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El relato erótico "Mi abuelo el mago, Parte 02 (de Janus)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mi abuelo el mago, Parte 01 (de Janus)
  2. Mi abuelo el mago, Parte 02 (de Janus)
  3. Mi abuelo el mago, Parte 03
Tiempo de lectura: 5 minutos

El abuelo estaba muy emocionado de estar jugando este juego con su nieta. Tal como había hecho con su hermana mayor, el abuelo había iniciado el truco de “magia” de sacar monedas de la oreja de una persona y lo había expandido hasta llegar a acariciar las partes íntimas de una pequeña de seis años de edad, con la finalidad de encontrar mas monedas. Y al igual que su hermana mayor, Beth estaba dispuesta a participar en el juego.

El abuelo había encontrado mágicamente monedas en los oídos, naríz y boca de Beth. Él le indicó que eso era todo lo que podía sacar de sus orificios, hasta que Beth le indicó que podía haber tesoros escondidos bajo su ropa.

“¿De verdad quieres que mire dentro de tu calzoncito, Beth?”, preguntó el abuelo, para tener una confirmación de parte de ella.

La niña lo miró a los ojos y dijo: “¡Claro que si! sé que encontrará más monedas si miras debajo”

La pequeña Beth se puso delante de su abuelo, que le sonreía, mientras éste jalaba suavemente su calzoncito hacia abajo. Obediente, ella sacó cada pierna. A Beth le gustaba este juego con el abuelo, también le gustaba tener su alcancía llena de monedas. Aparte le gustaba ser tocada, cuando el abuelo la tocó antes, la hizo sentir bien y muy especial.

“Entonces, pequeña Beth, ¿crees que tienes mas monedas en alguna otra parte?”, preguntó inocentemente el abuelo.

Beth saltaba emocionada. “Oh, si abuelo, estoy segura. ¡Tienes que encontrarlas!”. Al tener sólo seis años, Beth no se sintió mal al estar sin ropa interior frente a su abuelo.

“Está bien cariño”, respondió el abuelo. “¿Porqué no levantas tu lindo vestido para mi, así puedo seguir buscando monedas?”

Beth tomó la falda y la levantó. Los ojos del abuelo recorrieron todo su cuerpo. Su ombligo era pequeño y lindo. Bajó la mirada y sonrió al ver su pequeña vagina sin pelo. Sintió su pene endurecerse en sus pantalones. Beth la miraba expectante.

“Vamos a ver que podemos encontrar…” Sus manos acariciaron su vientre e hizo círculos en su ombligo. Beth se rió al sentir estas caricias.

“¡Ajá!”, exclamó, sacando una moneda de su ombligo. Beth sonrió y se la arrebató ansiosamente, corriendo a su alcancía, gritando. El abuelo puso atención nuevamente en su vientre, acariciándolo suavemente mientras se movía cerca de su “premio”

Beth se sintió un poco traviesa y emocionada mientras sostenía arriba su vestido, dejando a su abuelo explorar su cuerpo. Sintió sus manos ir lentamente hacia abajo, hasta que llegaron finalmente a su vagina. De forma suave pero firme, su abuelo comenzó a frotar su pequeña vagina.

“¿Crees que hay algo aquí?”, el abuelo preguntó mientras frotaba su vagina. La niña levantó la vista hacia él, sin dejar de sonreír, pero en su miraba había cierta confusión y curiosidad, dos sentimientos extraños que su cuerpo comenzaba a sentir.

El abuelo sintió que la temperatura en su entrepierna comenzaba a subir.

Ella asintió con la cabeza. “Creo que sí abuelo. Tal vez.”

El abuelo continuó acariciando sus hinchados labios, frotando un poco más fuerte ahora.
Pensó que podía sentir su clítoris de bebé debajo de su dedo. Su piel perfecta, de color rosa y de niña de seis años, contrastaba con su edad y sus callosos dedos de anciano. Él encontró la entrada de su vagina y comenzó a meter uno de sus dedos, solo un poco. No quería ir muy adentro, pero se deleitaba con la cálida y húmeda superficie que tocaba.

A pesar de la sensación de calor que venía de su estómago, Beth se estaba impacientando: ¿Hay algo ahí abajo, abuelo?”

Su abuelo continuó sus roces unos momentos más antes de responder. “Aún no, preciosa”, respondió y agregó: “¿Porqué no te das la vuelta y reviso tu anito?”

Beth se dio la vuelta, levantando su culo, dejando a su abuelo una visión clara de su ano. Colocó sus dos manos en su culo y comenzó a apretarlas. Para su deleite, Beth se inclinó un poco hacia adelante de forma automática. Dejando más al descubierto su pequeño y arrugado orificio color rosa. El abuelo inhalo su dulce aroma de niña de seis años.

“Bueno, a ver que tenemos por aquí…” Beth se inclinó un poco más para dar a su abuelo mejor acceso. El anciano sonrió para sí mismo, pensando en lo placentero que sería el verano con Beth. Movió su pulgar de su vagina a su ano y luego de regreso. No pudo contenerse al sentir su dedo penetrar un poco su vaginita, comenzó a acariciar su clítoris.

“Ya habías visto ahí, abuelo”, le recordó.

“Lo siento, cariño”, murmuró, dejando que su mano se deslice nuevamente a su trasero. Ésta vez enfocó las caricias de su pulgar en su rosado ano, dibujando pequeños círculos alrededor de él. En comparación con su pulgar, era bastante mas pequeño, pero estaba seguro de que podría metérselo a su debido tiempo. Apretó un poco mas fuerte su ano, que cedió un poco, pero había que admitirlo, su dedo era demasiado grande. Por extraño que pareciera, podría haber jurado que Beth empujó su cuerpo hacia atrás, como queriendo que el pulgar hiciera mas presión en ella.

Por ahora, el abuelo tenía un bulto en la parte delantera de sus pantalones, mientras su duro pene palpitaba debajo. Beth, sin embargo, no era consciente de esto, pues se encontraba de espaldas. Él no tenía la intención de meter sus dedos por completo, ni anal ni vaginalmente, por lo menos hasta dentro de unas cuantas sesiones más. Pero al ver que ella parecía estar ansiosa… Dirigió su mano libre a su boca y la ensalivó su dedo meñique. Enseguida, con éste dedo lubricado, comenzó a hacer presión en su ano. Su dedo estaba apenas en su interior, talvez sólo una cuarta parte de la uña, pero se sentía como si estuviera en el cielo al ver a su pequeña y obediente nieta de seis años agachada delante de él.

Beth estaba disfrutando de la sensación del dedo de su abuelo en su ano.

Ella sabía que era sucio y travieso, pero le gustaba jugar con él, especialmente después de tomar un baño cuando sabía que su mano no olería raro después de hacerlo. Se inclinó un poco más.

Cuando sintió que él cambió de mano, Beth pudo notar la diferencia de inmediato. Esta vez él estaba usando su dedo meñique y se sentía mucho más resbaladizo que el pulgar. De repente, recordando, ella le preguntó: “¿Ves alguna moneda, abuelo?”

Su abuelo, mirando hacia abajo su dedo meñique masajear su agujero, respondió: “Todavía no, querida, pero creo que tengo algo…” Diciendo esto, él aumentó la presión y dejó que su resbaladizo dedo entrara en su ano. Beth sintió la penetración y se rio cuando él movió su dedo meñique en su interior.

“Eso hace cosquillas abuelo!” ella se rio, meneando su trasero de lado a lado.

El abuelo también se rio mientras su mano libre agarraba su pene a través de la tela de sus pantalones y le daba un par de sacudidas. Su respiración era rápida ahora.

Hizo girar su dedo meñique en su interior.  Él sabía que tenía que terminar esto pronto, o eyacularía en los pantalones. De mala gana, sacó el dedo de su ano.

“¡La tengo!” él gritó sosteniendo una moneda delante de la niña. Bet rio y lo agarró, dejando caer su vestido para alcanzar su alcancía. El abuelo tomó rápidamente su chamarra,  así escondió la erección bajo sus pantalones. Quería tomar las cosas con calma y disfrutar de su nieta.

Beth se volvió hacia él. “¿Podemos encontrar más monedas, abuelo?”

“Oh, por hoy no creo que salgan más, mi amor. ¿No te parece que has tenido suficiente?”

“Pero fue divertido, abuelo! ¡Hazlo otra vez!” -suplicó.

“Muy bien, pequeña traviesa,” El abuelo sonrió y se acercó a ella, abrazándola con el brazo izquierdo. Con su mano derecha, sacó una cuarta moneda de detrás de su oreja.

“Aquí hay una!” Y la dejó caer en su alcancía por ella. Miró el rostro de su nieta y se deleitó con el gesto de decepción que vio.

“Abuelooo”, dijo ella enojada.

“¿Qué pasa, cariño?”, preguntó inocentemente.

Beth buscaba de qué forma decir lo que quería. “¿No puedes… mirar en otros lugares?”

Su abuelo se rió y la besó en la mejilla. “Tontita, por hoy hemos terminado de jugar, pero prometo que mañana jugaremos de nuevo. ¿De acuerdo?”

“¿Mañana?”, preguntó Beth esperanzada.

El abuelo besó nuevamente su mejilla y la abrazó con fuerza. “Si, pequeña. Vamos a jugar de nuevo mañana. Ahora vamos a ponerte la ropa interior y preparar el almuerzo. ¿Te parece bien?”

“¡Si abuelo!”, la niña empezó a aplaudir, mientras besaba a su abuelo.

Continuará

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