ATENCIÓN:

El relato erótico "Las mellizas, Parte 09 (de Peli)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Las mellizas, Parte 01 (de Peli)
  2. Las mellizas, Parte 02 (de Peli)
  3. Las mellizas, Parte 03 (de Peli)
  4. Las mellizas, Parte 04 (de Peli)
  5. Las mellizas, Parte 05 (de Peli)
  6. Las mellizas, Parte 06 (de Peli)
  7. Las mellizas, Parte 07 (de Peli)
  8. Las mellizas, Parte 08 (de Peli)
  9. Las mellizas, Parte 09 (de Peli)
  10. Las mellizas, Parte 10 (de Peli)
  11. Las mellizas, Parte 11 (de Peli)
  12. Las mellizas, Parte 12 (de Peli)
  13. Las mellizas, Parte 13 (de Peli)
  14. Las mellizas, Parte 14 (de Peli)
  15. Las mellizas, Parte 15 (de Peli)
  16. Las mellizas, Parte 16 (de Peli)
  17. Las mellizas, Parte 17 (de Peli)
  18. Las mellizas, Parte 18 (de Peli)
  19. Las mellizas, Parte 19 (de Peli)
Tiempo de lectura: 6 minutos

La comunión, Parte 04

A la mañana siguiente la pequeña Lucia daba pena, pues no solo lucia unas enormes ojeras, sino que se le notaba todavía una cierta flojera en las piernas.

Ingrid, durante el desayuno, reparo en el boquete que había en la pared del lavadero, por primera vez, y que ya tenia puesto un plástico protector, aunque apenas le dedico un par de comentarios. Era lógico, pues debía tener la cabeza bastante ocupada solo de pensar en las compras que tenia que hacer esa mañana; sobre todo porque el liviano vestido azul que le habíamos obligado a ponerse era todavía mas translucido que el del día anterior.

Había que estar muy cegato para no darse cuenta de que no llevaba nada mas debajo, dada la gran claridad con que se veían sus pezones y la sombra de su oscuro pubis. Mas tarde supe que pocos vecinos y tenderos resistieron la tentación de pararse a charlar un rato con ella, para disfrutar de las magnificas vistas desde lo mas cerca posible.

Mi hermana y yo habíamos calculado el tiempo casi a la perfección, y cinco minutos antes de que regresaran de la compra me asome por el boquete, dispuesta a alegrarles de nuevo la mañana a los obreros. Estos, nada mas verme asomar con mi escotado batin, me dedicaron todo tipo de picarescas y ordinarieces, insinuándome las mil barbaridades que estaban dispuestos a hacer conmigo si bajaba a hacerles compañía en el garaje.

Por eso, cuando les pregunte que querían para desayunar, me contestaron, casi a dúo, que mi cuerpo. Me imagino que no podrían creerse su buena suerte cuando desnude allí mismo mis suculentos senos, y los introduje por el orificio, para que disfrutaran otra vez con ellos. Ya que era parte fundamental de nuestro plan que los dos hombres supieran diferenciar, sin ninguna duda, quien era la dueña de cada par de melones.

Conforme a lo que teníamos previsto oí regresar a las otras dos cuando apenas habían comenzado a tocar mis senos, con precaución, temiéndose alguna jugarreta; pero continúe en la misma posición, a la espera de que mi hermana hiciera su parte. Ella, sin dar opción a que Ingrid se repusiera del sofoco que traía de la calle, la obligo a acercase hasta mi, y que levantara mi batin lo suficiente para dejar a la vista mi desnuda intimidad.

El siguiente paso fue inducirla a que se arrodillara a mis pies, y que lamiera mi húmeda cueva en esta humillante posición, colocada a cuatro patas mientras mi hermana le recompensaba su labor acariciando todo su cuerpo, llevándola al borde del orgasmo.

Yo ya había alcanzado un par de ellos, pues no era solo la suave y complaciente lengua de Ingrid, cada día mas experta, la que me transportaba a las puertas del paraíso; ya que los dos hábiles obreros trabajando, infatigables, con los labios, la lengua, los dientes, y las manos, estaban logrando que mis pechos se derritieran de placer.

Mi cuidadosa hermana, por su parte, como ya venia preparada, solo tardo unos instantes en colocarse el consolador doble, por el lado mas grueso, con la intención de que fuera el extremo mas largo el que se incrustase en los dilatados orificios de Ingrid.

Por el súbito incremento de las lamidas, y los suaves gemidos que profería, supe que mi hermana ya estaba cabalgando sobre mi prima política; y, gracias a su gran experiencia en estas lides, pronto oí como Ingrid alcanzaba su primer orgasmo.

Mi infatigable hermana, alternando constantemente sus empujes en los dos orificios, consiguió que ambas perdiéramos la cuenta de los orgasmos que obtuvo esa mañana.

Pero el resultado fue el deseado y, durante el resto del día, Ingrid nos obedeció hasta en los mas ínfimos detalles, ansiosa porque la hiciéramos gozar de nuevo.

No opuso la mas mínima resistencia a ninguno de nuestros retorcidos caprichos, ni siquiera cuando la obligamos a vestirse para estar por casa solo con un reducido kimono de verano, de un precioso tono rosado, que habían comprado esa misma mañana.

Este ni siquiera le llegaba hasta medio muslo, y apenas podía contener sus senos, por lo que gran parte de estos asomaban a través de su generoso escote.

Yo esperaba, ansiosa, el retorno de la joven Lucia, pues quería saber si mis sospechas sobre el cura eran acertadas. Así que algo mas tarde, después de comer, me encerré con ella en su habitación. La pequeña, entusiasmada por el kimono que le regale, permitió que le acariciara, jubilosa, mientras la desnudaba, llevándola al borde del orgasmo.

Era idéntico al de su madre, pero todavía mas corto, para que se viera con nitidez sus partes bajas cada vez que la pequeña ingenua se agachara o sentara en alguna parte.

En esta ocasión me permití incrustar varios dedos a la vez por sus dos castas aberturas, sabiendo que sus agradecidos orificios disfrutarían con la doble invasión. Lo logre, y pronto oí los apagados jadeos que emitía la muchachita mientras alcanzaba el primero de sus orgasmos; al mismo tiempo sentía como su ansiosa boquita se aferraba a mis duros pezones, estrujando mis pechos con sus manitas, dejándose llevar por el dulce placer.

En el reposo siguiente le sonsaque, hábilmente, sin despertar sus sospechas, todo lo que quería saber sobre las andanzas en el colegio, y como se había portado el joven curita.

Así fue como supe que el pícaro cura se había pasado toda la mañana rondando a su alrededor, con mucho disimulo, pendiente de su turbadora delantera.

No solo la había hecho recitar la lección, y salir a la pizarra, en varias ocasiones; sino que, incluso, la había obligado a acompañarla al botiquín, en un descanso entre clases, con la excusa de que la jovencita no tenia buena cara.

Allí, una vez solos los dos, había convencido a la cándida joven para que respirara profundamente, logrando así que se marcara la firme delantera, con toda claridad, en su blanca camisa. No contento con ello la había auscultado, mientras la hacia continuar con el ejercicio; pegando su oreja primero en su espalda, y después bajo uno de sus senos, para mayor seguridad, y para disfrutar durante unos instantes de su tibio contacto.

Como el cura aun no estaba convencido del todo de que no tuviera un poco de fiebre se empeño en ponerle un termómetro debajo del brazo, desabrochándole para ello algunos botones de la camisa, e insistiendo en colocarlo para asegurarse de su correcta posición.

También fue el avispado cura el encargado de quitárselo mas tarde, dejando después que la mocosa se marchara, la mar de contenta, al confirmar que no tenia fiebre.

Lucia en su inocencia no se había percatado de que el espabilado cura con esta maniobra había podido disfrutar durante un rato de unas vistas estupendas de uno de sus pechos desnudos. Y que lo mas probable es que también se lo hubiera sobado un poco, eso si con bastante discreción, deleitándose en deslizar sus manos por su mullida superficie, topándose con su grueso pezón, sin querer, mientras le ponía y quitaba el termómetro.

Pero las mejores vistas de aquel día fueron las que yo le regale a su tío cuando se sentó, algo turbado, a tomar café con nosotras. Yo había estado jugueteando desde hacia un par de horas con la pequeña en el sofá, por lo que esta no se sorprendió cuando la enrede en una inocente peleilla delante de su futuro padrino.

A este se le quedaron los ojos como platos, fijos en su sobrinita. Pues, casi desde el principio, había logrado que uno de sus pujantes senos se escapara completamente por el lateral de la holgada camisa que le había regalado, sin que la muy ingenua se diera cuenta de lo que le había hecho. Mirándole de reojo pude percatarme de que su mirada se había prendado del felpudito de su sobrina, bien visible bajo la corta minifalda ahora que esta estaba subida hasta su cintura, pues sus braguitas infantiles apenas lo podían contener, permitiendo así que los abundantes rizos oscuros asomaran por ambos laterales.

Decidí premiar su insaciable interés y, “sin querer” di un pequeño tirón de estas hacia un lado, mientras me “caía” sobre la pequeña, logrando así que tanto su virginal abertura rosada como la espesisima selva que la rodeaba quedaran expuestas a la ansiosa mirada de su tío durante unos deliciosos instantes. Que seguro recordara con placer.

Esa noche lucíamos todas nuestros flamantes kimonos, consiguiendo así que nuestro querido primito estuviera sofocado toda la velada. Aprovechamos todas las ocasiones posibles para mostrarle que ni mi hermana ni yo llevábamos nada debajo, dejando para su imaginación que averiguara si su mujer y su hija también lo estaban.

Lo cierto es que hasta Lucia había aceptado ir desnuda bajo el kimono, después de que le demostráramos que todas, incluida su madre, vestíamos así; pero no era cuestión de que su padre lo supiera, al menos de momento. La turbación, y quizás la excitación, hicieron que nuestro querido primo se acostara temprano, en compañía de su amada esposa, permitiéndonos así continuar las clases sexuales con Lucia. Esta, después de unas cuantas horas de intenso placer, había aprendido finalmente a manejar sus largos deditos con bastante habilidad; averiguando como, y por donde, debía introducirlos para que mi hermana y yo la acompañáramos en sus dulces y fuertes orgasmos.

Continuará

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 3 Promedio: 5)
Ayúdame a mejorar el contenido del blog dejando tus comentarios o dándole una calificación a esta publicación. También puedes ponerte en contacto usando los medios que más te convengan 🙂

Si el relato lleva varios días sin continuación, es probable que no la tenga disponible 🙁 ¡pero talvez tu sí la tengas! 😀
Para compartir tu relato puedes usar las opciones que te damos en este enlace.
Relato anteriorVideo Lolicon, Parte 04
Relato siguienteDiario de una vida perversa, Parte 09 (de Falko6699)
En este perfil de usuario se asignarán los relatos que no hayan sido publicados por usuarios registrados. Siempre tendrás la opción de registrarte y solicitar crédito por la autoría del relato :)