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El relato erótico "Las mellizas, Parte 19 (de Peli)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Las mellizas, Parte 01 (de Peli)
  2. Las mellizas, Parte 02 (de Peli)
  3. Las mellizas, Parte 03 (de Peli)
  4. Las mellizas, Parte 04 (de Peli)
  5. Las mellizas, Parte 05 (de Peli)
  6. Las mellizas, Parte 06 (de Peli)
  7. Las mellizas, Parte 07 (de Peli)
  8. Las mellizas, Parte 08 (de Peli)
  9. Las mellizas, Parte 09 (de Peli)
  10. Las mellizas, Parte 10 (de Peli)
  11. Las mellizas, Parte 11 (de Peli)
  12. Las mellizas, Parte 12 (de Peli)
  13. Las mellizas, Parte 13 (de Peli)
  14. Las mellizas, Parte 14 (de Peli)
  15. Las mellizas, Parte 15 (de Peli)
  16. Las mellizas, Parte 16 (de Peli)
  17. Las mellizas, Parte 17 (de Peli)
  18. Las mellizas, Parte 18 (de Peli)
  19. Las mellizas, Parte 19 (de Peli)
Tiempo de lectura: 10 minutos

El fotógrafo, Parte 5

Cuando volví a casa, aparte de darle a Miriam una gran alegría con las buenas nuevas que traía, me encontré con un grueso sobre enviado por las mellizas. En el venia una copia de todas las tomas que le habían hecho aquella velada a su joven pariente dormida, y una carta en la que me decían que no tenían mas de ese estilo, pero que contara con ellas para lo que fuese necesario.

Las fotos eran del mismo genero que las que ya le había hecho a Miriam, con la salvedad de que esta joven si acababa con los diversos objetos bien incrustados en todos sus orificios.

Era una pena que la calidad de las tomas fuera tan mala, pues estaba seguro de que al distribuidor le encantaría ver los primeros planos que habían tomado de sus agujeritos horadados.

Lo cierto es que ellas habían abusado de su cuerpecito a conciencia, procurando que el reportaje reflejara lo mas fielmente posible la gran facilidad con que sus acogedoras grutas acogían cualquier intromisión, sin importar lo gruesa o larga que esta fuera.

Se me ocurrió comentar a Miriam, que las veía en silencio a mi lado, que una chica con tanta pelambrera negra como la que tenia esa pequeña hubiera quedado muy bien en oposición a su rubio felpudito. Ella, tras meditar un par de segundos, se hecho a reír, y me aseguro que sabia donde conseguir una chica asi muy fácilmente.

Al día siguiente, al salir del colegio, traía consigo a una de sus compañeras de clase para merendar.

Esta, que ya había venido alguna que otra vez por casa, era una tímida morenita de pelo largo, tan linda como callada, que miraba a mi querida hija con una mezcla de respeto y devoción que yo nunca había terminado de entender.

Apenas llevaban unos minutos encerradas las dos en el cuarto de mi pequeña cuando Miriam me llamo a voces para que pasara dentro.

Al entrar vi que la apocada morenita permanecía de pie en mitad de la habitación, toda colorada, con la mirada baja mientras mi hija, desde detrás, y cojiendola firmemente por los hombros, me la mostraba como si ella fuera algo suyo, diciéndome que seria la chica idónea para la acompañara en la siguiente sesión fotográfica.

Miriam, haciendo caso omiso de mi genuina expresión de sorpresa, se dedico a desabrochar la faldita de su amiga; la cual, rígida como un maniquí, permitió que esta acabara hecha un ovillo en el suelo, sin hacer ni el mas mínimo gesto de oposición o rechazo ante su atrevimiento.

Acto seguido mi hija le bajo de un tirón sus lindas braguitas infantiles, hasta dejárselas a la altura de las rodillas. Tampoco ahora reacciono la abochornada chiquilla de ningún modo, permitiendo que su espesa pelambrera oscura quedara totalmente visible.

Esta, sin ser tan abundante como la de la chica que aparecía en las fotos de las mellizas, era bastante espectacular, cubriendo su almejita con una generosa capa de vello rizado que formaba un triángulo realmente llamativo.

Mi hija, al ver mis apurados y perentorios gestos faciales, ordeno a su amiga que terminara de desnudarse ella sola, mientras salía afuera a hablar conmigo, como era mi claro deseo.

Allí se apresuro a aclarar todas mis dudas, asegurándome que hacia ya un par de años que conocía a María, y que era la candidata ideal.

Me dijo que no me dejara llevar a engaño por mi primera impresión, que su timida amiga era, con diferencia, la chica mas viciosa que conocía; pero que, por su curiosa forma de ser, solo disfrutaba cuando la humillaban.

Me aseguro que en el colegio raro era el chaval que no había disfrutado de sus encantos, pues se dejaba besar y acariciar por el primero que se lo proponía.

Tanto es así que hacia ya tiempo que había perdido todas sus virginidades, porque la chica nunca decía que no, permitiendo que sus amantes satisfajeran sus deseos como mejor les viniera en gana.

Lo cierto es que si apreciaba tanto a Miriam era porque era la única amiga que la ayudaba a quitarse a los continuos moscones de encima, cubriéndole las espadas en muchas ocasiones, cuando los chicos la obligaban a hacerlo en aquellos sitios en que si la sorprendían los profesores la podían echar de la escuela.

Por todo ello mi hija sabia que podía contar con su viciosa amiga para lo que hiciera falta, y que un puñado de fotos nuevas no iban a ser ningún problema, ni le iban a crear el menor trauma.

Puesto que no había chico en el colé que no tuviera un buen puñado de fotos polaroid de la chiquilla desnuda, dada la costumbre que tenían de usarla como modelo antes y después de sus fogosos encuentros, cambiándoselas entre ellos como si fueran simples cromos.

He de reconocer que las sorprendentes explicaciones de mi hija terminaron por hacerme dudar y, al regresar a su cuarto y contemplar a la chica que nos aguardaba allí expectante, completamente desnuda y ruborizada, pero bien quieta como le habían ordenado, termino por convencerme de las insolitas posibilidades que allí habían.

María, pese a que era tan quinceañera como mi hija, tenia el busto bastante desarrollado para una chica de su edad, con unas amplias aureolas de un color marrón oscuro que hacían resaltar aun mas sus gruesos y atractivos pitones.

Miriam, ni corta ni perezosa, se acerco hasta su amiga, apoderándose enseguida de uno de ellos, sopesándolo con ambas manos mientras nos comentaba las ganas que tenia de poseer algún día unos pechos tan grandes y firmes como los de su apocada compañera.

Luego, pellizcándole suavemente uno de los gruesos pezones, me demostró lo sensibles que eran, endureciéndolo rápidamente con solo un par de caricias.

La prueba definitiva de su sumisión y de que era la chica ideal me la dio al obedecer de inmediato la orden de mi hija de ponerse a cuatro patas sobre su cama, con su prieto culito respingón mirando para nosotros, y sus piernas bien separadas.

Miriam, sentándose junto a ella, empezó a hurgar en su intimidad, arrancando apagados suspiros de placer a María mientras introducía los deditos por sus dos orificios, para demostrarme que no me había mentido al decirme que no era virgen por ningún lado.
Lo cierto es que había que rendirse ante la evidencia, pues acogía los dedos de mi hija con gran facilidad, entraran por el agujero que entraran.

La extraordinaria habilidad con que Miriam la masturbaba me hizo suponer que no era la primera vez que se divertían de esta manera, volviéndome a recordar lo viciosilla que me había salido la pequeña; muy a mi pesar.

Decidimos que el fin de semana siguiente empezaríamos a trabajar, dejando de nuevo a mi hija la tarea de pensar los nuevos guiones. María, como ya me esperaba, acepto muy sumisamente la idea de pasar la noche en casa, accediendo de antemano a todos los caprichos de Miriam, a la cual miraba embelesada mientras se volvía a vestir.

Mientras me marchaba pude oír un par de frases ambiguas en las que mi hija le pedía a su amiga que ahora le tocaba a ella.

No quise volver a entrar, pues no quería saber a que se refería en concreto la muy picarona.

Los días siguientes los paso mi pequeña dando vueltas por el piso, realmente excitada ante las nuevas ideas que se le iban ocurriendo. No solo se dedicaba a anotarlas en su cuaderno de notas, al que llamaba pomposamente guiones, sino que iba ya preparando todas las ropas y los escenarios que mejor concordaban con sus lujuriosos pensamientos.

Mi tarea fue mucho mas fácil, ya que solo tuve que reunir y preparar el material fotográfico que tenia que utilizar en las nuevas sesiones, pues los padres de María no pusieron la mas mínima objeción a que su dulce y encantadora hijita pasara todo el fin de semana con nosotros, aceptando gustosos mi amable invitación.

El sábado por la mañana, cuando se presento la tímida invitada en casa, trayendo solo una pequeña bolsa de viaje, ya estaba mi hija esperándola impaciente desde hacia rato, realmente ansiosa por empezar la sesión.

Para el primer montaje del día Miriam volvió a usar su viejo vestido del colegio, dado el excelente resultado que le había dado ya, entregándole a su dócil amiguita uno de sus uniformes escolares.

Como era de esperar este le quedaba tan ajustado que ni siquiera podía cerrar los últimos botones de la camisa, quedándole la falda bastante por encima de la rodilla.

El guión era bastante simple, pues consistía en fotografiar como se peleaban ambas de broma, desnudándose la una a la otra como por azar, hasta quedar completamente desnudas ante la cámara.

Gracias a la inusitada pasión que puso Miriam en la pelea saque unos planos excelentes mientras mordisqueaba los pechos desnudos de su amiga, de la cual obtuve también algunas tomas bastante ambiguas mientras mi hija restregaba su rubio virguito por su carita sonrosada en un momento dado de la contienda.

El resto de la mañana lo pase revisando el material, mientras ellas se divertían a su manera, jugando encerradas en su habitacion a cosas que las hacían gritar y gemir cada dos por tres.

Después de comer hicimos la segunda sesión, la de la siesta.

En ella aparecían las dos chiquillas durmiendo juntas en mi cama de matrimonio, rodeadas de peluches y ataviadas con sus pijamitas mas castos, descolocados de tal forma que permitiera obtener suculentos planos de la desnudez que había debajo.

Luego las repetimos con su lencería mas infantil, fotografiando poses muy ambiguas que daban la impresión de que se estaban masturbando al tener metidas sus manos dentro de las lindas braguitas.

A Miriam se le ocurrió la genial idea de simular que mientras dormían cada una se aferraba a la ropa de la otra, tirando de ella hasta dejar sus cuerpos desnudos de un modo la mar de inocente.

Luego cada una aferro un pecho de su amiga, para acabar cada una con las manitas metidas en la intimidad de la otra; mientras, por turnos, se dedicaban a sorber en sueños los pezones de la rival como si fueran tiernos bebes.

A ultima hora de la tarde hicimos las tomas de la cocina, en las que Miriam se las ingenio para convertir a su amiga, totalmente desnuda sobre la mesa, en una especie de pastel gigante.

Nos contó que lo había visto en un reportaje sobre Asia, y que allí utilizaban a las jovencitas como plato, comiendo directamente sobre su cuerpo.

La idea le había gustado tanto que no paro hasta embadurnar a María con todo tipo de confites.

La chica, rígida como un palo, soporto que su amiga la atara firmemente a las patas de la mesa, con los pies y los brazos en cruz, sin emitir la mas mínima queja; y que la pringaran de chocolate, leche condensada, mermelada y nata por todas partes, mientras yo fotografiaba todo el proceso.

Miriam disfrutaba de lo lindo, ataviada con un reducido delantal blanco de alegres dibujitos que le había regalado hacia unos años, y que le venia tan corto que en muchas fotos salía con todo al aire.

Lo que mas le costo fueron los adornos finales, pues se empeño en incrustar un plátano pelado dentro de su almejita, provocando tales espasmos en su amiga mientras lo introducía que estuvo a punto de tirar las fresas que coronaban sus pezones.

Nada mas acabar su ardua labor le pregunte si ya estaba, a lo que me respondió con una ambigua sonrisa de lo mas picara que no, que ahora venia lo mejor, pues ella no se había pegado semejante lote de trabajar para no comérselo después.

Y así lo hizo.

Se despojo del delantal para estar mas cómoda y se abalanzo como una fiera sobre su amiga.

Yo tuve que enfrascarme en las tomas que estaba haciendo para no pensar en lo viciosa que era mi hija, pues lamía con un ansia y frenesí que no presagiaba nada bueno.

De todas formas las fotografías eran magnificas, con la cara de la chiquilla embadurnada de dulce mientras saboreaba el sabroso cuerpo de su dócil amiga.

A esta, a pesar de la manzana que tenia incrustada en la boca, se le escapaban de vez en cuando unos estremecedores gemidos, que decían bien a las claras lo mucho que estaba disfrutando con el insolito jueguecito.

Lo cierto es que solo la oí quejarse una vez, cuando Miriam mordisqueo con mas fuerza de la cuenta uno de sus pardos pezones, cuya rigidez y grosor parecían gustarle mas que la capa de dulce que lo cubría.

Si las fotos de mi hija devorando la manzana daban pie a malas interpretaciones, imagínense aquellas que le hice devorando el plátano. Miriam se dedico con tanto entusiasmo a su labor que tuve que dedicarme a sacar fotos del expresivo rostro de su amiga en vista de lo mucho que mi hija estaba prolongando el acabar con los últimos restos de la fruta. Si me quedaba alguna duda acerca de lo que alli estaba pasando, el fuerte orgasmo que tuvo María delante de la cámara me lo quito.

De ahí, como ya supondrán, pasamos directamente al cuarto de baño, donde pude sacar un buen puñado de fotos mientras se lavaban amorosamente la una a la otra sentadas en la amplia bañera, antes de que el vaho me impidiera proseguir, y decidiera marcharme a revisar el material.

Lo malo es que los tabiques de mi casa son muy finos, y no tuve mas remedio que escuchar como sus continuas y alegres risas iniciales pronto dejaban paso a algún que otro sofocado gemido, hasta que al final escuche sus roncos grititos de placer.

Después de cenar el cansancio se hizo evidente, marchándose bastante temprano a dormir.

Yo, sin embargo, me quede viendo la tele un buen rato mas, pues no podía dejar de pensar en todo lo que había visto ese día.

Cuando estaba a punto de irme también a dormir vino Miriam a verme, pidiéndome que cogiera mi equipo para hacer unas ultimas tomas.

Con mucho sigilo me llevo a su cuarto, donde pude ver a María durmiendo la mar de feliz, abrazada a un osito de trapo y tapada con la sabana. Miriam, sonriendo, la destapo, para que yo pudiera fotografiar su desnudez. No vi sus intenciones hasta que me señalo sus partes bajas.

Allí se veía claramente el enorme chupete de caramelo que mi desvergonzada hija había comprado para incrustarlo en su intimidad, al igual que en la famosa fotografía.

Pero ella aun lo había mejorado, sepultándole un largo bastón de caramelo en el ojete.

Mientras hacia las nuevas fotos no podía dejar de pensar en la habilidad de mi viciosa hija para realizar sus osadas maniobras sin despertar a su amiguita, aunque el sueño de esta era tan pesado que permitió que Miriam cambiara sus poses con relativa facilidad.

Termino boca arriba, chupándose el dedo gordo, abrazada aun a su osito de peluche, y lo bastante espatarrada como para que se viera la doble intromisión claramente.

Para que no quedara ninguna duda sobre la veracidad del reportaje, Miriam saco y metió varias veces el grueso chupete en su rosada y acogedora intimidad, chupándolo a conciencia cada vez que lo hacia para facilitar su entrada.

Luego, girándola de costado, me volvió a asombrar, deslizando el largo bastón de fresa adentro y afuera de su angosto alojamiento, sin llegar a sacarlo, con suma facilidad, a pesar de que media algo mas de un palmo de largo.

Cuando al fin me marche fue con el convencimiento de que la juventud de hoy es algo increíble.

Por desgracia al día siguiente se puso mala mi hija, posiblemente por el empacho de dulces, por lo que no pudimos hacer gran cosa. Su amiguita estuvo toda la mañana cuidándola, permaneciendo amorosamente a su lado hasta el mediodía, marchándose después de comer a su casa, dado que poco mas podía hacer por ella.

Lo que yo no sabia es que esa era la ultima vez que la volvería a ver.

No se si fue por culpa de quedarse mi hija un par de días mas sin ir al colegio, o porque era algo que tenia que suceder, el caso es que Miriam volvió llorando del colegio a media mañana para contarme que habían expulsado a María del colegio.

Por lo visto el día anterior la había sorprendido una de las maestras en el aula de música, en mitad de una frenética orgía con tres de los chicos mas viciosos de su clase.

Habían procurado silenciar el escándalo, pero todos fueron expulsados sin remisión.

Después de unas incomodas llamadas de teléfono pudimos saber que sus padres habían decidido mandarla a un internado de señoritas en el extranjero, tal vez con la esperanza de que alli pudieran corregir la conducta de su frívola hija.

A Miriam le duro el sofocón bastantes días, apenas mitigado con el formidable pago que de nuevo me hizo el distribuidor por las fotos.

Continuará

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