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El relato erótico "La secta, Parte 29 (de Cazzique)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. La secta, Parte 01 (de Cazzique)
  2. La secta, Parte 02 (de Cazzique)
  3. La secta, Parte 03 (de Cazzique)
  4. La secta, Parte 04 (de Cazzique)
  5. La secta, Parte 05 (de Cazzique)
  6. La secta, Parte 06 (de Cazzique)
  7. La secta, Parte 07 (de Cazzique)
  8. La secta, Parte 08 (de Cazzique)
  9. La secta, Parte 09 (de Cazzique)
  10. La secta, Parte 10 (de Cazzique)
  11. La secta, Parte 11 (de Cazzique)
  12. La secta, Parte 12 (de Cazzique)
  13. La secta, Parte 13 (de Cazzique)
  14. La secta, Parte 14 (de Cazzique)
  15. La secta, Parte 15 (de Cazzique)
  16. La secta, Parte 16 (de Cazzique)
  17. La secta, Parte 17 (de Cazzique)
  18. La secta, Parte 18 (de Cazzique)
  19. La secta, Parte 19 (de Cazzique)
  20. La secta, Parte 20 (de Cazzique)
  21. La secta, Parte 21 (de Cazzique)
  22. La secta, Parte 22 (de Cazzique)
  23. La secta, Parte 23 (de Cazzique)
  24. La secta, Parte 24 (de Cazzique)
  25. La secta, Parte 25 (de Cazzique)
  26. La secta, Parte 26 (de Cazzique)
  27. La secta, Parte 27 (de Cazzique)
  28. La secta, Parte 28 (de Cazzique)
  29. La secta, Parte 29 (de Cazzique)
  30. La secta, Parte 30 (de Cazzique)
  31. La secta, Parte 31 (de Cazzique)
  32. La secta, Parte 32 (de Cazzique)
  33. La secta, Parte 33 (de Cazzique)
  34. La secta, Parte 34 (de Cazzique)
  35. La secta, Parte 35 (de Cazzique)
  36. La secta, Parte 37 (de Cazzique)
  37. La secta, Parte 38 (Final) (de Cazzique)
Tiempo de lectura: 6 minutos

Esther a partir de entonces se convirtió en algo así como mi mujer, fue la primera noche y ya seguirían otras, por el momento lo más importante era conseguirle un espacio en la escuela, fuimos temprano a apartar sus sitió, la presenté como mi sobrina y ella no lo negó, fue inscrita y ese mismo día se quedo a su primer clase, regresó por la tarde y tuvimos que ocupar el resto del día para ir a comprar su uniforme, sus libros y cuadernos, etcétera.

Iniciando la noche nos pusimos a hacer la tarea y cuando terminamos nos fuimos a la regadera, esta vez ella se desnudó para mí, lentamente se comenzó a quitar sus prendas y yo las mías, cuando quedamos desnudos Esther vio que yo ya tenía una potente erección.

– ¿Quieres que te bajé eso antes de entrar?

– Claro amor… hazlo…

Esther se colocó frente a mí y lentamente me comenzó a masturbar con su cálida manita, lo hacia pausadamente de adelante hasta atrás, sacaba la gruesa cabeza de mi verga de su funda y luego con la otra manita la acariciaba y de vez en vez me palpaba las bolas, sopesándolas en su palma, unos instantes después de la punta de mi verga comenzaron a salir potentes chisguetes de esperma que fueron a parar hasta su pecho y estomago, ella no dejó de mover su manita hasta que perdí mi erección, su mano también se embarró de mi leche y ahora se movía sobre mi tronco desde la base hasta la punta, puso su boquita en mi glande y chupó hasta que dejó la tranca limpia del semen, ya que se perdió la erección nos metimos a la regadera.

Ya en la regadera fui yo el que la masturbó, me coloqué detrás de ella y comencé a pasear una de mis manos sobre su lisa vagina, introduje uno de mis dedos entre sus labios por la parte alta y toqué su clítoris sobre el cual comencé a hacer pequeños círculos, al instantes algunos gemidos leves escaparon de la garganta de la bella niña y casi como a los dos minutos comenzó a venirse, ella pegaba sus caderas contra mi y mi verga ya dura de nuevo se acomodaba entre el canal de su culo; continuamos bañándonos y saliendo nos secamos rápidamente y nos fuimos para la cama.

Me acosté boca arriba y le dije a ella que se montara sobre mi, lo hizo y comenzamos a besarnos en la boca con gran pasión, mis manos se apoderaron de las pálidas nalgas de la niña y se las estuve acariciando, mi verga estaba atrapada entre su estomago y el mío, con una mano la saque dejándola entre las piernas de la niña y rozando con la parte superior del palo sus genitales, estuvimos cachondeando un rato y poco después acomodé la rojiza cabeza del pene entre si labios vaginales, ella me miró sin decir nada pero con cara de susto; empujé un poco y la verga se fue introduciendo, ella meneó sus caderas permitiendo que entrara un poco más, en instantes me topé con la resistencia que me brindaba su himen, ella me abrazó con fuerza y yo la sujete de las caderas deteniendo el leve movimiento de caderas que antes tenía, esperamos un par de minutos así sin movernos y de pronto tomando impulso, embestí con fuerza, sentí como la membrana se iba rasgando poco a poco y un fuerte grito de la bella niña se depositó en mi oído, ella se aferró más fuerte a mi cuerpo, la macana se enterraba más y más en la apretada cavidad vaginal de Esther, un caliente hilillo de sangre se escurrió por mi palo y bajó hasta mis bolas; la niña comenzó a llorar mojando mis hombros pero aguanto sin quejas hasta que el garrote quedó completamente enterrado en lo más profundo de su panochita. Me detuve cuando sentí como la llenaba por completo y así me mantuve por espacio de cinco minutos esperando a que su cuerpecito se acostumbrara a la invasión de mi grueso miembro. Ella fue la que lentamente se comenzó a mover subiendo y bajando sus caderas, dejé que ella se diera placer conforme su cuerpo se fuera acostumbrando, con pocos minutos de iniciado sus movimientos de caderas ella empezó a recorrer más y más tronco de verga, sus quejidos de dolor fueron reemplazados por entrecortados gemidos de satisfacción, yo nuevamente volví a acariciar sus nalguitas y mis caderas también comenzaron un vaivén lento, al ritmo que ella iba pidiendo, la velocidad aumentó levemente y su primer orgasmo con mi verga en su interior llegó, sentí las contracciones en su vagina y en pocos segundos una gran cantidad de jugos que resbalaban por todo mi tronco y mis bolas.

Dejé descansar a la niña por algunos minutos separándola de mi cuerpo, la dejé acostada boca arriba, le acaricié sus tetas y se las mamé, mi mano acariciaba su recién estrenada panochita que se encontraba dilatada y mostrando su interior, ambos completamente empapados por los jugos. Me levanté y quedé hincado entre las piernas blancas y sedosas de la bella niña, mi verga se balanceaba de un lado a otro apuntando a su concha, ella se levantó un poco para tomar en sus manitas mi nabo y lo masajeo por varios minutos, luego se volvió a acostar.

– Sentí muy rico… ¿me lo vas a hacer de nuevo?

– Por supuesto que si amor… abre tus piernitas…

Esther abrió sus hermosas piernitas de par en par y me mostró sus rosados labios vaginales dilatados, me encarame sobre ella sosteniendo mi cuerpo con los brazos extendidos y con movimientos de cadera fui apuntando la verga a su entrada, sus labios vaginales atraparon el glande y solo fue cuestión de empujar un poco par ir metiendo lentamente cada milímetro, se la cavé hasta el fondo y la comencé a bombear despacio, haciendo que disfrutara de cada embestida que le daba, sus ojos se posaron sobre los míos y sus labios se entreabrieron pidiéndome un beso, acerqué mi cara a la suya y correspondí a sus labios, mi lengua se introdujo en la suya, empecé a empujar con fuerza dentro de su vagina y a los pocos minutos la niña me informó que se iba a venir de nuevo, aceleré entonces más mis bombeos y pronto los gemidos de Esther me hicieron saber que se venía, yo en esos instantes también comencé a regar su interior con el néctar caliente que salía fuertemente disparado de la cabeza del pene, ella sintió que la comenzaba a mojar por dentro y gimió aun más fuerte por la sensación intensificada que mi venida le daba a su propio orgasmo, sus caderas se movieron rápidamente de arriba para abajo tratando de exprimir hasta la última gota de mi semen, su pepa también apretó con fuerza mi garrote. Ambos continuábamos moviéndonos una contra el otro envueltos en una incontenible risa de satisfacciones contenidas que pronto nos dejaron exhaustos, yo me dejé caer a su lado y así nos quedamos dormidos hasta que sonó el despertador, ella así desnuda se levantó y caminó sensualmente hasta meterse al baño, cerró la puerta y oí como la regadera se abría, después de varios minutos mi joven amante salió vestida ya con su uniforme de colegiala, una falda azul que le llegaba a la mitad de sus pálidos muslos, una blusa blanca y suéter azul, calcetas blancas hasta debajo de las rodillas y zapatos negros, un moño rojo al cuello le daba el toque final, mi verga se paró al verla vestida así, se peinó haciéndose un par de coletas a los lados pero dejando suelto su rubio cabello, en verdad me la quería coger allí parada en la puerta pero ya no había tiempo, bajé y prepare para mi amada un par de huevos estrellados y algo de cereal, desayunamos juntos y luego la llevé hasta el colegió en donde ya la estaba esperando una amiguita que había echo el día anterior. Entró al colegio y yo me quedé unos instantes parado en la puerta viendo a las bellas niñas que entraban, aunque eso sí, ninguna se comparaba con mi bella Esther, ella en serio que es hermosa comparada con cualquiera de las que vi entrar.

Caminé despacio de regreso al templo, pensaba en lo que esta pequeñita le estaba haciendo a mi vida, la cambió por completo, ahora me preocupaba por ella y creo que en ese instante comprendí que me estaba enamorando de la bella chiquilla, ella ahora compartía no solo mi cama sino mi vida, no sé que pasaría en adelante y no quería que esto afectara mis otras relaciones con las chiquillas aunque ahora solo pensaba en Esther, iba a tener que tomar algunas fuertes decisiones en mi trató con respecto a ella. No sé, tal vez no sea tan malo, apenas lleva en mi vida tres días y ya la siento indispensable, ella sabe como manejarme de eso no hay duda, ya veremos.

Continuará

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