda? Y yo… a mí me la vas a meter también? ¿Puedo ser tu novia ahora que mami no está?” me empezó a llenar de preguntas una tras otra, dejando de manosearme la pija y poniendo sus dos manitas sobre mi pecho.

“Cuántas preguntas Verito! Bueno, podés ser mi novia, pero no le cuentes a nadie…. Y, ¿qué era lo otro?” No, no te la puedo meter bebé. Tu conchita debe ser muy pequeña todavía y te puedo lastimar.

“Bueno! Cuando sea más grande….” dice y pega un bostezo…. En menos de un minuto se me queda dormida la muy guachita, dejándome al palo mal!!! Al final me quedo dormido también preguntándome que pasará en el futuro.

La semana transcurrió entre sesiones de fotos y largas charlas con Pablo. Vero se adaptó de maravillas a la vida de los sets y conoció algunas niñas más y también un niño que posaba como las nenas. Pablo me fue mostrando en detalle todas las instalaciones del estudio. Había salas para todos los gustos, desde aquellas decoradas con flores y casitas pintadas, pasando por sets que asemejaban un hogar con muebles reales, generalmente camas y cómodos sillones, también había fondos en telón con paisajes en la naturaleza, y finalmente , en el sótano había sets de lo que mi amigo llamaba género dark, los cuales debo confesar que me asustaron un poco, ya que había una celda real y camas de tortura, grilletes adosados a las paredes, y todo una serie de elementos clásicos de las producciones sado-maso… pero él me aseguró que todo lo que se hacía era cien por ciento simulado, y que las nenas actuaban deliciosamente en este género, aún mejor que las mujeres adultas! Bueno, solo algunas niñas, las más audaces…

El viernes por la noche, terminada la semana de trabajo, Pablo nos invita a mi Vero y a mí al shopping de la vez anterior. Fuimos a la salida del estudio, pero al llegar esta vez mi hija no se fue a jugar al pelotero. Ya se sentía más grande que aquellos niños y eligió quedarse en la mesa con nosotros. ¡Los hombres adultos le resultaban más interesantes!

Pedimos cervezas y picada para nosotros y un milk shake para la nena. Charlamos un rato y Pablo me entregó un cheque por 500 dólares, por el trabajo semanal de Vero. “Producciones Pablito” rezaba la leyenda del pagador en el cheque, y yo me sonreí al leerlo.

“Gracias Pablito!” le dije jocosamente. Él también se rió, y Verito sonreía feliz.

“Esa plata te la ganaste vos chiquita.” Le dice Pablo, “pero hasta que seas mayor de edad la tiene que cobrar y manejar tu papi.” Mientras ella asiente y le mira con admiración.

“Es poco dinero, lo sé, pero hay oportunidades de ganar mucho más.” Continúa, ahora dirigiéndose a mí.

“Recibí un pedido especial de uno de mis clientes más ricos. Está cautivado con tu nena, enamorado! Y me pide verla mejor…” me dice, mientras Vero escucha atentamente.

“¿Qué sería eso? ¿Sin ropa?” le digo bajando la voz y acercándome un poco a él sobre la mesa.

Entonces interviene Vero en su inocencia, y en voz no muy baja…

“Yo quiero estar sin ropa en las fotos Papi!” exclama, para nuestra alegría y alarma al mismo tiempo. Pero miramos alrededor en las mesas cercanas y nadie parece haberla oído.

“Verito mi amor, estas cosas las hablamos en voz bajita, sí?” le digo, retándola cariñosamente. Ella asiente y se ruboriza un poco, se la ve inquieta en su asiento.

“El cliente quiere al menos 100 fotos en poses provocativas, algunas con ropa otras con Vero toda desnudita…” sigue Pablo.

“¿La quiere conocer a fondo? Cada rinconcito….?” pregunto, mientras Verito no se pierde palabra de lo que hablamos los mayores.

“Siii… “ me confirma él y ya me empiezo a excitar imaginando a mi hijita así, para placer nuestro y de alguien más. Un desconocido. Entonces me preocupo.

“Pablo, no verá este hombre las fotos y luego las distribuirá a otros? Me preocupa la seguridad de la nena.”

“No, no te preocupes… las mando solo a él en un archivo encriptado, para el me me tiene que pedir un código cada vez que lo quiere abrir. Además es hiper-millonario y no querrá meterse en ningún lio,” me explica con paciencia.

“O sea que estas producciones especiales tuyas nunca van a gente con pocos recursos, que puedan querer revenderlas?”

“Nunca! Y estoy seguro de esto porque les cobro carísimo, como ya te conté. Y todo el éxito depende de nuestra pequeña nueva estrellita!” dice cariñosamente, acariciando la cabecita de mi hija, que lo mira embelesada.

“¿Que te parece Verito? Estas dispuesta? No te quiero obligar a nada.” Le digo

“¡Quiero papi, quiero! Me gusta posar, pero no delante de cualquiera”. Dice ahora en voz baja.

“Preciosura, mañana iremos a un lugar muy lindo y aislado, solo tú, yo y tu papá. Solo nosotros tres. Así estarás tranquila de posar y mostrar todas tus cositas…” le explica muy persuasivamente.

Mi nena se veía feliz y emocionada…. Antes de irnos, Pablo y yo fuimos al baño a mear, y allí me dijo:

“Héctor, asegúrate que esta noche tu nena duerma bien, nada de jugueteos…. Tú me entiendes. La necesito calentita para mañana.”

Yo le guiñé un ojo y luego nos fuimos todos.

Esa noche no hubo besuqueos ni toqueteos entre ella y yo, con la excusa de levantarnos temprano y todo eso, la dejé con las ganas y yo también me quedé caliente.

Me desperté a la mitad de la noche. No había refrescado y yo estaba acalorado de dos maneras diferentes. No pude resistir más la tentación y la acaricié sobe su escasa ropa de dormir, le pasé la mano por el pechito y luego entre las piernas, sobre su vulvita caliente, pero no le pude acariciar el culito porque estaba boca arriba la nena. No quería arriesgarme a despertarla, ¡y como no aguantaba más me fui al baño y me hice tremenda paja! Total la que tenía que estar calentita para las fotos era Vero.

Luego de eso pude dormir como un tronco.

Por la mañana temprano fuimos en nuestro auto a la casa de Pablo. Allí nos subimos los tres en la combi, que llevaba vestuarios y equipos de fotografía y también de filmación en la parte posterior.

Mi mejor amigo conducía, y Vero se sentó conmigo sobre mis rodillas, en el asiento del acompañante.

“¿A dónde vamos? ¿Lejos? Dijiste que es un lugar muy solitario.”

“Sí, un poco de paciencia, hay que ir hasta una estación ferroviaria en zona rural, y luego a lo que vendría a ser un pueblito abandonado. Ni siquiera recuerdo qué nombre tenía, es más como un caserío que un pueblo. Pero hay una casona grande y antigua de dos pisos, muy derruida. Me parece un escenario que aun siendo al aire libre, porque no tiene ya el techo, posee todavía las referencias visuales de lo que fueron puertas y ventanales, incluso entradas a sótanos o boquetes grandes en la paredes. Todo eso le da un toque muy erótico. Lo sé por la experiencia que me dan las reacciones de mis clientes top.”

Vero le escuchaba con la atención de alguien que oye hablar a un genio en una conferencia de ciencias. Tal era la admiración que poco a poco Pablo iba generando en ella.

Cuando estuvimos lejos de la zona urbana, la nena apoyó su espalda sobre mi pecho y su pequeño y turgente trasero contra mi vientre…. ¡Ay madre mía!

“Paaa…. vos vas a vigilar que no se acerque nadie, no? Quiero que solamente vos y Pablo me puedan ver desnudita… sí?”, me pide con vos acaramelada, mientras se deja acariciar por mí. Porque mis manos involuntariamente ya estaban sobre su torso grácil, infantil todavía pero tan erótico para mí! Incluso en algún momento giró su cabecita y me dio varios besos, algunos bien profundos, ¡de esos que te hacer parar la verga! Todo como lo más normal y natural.

Me dio la impresión que mi duce hija deseaba que Pablo nos viera. Y vaya si nos miraba de cuando en cuando. Los dos hombres ya estábamos calentándonos antes de tiempo. Yo tenía la pija ya bien dura, y aplastada por las nalguitas de mi nena que no hacía nada por alejarse, al contrario.

“¡Que cariñosa que estás con tu papá Verito! Me gusta mucho que seas así con él. Los papás con sus hijas reales son una de las cosas por las que más me pagan”, siguió diciendo.

Yo solamente lo escuché sin responderle, mientras las fantasías más morbosas me llenaban la cabeza torturándome la conciencia.

“A propósito, les dije cuánto le voy a cobrar al cliente?” siguió.

“Ni idea Pablo… no es necesario que nos cuentes si no querés.” le digo

“Bueno, pero sí querrán saber cuánto cobrarán ustedes…” dijo ahora más serio.

“¿Cuánto?” le pregunté yo, mientras metía una mano bajo la blusa de mi hija para acariciarle los pezoncitos, como a ella le gustaba.

“Cinco mil….” dijo con toda tranquilidad.

“¿Cinco mil dólares por un día de trabajo?” le pregunté para confirmar.

“Por supuesto! Cinco mil, más los quinientos que les pagué ayer con el cheque. Te dije que ganarían buen dinero, y todo dependerá a partir de ahora de Verito, de su manera de posar para fotos y luego veremos qué más”, remató. “Ah! Pero los cinco mil te los doy en efectivo, porque no es dinero que pueda blanquear a través de la empresa…” me dijo como un detalle importante.

“¿Falta muuchoo Pablo? pregunta mi hija con toda la gracia y la natural impaciencia de sus nueve añitos.

“Ya estamos llegando”, dice y al minutos entramos con la combi por un portón de hierro muy viejo y abierto de par en par a una parque muy abandonado con una casona de piedras aún más abandonada.

“No hay nadie, por eso no se preocupen, es seguro”, dice estacionando la combi junto al edificio que parecía haber pasado por una guerra.

Los dos hombres nos bajamos de la combi con una erección, lo que pude comprobar al mirar a mi amigo. Él me guiñó un ojo de manera cómplice y la trató de disimular.

Vero quería ir a recorrer el edificio, pero Pablo no se lo permitió.

“Es muy peligroso preciosura. Hay paredes rotas, vigas que se pueden caer y hasta pozos que no sé la profundidad”, le en tono muy serio.

Un rato más y él le indicó cuales ropas elegir en la parte de atrás de la combi. Una bikini celeste, y arriba una especie de solerito casi transparente con breteles a los hombros y que se podía bajar o abrir por la espalda.

Finalmente comenzaron las fotos. Pablo la dirigía como un maestro, corrigiendo las posiciones cuando era necesario, enseñándole a poner distintas expresiones: sonrisas amplias, o leves, carita seductora, o de sorprendida, o de enojadita. Todo era perfecto ¡y en especial la naturalidad y desparpajo de nuestra modelito!

Unas diez fotos fueron así, apoyada con las manos contra una pared o mirando por un ventanal que ya no tenía vidrios.

Luego Pablo le indicó que se bajara un bretel por el costado del hombro. Comenzó un lento strip tease. Primero quedó sin solerito, en bikini. Luego se quitó el top, dejando a la vista su pecho plano de niña de nueve años, dulce y delicioso! En cada etapa de desnudez seguían las poses y expresiones seductoras. Yo me quedé maravillado del trabajo profesional de mi amigo.

La bajada del bottom del bikini fue sensacional y excitante, primero por un costado, luego de frente hasta llegar casi a mostrar la rajita, luego por atrás, mostrando la mitad del culito… Yo ya estaba al palo otra vez, pero Pablo se controlaba porque era su trabajo y no podía permitir que le temblara el pulso.

¡Al final se bajó todo y quedó completamente desnuda! Un placer para la vista! Yo me tocaba la verga sobre el pantalón. Es que en realidad, a pesar de los besos y caricias, no la había visto desnuda desde que era una beba. Pablo la siguió fotografiando.

Había preparado una manta gruesa sobre una losa de cemento, junto a una de las ventanas rotas, con buena luz pero no que fuera deslumbrante.

“Vero, estás divina! Ahora necesito que vayas sobre esa manta, vamos a hacer las fotos más importantes”, le dijo. “Estás cansada?”

“Un poquito Pablo, pero si es sobre la manta puedo descansar, ¿no?”, le respondió ella pícaramente.

Hasta ese momento, si bien mi amigo la fotografió completamente desnuda, las fotos fueron casi en un estilo artístico, se podría decir. Pero ahora todo iba a cambiar de tónica.

La hizo ponerse en cuatro como una perrita y la fotografió desde todos los ángulos, haciéndole arquear su espalda hacia abajo para que su culito quedara más levantado, y la cabecita hacia arriba y atrás, para mostrar su garganta suave y blanquita, su cabello alborotado, sus pezones de niña echados hacia adelante, que ya los tenía un poco duritos.

Cuando la tomó de atrás, le hizo separar un poco las rodillas y los pies, para que mostrara bien el ano cerradito, acompañado de esa conchita virgen y suave como la seda. ¡Eran fotos capaces de levantar la verga de un muerto!

“Muy bien Verito! Muy bien!”, la felicitaba Pablo, “Ahora acostate sobre la manta, boca arriba… ahora sí puede descansar nuestra gatita”, le dice juguetonamente.

“Sí Pablo!” dice la gatita sonriendo y se echa boca arriba, toda despatarrada, mostrándonos sus encantos de niña sin el menor pudor.

“Paaa… ¿te gusta cómo estoy posando? ¿Te gusta mirarme?” me pregunta la guachita. La verdad, a mí me dieron ganas de sacar la verga de mis pantalones en ese mismo momento para masturbarme delante de ella, como respuesta a su “inocente” pregunta.

Pablo me veía y medio que se sonreía al notar el momento que yo estaba pasando; pero pude ver que él también tenía un bulto mayor a lo normal bajo su bragueta, o sea que él tampoco tenía todo tan bajo control, y le devolví la sonrisa. ¡La estábamos pasando muy rico los tres!

En las siguientes fotos, todas sobre aquella manta, mi hija se puso en todas las poses provocativas posibles. Como pidiendo “Ven! Cójeme!” eso parecía decir. Casi para finalizar Pablo le tomó fotos bien de cerca de su conchita abierta y de su anito, que ella los mostraba con gusto. ¡Y pude notar un brillo en los labios interiores de su conchita, como una humedad propia de una hembra excitada!

“Muy bien Verito! Una última cosa pero solo si te animas”

“¿Qué cosa?”

“¿Algunas vez te metiste los deditos ahí en tu chochito, adentro?”

Ella me mira a mí como dudando, pero al ver que yo me estoy tocando la verga y que la tengo bien parada bajo la tela del pantalón, pierde toda timidez y le dice que sí, que se mete los deditos porque se siente rico.

“Bueno, gatita linda, lo harías para unas fotitos? Yo no te doy ninguna indicación. Tú hazlo como te gusta y yo voy haciendo las tomas”, le explica.

Esa parte fue el colmo. Pablo la dejó hacer a su antojo, solo de vez en cuando le pedía que parara un momento para alguna imagen top de los dedos en su conchita o para alguna expresión de placer, con la boquita abierta, gimiendo, al borde de un orgasmo de niña. Pero mi hija no acabó, no se corrió. Le faltaba algo, y la sesión terminó ahí.

“Ya está Vero. Estoy seguro que el cliente quedará encantado y todavía más enamorado de ti!”, le dice Pablo.

La nena se levanta con la cara rosada de excitación y se saca los dedos húmedos de la rajita. ¡Y se los chupa con gusto!

“¿Ya está todo?”, pregunta, en el más normal de los mundos, mientras se levanta y salta a los brazos de Pablo, dándole un besote en la mejilla. Cuando ella cruza las piernas alrededor de su cintura, entonces él la sostiene con las manos debajo de ese culito irresistible. Y me mira, como diciendo… “me vuelve loco tu nena!”

“Ya terminó el trabajo, hora de relajarnos”, digo, sintiendo que de veras lo necesitábamos.

Fuimos a la combi a buscar refrescos para beber. Habían sido casi dos horas de trabajo, en parte debajo del sol.

No sentamos luego sobre la amplia manta para tomar nuestras bebidas, con un detalle. Verónica seguía completamente desnuda.

En determinado momento se sube sobre mis piernas y comienza a besarme.

“Gracias papi, gracias por conseguirme este trabajo con Pablo. Te quiero mucho papá”, me dice con candor y sentimiento.

Pablo nos mira satisfecho, y feliz de ver un padre e hija que se quieran tanto.

También ve la forma en que comenzamos a besarnos más y más delante suyo, y cómo nos vamos excitando los dos, con besos cada vez más necesitados y urgentes. La morbosa escena lo excita a él también, demasiado. Ya no tiene que trabajar. Se comienza a manosear la verga mientras nos mira con deleite.

“Pa… ¿cuándo me la vas a meter como le hacías a mami?, me pregunta jadeando entre beso y beso la chiquilina.

“Sos muy jovencita todavía…” le respondo con paciencia, aunque me muero de las ganas de cogérmela salvajemente.

“Si no me la metés ahora… entonces me enojo y no me dejo tomar más fotos!” me dice apartándose un poco, pero todavía sentada a horcajadas sobre mis piernas. Yo la miro con cara de asombro y luego lo miro a Pablo, que levanta los hombros como no sabiendo qué decir. “¡Me enojo y no te quiero más!”, me termina diciendo muy seria, y cruza los brazos sobre su pecho, mirándome con carita de desencanto.

Yo, perdido entre hacer y no hacer, acaricio ese rostro de ángel pero también de diablita y, rendido, por toda respuesta, empiezo a desabrocharme los botones de la camisa para quitármela.

Pablo mira y se relame… le encanta mirar, al menos al principio.

Continuará

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