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El relato erótico "Las mellizas, Parte 14 (de Peli)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Las mellizas, Parte 01 (de Peli)
  2. Las mellizas, Parte 02 (de Peli)
  3. Las mellizas, Parte 03 (de Peli)
  4. Las mellizas, Parte 04 (de Peli)
  5. Las mellizas, Parte 05 (de Peli)
  6. Las mellizas, Parte 06 (de Peli)
  7. Las mellizas, Parte 07 (de Peli)
  8. Las mellizas, Parte 08 (de Peli)
  9. Las mellizas, Parte 09 (de Peli)
  10. Las mellizas, Parte 10 (de Peli)
  11. Las mellizas, Parte 11 (de Peli)
  12. Las mellizas, Parte 12 (de Peli)
  13. Las mellizas, Parte 13 (de Peli)
  14. Las mellizas, Parte 14 (de Peli)
  15. Las mellizas, Parte 15 (de Peli)
  16. Las mellizas, Parte 16 (de Peli)
  17. Las mellizas, Parte 17 (de Peli)
  18. Las mellizas, Parte 18 (de Peli)
  19. Las mellizas, Parte 19 (de Peli)
Tiempo de lectura: 9 minutos

La comunión, Parte 09 (Final)

Al día siguiente no se despertó nadie hasta bien entrada la mañana, con la tranquilidad de que la ceremonia era por la tarde, y podíamos reposar de una noche inolvidable.

Nuestro querido primo tenia todavía la cabeza bastante embotada, por lo que le pidió a Ingrid que le diera las gracias a los albañiles en su nombre, pues ya estaban recogiendo sus últimos útiles del garaje, y no les vería hasta el día siguiente, ya en la empresa.

Yo, que había escuchado la conversación, me apresure a interceptarla antes de que saliera y, tras comprobar que iba completamente desnuda bajo el batin, le afloje bastante el cinturón, mientras le advertía que debía ser una despedida de lo mas agradecida.
Después de subir a nuestro dormitorio para asegurarme de que mi hermana nos avisaría si salía alguien de improviso de la casa, me acerque hasta la esquina del jardín, desde donde pude comprobar que nuestra prima política se había convertido ya en una dócil y viciosa muñequita, deseosa de recibir todo tipo de ordenes, incluso las mas viciosas.

Por desgracia me había perdido el inicio del combate, pues cuando llegue ella ya estaba mamando, muy expertamente, el enorme aparato del negro, mientras su compañero la penetraba rudamente por detrás. Era una delicia ver como los dos empleados compartían su cuerpo prácticamente desnudo como buenos amigos, introduciendo las cuatro manos bajo el batin desabrochado para manosear sin obstáculos sus magnificas ubres.

He de reconocer que Ingrid se había convertido en una consumada maestra en el arte de chupar, pues imprimía un ritmo vertiginoso a su linda cabecita mientras absorbía grandes trozos de miembro, acariciando con sus manos todo lo que sobraba; pero lo mejor de su actuación fue, sin duda, cuando consiguió tragarse la abundante eyaculación del obrero sin derramar ni una sola gota de néctar, y sin perder el ritmo de las furiosas embestidas que le propinaba su amante sevillano. Este también termino por eyacular, poco después, en el interior de alguno de sus dos orificios, mientras se aferraba a sus caderas para introducirse lo mas profundo posible. Nada mas acabar su extenuante trabajo se marcharon, no sin antes prometerle que regresarían a visitarla en cuanto les fuera posible.

El resto de la mañana fue bastante mas relajado, mientras preparábamos las cosas de la comunión, y hacíamos nuestras maletas, ya que pensábamos marcharnos de la casa nada mas finalizar el convite, con la deliciosa satisfacción de haber cumplido, holgadamente, todos nuestros objetivos. Después de comer, mientras ayudábamos a Lucia a vestirse, le dimos nuestro ultimo regalo, unas preciosas braguitas de fantasía, que habían de sustituir al incomodo body blanco que le había preparado su madre. Esta acepto, ilusionada, el cambio, aunque se ruborizo un poco al ver lo mucho que se le transparentaban los firmes globitos en el calado vestidito blanco de comunión; cuyos rosados pezones puntiagudos se veían, perfectamente, en cuanto se acercaba uno lo suficiente a la pequeña.

Nosotras, al igual que su madre, nos vestimos con bastante sobriedad. Eso si, debido al pesado bamboleo de los senos de Ingrid nadie podía dejar de darse cuenta de que estos disfrutaban de una completa libertad bajo el ligero vestido veraniego. Y si alguien tenía la oportunidad de estar en el lugar adecuado también podría comprobar, asombrado, que tampoco llevaba bragas debajo de la elegante minifalda para ocultar su intimidad.

Aun faltaba mas de una hora para la ceremonia cuando apareció por casa el padrino, con su esposa, para saludar a la pequeña. Yo, aprovechando que estaban todos reunidos en el salón, acompañe al sujeto hasta el cuarto de Lucia, asegurándole que nadie les molestaría mientras el charlaba con la jovencita sobre lo que habíamos visto el día anterior, tal y como había prometido. Antes de cerrar la puerta desde fuera pude ver como su lujuriosa mirada se clavaba en los descarados pechos de su adorable sobrina, y me relamí por anticipado, segura de nuestra nueva victoria. Aplique pacientemente la oreja a la madera, hasta que oí sus primeros gemidos, y aun así deje pasar todavía unos minutos antes de abrir suavemente la puerta. Me basto tan solo con una pequeña rendija para ver como Lucia disfrutaba, a cuatro patas sobre su propia cama, de una completa penetración.

Era una imagen realmente encantadora, con su vestidito blanco de comunión subido hasta la cintura, y sus braguitas nuevas enroscadas en un tobillo, mientras su tío se mecía tras ella, aferrado a su firme pechuguita, mientras la poseía por algún cálido orificio.

Después de deleitarme durante unos instantes con su diversión cerré la puerta con la misma suavidad con que la había abierto para que no se percataran de mi intromisión, y pudieran seguir sentando, a base de sexo, las bases de una prometedora relación.

Cuando por fin se marcho su libidinoso tío de la habitación de la dulce Lucia, bastante ruborizado por cierto, asegurándome que todo estaba por fin arreglado, no permití que la pequeña se aseara las partes bajas, obligándola a ponerse las braguitas sobre los restos de la contienda; pues seria todo un símbolo que realizara la ceremonia de purificación con la intimidad bien empapada de los espesos flujos de su primer amante masculino.

Nos costo bastantes esfuerzos entretener a nuestro querido primo lo suficiente como para que no viera las nuevas mejoras en el traje de comunión de su hija hasta llegar a la parroquia. Allí disfrutamos de lo lindo, no solo por la cara de asombro de su padre, sino también por las elocuentes miradas que le echaban todos los familiares y amigos a su atrevido vestido, y a sus preciosos y descarados senos, arremolinándose a su alrededor.

Al sátiro cura fue a uno de los que mas le afecto la divina visión, aunque no dio ninguna muestra de ello; pues mas tarde Lucia nos contó que su ultima confesión, justo antes de la ceremonia, había sido muy especial.

Y no era para menos, pues aprovechando la soledad e intimidad del confesionario el vicioso párroco había desnudado su largo y grueso aparato ante la asombrada chiquilla, y le había obligado a hacerle una mamada mientras manoseaba sus adorables pechitos por encima del vestido, y le pellizcaba los puntiagudos y destacados pezones. Aunque era la primera vez que Lucia hacia una felación demostró tener una facilidad innata para el trabajo, pues nos aseguro que no solo había logrado engullir una buena parte de su gran aparato, sino que había conseguido, haciendo verdaderas diabluras con la lengua, que el cura eyaculara dentro de su boca en pocos minutos. A pesar del loable esfuerzo que hizo la aplicada jovencita por tragarse todo lo que mano de su descomunal fuente, no pudo evitar que una parte de su jugoso néctar se le derramara por la boquita, provocando unas pequeñas manchitas blancas en el vestido que confirmaban la veracidad de su relato.

De todo esto nos enteramos camino del restaurante donde se celebraría una pequeña merienda, y fue una suerte que pudiésemos hablar en la intimidad del coche, pues una vez dentro del local, abría sido casi imposible estar a solas con la pequeña, dado el inusitado interés que tenia todo el mundo, y sobre todo los hombres, por estar cerca de ella. Y es que la mayoría andaban desesperados por poder fotografiarse a su lado y de muy cerca.

No se si fue por la excitación de su ultima aventura con el curita, por los nervios, o por el intenso aire acondicionado, pero el caso es que Lucia se paso casi toda la velada con los pezoncitos de punta, logrando que destacaran todavía mas en el calado de la prenda.

Me imagino que ese tuvo que ser uno de los motivos que empujaron a la amiga lesbiana de Ingrid a actuar. La muy cuca fingió una cierta torpeza a la hora de ir a saludarla, derramando un poco de café en la pechera de su vestido. En seguida se la llevo al cuarto de baño, para limpiársela antes de que se secara. Yo, que ya la veía venir, me apresure a acompañarlas, para cerrar con pestillo la puerta del lavabo desde dentro, y evitar así que nadie las molestara durante un rato. Tras saludarlas me encerré en uno de los aseos, para no enturbiar su intimidad; dejando, eso si, una pequeña rendija para ver lo que sucedía.

Lucia, acostumbrada ya a que todo el mundo se adueñara de su delantera, no recelo lo mas mínimo cuando la autoritaria mujer se apodero del seno manchado con una mano, y empezó a restregar una toalla húmeda con la otra. Solo yo sabia que el esmero que ponía en la limpieza no era mas que una simple artimaña para estrujar con total impunidad el delicioso meloncito de la chiquilla, el cual apretaba una y otra vez encantada.

Puso tanto entusiasmo en la labor de aseo que dejo totalmente mojada la zona, logrando así que el pezón se clareara con total nitidez a través del tejido.

Por eso, cuando por fin dejo ir a Lucia, esta pronto se encontró rodeada de invitados, a los que alegraba la vista con los enhiestos encantos que tan orgullosa mostraba.

La escena nos había excitado tanto a las dos que, sin necesidad de mediar palabra, nos encerramos en mi aseo, para masturbarnos frenéticamente la una a la otra. Entre jadeos me aseguro que pronto haría suya a la mocosa, y yo le arranque la promesa de que nos mandaría pruebas, en foto o en vídeo, de la esclavitud de la madre y de la hija. Ella, tras un violento orgasmo, me prometio que dentro de poco tendríamos noticias suyas.

De todas formas, aunque la alegre pequeñaja era el centro indiscutible de la fiesta, aun quedaban bastantes moscones revoloteando alrededor de su atractiva madre, disfrutando de la espléndida visión de sus voluminosos cántaros moviéndose con total libertad bajo el ajustado vestido. Los paseos de Ingrid por el salón eran seguidos con ansiedad por todos los varones, a los que solo les faltaba babear viendo sus voluptuosos movimientos.

Nuestro querido primo, algo enojado y enfurruñado por el inusitado y excesivo interés que despertaban entre los numerosos invitados masculinos sus dos adorables mujercitas, prefirió mantenerse algo alejado de nosotras, charlando con algunos parientes lejanos en el otro extremo del amplio local, dándonos la espalda e ignorándonos a posta.

Yo, como no, aproveche por ello la oportunidad que tenia; y, en un momento dado, en que estaba junto a los tres vecinos, conseguí que empezaran a debatir sobre la ausencia o no de ropa interior bajo el vestido de Ingrid. Cuando la conversación llego a su punto mas álgido logre que cruzaran unas audaces apuestas conmigo a favor y en contra.

Una vez realizadas les obligue a acompañarme donde ella estaba, para salir de dudas, y tras formar un apretado corrillo detrás de Ingrid, para que la gente no viera lo que estaba a punto de pasar, me apodere de la cremallera trasera de su vestido.

Bastaron unas cuantas ordenes en el oído de mi prima para convertirla en un rígido maniquí, mientras abría un par de palmos su cremallera. Todos pudieron ver su espalda desnuda, pero uno de ellos, audaz, me dijo que podía tener algún tipo de sujeción por delante. Ni corta ni perezosa hice que el incrédulo se acercara hasta mi y, cogiendo una de sus manos, la introduje por la abertura hasta que alcanzo su codiciado trofeo.

Disfrute viendo como la carita de Ingrid se ponía cada vez mas colorada mientras el afortunado joven comprobaba exhaustivamente la nula presencia de cualquier artificio, poniéndose las botas mientras tanto a base de manosear su delantera por todas partes.
Después de colocar la cremallera en su correcta posición, y viendo que los otros dos muchachos se habían quedado con ganas de imitar a su amigo, deje que estos metieran sus manos bajo la minifalda de Ingrid, eso si con mucha discreción, para que vieran que allí tampoco había nada. Ambos se apresuraron a obedecerme, descubriendo así lo acogedores que eran ambos orificios; sobre todo cuando ella separo aun mas sus piernas.

Cuando por fin acabaron la comprobación pude suponer, por el brillo lujurioso de sus ojos, y el delatador bulto que se formo en sus pantalones, que pronto visitarían a mi prima política con mayor tranquilidad. Ella, que tampoco era insensible a sus toqueteos, permaneció el resto de la velada con los gruesos pezones rosados duros como si fueran puntiagudos diamantes, marcándose de una forma descarada en la fina tela. Provocando de esta forma numerosas muestras de atención de amigos y vecinos, y alguna que otra proposición indecente, que tenia bastantes posibilidades de prosperar a estas alturas.

Yo, que tampoco le quitaba el ojo a Ingrid, pude presenciar el gesto de sorpresa que puso el pícaro marido de su amiga cuando, en un momento de intimidad, pudo deslizar su larga mano por su sensual muslo desnudo, amparado por el largo mantel de la mesa, y descubrió que no llevaba debajo ningún tipo de ropa interior. El muy ingenuo se penso que el detalle era en su honor, y no dudo lo mas mínimo en buscar una burda excusa para llevársela fuera del local, alegando tener que recoger no se que cosa de su coche en el aparcamiento. Por suerte la fiesta estaba en su apogeo y nadie reparo en su ausencia.

Yo, después de revisar todo el recinto, termine por descubrir una pequeña ventana del pasillo trasero que daba a esa zona.

Medio oculta tras la espesa cortina que la tapaba tarde unos minutos en acostumbrarme a la oscuridad que reinaba entre los vehículos, y si no llega a ser por la lechosa piel de mi deliciosa prima política creo que no les habría llegado a ver.

Pero como el muy truhán le había subido el vestido hasta convertirlo en poco mas que una bufanda, su pálido cuerpo desnudo brillaba en la noche.

Ingrid, apoyada en el maletero de uno de los automóviles, meneaba las caderas al ritmo de las frenéticas acometidas de su vicioso amante, mientras este le estrujaba los voluminosos globos dejándose llevar por el placer.

No me hizo falta presenciar el resto del combate pues, cuando por fin regresaron, ni su arrugado vestido, ni sus arreboladas mejillas, podían ocultar lo que había sucedido.

El violento combate amoroso puso en sus ojos un curioso brillo de lujuria, que unido a la sumisión de su mirada la hacían realmente deseable.

No es algo que sea fácil de describir con palabras, pero les aseguro que actuaba como un poderoso imán en el nutrido grupo de admiradores que la asediaba.

Por ello, cuando nos marchamos aquella noche, para alivio de nuestro querido primo, quisimos darle motivos para pensar; y, actuando las dos a dúo, dimos un fogoso beso en la boca a su esposa y a su hija.

Suponemos que si el pobre cornudito no intervino para separarnos de ellas fue por el pasmo que tuvo que producirle ver el apasionamiento con que ambas nos lo devolvieron, abrazándose a nosotras mientras duraba la intensa caricia con un cariño verdaderamente enternecedor.

Como abran podido comprobar a través de este extenso relato fueron unas jornadas tan maravillosas que merece la pena que se las contemos; aclarando, de paso, que fuimos alternándonos con ellas, para saborear ambas de sus cuerpos, sin que ellas supieran con absoluta certeza, en ningún momento, con cual de las dos estaban disfrutando.

Continuará

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