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El relato erótico "Laura, Parte 02 (Final)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Laura, Parte 01
  2. Laura, Parte 02 (Final)
Tiempo de lectura: 14 minutos

Después de unos minutos de espera lentamente comenzó a sacar su barra y casi cuando iba a salir la volvió a meter lentamente, sus movimientos me seguían doliendo pero el me alentaba con palabras muy suaves y leves besos en los labios y mi cara.

El dolor no menguó mucho pero mi tío la se movía lentamente en mi interior clavándome solo la mitad de su portentosa herramienta. Varios minutos pasaron metiéndola y sacándola de mi estrecha vagina cuando tuve mi primer orgasmo con un pene dentro, aun no había penetrado completamente pero el orgasmo fue genial, a pesar del dolor experimentado el placer se hizo inmensamente más grande, gemí como nunca y más lágrimas rodaron por mis mejillas pero en esta ocasión eran de placer. Casi al mismo tiempo de la fenomenal venida sentí como los mocos de mi tío se depositaban en mi cuca, la sensación fue agradable y me deje coger hasta que mi tío me la sacó. La leche me escurría por toda la panocha y mi tío me la regó por toda la entrepierna regándola con la verga que se movía de lado a lado y entre mis labios vaginales aún un poco dura. Terminamos besándonos y abrazándonos para luego meternos juntos a la regadera; mi tío me lavó todo el cuerpo y fue ahí donde pude ver que me salía un poco de sangre de la rajadita.

– No te preocupes, eso es normal… Te desgarré por dentro una telita que se llama himen y que se conoce como virginidad.

– Sí, ya lo sabía… Pero me dolió muchísimo.

– Me lo imagino… pero de ahora en adelante te iras acostumbrando.

Esa noche dormí en cama de mi tío y no pasó nada más pero el sábado iba a ser nuevamente de nosotros. Nos despertamos tarde y mi tío me preparó un delicioso desayuno, después de éste nos metimos nuevamente en la regadera y estuvimos ahí acariciándonos y besándonos la verga de mi tío estaba a reventar y le di una buena mamada, él me regó con su leche la boca y tragué lo que pude, luego me mamó a mí hasta que me vine, la pucha me dulía todavía un poco.

Nos metimos en la cama y nuevamente nos quedamos profundamente dormidos. Como a eso de las cuatro de la tarde sentí una boca chupándome los pezones y desperté dulcemente. Las mamadas en mis tetas me pusieron sumamente caliente y noté que me estaba mojando, mi tío no paró de mamar y luego manoseándome la panocha me hizo venir, luego se acomodó nuevamente como la noche anterior y me comenzó a penetrar, el dolor ya no era el mismo y aguanté viendo como me la iba metiendo, esta vez la verga se me fue un poco más de la mitad, me sentía llena y ahora era más el pacer de sentirlo, sus caderas iniciaron un leve bombeo que se prolongo por diez minutos luego de los cuales alcancé mi segundo orgasmo. Mi tío me hizo cambiar de posición y esta vez el fue el que se recostó boca arriba en la cama, me pidió montarme y clavarme su daga lo que yo aguantara. Me monté dándole la cara y sus manos amasaron mis pequeñas tetas y luego pasaron a mis nalgas; yo sujeté el grueso y duro tolete de mi tío y lo guié hasta la entrada de mi cuquita, lentamente me fui sentando, sintiendo como las paredes se iban ensanchando con la invasión de la gruesa cabeza de hongo. Me trague un poco más de la mitad y comencé a subir y bajar apoyándome en su pecho con las manos para hacer fuerza, mi tío me pidió que le avisara justo cuando me fuera a correr para así hacerlo juntos.

Las caderas de el también se movían junto con mis caderas y poco a poco fuimos ganando velocidad, mis jugos se escurrían por el palo mojando las bolas y el vientre de mi tío para luego escurrirse por sus nalgas y mojar la colcha; pronto sentí las contracciones en mi vulva señal de que me iba a venir, se lo dije a mi tío que aceleró sus movimientos y justo como lo había asegurado nos comenzamos a venir simultáneamente, su leche me pegó al fondo justo cuando sentía la explosión de mis entrañas, mis jugos salieron y salieron mezclándose con su propia leche. Nuestros gemidos se dejaron escuchar por toda la casa y terminé tendida sobre su cuerpo mientras que sus caderas daban las últimas embestidas dentro de mi húmeda cueva y así nos quedamos mirando televisión hasta entrada la noche.

Durante la madrugada mi tío me manoseó y nuevamente me volvió a penetrar por la vagina, casi dormidos hicimos el amor y volvimos a quedar profundamente dormidos y nos levantamos bastante tarde ese domingo. Desnudos como estábamos nos metimos en la regadera y nos acariciamos y besamos como siempre, luego mi tío bajó a preparar un delicioso desayuno, casi comida por la hora y al bajar yo ya estaba todo listo. Platicando con el me enteré de que no era la primera vez que se cogía a una pequeña de mi edad y le pregunté detalles, el me contó lo que le hacía a una vecinita que tenía a donde vivía antes de venir a casa. Después me dijo:

– Hoy vamos a hacer algo diferente… ¡Ya veras que te gusta!

– ¿Qué me vas a enseñar tío?… vamos dime.

– Es una sorpresita pequeña, no comas ansias.

No me contó nada y terminando el desayuno me dijo que fuera a terminar algunas tareas que todavía tenía pendientes, luego el se puso a lavar la vajilla e hizo un poco de quehacer para luego alcanzarme en mi cuarto y ayudarme con el resto de mi tarea. Terminamos cerca de una hora y media después y entonces el tío me dijo que lo acompañara.

Salimos de mi habitación y nos metimos en el cuarto de mis padres, ahí mi tío esculcó varios de los cajones y luego de un par de minutos lo vi ir acomodando sobre la cómoda algunas prendas, estaba yo sentada en la cama imaginando lo que mi tío se proponía. Cuando terminó de sacar las prendas se volvió hacia donde me encontraba y estirando en sus manos un camisón de mamá me dijo:

– Ve al baño y te pones estas prendas…

Sin decirle nada tomé las prendas que me ofrecía y me dirigí al baño de la alcoba para ponerme las prendas que hasta el momento no había visto en su totalidad. Un camisón bastante sexy y semitransparente era lo que mi tío me había mostrado mas las demás prendas las desconocía, las puse sobre el mueble del baño y comencé a desdoblarlas para verlas, vaya (mi tío quería que me pusiera eso). Lentamente fui desnudándome mientras me miraba al gran espejo de cuerpo entero, fue la primera vez que tomé conciencia de mi cuerpo, delgado, de piel blanca, con apenas unos montecitos como senos y un monte de Venus al cual apenas y se le dibujaban unos pelillos; mi cabello castaño caía por la espalda, lacio y fino.

Fui colocando sobre mi cuerpo las prendas que mi tío me entregó, lentamente fui disfrutando del roce de esa tela sobre mi piel y a cada prenda que me colocaba volvía a mirarme detenidamente al espejo y modelando un poco para mi misma. Lo primero fueron unas bragas color negro, con un encaje hermoso; me las ajuste lo mejor que pude pues me quedaban un poco grandes y pude comprobar que me veía sensacional, bueno eso esperaba yo y mi tío debió de haber pensado igualmente. Mis nalgas quedaban expuestas casi completamente pues era un delicado hilillo lo que las cubría y por la parte frontal mis labios vaginales se dibujaban bajo el negro encaje.

Puse luego el bra que no llenaban mis tetas pero las acomodé dentro pues así lo quería mi tío, éste también en negro y a juego con las bragas se veía muy bien contrastando con mi blanca piel. Después siguieron las medias igualmente negras y que solo me llegaban al muslo en donde un adornado encaje se ajustaba a ellas. Por último el sexy camisón de color blanco y semitransparente, con solo esa ropa puesta me veía increíblemente sensual y no pude por menos que excitarme pensando en lo que me haría el tío Martín

Me miré al espejo por última vez y sumamente nerviosa salí de nuevo a la habitación, mi tío al verme se puso de pie ya completamente desnudo y con su gran daga balanceándose de arriba para abajo; se acercó hasta donde me encontraba y dio una vuelta a mi alrededor para admirarme.

– ¡Qué rica te vez sobrinita!… mejor que tu mamá a tu edad…

– ¿Tú has cogido con mamá? – pregunte sorprendida.

– No… aunque me hubiera gustado hacerlo… solo la espiaba…

– ¡Vaya, tío no lo hubiera creído!

– Ya vez… pues ella también esta muy buena…

– Sí… ¿Verdad?

El tío Martín luego de decir esto me besó en los labios hundiendo profundamente su lengua dentro de mi boca y buscando la mía. Sus manos se pasear por la suave tela del camisón recorriendo a la totalidad mi espalda, mis nalgas , mis tetas y mi panocha, me quemaba y quería sentirlo adentro a pesar de un poco de molestia que aun tenía por la desvirgada del día anterior.

Lentamente y mientras nos besábamos él me fue recostando sobre la cama y poco después sus labios recorrían mi cuello y sus manos mis costados, montado sobre mí se levantó para acercarme a la boca su dura tranca y me pidió que se la chupara, abrí mi boca y dejé que la gruesa cabeza se hundiera en mí; mamé lentamente y justo como el me había enseñado y así estuvimos un par de minutos, luego el tío se agachó entre mis piernas y sin quitarme las bragas me comenzó a lengüetear la raja. Con sus dedos hizo a un lado la prenda y directamente me comió la conchita haciéndome venir. Luego de esta primera venida me quitó las bragas y se acomodó entre mis piernas y llevándolas hasta sus hombros me penetró en esta posición, abrió el camisón y sus manos se apoderaron de mis pequeños senos masajeándolos sobre la tela del bra, esta vez la penetración fue más sencilla y menos dolorosa aunque todavía con un poco de molestia.

Mi tío se movió y se movió rítmicamente dentro de mi panochita que no dejaba de segregar jugos y jugos y me comenzaba yo a venir cuando me inundó con su descarga de caliente esperma, los dos gemimos de placer al unificar nuestros orgasmos y quedamos recostados unos minutos uno al lado del otro mas mi tío se levantó un poco después pidiéndome que le mamara nuevamente la reata. Comencé con la mamada disfrutando esta vez aparte de su sabor el mí propio, poco a poco la tranca fue cobrando nueva vida y fue cuando quedó completamente dura que mi tío me acomodo a cuatro patas sobre la cama y se hincó detrás de mí para lamer mi ano.

Pasados unos minutos sentí que me untaba con algo y luego el primer dedo me penetro el apretado agujero. Así lo estuvo metiendo y sacando por espacio de cinco minutos para luego agregar al primero otro dedo más y nuevamente a meterlo y sacarlo. Después de un tiempo similar al anterior mi tío se puso en pie y pude ver como se ponía más líquido del que me había embarrado en el agujero sobre su pene. Acomodó la gruesa cabeza en mi arrugado ano e hizo presión sobre él. Lentamente la macana me fue partiendo en dos por el culo, sentí no tanto dolor como el de la desvirgada pero si un poco aunque esta vez aguanté todo sin llorar ni quejarme. La lanza que me partía la sentía realmente enorme, a cada nuevo milímetro mi ano lo sentía ensancharse e ir recibiéndola, mi tío me preguntaba a cada momento si quería que se detuviera pero yo movía la cabeza negándole, sabía ya que después del dolor sigue el placer y ahora estaba sumamente caliente como para parar. Mi tío siguió empujando hasta que por fin sus bolas chocaron contra mis labios vaginales.

– ¡Qué linda hermosa!… ¡Te la tragaste completa! – dijo mi tío sorprendido.

– La siento toda tiíto… se siente rico.

Lentamente y sujetándome por la cintura el tío comenzó a moverse sin descanso y aumentando poco a poco la velocidad de las embestidas, un orgasmo se hizo dueño de mi voluntad y segundos después él me llenaba los intestinos con su caliente y rica leche, fueron segundos intensos y desbordados en los que pedí más de ese delicioso y erecto miembro que mi tío me había enseñado ya a disfrutar. Desde esa fecha me convertí en la amante de mi tío y disfruté da cada una de sus enseñanzas hasta la fecha fatídica en que me anunció que tenía que dejarnos para ir a los estados unidos en donde había conseguido un muy buen trabajo.

Estos últimos días me la he pasado masturbándome hasta dos veces al día, mi cuerpo necesita de la deliciosa verga que me regalaba mi tío, de su leche, de sus deliciosos juegos eróticos. No, no voy a poder resistir tanto tiempo sin una verga dura entrando en mi vagina o en mi ano. He buscado entre mis amigos pero realmente son bastante feos y porque no decirlo también bastante estúpidos, ninguno me convence.

La otra noche me encontraba sumamente caliente y no vi con malos ojos a mi padre de estatura elevada y corpulento, se nota que en la entrepierna se le forma un buen bulto, pero ni pensarlo, no sabría como abordarlo; por el otro lado esta mi hermano Edmundo, qué decir de el, bueno apenas tiene sus doce primaveras pero no esta mal, su cuerpo va tomando las dimensiones del de papá aunque todavía más delgado. No sé tengo que meditarlo un par de días.

He dejado que transcurran ya dos semanas y estoy que no aguanto, estoy en mi habitación, completamente desnuda y hurgando con mi mano derecha dentro de mi vagina, dos dedos entran y salen a gran velocidad, no puedo reprimir el gemido leve que escapa de mis labios anunciando mi orgasmo, los jugos mojan las sabanas y sacó mis dedos para chuparlos y así saborear mi propio néctar, esto me calma momentáneamente pero en realidad extraño la sensación de un cuerpo al lado, mañana intentare hacerlo con uno de los chicos más guapos de mi salón. Ya veremos. El tipo no obstante estar muy cuero es un verdadero imbécil, engreído y quién sabe que tantos apelativos más, definitivamente no me le entregaría a un patán como este, no definitivamente no.

Cae la noche y nuevamente me introduzco en la cama pero no logro controlar mis nervios, necesito algo dentro de mi vagina; salgo de la habitación con rumbo a la cocina para ver si un vaso de agua apaga mi calor interno, subo de nuevo las escaleras después de beberme el agua, nada, sigo igual de caliente, camino hasta mi habitación y me detengo antes de llegar; estoy frente a la puerta de la habitación de mi hermano, pongo la mano sobre la perilla y la giro sin hacer el menor ruido e ingreso en ella, todo esta oscuro y silencioso, cierro y camino lentamente hasta el lecho en donde percibo la silueta de Edmundo, los nervios me corroen el corazón. Destapo a mi hermano y sin pensar le paso la mano por la entrepierna sintiendo su sexo dormido, lentamente con mucha suavidad se lo comienzo a sobar, muy despacio. En breves instantes el aparato comienza a crecer, me asusto.

– ¿Estas despierto? – pregunto en voz baja.

La respuesta no llega y entonces sigo sobando la barra que ahora ya comienza a tomar dimensiones interesantes, con más miedo que valor logro bajar el pantalón de la pijama de mi hermano y veo saltar la silueta oscura de la barra de carne, pongo con cuidado mi palma sobre esta y mis dedos se cierran en torno al bulto. Es gruesa y de buen tamaño para su edad, lentamente lo comienzo a masturbar. Luego de unos minutos de masturbarlo con la mano me trago su verga, que delicia la siento deslizarse por mi boca y garganta debe de medir unos catorce o quince centímetros, no lo sé pero me esta encantando, sigo mamando sin pausas y de pronto el despierta.

– ¿Qué haces? – pregunta incrédulo.

– No digas nada, solo relá… relájate. – me asusto pero me logro contener.

– Pe… pero… es que…

Ya no digo nada más y continuo tragándome esa deliciosa barra de carne que me esta enloqueciendo, bajo una de las manos para meterla debajo de mi playera larga y palpar mi concha, muevo mis dedos a lo largo de mi rajada y en escasos segundos tengo un sensacional orgasmo. Mi hermano mudo ahora se deja mamar pero se queda como paralizado, no tengo que trabajar mucho y a los pocos minutos su leche me inunda la garganta, me trago toda la venida sin dejar escapar una sola gota y logro sacarle un leve gemido, continuo mamando hasta que la verga esta totalmente flácida.

– Es todo por ahora… mañana te haré una nueva visita. – Le digo segura de mi.

Salgo de la habitación y mucho más relajada me quedo profundamente dormida.

La noche siguiente note como Edmundo se fue a acostar más temprano que de costumbre, tenía yo un poco de miedo pues el pudo comentar algo con mis padres pero afortunadamente nada cambio en el trato con ellos lo que me indicaba que Edmundo no había dicho nada. A mis dieciséis años no puedo decir que sea una chica de mal ver, mi pecho es de buen tamaño con pezones paraditos y de un color clarito, mis nalgas son deliciosamente torneadas según las palabras de mi tío, mi cabello sigue lacio pero ya no me llega hasta la cintura, solo a mitad de la espalda y no me lo he teñido por lo que sigue castaño, mi vagina tiene en su monte de Venus unos hermosos rizos que forman un coqueto triangulito bajo el cual unos labios rosaditos y húmedos siempre esperan un delicioso y duro tronco.

Bien pues esa noche después de que mis padres se fueron a dormir yo salí de mi habitación para dirigirme a la de mi hermano, pensé que podría haber puesto el pasador pero me equivocaba, esto me daba el permiso de él para continuar con nuestro juego. Al entrar vi que no estaba completamente recostado.

– ¿Despierto? – pregunte ingenua.

Edmundo no contestó solo se limitó a mover su cabeza afirmativamente, me senté a un lado de el sobre la cama y encendí la luz de la lámpara de su buró. Pude apreciar que su respiración estaba agitada y la mía ni que decir. Me acerque a su cara y deposite sobre sus labios un tierno beso al que no respondió, nuevamente lo volví a besar esta vez más audaz jugueteando un poco con sus labios, poco a poco mi hermanito fue correspondiendo a mis caricias y su boca comenzó a seguir mis movimientos luego de unos minutos mi lengua se introdujo buscando la de el.

Cuando me separé pude ver la excitación reflejada en sus ojos y sin más tome mi playera por los costados y me la saqué. Mis senos desnudos quedaron ante su estupefacta mirada, estaba absorto y le tomé una de las manos poniéndome la sobre una de las tetas y comencé a darle indicaciones de qué era lo que tenía que hacer para irme acariciando. Sus dedos de seda me comenzaron a recorrer el seno lentamente, atrapó el pezón y con ternura lo pellizcó, mi hermano era un rápido aprendiz. Luego lo hice que me mamara el seno igual guiándolo para que pronto fuera un excelente amante.

Mientras que el se entretenía con mis tetas mi mano izquierda se movía lentamente de arriba para abajo a lo largo de su tronco que con habilidad logré sacar de sus pantalones.

Con la clásica desesperación de los principiantes me quiso meter la mano por todos lados pero yo lo fui conduciendo por los caminos que me gustaban, con calma y serenidad; Edmundo buen aprendiz pronto comenzó a tocarme con menos torpeza y fue entonces que me levante y montándome sobre la cama quedé hincada frente a el. Le pedí que me bajara las bragas y con delicadeza lo hizo, quedó maravillado con mi vagina pero aun sin tocarla le dije que me pusiera la mano abajo y así lo hizo, lentamente la movió de adelante para atrás rozándome los labios vaginales, así logre mi primer orgasmo de esa noche. Mi mano volvió a tomar su reata y lo seguí masturbando hasta que no pudo más y sus mocos saltaron potente mente mojándome hasta el pecho izquierdo.

Obviamente la cosa no iba a terminar ahí esa noche así que tendí a mi hermanito sobre la cama y comencé a mamarle el nabo que poco a poco comenzó a cobrar vida y cuando ya lo tenía completamente duro me monté sobre el, guié la daga con mi mano ante la atenta mirada de Edmundo y me metí su gran tronco que después comprobamos medía trece centímetros. La cabeza se fue perdiendo entre mis piernas lentamente y sentí que mi cuerpo volvía a vibrar con esas deliciosas sensaciones. Por fin me la tragué completamente y comencé una cabalgata lenta inclinándome de vez en cuando para que Edmundo me chupara las tetas o me besara.

El orgasmo nos vino a los dos al mismo tiempo, fue increíble, nos seguimos moviendo hasta que por falta de dureza la tranca se salió sola de mi vagina, los jugos abundantes se escurrían de mis labios y por la tranca y bolas de mi hermano; a pesar de que ya se había venido una vez la leche que me soltó en el interior de la vagina era demasiado, fue exquisito sentir como me golpeaba lo más profundo, por un embarazo no había que preocuparse pues desde que mi tío notó que me comenzaba la regla me comenzó a educar con respecto al uso de pastillas.

Esa noche después del sexo Edmundo, mi hermano, y yo nos quedamos acariciándonos, reconociendo nuestros cuerpos y ya casi como a la una de la madrugada me regrese a mi cuarto quedándome profundamente dormida. Comenzaba pues así una nueva y excelente relación con mi hermano, mis padres notaron el cambio de nuestros comportamientos pero lo tomaron con toda naturalidad pues creyeron que se debía a la madurez que comenzaba a adquirir Edmundo y en cierta forma no se equivocaban.

A la semana fue que Edmundo abandonó su habitación para venir a la mía, entró y me despertó cuando sus labios saboreaban mis pezones ya duros como la roca, lo único que hice fue tomarlo por el cabello y dejarlo continuar con su exquisita labor. Esa noche lo enseñé a mamarme la panocha y lo hizo tan bien que logre correrme en dos ocasiones con las mamadas que me estaba dando. Luego me empiné sobre la cama y le pedí me diera el mismo tratamiento en el ano, sin dudarlo mi hermano comenzó a lamer mi chiquito metiéndome la lengua profundamente en el, separando los cachetes con las manos para dejar expuesto el agujero. Era justo pues que como recompensa le regalara esta parte de mi cuerpo. Edmundo entonces guiado por mis indicaciones me la metió por el culo, fue divino. Me estuvo bombeando por casi treinta minutos durante los cuales me vine cinco veces, algo increíble. Por fin me llenó las entrañas con tanta leche que casi podría decirse que eran ríos los que me corrían por las piernas.

Esa relación hasta ahora sigue siendo nuestro gran secreto, una vez quise tener un novio pero en realidad no me agradó pues son muy brutos y no hay tanta confianza con un desconocido como la que puedo tener con mi hermanito o con mi tío. Mi hermano me comentó también algo parecido cuando intentó tener una novia, así que ya ven ¿Será mal de familia?

Mi tío ha venido dos veces a visitarnos y pues no les debo de ocultar que cuando el esta aquí nos escapamos a un hotel en donde damos rienda suelta a nuestro placer, sigue siendo muy bueno en la cama y sabe lo que hago con Edmundo y está de acuerdo en esa relación pues el solo puede venir muy ocasionalmente; eso si no deja de mandarme dinero para que me compre lo que yo desee y ahora a aumentado la cantidad a ochocientos dólares cada tres meses.

Fin

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