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El relato erótico "Mariana y yo, Parte 01" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Mariana y yo, Parte 01
  2. Mariana y yo, Parte 02
Tiempo de lectura: 8 minutos

Esta historia tiene ya muchos años, fue en los primeros años de mí llegada aquí al sur de este país, el más austral de América del sur. Al poco tiempo de llegar conocí a quien seria mi mujer (no esposa) Thelma, con quien conviví cerca de diez años.

Pero la historia esta centrada, no en ella sino en una familia de su amistad, de años antes de conocernos. Dicha familia, compuesta por dos hijos de 12 y 13 años cada cual y una beba al nacer, de la cual mi mujer finalmente seria madrina de bautismo.

Mi mujer y yo solíamos viajar cerca de 45 km., a visitarlos cada una o dos semanas, y por supuesto como mi posición económica, si bien no era muy holgada, bastaba para poder llevar algún regalo o algo de comer y beber cada vez.

Pues bien, la anécdota o la historia si se quiere al fin, se relaciona con Mariana, la hija de ese matrimonio, que contaba entonces con doce años. Ella, muy inquieta, simulaba torpeza para pasarla bien, creo, hacia rezongar a su madre y a la familia toda. Era delgadita y alta, tanto como yo, que mido cerca de 1.75 mts. Con pequeños pechos, que ni siquiera se notaban bajo su ropa, y escuálida parecía por su delgadez.

La cuestión es que cierto día, o mejor dicho tarde, mientras me hallaba acomodado en el sofá, viendo televisión, que era lo más divertido que podía hacer, mientras las comadres, para variar comadreaban (chismeaban) en la habitación de la dueña de casa, Mariana se hecho sobre el sofá como para hacerme compañía, casi recostando su cabeza sobre mi hombro. Solo eso. Cuando de repente su madre se asomó, y con un terrible grito, que hasta a mí me asustó, espeto:

–       ¡Mariana  !!!

No dijo más nada, para qué ? Mariana como un resorte saltó del sofá, escapando de donde provenía el vozarrón y huyo hacia la pequeña cocina, mientras Thelma se asomaba por lo ocurrido, y su comadre le explicaba algo que no alcance a escuchar.

Mire hacia la cocina y Mariana me miraba con una sonrisa picaresca, a la que yo respondí con un guiño de ojo. De ahí en más nada más ocurrió, hasta la noche.

Por la noche, toda la familia estaba reunida, como una gran ocasión por nuestra visita, y luego de la cena, durante la cual Mariana no hacia mas que mirarme soslayadamente, comenzaron a jugar, primeramente con los naipes, pero luego, como esos juegos se hacían limitados y éramos mas de seis, Thelma propuso jugar a la Ruleta, con una pequeña, como para el hogar, que les regalamos. Y así comenzó, pero a decir verdad yo no participaba, pues me aburría hacerlo sin otro incentivo que monedas. Por lo que volví a mi entretenimiento, la TV, mas poco duró, pues me llamaron insistiendo a que participara, y lo hice. Creo que el morbo o algo me llevo detrás de Mariana, y al ser el lugar algo pequeño y estrecho, (la mesa, las sillas, los muebles, el sofá, el televisor, etc.) quede casi pegado a ella, quien al verme detrás suyo me sonrió con un mohín de sus labios, y volvió a atender el juego. Para poder participar, debí apretujarme contra la mesa apoyando mi cuerpo sobre el de ella, quien al sentirme, tiro su colita hacia atrás apoyándose sobre mi bulto. Al sentir esto, me retire simuladamente, por las dudas que alguien lo hubiese notado, pero no, nadie prestaba atención más que a la Ruleta. Todos parados alrededor, formaban un círculo con vista al centro, y absortos que estaban, no notaron como acomode mi falo hacia arriba, que ya estaba erectando. Volví a acercarme a Mariana, con el objeto de apostar y nuevamente le apoye, esta vez el palo erecto, sobre la raya de su colita, con algo de fuerza para que lo notara, y lo notó, ya que presiono más en ella por unos minutos. Luego se corrió, y fue a pararse detrás de Thelma, lo que pareció un desafió, del cual no huí, y con cualquier pretexto la seguí, segundos después. Nuevamente me pare detrás de ella, la volví a puntear, incliné mi cabeza por sobre su hombro y le di un beso en el cuello a mi mujer diciendo:

–       Te diviertes querida?

La presión se incremento, al igual que mi excitación, y así estuvimos varios minutos. Por fin pensé que era momento de escapar y lo hice.

Esa noche Thelma y yo lo hicimos, y fue para Thelma algo increíble, pues creo nunca estuve tan aplicado. Lo que ella no sabia era que la excitación previa y el observar a Mariana, (en la misma habitación, pero en otra cama) espiándonos, viendo como penetraba a Thelma y oír su gemir ahogado para no despetarla, justamente, me puso como semental.

Al día siguiente, luego de almorzar y de la consabida siesta, por la tarde, nuevamente me senté a gozar con lo más divertido que allí podía tener, la TV, y Thelma y su comadre me dijeron que saldrían a visitar a unas amigas comunes que poseían cercanas al lugar.  Mariana dijo entonces:

–       Yo voy también!!!

–       No usted se queda aquí haciendo la tarea de la Escuela!!  – Respondio su madre.

–       Ufa !! – Fue la respuesta.

–       Daniel la ayuda, que el sabe (Daniel era yo) – Le espetaron.

Y dirigiéndose a mi:

–  Daniel, por favor no la deje ir a ningún lado, cierre con llave si quiere. – Me dijo a mí.

Pensé, “así será”, ya relamiéndome.

Ni bien traspusieron la puerta, la cerré con llave y guarde la misma en mis bolsillos.

–       Pensabas salir Mariana?- Pregunté.

–       No!!! Para qué?- Contestó.

Me acerqué por detrás donde estaba sentada ya con sus cuadernos y libros, e inclinándome por sobre su hombro le pregunté:

–       Querés que te ayude en algo o te haga algo?

Sonrió y respondió:

–       Hacerme qué?

–       No sé.- Le dije – Por lo menos decirme donde guardás el perfume que usas, así te pongo unas gotas más en el cuello, porque me encanta.

Sin más, bese su cuello, que más que beso, fue una ventosa, a lo que ella respondió con un:

–       Ay!!!. E inclinó la cabeza hacia atrás, como esperando más.

Bajé mis manos a la altura de su torso, y llevándolas hacia su pecho, la tome oprimiendo esas pequeñas protuberancias y comencé el juego de mis dedos con sus botoncitos. Dio vuelta su cara, mirándome a los ojos con los suyos brillándole, y le pregunte:

–       Sabes  besar yá?

–       Más o menos.- Respondió. – Piquitos.

–       Yo te voy a enseñar. – Le dije.-  Abrí apenas un poco la boca y con tu lengua, jugá con la mía.

Y eso hizo, lo cual nos puso a mil, ya que sus labios estaban hirviendo, y su lengua parecía una víbora peleando con otra, que era la mía.

Mi erección estaba poniéndome incómodo, la alce de la silla, parándola frente a mi, y apreté su cuerpo como para romperlo y para que me sintiese, a mi amiguito y a mi, mientras seguíamos besándonos.

El calor reinante del verano, se incrementaba en nosotros, haciendo sudar nuestros cuerpos que mojaban las ropas.

–       Lo hiciste alguna vez? – Le pregunte.

–       Que cosa? – Respondió.

–       El amor. – Le dije.

–       No se! . – Respondió, y siguió:

–       Una vez, Kico me metió su pito aquí abajo, y me lleno de un liquido como leche, pero no dije nada, porque sino él me dijo que se iba y nos dejaba solos. – Lloriqueó.

Hijo de mil, pensé yo, ya que Kico era el padre de la ahijada de mi mujer, y padrastro de Mariana y Horacio, su hermano.

–       Y te gustó? – Le pregunte.

–       Si,… pero él me daba asco.

–       Y yo te doy asco así?

–       No, vos no!!!

Volvió a abrazarme y besarme como antes.

–       Vos nó mi amor!!.

–       Mariana, pensá que esto debe ser un secreto. – Decía yo mientras mis dedos ya buscaban sus orificios en todos lados y mi lengua lamía su cuello y bajaba buscando sus pechos. – Nadie debe saber esto, sino, yo lo niego, y no vamos a estar juntos otra vez.

–       No, no lo voy a decir a nadie.

–       Ni a tu hermano, ni tus amigas o primas o compañeras de Escuela, a nadie, no?

–       Noooo!!!!

Abrazados nos corrimos hasta la primera ventana a la calle, y le dije:

–       De aquí veremos si vuelven, y no nos atrapan.

–       Siiiiii!! – Respondió.

–       Ponte viendo hacia fuera. – Le dije, mientras comencé a subir su falda, que debido al sudor ya tenia pegada a la raya de su cola. – Estate atenta.

Mi verga parecía ya el mástil de una bandera, con mis manos y los dedos, fui corriendo la bombachita que llevaba puesta, sentí la humedad correr por la línea de su colita y su almejita parecía un río, por su excitación. Creo que ya había tenido su primer orgasmo. Saque mi miembro fuera del pantalón, e hice que su cabeza acaricie su raya posterior y luego la frote en su chuchita.

Bruscamente empuje e me introduje dentro de ella. Era estrecha y muy caliente. Ella gimió casi con un grito, al que ahogue con mi mano en su boca. Luego con ambas manos, Acariciaba sus pezones mientras entraba y salía de dentro de ella. Parecía llorar, mientras gimoteaba:

–       Mas mi amor, mas!!!

Mientras con una mano acariciaba y pellizcaba sus pezones, con la otra le di vuelta la cara hacia mi y estampe un beso calido y húmedo, que fue respondido con su lengua, mientras nos babeamos.

Fueron siete, ocho, diez minutos de locura. Ella en un susurro repetía:

– Si, si, si, no pares maaassss!!!!!

Nuestros cuerpos pegados y chorreando sudor, dejaba las ropas a la miseria.

–       SSSSiiiiiiiiiiiiiiiii!!! – Gritó ella.

–       Me voooyyy!!! – Grité yo. – Acaaabooo!!!

Mi verga se hincho, crei que estallaría, y comencé a sentir

un río de esperma que inundó su vagina, y la apreté contra mi cuerpo, que creí que la quebraría.

Así como estábamos se dio vuelta, y me beso tan profundamente y largamente, como nunca nadie lo había hecho. Nuestros jugos se corrían por sus piernas y mi pantalón, mojando el piso inclusive. Pero nosotros seguíamos con nuestro beso.

–       Te amo papi. – Dijo. – Vos sí serías mi papi querido!!!!

De repente escuchamos voces, volvían y nosotros bañados en sudor y mojados de jugos.

–       Vete enseguida al baño, y cuando puedas ven a visitarme a casa, cuando Thelma no esté o tenga que salir. Vení con Norita  (su ahijada) para simular. – Te quiero. -Terminé diciendo.

Corrí a la cocina, antes de abrir la puerta, volqué un vaso de agua encima de mis pantalones, y comencé a secarlos con un trapo de cocina, mientras me acercaba a la puerta abrir a quienes regresaban.

–       Y Mariana?? – Pregunto su madre.

–       Creo fue al baño. – Respondí.

Cuando, tres minutos después salio Mariana del baño, parecía como si se hubiese dado una ducha, y así era.

Su madre al verla le preguntó:

–       Que hacías ahí??

–       Me daba un baño. – Contestó. – Tenia el cuerpo tan caliente, que creí que me asaba. – Terminó.

Por la noche, ya en la cama, Thelma comenzó nuevamente el juego, que la noche anterior había dado resultado. Yo creí que no podría, ya que el trajín de la tarde me agotó. Pero al notar nuevamente que Mariana nos espiaba desde debajo de sus sabanas, nuevamente me excité, puse a Thelma encima mío, Y erecto mi amigo como estaba entro en ella, dejando el espectáculo destapado de la ropa que nos cobijaba, y así permitiendo que Mariana viese y sufriese por no ser ella.

Al acabar, sin que Thelma lo notase, escuche el gemido de Mariana. Cuando regresábamos, al despedirnos Thelma le dijo a la comadre:

–       Mándala algún día a Mariana con Norita.  Daniel te la cuida a Mariana, para que no se escape y haga macanas.

–       Amén!! – Pensé yo.

Continuará

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