ATENCIÓN:

El relato erótico "Mi abuelo el mago, Parte 01 (de Janus)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mi abuelo el mago, Parte 01 (de Janus)
  2. Mi abuelo el mago, Parte 02 (de Janus)
  3. Mi abuelo el mago, Parte 03
Tiempo de lectura: 3 minutos

La pequeña Beth tenía sentimientos encontrados acerca de su abuelo mudándose con ellos, ya que esto significaría tener que renunciar a su habitación y dormir con su hermana mayor. Ella amaba a su abuelo, porque era muy divertido y le ponía mucha atención, que ella no creía tener de ningún componente de su familia. Una niña de sólo seis años no era tan importante teniendo una hermana de dieciocho.

Ann tampoco estaba demasiado ansiosa por tener a esa pequeña y mocosa hermana en su habitación, pero sentía un profundo afecto por su abuelo, lo quería mucho. Además de que no faltaba mucho tiempo para mudarse al entrar a la universidad, así el abuelo podría ser bueno para con su pequeña hermana, como lo fue con ella. Así, advirtió a Beth sobre no tocar ninguna de sus cosas y le mostró qué cajones podría usar para guardar sus cosas.

Fue una semana triste para Marge y su familia. Su madre murió después de una corta enfermedad y después del funeral se sintió apenada por su padre, pues dependía demasiado de su madre. Ella habló con su esposo George sobre permitirle mudarse a casa con ellos.

El abuelo no estaba muy convencido de abandonar su casa, pero finalmente aceptó, aunque insistiendo en mantener su casa tal y cómo estaba. Era la última semana de mayo, cuando se fue a vivir únicamente con una maleta de ropa, dejando todo lo demás en su casa.

Mientras caminaba hacia la puerta, toda la familia lo recibió, pues Marge y George habían pedido permiso para no ir a trabajar por la ocasión. Beth se arrojó a su abuelo, haciendo que soltara su maleta para atraparla.

Todos se echaron a reír y comentaron que la niña era capaz de expresar mejor sus sentimientos que ellos, después de todos los abrazos, besos y risas todos se sentaron y comenzaron a hacer planes para el verano que venía. Por supuesto, Beth estaba en el regazo de su abuelo, mirando y admirando cada una de sus expresiones faciales.

El abuelo puso un dedo en la oreja derecha de su nieta y dijo:
“¿Qué es esto?”, simulando sacar una moneda de ella y se la dio.

Todos rieron mientras corría a poner la moneda en su alcancía, para luego correr de vuelta con su abuelo, ofreciéndole la otra oreja para sacar otra moneda. Pero su abuelo le dijo que era difícil hacerlo dos veces seguidas, que talvez mañana podría hacerlo de nuevo. Marge y Ann se miraron la una a la otra y sonrieron.

Marge estaba buscando una niñera para Beth ya que tanto ella como George trabajan prácticamente todo el día, y Ann se irá pronto a la universidad. El abuelo entonces tomó la palabra y se ofreció a cuidar a la pequeña Beth.

Todos estuvieron de acuerdo, y Marge y su hija Ann se abrazaron, sabiendo que este sería una verano muy especial en la vida de la pequeña Beth.

El primer lunes, después de la escuela, su abuelo estaba fuera en el patio, después de que su padre y madre fueran a trabajar, y Ann se estaba preparando para ir a clases, su abuelo le dijo a Beth que tenía que ir al banco.

Ann dijo: “¿Serás amable con ella como lo fuiste conmigo, verdad?”

“Ya sabes a donde voy, iré al banco a cambiar billetes por monedas, después iré a comprarle una alcancía mas grande. Por cierto, alguna vez contaste las monedas que saqué de tus orificios hasta que fuiste lo suficientemente grande como para tener novio?”

“Era tanto como para llenar una bañera, papá lo llevó al banco el día que me dijo que era muy mayor para seguir jugando. Papá me entregó la ficha de depósito, que era de siete mil doscientos dólares, que me hubiera encantado tirarlos y ganármelos todos y cada uno de la misma forma en que lo hice de niña. Estoy feliz y me siento afortunada, y se que mi madre siente lo mismo”.

Cuando el abuelo y Beth llegaron a casa, entraron y el abuelo se sentó, por supuesto, la pequeña Beth se sentó al instante en su regazo. El abuelo extendió la mano y sacó de nuevo una moneda de su oreja derecha. Ella se rio, corrió a la gran alcancía que le había comprado y metió la moneda. Al volver, ofreció su otra oreja para que sacara mas monedas. El abuelo actuó como si le tomara mas esfuerzo sacarla, simulando hacer palanca al sacar un objeto pesado.

Enseguida fue a la nariz y sacó uno de cada orificio, luego le dijo que abriera la boca de donde sacó cuatro monedas. Sus pequeños pechos produjeron dos más después de algún generoso roce y pellizcos suaves. Entonces su pequeño ombligo produjo otra moneda más.

Él le dijo que era suficiente por ahora, pero enseguida ella le dijo que había olvidado sus otros dos agujeros, y señaló su pequeña vagina y su ano.

El abuelo dijo que era más difícil sacar algo de ahí, que podría necesitar mas caricias y talvez incluso una herramienta especial. Decía esto mientras retiraba su pequeño calzoncito…

Continuará

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