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El relato erótico "Mi abuelo el mago, Parte 03" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mi abuelo el mago, Parte 01 (de Janus)
  2. Mi abuelo el mago, Parte 02 (de Janus)
  3. Mi abuelo el mago, Parte 03
Tiempo de lectura: 8 minutos

Al día siguiente Beth se despertó y su madre le sirvió el desayuno. Después miró algunos dibujos animados mientras su madre se preparaba para el trabajo. El abuelo se levantó temprano y dio su caminata matutina. Regresó justo cuando su hija estaba despidiéndose de su nieta y saliendo de casa.

“Buenos días, abuelito”, dijo la niña mientras corría hacia él para darle un abrazo. Aún vestía su pijama. El anciano se agachó a su altura y la abrazó.

“Uff”, gruñó mientras lanzaba todo su peso contra él. Se mantuvo en sus brazos alrededor de su cuello y se balanceaba adelante y atrás, como cualquier niña de seis años llena de energía, llena de Froot Loops.

“¿Qué quieres hacer hoy, nena linda?” -le preguntó- Beth rio e inclinó la cabeza en respuesta, mostrándole su oreja izquierda.

“Mmmmh”, dijo el abuelo, pensativo, mirando al oído. “¿Qué es esta cosa brillante?”, y sacó una moneda del lóbulo de su oreja.

Beth dejó escapar un grito alegre, arrebatándole la moneda y corriendo a su alcancía para guardarla.

Cuando regresó, el abuelo estaba sentado en el sillón, ella saltó a su regazo y le mostró su oreja derecha. Una vez mas, una moneda salió y otro grito alegre sonó. Sacó también monedas de su nariz, pero cuando revisó su boca, el abuelo negó con la cabeza y dijo: “Lo siento cariño, ya no hay, parece que tu boca está vacía”

Beth estaba triste, pero el abuelo se movió rápidamente y le levantó la camisa del pijama un poco. “¡Pero miren lo que encontré en su ombligo!”, la moneda cayó en la alcancía. Beth rápidamente se olvidó de su boca vacía cuando su abuelo le desabrochó un par de botones de la parte superior del pijama y metió la mano dentro. Sus dedos exploraron su pecho plano hasta que llegaron a uno de sus pequeños pezones. Ella se rio cuando su abuelo empezó a frotar ambos pezones. Dos monedas mas pronto se unieron el resto en su alcancía.

Entonces el abuelo con firmeza la deslizó de su regazo y la puso delante de él. “¿Y dónde más, cariño?”. Su corazón casi se derretía como la niña de seis años de edad, estiró y abrió los pantalones de pijama y y arqueó la espalda un poco, sacando su vientre.

“¡Apuesto a que hay más por aquí, abuelo!”. Riendo entre dientes el anciano dejó que su mano se  deslizarse en su parte inferior del pijama. No llevaba ropa interior por lo que los dedos se dirigieron directo a labios de su vaginita. Su dedo índice se colocó en la hendidura de sus labios y le acarició el pequeño clítoris, casi inexistente. Beth involuntariamente arqueó la espalda un poco más mientras la tocaba.

Tal como lo hizo ayer, dejó que su dedo descansara en la entrada de su vagina, moviéndose en los suaves pliegues. Beth sonrió con picardía hacia él. A ella le gustaba la forma en que su dedo se sentía en su vagina. La hacía sentir cálida y segura.

“No creo que haya nada aquí, pequeñita,” se disculpó. “Tal vez tengamos mejor suerte en el otro lado.” Y diciendo esto, la giró  90 grados. Entonces, con su mano derecha sin dejar de acariciar su vagina, dejó que su otra mano también se deslizara debajo del elástico del pantalón y pasó su dedo hacia arriba y abajo de su pequeño ano.

Besando su mejilla, le susurró, “¿Por qué no te pones de pie con las piernas más separadas, cariño? De esa manera puedo buscar mejor…” La niña movió obedientemente sus piernas, abriendo sus nalgas y exponiendo su ano a la mano que la sobaba.

El abuelo sintió su excitación crecer cuando su dedo medio tocó su ano mientras su otra mano seguía masajeando los labios vaginales. Se dio cuenta que Beth estaba parada de puntitas mientras sus manos hacían su magia dentro de sus pantalones. Además, sintió una leve humedad creciente en su mano derecha, ya que juguetonamente abrió los labios hinchados de su vagina. La mirada de Beth estaba ansiosa.

Deteniéndose, empezó a sacar las dos manos de su pijama. “No sé, Beth, no parece haber mas dinero…”

“Oh no, abuelo,” interrumpió ella. “No te detengas ¡Tienes que seguir intentándolo!”

“Muy bien,” suspiró, fingiendo estar cansado. Dejó que su mano recorriera su vientre. “¿Por qué no te inclinas un poco?” La niña se inclinó rápidamente sobre la pierna de su abuelo. Él tuvo la oportunidad de bajar su pijama hasta las rodillas de la pequeña. Su erección se levantó al ver a la niña casi recostada sobre él. Rápidamente se pasó la lengua por el meñique.

Tal como lo hizo ayer, dejó que su dedo meñique entrara, comenzando por la punta, las paredes de su recto succionaban su dedo. Beth rio mientras lo movía dentro de ella.

“No hay nada aquí, Beth.”

“Hay que mirar más adentro.”

“¿Estás segura, cariño?” El abuelo dejó su dedo deslizarse en un poco más, hasta el primer nudillo. Se lamió los labios ante la sensación de sus paredes rectales en su dedo. Al no oír protesta, dejó más de su dedo deslizarse en ella hasta que había enterrado por completo su dedo meñique en su culo. Beth yacía silenciosa en su regazo. Ella había jugado con su anito en el pasado y el meñique de su abuelo era mucho más grande que incluso su dedo mas grande. Se sentía como si un gran gusano estuviera dentro de ella, retorciéndose en sus entrañas. No era una sensación desagradable, sólo extraña.

“¿Estás bien, cariño?”, Preguntó el abuelo. Él estaba preocupado de que hubiera ido demasiado rápido.

“Estoy bien, abuelo”, respondió Beth. “¿Hay alguna moneda?”

El abuelo se rio. Retiró un poco de su dedo y luego empujó suavemente hacia adelante, penetrando suavemente su ano para acostumbrarla a la sensación.

“Yo creo que si hay monedas por aquí, pequeña Beth,” dijo él, suavemente retirando su dedo meñique. Abrió la palma de la mano delante de su cara. “¡Mira, hay dos!”

***

El juego se repitió cada mañana durante los siguientes días. Los oídos de Beth, su nariz, ombligo y pecho siempre producían monedas sin falta. Pero la niña estaba decepcionada de que su abuelo nunca encontraba nada en su boca o su vagina. Hasta su ano produjo monedas, pero ahí también se estaban volviendo cada vez más raro.

Un día, ella se quejó con el abuelo de que la productividad era cada vez menor en su ano. “¿Por qué no puede encontrar más monedas ahí, abuelo?”

Ese día, Beth llevaba pantalones cortos y una camiseta holgada sin mangas que tendía a mostrar sus pezones. Los ojos de su abuelo brillaban mientras miraba a la cara inquisitiva. “No estoy seguro, Beth. Tal vez mi meñique es demasiado corto y ha llegado tan lejos como puede.”

Beth puso los ojos en él. “Oh abuelo,” dijo ella, interrumpiéndolo. “Hay otros dedos que son mucho más grandes.” Diciendo esto, ella tomó su gran mano y señaló el dedo medio.

“¿Ves? Este es el mucho más largo que su dedo meñique”. Señaló la diferencia de longitud con sus propias manos.

El abuelo asintió. “Está bien, pequeña Beth,” él estuvo de acuerdo. “Voy a intentar con un dedo más largo. ¿Está segura de que no te importará? ¿Qué pasa si te duele?”

Beth negó con la cabeza inmediatamente. “¡No me dolerá!

“Muy bien pequeña bribona codiciosa. ¿Por qué no me ayudas mojando el dedo con tu saliva?, así puede entrar más fácil”

Beth abrió obedientemente la boca. El abuelo le acercó el dedo medio y dejó que lo chupara. Sólo le entró hasta la segunda articulación. Él agitó su dedo en su boca caliente.

“Eso es querida, chúpalo fuerte. Como un paleta. Usa tu lengua…”

La pequeña lengua de Beth jugueteaba mientras chupaba el dedo con todas sus fuerza.  “Eres una buena niña,” El abuelo murmuró mientras empujaba un mechón de su cabello rubio detrás de la oreja. “¡Mira aquí!”. Él llevó su otra mano a la boca, retirando su dedo mojado, le enseñó una moneda.

Los ojos de Beth se abrieron ampliamente. “¡Yay! Encontraste una en mi boca!”

“Estaba muy profundo en tu boca, querida. Es por eso que no pude encontrarla antes”.

“Así que talvez puedas encontrar una en mi ano también, si usas tu dedo grande”

El abuelo se rio de ella. La niña no necesitaba otra motivación. Ya conocía el ritual, Beth se bajó los pantalones cortos hasta los tobillos y se dejó caer en el regazo de su abuelo. Con su mano libre, el abuelo extendió su pequeño culo y empezó a sondear con su dedo medio humedecido.

Beth estaba contenta en su regazo. Por ahora disfrutaba inmensamente estos juegos con su abuelo. Era como si estuviera en el médico, pero no sentía nada más que amor por las caricias suaves del abuelo. Sintió que él trazaba un círculo alrededor de su agujero trasero, tiernamente masajeado. Entonces sintió un aumento en la presión y se relajó para dejarle entrar.

Beth se dio cuenta de inmediato de que su dedo medio era un poco más grande que su dedo meñique. Tenía que concentrarse un poco más para dejarlo resbalar dentro.

Cuando llegó al primer nudillo, hizo una pausa.

“¿Estás bien, cariño?”

“Sí, abuelo”. Reanudó su entrada lenta. Beth sintió girar el dedo mientras se movía más y más en ella. Al igual que un destornillador, pensó. A veces se detenía, retiraba su dedo un poco, y luego empujaba de nuevo hacia adentro, y repetía el proceso. Mientras lo hacía, sintió su canal rectal relajarse un poco más. De repente, el dedo entró un poco más, hasta el segundo nudillo. Beth involuntariamente se quedó sin aliento.

“¡Oh!”, exclamó la pequeña.

“¿Te he hecho daño a Beth?” El abuelo preguntó preocupado. Beth dudó un segundo. No le dolió realmente, sólo se sorprendió. Ella giró la cabeza para mirarlo y negó con la cabeza. El abuelo empezó a retirar lentamente su dedo.

Él dijo: “Sólo para asegurarme, voy a poner algo resbaladizo en mi dedo. Va a hacer que entre más suave.”

“¿Quieres decir como cuando papá pone aceite en la cadena de mi bicicleta?”

“Exactamente”.

Beth vio al abuelo, siempre preparado, mientras sacaba un tubo de gel KY del bolsillo de su camisa. Quitó rápidamente la tapa y comenzó a aplicarlo en su dedo medio hasta que quedó brillante. Roció un poco sobre su ano también y empezó a frotarlo, Beth se retorció.

“¡Eso hace cosquillas abuelo!”. El abuelo se rio y continuó su roce, deleitándose en la sensación aterciopelada y suave de su culo. Él extendió la mano y le hizo cosquillas en las costillas también, haciéndola gritar.

“¿Puedo empezar a buscar monedas de nuevo, cariño?”, le preguntó. Beth asintió. Ella sintió su gran dedo empujar contra su agujero. Al principio su culo se resistía, pero el lubricante hizo su trabajo. Sintió una parte de su dedo deslizarse dentro, con movimientos lentos metió y sacó el dedo, esparciendo el gel en las paredes internas de su culo.

Antes de darse cuenta, el gran dedo medio de su abuelo estaba completamente dentro de ella. Ella lo sintió moverse dentro mientras movía su dedo hacia uno y otro lado. Mientras exploraba, se dio cuenta de las cosas dentro de su cuerpo que no sabía que existía. Paredes aquí, obstrucciones allí… “Eso se siente muy bien, abuelo.”

“¿Quieres que me detenga?”

“No…”, dijo Beth, con voz apagada.

El abuelo miró hacia abajo a su pequeña nieta en su regazo, su dedo medio completamente enterrado en su recto. A medida que se adaptaba a su dedo y exploraba dentro de ella, el abuelo usó su mano libre para dar masajes a la erección de sus pantalones. Mientras su dedo medio penetraba a Beth, el abuelo movió su mano para poder sentir su vagina con su dedo pulgar. Frotó su clítoris un poco y dejó que su pulgar se deslizara hasta los hinchados labios, tocando suavemente la entrada de su vagina . ¿Estaba húmeda? El abuelo estaba seguro de que detectó una pequeña cantidad de humedad formándose en la entrada de su pequeña.

Decidiendo que era suficiente por hoy, el abuelo metió la mano en el bolsillo con la mano libre y sacó tres monedas. De mala gana, comenzó a extraer el dedo. Beth se volvió para mirarlo cuando sintió su dedo retirarse de su ano.

“¿Has encontrado alguna?”. El abuelo tendió la mano hacia ella. Beth gritó y le quitó las monedas. Se unieron al resto en su cada vez mas llena alcancía. De pie ante el abuelo, con las manos agarrando la alcancía y lo pantalones cortos aún en sus tobillos, Beth se volvió hacia su abuelo. “¿Y ahora qué, abuelo?”

El abuelo miró a la niña, sus ojos se movieron a su hermosa ranura sin pelo entre sus piernas. Llevó sus manos a los pantalones caídos de su pequeña y los subió. “Bueno, Beth, eso es todo por hoy”.

“Oh”,  Beth dijo , decepcionada. “Pero vamos a jugar mañana, ¿no?”

“Si te gusta este juego, Beth, se puede jugar durante todo el verano”.

“¡Viva!”, Beth vitoreó. Sus hermosos ojos de repente se posaron en la tienda de campaña de los pantalones de su abuelo. “¿Qué es eso, abuelo?”, preguntó, señalando. El abuelo sonrió a la niña curiosa que señalaba su pene. “Es mi herramienta especial”, respondió de manera casual.

“¿Para qué es?”

“Para encontrar monedas, por supuesto! Me ayuda a encontrar dinero cuando mis manos necesitan ayuda”.

“¿Podemos encontrar más monedas hoy?”. El abuelo negó con la cabeza y dijo de buen humor: “Creo que tienes suficiente para un día. Pero jugaremos mañana, lo prometo.”

Continuará

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