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El relato erótico "Marcela, Parte 04 (Final)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Marcela, Parte 01
  2. Marcela, Parte 02
  3. Marcela, Parte 03
  4. Marcela, Parte 04 (Final)
Tiempo de lectura: 7 minutos

Tres días transcurrieron después de la última aventura que tuvimos con Marce y una de esas noches en las que los tres estábamos viendo la televisión la niña fue la que se acercó a su padre y sin decir más puso su mano sobre su pantalón y a la altura de sus entrepierna, despacio lo comenzó a acariciar y poco a poco la barra de mi esposo fue poniéndose completamente dura hasta ser bastante notorio como la niña deslizaba su manita por la gruesa tranca de la cabeza hasta las bolas. Por la cara que ponía mi marido me di cuenta de que en verdad lo estaba disfrutando y yo sin darme cuenta ya tenía mi mano sobre mi sexo y me acariciaba suavemente.

Le dije a Marce que si quería jugar y ella me dijo inmediatamente que sí, le pedí que se pusiera de pie sobre la cama y ella así lo hizo, mi marido que estaba frente a ella estiró sus manos y empezó a quitarle los pantaloncitos de la pijama, sus bragas blancas de algodón quedaron a la vista y su tersa y suave piel de niña se fueron descubriendo hasta que por fin la prenda salió por sus pies. Antes de quitarle la camisa de la pijama mi marido recorrió con sus manos las piernitas de la niña desde sus pies y hasta llegar a su entrepiernita, ahí posó su mano sobre el monte de Venus de la niña y lo acarició delicadamente; luego dejó la panochita de la niña y procedió a quitarle la camisita, sus pequeños pezoncitos estaban erectos, mi marido se incorporó un poco para poder mamarlos, su lengua comenzó a recorrer las tiernas carnes de la niña y ella solo observaba los movimientos de su padre y de vez en vez me volteaba a ver a mí.

Las manos de mi esposo pasaron de la parte frontal de la niña a su espalda y luego con movimientos circulares la fue acariciando en toda su extensión y fue bajando poco a poco por la misma espalda hasta que se topó con el resorte de las bragas de nuestra bella hijita, introdujo sus dedos medios en el resorte y los comenzó a empujar para abajo, la prenda fue dejando desnuda la piel de Marcela, con paciencia casi desesperante observé como las bragas de mi hija fueron descendiendo hasta que por fin pude observar su rayita rosadita completamente desnuda, sin ningún pelito, abultadita y apretadita.

Después de sacarle las bragas a la pequeña las manos de mi marido regresaron a sus lindas nalguitas y las estuvo acariciando dulcemente por varios minutos mientras que su lengua pasó de las pequeñas tetas de la niña a su boca, ahora ellos se estaban besando deliciosamente, podía apreciar como la lengua de mi marido se enredaba con la de nuestra hijita y sus labios se restregaban los unos contra los otros. Yo tuve que aumentar la velocidad en las caricias que le estaba dando a mi panocha ya que me estaba poniendo sumamente caliente esta situación.

Mi esposo le pidió a Marce que se acostara en la cama como lo había hecho la otra vez para que él pudiera lamerle su conchita, la niña comprendió inmediatamente de lo que se trataba y se acostó boca arriba abriendo sus piernitas y mostrándole a su padre la pequeña y rosada vaginita, sus abultaditos labios vaginales se apreciaban en toda su magnitud. Él se agacho colocando su cabeza entre las piernitas de la pequeña Marcela y comenzó a olfatear por toda la zona, luego fue besando las partes de la pequeña provocando en ella algunas risitas, la lengua de él fue recorriendo entonces delicadamente la entrepierna de la pequeñita y aunque aún no la posaba en la rajadita de la pequeña ella ya estaba respirando agitadamente.

Las manos de mi esposo tomaron los costados de la pequeña y los comenzaron a sobar, con movimientos circulares fue subiendo lentamente hasta sus pechitos y ya en ellos los acaricio delicadamente poniendo especial atención a los erectos pezoncitos que apuntaban para el cielo. Mi boca seguía devorando la boca de mi pequeña mientras que su padre estaba ahora introduciendo lo más que podía la suya dentro de la rica apretada de su hijita.

Mi marido meneaba sus caderas contra el colchón, me separé de los labios de la pequeña y le dije que si quería yo se la mamaba, él levanto la cara que estaba metida entre las piernitas de Marcela y me dijo que sí. Me levante y él se acomodó de lado, bajé sus pantalones y saqué su formidable tronco, estaba completamente erecto, ahora más que otras veces. Tomé la barra con mis manos y la guié hasta que llegó la punta a rozar mis labios, comencé a chuparlos despacio y poco a poco me fui introduciendo la gruesa verga en la boca, a los pocos segundos ya le metía y lo sacaba con gran velocidad, esperando que mi marido se viniera en mi boca para poder disfrutar de sus ricos mocos. La cabeza de mi marido seguía moviéndose por la labor que estaba realizando entre las piernas de la niña, en eso Marce empezó a soltar de gemidos y gritillos de placer en señal de que se estaba viniendo; las mamadas que le daba su padre aumentaron su velocidad y comenzó a beberse todos los jugos que escapaban de su interior. Tenía la verga en lo más profundo de mi garganta y de pronto gran cantidad de esperma comenzó a inundarme la boca, fue tanta que no me la pude tragar toda pero seguí mamándole la reata que a pesar de su venida no perdía su dureza.

Descansamos por algunos segundos de tan rica cogida y después de este tiempo volteé para ver cómo seguía mi marido, su verga estaba aun completamente dura. Me acerque a su oído y le dije que se cogiera a Marce, él un tanto extrañado volteó a verme con cara de interrogación, yo volví a asentar y me puse de pie; me acerqué a Marcela y le pregunté que si le gustaría que su padre le metiera su cosa como me lo hacía a mí. Marce lo pensó por algunos segundos y enseguida contestó que sí con una gran emoción.

Mi marido no dudó más y se levantó hincándose en la cama, yo también me levanté y le dije que esperara, me metí su verga en la boca y comencé a mamársela para dejarla completamente lubricada, luego él se acomodó entre las piernas de la niña mientras yo sujetaba por los tobillos a mi hija pegándoselos a el pecho para dejar completamente expuesta su rajadita que ya se encontraba un poco dilatada por las mamadas que le había dado su padre minutos antes. La punta de la verga se introdujo, solo la pura puntita, con la mano en el tronco mi marido paseó la gran cabeza por toda la rajadita sólo hundiéndola unos milímetros para que la saliva que estaba en su verga se restregara por la linda rayita y esta quedara lista para ser penetrada, varias veces la verga se paseó a lo largo de toda la panochita de la niña y después él se detuvo por unos segundos y empezó a empujar lentamente, la punta del pene se fue abriendo paso por entre los regordetes labios mayores, estos se iban ensanchando mientras que el ariete de carne penetraba lentamente, por fin la gran cabeza de la verga se alojó en el interior de la pequeñita, yo veía como la piel de la vagina de mi pequeña se iba ensanchando y adaptándose a la gruesa verga de su padre quien por unos momentos permaneció quieto esperando algún quejido de la pequeña, pero ella no hizo señal alguna de dolor si no por el contrario de curiosidad, entonces él empezó a empujar más la verga, esta iba penetrando despacio por la resistencia de la pepita, completamente brillosa por la saliva que yo le había dejado ahí con mis mamadas.

Cuando la verga estaba enterrada casi una cuarta parte fue que la pequeña hizo una pequeña mueca de dolor, hasta ahí su papá se detuvo y espero a que ella se adaptara muy bien a su garrote. Luego él volvió a empujar un poquito y esta vez ella soltó un pequeño gritillo. Él se acomodó preparándose para hacer un poco más de fuerza y entonces yo sabiendo lo que continuaba le sujete fuertemente las piernitas a mi hija, él me miró y yo asenté con la cabeza y entonces empujó con fuerza desgarrando el himen de la nena, ella pegó un fuerte grito de dolor y comenzó a llorar. Mi marido entonces ya le había hundido casi la mitad de su tranca y se detuvo esperando a que la pequeña fuera perdiendo un poco el dolor que en esos momentos estaba sintiendo. Dejamos pasar varios minutos y por fin Marce se calmó un poco, mi marido entonces inició con un lento mete-saca, su verga salió un poco embarrada de sangre pero en realidad no era mucha, él prolongó el lento bombeo por algunos minutos y poco a poco la chiquilla fue experimentando algo de placer al sentir como la verga de su padre la estaba penetrando.

Como yo ya estaba sumamente caliente y aun no recibía nada me paré frente a mi esposo y recargué mis manos contra la pared y paré las nalgas lo más que pude, dejando completamente expuesta mi vagina; él acerco su boca y me comenzó a dar una formidable mamada que me llevó a mi primer orgasmo de esa noche en pocos segundos. Cuando me agachaba podía ver a mi hijita debajo de mí y como la verga de su padre la estaba penetrando por su conchita, los labios de la pequeña se abrían de par en par para recibir esa enorme barra de carne. La verga salía y entraba ahora ya a un poco más de la mitad, la humedad de mi hija se reflejaba cuando la verga salía completamente empapada en sus líquidos, ahora ya mi pequeña comenzaba a gemir no por el dolor sino por el placer que empezaba a experimentar. Mientras la boca de mi marido seguía moviéndose en el interior de mi panocha que ya estaba dejando escapar sus jugos que escurrían por mis piernas la niña comenzó a experimentar su primer orgasmo con una verga en su interior; su espalda se arqueó mientras que sus manos comenzaron a acariciar mis piernas. Su padre al sentir las fuertes contracciones que le daba su vaginita comenzó a regarla con sus mocos, con un fuerte gemido de placer e inclinando su cabeza para atrás él se derramó dentro de la conchita de Marce y justo en esos momentos otro orgasmo más me venía pero me lo tuve que sacar con mi propio dedo, me lo introduje profundamente en la concha y comencé a menearlo. Me agache para ver como la leche de mi marido comenzaba a escurrir por entre los labios vaginales y su verga que aún continuaba entrando y saliendo de la apretada puchita de nuestra hijita. Por fin mi marido se detuvo dejando la verga enterrada hasta donde más podía, sería un poco más de la mitad, ambos disfrutando de esos últimos momentos de sus orgasmos.

Yo por mi parte continué meneando mi dedo y algunas gotas de mis jugos cayeron en el estómago de mi pequeña. Luego los tres nos acostamos y nos quedamos profundamente dormidos hasta el día siguiente.

Fin

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