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El relato erótico "La secta, Parte 21 (de Cazzique)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. La secta, Parte 01 (de Cazzique)
  2. La secta, Parte 02 (de Cazzique)
  3. La secta, Parte 03 (de Cazzique)
  4. La secta, Parte 04 (de Cazzique)
  5. La secta, Parte 05 (de Cazzique)
  6. La secta, Parte 06 (de Cazzique)
  7. La secta, Parte 07 (de Cazzique)
  8. La secta, Parte 08 (de Cazzique)
  9. La secta, Parte 09 (de Cazzique)
  10. La secta, Parte 10 (de Cazzique)
  11. La secta, Parte 11 (de Cazzique)
  12. La secta, Parte 12 (de Cazzique)
  13. La secta, Parte 13 (de Cazzique)
  14. La secta, Parte 14 (de Cazzique)
  15. La secta, Parte 15 (de Cazzique)
  16. La secta, Parte 16 (de Cazzique)
  17. La secta, Parte 17 (de Cazzique)
  18. La secta, Parte 18 (de Cazzique)
  19. La secta, Parte 19 (de Cazzique)
  20. La secta, Parte 20 (de Cazzique)
  21. La secta, Parte 21 (de Cazzique)
  22. La secta, Parte 22 (de Cazzique)
  23. La secta, Parte 23 (de Cazzique)
  24. La secta, Parte 24 (de Cazzique)
  25. La secta, Parte 25 (de Cazzique)
  26. La secta, Parte 26 (de Cazzique)
  27. La secta, Parte 27 (de Cazzique)
  28. La secta, Parte 28 (de Cazzique)
  29. La secta, Parte 29 (de Cazzique)
  30. La secta, Parte 30 (de Cazzique)
  31. La secta, Parte 31 (de Cazzique)
  32. La secta, Parte 32 (de Cazzique)
  33. La secta, Parte 33 (de Cazzique)
  34. La secta, Parte 34 (de Cazzique)
  35. La secta, Parte 35 (de Cazzique)
  36. La secta, Parte 37 (de Cazzique)
  37. La secta, Parte 38 (Final) (de Cazzique)
Tiempo de lectura: 11 minutos

Me había gustado la forma en como me cogí a Naty pero ahora deseaba tener una variante así que llame a Natalia a mi oficina y le pregunte que quien era el chico que más le gustaba en el curso. La chiquilla lo pensó unos segundos y luego me dijo:

– Abel… esta en el grupo dos…

Entonces le dije que se fuera para mi habitación y se cambiara con las ropas que le había dejado sobre la cama, luego salí de la oficina y ella se encaminó hasta mi habitación. Sin dudarlo me dirigí al grupo dos y pregunte por el chico. El profesor me señaló al muchacho y entonces le pedí que me acompañara.

Abel era un chico delgado, de cabello color oscuro, cara agradable, piel blanca; un poco confundido preguntó cual era el problema, creyendo que algo había echó mal.

– No te preocupes Abel, es algo que quiero hablar contigo… mira te he estado observando y he visto que te gusta una muchachilla… ¡tu sabes!

– Bueno… pues si… pero no le eh dicho nada… ni siquiera la he molestado…

– Si entiendo… dime, ¿cómo se llama?

– Este… bueno… es Isabel… Isabel Duarte… ¿la conoce?

– Claro… es una chiquilla muy bella… pero ven entra… – le dije haciéndolo pasar a la oficina.

El chico se sentó a mi pedido en uno de los sillones y yo me encaminé hasta mi escritorio, entonces con mirada y voz autoritaria le dije:

– Bien… veo que tienes un poco de miedo… no te preocupes, te voy a ayudar… dime ¿que te gustaría hacer con esa linda muñequita?

– Pues… no lo sé…

– ¿Cómo? No lo sabes… ¿pero te gusta?

– Si claro…

– ¿La besarías en la boca?

– Si… bueno eso creo.

– Bien, ¿le tocarías su cuerpo?

– Pues… no… eso no… contestó el chico temeroso, tal vez pensando en que lo regañaría.

– Ven acércate… – le dije – quiero que veas esto con migo…

Tímidamente el jovencito se acercó hasta mi escritorio, yo abrí uno de los cajones y saque un par de libros que ahí se encontraban… los puse frente a mí y le pedí al muchacho que se acercara más hasta que quedó al lado de mi sillón. Le pedí que comenzara a hojear uno de los libros pero que no comentara nada hasta que hubiera terminado de verlo bien. Las temblorosas manos de Abel comenzaron a abrir las pastas y en su rostro se pintó una gran sorpresa, con lentitud fue cambiando una tras otra las paginas del libro, tardó un par de minutos en hojearlo, note como su respiración cambiaba un poco y él se relajaba más.

– Y bien… ¿te gustaría practicar eso con tu amiguita?

Él solo dijo que si moviendo la cabeza, le acerque el otro libro e igualmente procedió a hojearlo, sus ojos se tragaban prácticamente las imágenes que en estos había, hombres y mujeres cogiendo y en todas las posiciones, a todo color, con impresionantes acercamientos. Di una rápida mirada al muchacho y pude confirmar que bajo sus pantalones ya se había formado un formidable bultito. Sin más ni más se lo comencé a sobar delicadamente por sobre la tela del pantalón, el se espantó y retrocedió un poco.

– No temas… sigue viendo el libro… – le ordene.

Con un poco de desconfianza el pequeño continuó viendo las fotografías, esta vez baje el cierre del pantalón y metí una de mis manos para buscar la cálida herramienta del chico… para su edad tenía un buen tamaño, aproximadamente unos doce centímetros de largo y unos cinco o seis de ancho; lentamente con movimientos de arriba para abajo mi mano se deslizaba por lo largo de su tranca, su respiración se hizo sumamente agitada. Yo sentado en donde estaba y el de pie a mi lado con la verga de fuera siendo serenamente masturbado por una de mis manos, su cabeza rojiza brincaba de vez en cuando dándome a conocer que estaba gozando de la paja.

– Veo que te gusta como te la meneó… ¿Ya te masturbas?

– A veces… – contestó con la voz entrecortada por la excitación.

Yo esta vez sin soltar su pene me incline hacia el frente y se lo comencé a chupar, mi boca se apodero del largo instrumento del chico y mi lengua le comenzó a dar un ardiente masaje a la base del tronco cada vez que esté entraba en mi boca. El pequeño cerró los ojos y su cabeza se inclino hacia atrás, sus manos fueron a parar a mi cabeza; me comencé a mover más y más rápido, esta vez con mis manos desabroche por completo sus pantalones y los deje caer al suelo, el pequeño quedo solo con sus calzoncillos y la verga de fuera, mis manos se apoderaron de su culito y se lo sobé con gran placer, estaba durito y paradito, mis dedos se introdujeron entre la tela y su piel tomándolo directamente de los cachetes y pegándolo más a mi para que su tranca se clavara hasta lo más profundo de mi garganta, mis juguetones dedos buscaron entonces su ano y lo acaricie delicadamente. La respiración del chico comenzó entonces a cambiar por leves gemidos de satisfacción y sus manos se aferraron delicadamente a mi cabello, empujando sus caderas para adelante cada que mi cabeza iba a su encuentro, poco iba a durar así el chiquillo y cuando comencé a notar que sus caderas se aceleraban para lograr su venida me detuve de tajo.

– Bien… veo que te gusta que te la mamé un hombre… le dije con una sonrisa.

El no supo que responder, solo me vio con ojos de suplica como pidiendo que terminara lo que había comenzado. Me puse de pie delante de él y tomando su nuca con una de mis manos acerque su cara a la mía, abrí mis labios y se los pegue a los suyos, el tardo un poco en responder pero con timidez también abrió su boca y permitió que mi lengua lo invadiera, su lengua entonces se enredo junto con la mía en un apasionado beso. Con mis manos busque el elástico de su calzoncillo y se lo baje, sus nalgas quedaron entonces a mi completa disposición y se las comencé a acariciar, esta vez lleve uno de mis dedos hasta sus labios y le pedí que me lo ensalivara muy bien, el chico lo hizo y luego que comprobé que estaba bien lubricado lo lleve hasta su ano y lentamente se lo comencé a enterrar en el apretado agujero. El chico no se quejó de la intromisión que mi dedo le hacia en el ano y esto fue la pauta que me indicó que ya no había más problema. Me separe de Abel y lo coloque de frente al escritorio, luego lo hice recargarse en el, sus nalguitas quedaron paraditas y yo me senté en mí sillón detrás de él. Nuevamente ahora con una mejor vista puse mi dedo en el interior de su culo y se lo deje ir hasta los nudillos, así lo comencé a bombear lentamente, después de unos cinco minutos le agregue un dedo más a su anito y él lo recibió sin chistar.

– Que rico se ve como te cojo con mis dedos… ¿Qué sientes?

– No sé… rico…

– ¿Te gustaría chuparme la verga?

– Nunca lo he hecho.

– No temas… te va a gustar

Me puse de pie y le dije a Abel que se sentara en el sillón, luego baje mis pantalones y saque mi verga del calzón, la tenía sumamente parada y ya escurría un poco de líquido seminal, me recargue en el escritorio y con una mano menee mi verga de adelante para atrás apuntando directamente a la cara del niño. El la observó sin atreverse a tocarla, tome con mi mano la suya y la puse sobre mi tronco.

– Que caliente… – dijo Abel.

– Muévela… así… de arriba para abajo… bien cierra tu manita a su alrededor y aprieta un poquito… así, que rico lo haces… acerca tu carita… pon tus labios sobre la cabeza… despacito… abre más… bien… ¿te gusta?… chúpalo ahora… con calma… saboréalo…

El muchacho iba siguiendo mis instrucciones y yo con la excitación trataba de guiarlo lo más claro posible, pasaron como cinco minutos y ya se tragaba más de la mitad de mi verga con si caliente boquita, le pedí que acelerara los movimientos y el así lo hizo, una potente descarga de semen se estrelló en lo más profundo de su garganta, lo tomó por sorpresa y se tragó la mayor parte, la demás chocó contra su cara ya que se había sacado la verga de la boca, le tome la cabeza y lo hice que continuara mamando, se resistió un poco pero al final acabó con la verga completamente enterrada en la boca y se tragó el resto de mocos que le escupí en su interior.

– Que bien… has pasado la prueba… ahora viene lo mejor… acompáñame.

Abrí la puerta de la oficina y así caminamos hasta llegar a mi habitación, abrí y nos metimos, los dos desnudos de la cintura para abajo, su verga de él completamente parada, la mía ya un poco flácida pero no del todo. Al entrar no vimos a nadie.

– ¿Ya estas lista preciosa…?

– Ya voy…

Salió del baño Natalia vestida con lo que le había dejado, Abel se sorprendió un poco, nunca imaginó que iba a salir una chica, trató de cubrirse pero al ver los vestidos de la niña no supo que hacer y se quedo estático. Natalia quién no había visto al chico se metió corriendo al baño de nueva cuenta. Le pedí que saliera, que era una sorpresa para ella, entonces de nuevo salió tímidamente. Una minifalda que apenas y alcanzaba a cubrir su bragas, de color negro, sus piernas hermosas cubiertas por unas medias también de color negro que le llegaban a mitad de los muslos, una blusa pegadita de color blanco que se pegaba mucho a su cuerpo y en ella se dibujaban claramente sus tatas con sus pezones sumamente erectos.

Me senté en la cama y le pedí a Naty que se acercara a mí, ella se colocó frente a mi, luego le pedí lo mismo al chico, ambos quedaron de frente a mi y uno al lado del otro. Los hice ponerse de frente y les dije que se besaran, tímidamente ambos se comenzaron a dar ligeros besos que poco a poco se convirtieron en verdaderos huracanes de pasión, sus lenguas se unieron en un prolongado abrazo y sus cuerpos se pegaron casi hasta formar uno solo; Natalia quien estaba un poco más bajita que Abel tubo que pararse un poco en la punta de sus pies para alcanzarlo y al hacerlo dejaba a mi vista un estupendo cuadro de sus nalguitas bajo las bragas y de sus piernitas ocultas en parte por ese par de medias negras.

– Quítale la camisa Naty… – le ordene a la pequeña.

La pequeña se separó por unos instantes del caliente beso y se dedicó a quitarle la camisa al chico pero también aprovecho para quitarle los zapatos y los calcetines, dejándolo completamente desnudo, luego regresó a su posición inicial y se volvió a prender la de la boca de Abel. Las tímidas manos del jovencito se recrearon entonces con la espalda de la bella chiquilla, yo por mi parte le estaba acariciando las nalgas a Natalia con una mano y con la otra a Abel. Luego de un rato me puse de pie detrás de la niña y le comencé a quitar la blusa y pronto quedaron a la vista sus hermosos senos en pleno desarrollo desde mi posición a mase las suaves y cálidas carnes pectorales de la chiquita y sus pezones se pusieron todavía más duritos de lo que ya se encontraban, luego le pedí al chico que se agachara y mamará cada una de las tetas de su nueva amiguita. La boca de Abel se apodero de uno de los pezones de la niña y lo comenzó a acariciar con está, lengüeteaba de arriba para abajo en la pequeña protuberancia, luego de unos minutos lo comenzó a mamar delicadamente, comenzando desde el pezón e iba haciendo su recorrido por toda la teta en forma circular hasta ir a terminar en la parte baja del pequeño seno.

Para esas alturas yo ya me encontraba hincado detrás del muchacho y me estaba dedicando a darle lengua a su hermoso ano, mordía levemente las nalgas y las besaba y luego le pasaba mi lengua por toda la piel hasta llegar a su agujero trasero. Las manos de Abel bajaron por la espalda de la chiquilla y llegaron por fin a sus nalguitas en las cuales dedicó grandes y cariñosas sobadas que hacían vibrar a la jovencita, sus dedos comenzaron a buscar entonces bajo las bragas de la chiquilla hasta encontrar el canal que separa las nalgas, fue recorriendo desde arriba hasta abajo y por fin se encontró con el culito apretadito de la pequeñita, logró bajar un poco más y pudo por fin sentir en sus deditos los tibios labios vaginales de la pequeña Natalia.

Le dije a Natalia que se acostara en la cama a modo que sus piernitas quedaran perfectamente abiertas en la orilla, ella así lo hizo y coloque a Abel frente a la bella mujercita, le dije que le quitara las bragas negras. Él despacito comenzó a hacer descender las braguitas por las bellas piernitas de Naty, su panochita quedó entonces completamente libre e impúdicamente abierta de par en par ante los ardientes ojos del muchachito que se la devoraba con la vista. Lo hice que se hincara delante de esa rica rajadita y yo me coloque a un lado de él, acerque mi cara a la del muchacho y le deposite un caliente beso en los labios, su lengua inmediatamente buscó la mía y nos perdimos por unos minutos, luego le pedí que observara ya que el haría lo mismo, me agache ante la panochita y saque mi lengua buscando la hendidura que dejan los dos labios vaginales, se la mamé delicadamente de arriba para abajo y en cada pasada introducía mi lengua profundamente en su agujero. Luego busque el clítoris de la pequeña y jugué con este hasta que la niña logró llegar a su primer orgasmo de esa mañana. Luego de que me retire de ella Abel se pegó al bollito y siguiendo las instrucciones que antes había aprendido se dedicó a mamársela hasta hacerla llegar de nueva cuenta a su orgasmo.

Luego hice al chico ponerse de pie y ya con su fierro completamente duro me coloque frente a el y tomando con mi mano su nabo lo guie hasta mi boca, delicadamente comencé a pasar mi lengua por el glande para luego introducir su herramienta en mi boca, lo chupe así por unos minutos y luego le dije que apuntara a la entrada de la panochita, el chico se acomodó y con su manita apuntó la reata a la panochita de Naty, lo fui guiando en lo que tenía que hacer y el fue siguiendo mis indicaciones, despacio su verga se comenzó a deslizar por entre los apretados labios vaginales de la nena hasta que pasados unos minutos por fin el garrote se clavó por entero en la cuquita; sus caderas se comenzaron a mover pausadamente de adelante para atrás, haciendo que la verga entrara y saliera de la conchita de la niña, las sensaciones en ambos se comenzaron a hacer más y más intensas, a los pocos minutos el chico se comenzó a venir en un fuerte y poderoso chorro de esperma que estalló en lo más profundo de la caliente panochita, no tardo mucho y le explique que no había podido controlar su venida pero que eso siempre pasa las primeras veces, entonces yo me coloque entre las piernitas de Naty y le apunte mi gruesa cabeza, se la introduje lentamente hasta que la niña se logró tragar por su cuquita mi pito entero. La comencé a bombear y a los pocos minutos llegó a un orgasmo que nos anunció con fuertes gemidos. La dejé descansar por unos instantes y luego continúe fornicándola hasta que me comenzó a decir que ya se venia por cuarta vez, la niña finalizó su venida y entonces vi que la verga de Abel todavía no se ponía dura.

Esta vez le pedí a el niño que se acostara en la misma posición en la que se encontraba Natalia, cuando estuvo así le pedí a la niña que se montara en su cara y le restregara su conchita en la boca, ambos entendieron de que se trataba y entonces Abel le comenzó a comer el coñito a la niña, yo me coloque entre las piernitas de el chiquillo y apunte mi verga a la entrada de su anito que ya estaba bien lubricado con bastante vaselina, embarre también mi pito con la sustancia y luego lo coloque en el apretado ojete e hice presión, la verga se comenzó a introducir no sin su cuota de dolor en el chico.

– Me duele… sácalo… me duele

– Aguántalo… tienes que aguantarte como los hombres… sigue chupándole la raja.

El chico entonces se aguantó el dolor lo más que pudo y continuó con su labor en el coñito de Natalia, mi verga sin miramientos penetró ese ano hasta que mis bolas pegaron en sus nalgas, luego lo comencé a bombear lentamente, mi verga se sentía sumamente apretada por el estrecho agujero, los dolores en el chico cesaron y una grata sensación lo invadió, su pene se comenzó entonces a endurecer.

– Naty… siéntate en su palo…

La niña no lo pensó dos veces y quito su culito de la cara de Abel y entonces se acomodó de forma que sus nalguitas pegaban con mi estomago y su conchita se comenzó a comer la barra caliente del niño. Solita Natalia comenzó a subir y bajar con la apretada daga ya bien clavada en su vaginita. Yo por supuesto continuaba cogiéndome al niño. Los movimientos de los tres se hicieron perfectos y mientras que una verga entraba la otra salía y viceversa, pronto nos vimos envueltos por el loco placer del éxtasis y La niña fue la primera en comenzar a segregar sus jugos en una fuerte venida, Abel al sentir como las contracciones de la panochita le apretaban el palo también comenzó a regar el interior de la niña con sus calientes mocos y gracias a esto las contracciones en el ano del pequeño me hicieron también estallar fuertemente, llene por completo el interior de Abel con mi leche, fue una fuerte venida que hasta las bolas me dolieron, deposite en el chorros y chorros de leche que luego le escurrían por el culo. Los tres quedamos completamente agotados y nos dedicamos a dormir como unas tres horas.

Continuará

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