ATENCIÓN:

El relato erótico "Marcela, Parte 01" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Marcela, Parte 01
  2. Marcela, Parte 02
  3. Marcela, Parte 03
  4. Marcela, Parte 04 (Final)
Tiempo de lectura: 7 minutos

Una madre se aprovecha de la situación que se le presenta para adentrar a su hija de 8 años y a su esposo que actúan de manera inconsciente, a un encuentro amoroso. Planea todo sólo para satisfacer sus fantasías.

La tarde estaba un poco fría y mi marido, mi hija y yo estábamos recostados en la cama viendo la televisión, desde hacía ya varios meses una imagen me provocaba gran excitación, me imaginaba a mi esposo tocando y amando a nuestra pequeña hija, no sé de dónde había salido esa imagen pero me excitaba demasiado la idea. Me quedaba mirando largos ratos como se llevaban ellos pero no había trazos de que él o ella sintieran algo más el uno por el otro, en esta ocasión estaba un poco más caliente que de costumbre, mis pezones estaban completamente erectos.

Abracé a Marcela, mi hija, y a mi esposo al mismo tiempo, mi mano se posó en el abdomen de mi marido y con los dedos jugué con sus bellitos bajo el ombligo, él no traía nada encima; mi hija estaba de espalda a mí acurrucada a espaldas de su padre. Antes de continuar debo decirles que mi hija tiene ocho añitos, cabello oscuro rizado y tez blanca, su cuerpo es el clásico de una niña de esta edad, es muy sexy en sus movimientos y en su forma de ser.

Bien, pues mi mano estaba en el abdomen de mi marido, comencé a bajarla lentamente hasta que me topé con el elástico de su pantalón, introduje mis dedos despacio y me topé con su falo, completamente flácido; lo anidé entre los dedos de mi mano y lentamente comencé a menearlo de arriba para abajo, él un poco nervioso volteó a verme y le hice una señal para que guardara silencio. Al oído le dije a Marce (así le decimos de cariño) que le acariciara la espalda a su padre, ella llevó su manita a la espada de él y despacio la comenzó a acariciar, pude ver como la piel de mi marido se erizaba mientras que gracias al movimiento de mi mano pude conseguir que poco a poco su miembro fuera creciendo entre mis dedos. La respiración de él se agitó un poco, ahora yo tenía los pezones a punto de reventar y mi vagina ya secretaba un poco de sus jugos.

La manita de Marce seguía acariciando a su padre mientras que mi mano ya se movía un poco más fuerte en su miembro, me repegué más a mi pequeña para que ella a su vez pegara su cuerpecito al de su padre, el movimiento de mi mano sobre su miembro se hizo más rápido y profundo, meneaba su piel desde la cabeza hasta las bolas, yo por mi parte apretaba mis piernas para que los labios de mi vagina se rozaran y así poder experimentar un rico orgasmo, pocos minutos más tarde pude sentir como gruesas gotas del esperma de mi marido me inundaban la mano, fue algo completamente caliente que me hizo en ese instantes experimentar un leve pero placentero orgasmo. Marce que estaba en medio de los dos se dio cuenta de que algo pasaba pero obviamente no supo que fue, me levanté en la cama y le deposité un beso en la boca a mi marido, le dije a mi hija que le diera un beso a su padre, ella se incorporó y posó sus pequeños labios en la boca de su padre en un tierno beso. Por ese día las cosas quedaron solo así pero yo no sólo me iba a conformar con eso, mi marido sabía tratar muy bien a una chica en la cama y yo deseaba que mi hija tuviera con él sus primeras experiencias.

Pasaron dos o tres días después de lo de aquella tarde, esta vez mi marido aún no llegaba de su trabajo y Marce y yo nos encontrábamos terminando los quehaceres de la casa, cuando por fin terminamos las dos nos metimos a tomar un ligero baño para quitarnos el sudor, saliendo de la regadera nos secamos y le dije que nos fuéramos a la cama para esperar a su papi, las dos nos recostamos completamente desnudas y nos tapamos para así esperar la llegada de mi marido. Una hora después oímos que la puerta de la entrada se abría y mi marido preguntaba si había alguien en casa, ninguna de las dos contestamos sólo esperamos a que él llegara a la habitación, cuando entró y nos vio acostadas bromeó un poco con las dos y luego nos dijo que se podría acostar con nosotros, yo le abrí las cobijas mostrando el cuerpo de sus dos mujeres completamente desnudas, él se sorprendió un poco pero se empezó a cambiar para ponerse la pijama y como de costumbre sólo se puso los pantalones, luego procedió a acostarse con nosotras, se iba a meter de su lado como es costumbre pero le dije a la niña que dejara que su padre quedara en medio de las dos, mi marido sin decir nada se acostó boca arriba y le dije a Marce que le diera su beso de bienvenida, ella se volteó pegando su desnudo cuerpo al torso también desnudo de su papi y le dio un beso en la mejilla, luego yo me acurruqué contra él a la vez que sujetaba la mano de mi hija para que no lo soltara de esta forma las dos estábamos volteando hacia él, con mi mano fui guiando la mano de la niña para que acariciara el pecho y el estómago de su padre, yo subí la pierna en las de mi marido y pegué mi panocha lo más posible a su pierna para que pudiera sentir todo el calor que de mi escapaba.

Solté la mano de mi niña la cual continuó masajeando a su padre y mi mano se deslizó de nueva cuenta hacia su verga que para mi sorpresa ya estaba dura, lo empecé a masturbar lentamente y al oído le dije que me metiera un dedo en la vagina, se sorprendió un poco por la petición que le estaba haciendo pero pronto sentí como uno de sus dedos hurgaba mi entrepierna y luego uno de sus dedos se abría paso entre mis pliegues. Lo tomé de la cara y lo besé ardientemente, mi lengua se enredó con la de él por un par de minutos, Marce nos observaba un tanto sacada de onda, le dije a su papá que le diera un beso, que ella también lo deseaba, mi marido acercó su cara a la de mi niña y posó sus labios en los de la pequeña, fue un beso tierno pero a la vez candente. Marce se emocionó tanto que abrazó fuertemente a su padre y subió su piernita sobre su estómago, imagino que él pudo sentir su intimidad mientras se abría acoplándose a su costado, instintivamente él la abrazó pegando su cuerpo todavía más contra el suyo, luego le dio una leve nalgadita y ella se quejó de esto, él cariñoso le sobó donde le había dado la nalgada. Mientras que su mano sobaba las nalgas de su hija su dedo se perdía dentro de mi vagina, toda esta sensación me provocó un fuerte orgasmo y no pude evitar que un gemido escapara de mis labios, esto también elevó la temperatura en el cuerpo de mi esposo y fuertes disparos de esperma mojaron la mano que lo estaba masturbando. Saqué mi mano que estaba completamente bañada con la leche de mi marido y puse uno de los dedos en la boca de mi hija en señal de silencio, el esperma se pegó en sus labios y ella sin decir nada sacó su lengua y lo probó.

Mi marido un poco agitado vio como la niña probaba de su leche, luego se volteó hacia ella y la abrazó, pegando su boca a la de ella pero esta vez más cachondamente, sus labios se restregaron contra los de ella por un par de segundos y luego la soltó y volteó a verme, yo le brindé una amplia sonrisa y lo besé de la misma forma en como él beso a la niña. A partir de esa noche las sesiones de siesta se comenzaron a hacer más frecuentas, en una ocasión los tres nos acostamos desnudos y sucedió lo mismo de siempre, mientras que mi hija se abrazaba fuertemente de su padre yo lo masturbaba y después le daba a probar un poco de la leche que él había derramado sobre mi mano, en esta ocasión en particular Marcela bajó la mano hasta ponerla encima de la mía mientras que yo la meneaba sobre la reata de su padre, sin espantarnos y para que ella no se preocupara de forma natural tome su manita con la mía y lentamente la fui guiando hasta tocar la verga de su papá, luego tranquilamente la fui moviendo para continuar masturbando a mi marido pero ahora con la mano de su propia hija, ella no se espantó y ni siquiera hizo el intento de retirar, al contrario apretó un poco el pito de su padre; yo con voz calmada le dije que lo hiciera suavemente, como si se tratara de lo más delicado que ella conociera. Siguiendo mis instrucciones Marce continuó moviendo su manita sobre la verga de su papito solo que ahora con más calma y tiernamente. En los ojos de mi esposo se notaba la excitación que estaba experimentando, volteó a ver a nuestra hija y le depositó un beso tierno en los labios a la vez que le decía que la iba a enseñar a besar de una manera más rica, acercó su boca nuevamente a la de ella y empezó a acariciar sus labios con los de él, luego lentamente le fue introduciendo la lengua en lo más profundo de la boca de nuestra niña, él y ella lo estaban disfrutando al máximo y yo no me perdía ningún detalle de lo que estaba sucediendo.

No pudiendo soportar la tensión sexual que se estaba acumulando mi marido se acomodó junto con Marcela para quedar más cómodos, ambos quedaron de frente y continuaron besándose, una de las manitas de Marce estaba alrededor de la espalda de su papá mientras que con la otra continuaba sobando su macana y las de él no dejaban de acariciar las nalgas de ella, sobaba los dos cachetes y los aplastaba dulcemente con ambas manos, disfrutando de esta nueva experiencia que todos estábamos comenzando a descubrir.

Después de un rato de estar en esa postura mi marido se acomodó boca arriba y Marce quedó acostada a su lado, ambos estaban ya destapados y yo podía observar sus cuerpos desnudos, le dije a mi hija que se montara en su padre para que pudiera acariciarle el pecho y ella obedientemente se acomodó sobre su padre, yo le ayudé para que se montara, la verga de mi marido quedó acostada justo debajo de su panochita, luego de que ella quedó bien encaramada sobre su papá le dije que le comenzara a dar un dulce masaje en el pecho, mientras que ella se movía para darle el masaje a papá su vagina se movía sobre el tronco erecto de su papá, la pequeña rajadita se abría un poco mientras que se paseaba a lo largo de ese grueso y caliente tronco de carne, sólo pasaron unos minutos antes de que el cuerpo de la pequeña comenzara a aumentar la velocidad de sus movimientos y un poco después algunos movimientos giratorios se presentaron en las caderas de la niña; no paso mucho tiempo después sobre la reata de papá quien al ver que su hija se estaba convulsionando en un orgasmo que él le provocara que gruesos chorros de esperma comenzaron a salir disparados a gran distancia y algunos cayeron sobre su pecho, los dos se retorcía por la extraordinaria experiencia que acababan de experimentar, la niña quedo terriblemente agotada y se quedó dormida, cuando nos quedamos solos él me dio una cogida con el rigor que pocas veces se da, quede completamente satisfecha, un tanto por la imagen de ver como mi hija y mi marido habían tenido digamos que una especie de mutua masturbación y otro tanto por el calor que tenía guardado por ver realizada mi fantasía.

Continuará

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