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El relato erótico "La secta, Parte 17 (de Cazzique)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. La secta, Parte 01 (de Cazzique)
  2. La secta, Parte 02 (de Cazzique)
  3. La secta, Parte 03 (de Cazzique)
  4. La secta, Parte 04 (de Cazzique)
  5. La secta, Parte 05 (de Cazzique)
  6. La secta, Parte 06 (de Cazzique)
  7. La secta, Parte 07 (de Cazzique)
  8. La secta, Parte 08 (de Cazzique)
  9. La secta, Parte 09 (de Cazzique)
  10. La secta, Parte 10 (de Cazzique)
  11. La secta, Parte 11 (de Cazzique)
  12. La secta, Parte 12 (de Cazzique)
  13. La secta, Parte 13 (de Cazzique)
  14. La secta, Parte 14 (de Cazzique)
  15. La secta, Parte 15 (de Cazzique)
  16. La secta, Parte 16 (de Cazzique)
  17. La secta, Parte 17 (de Cazzique)
  18. La secta, Parte 18 (de Cazzique)
  19. La secta, Parte 19 (de Cazzique)
  20. La secta, Parte 20 (de Cazzique)
  21. La secta, Parte 21 (de Cazzique)
  22. La secta, Parte 22 (de Cazzique)
  23. La secta, Parte 23 (de Cazzique)
  24. La secta, Parte 24 (de Cazzique)
  25. La secta, Parte 25 (de Cazzique)
  26. La secta, Parte 26 (de Cazzique)
  27. La secta, Parte 27 (de Cazzique)
  28. La secta, Parte 28 (de Cazzique)
  29. La secta, Parte 29 (de Cazzique)
  30. La secta, Parte 30 (de Cazzique)
  31. La secta, Parte 31 (de Cazzique)
  32. La secta, Parte 32 (de Cazzique)
  33. La secta, Parte 33 (de Cazzique)
  34. La secta, Parte 34 (de Cazzique)
  35. La secta, Parte 35 (de Cazzique)
  36. La secta, Parte 37 (de Cazzique)
  37. La secta, Parte 38 (Final) (de Cazzique)
Tiempo de lectura: 12 minutos

Las cosas continuaron en el templo como de costumbre, siempre había gente en las oficinas y cogidas en los cuartos de mi casa, en ese entonces se me ocurrió que debería de dar un curso de verano para las próximas vacaciones que se acercaban, entonces me puse de acuerdo con dos o tres padres de familia y empezamos a armar lo que sería un curso intensivo de verano, teníamos preparadas salidas al campo y juegos para los chiquillos y así podríamos abarcar un poco más de gente dentro de la comunidad, a la semana ya estábamos pegando los cartelones en los postes del pueblo y a los tres días ya estábamos recibiendo las primeras inscripciones.

En total se inscribieron al curso 36 niños y niñas no solo de la secta sino de otras religiones ya que en los carteles especificamos que esté no era un curso religioso. El curso iniciaría una semana después de la salida escolar de los pequeños.

Las presentaciones se iniciaron y el primer día nos dedicamos a ir acomodando a los niños por edades y logramos formar tres grupos; el primero se componía por los pequeños de 5 a 7 añitos y le llamamos el grupo “A”, luego el “B” de 8 a 10 y por último el “C” de 11 a 13 años.

En el grupo “B” nos encontramos con dos bellas gemelitas de 9 añitos, Martha y María y desde el principio me imagine que con ellas iba yo a iniciar un buen curso aparte del que les íbamos a impartir.

A los tres días fue que las llamé a mi oficina pues tenía que hablar algo con ellas. Las dos bellezas llegaron a mi oficina y las hice que tomaran asiento en el sofá, venían vestidas con una falda larga de color pistache y una blusa blanca, las dos con su hermoso cabello castaño claro y corto hasta la altura de los hombros, lacio y brilloso perfectamente perfumado y muy bien cuidado.

– Hola pequeñas, ustedes por ser las más hermosas de su grupo van a recibir a parte del curso, otras lecciones… pero estas no se deberán comentar con nadie más… ¿estamos de acuerdo?

Las dos pequeñitas se me quedaron viendo con cara pensativa, luego se voltearon a ver entre ellas y asintieron con la cabeza.

– Que bien que les agrade la idea ya que nos la vamos a pasar muy divertidos, ya verán, por lo pronto les voy a hacer varias preguntas… ¿Está bien?

– Si. – contestaron las dos al unísono.

– Pues bien veamos… – guarde silencio por unos segundos – ¿ustedes ya han cogido alguna vez?

– Bueno… creo que yo… – contesto una de las bellas chiquillas.

– A ver… ¿cuéntame como y con quién?

– Bueno… con mi tío Raúl… él también me dijo que qué rico cogía…

– ¿Y que fue lo que te hizo?

– Me agarraba mi cuerpecito y me ponía su cosa en mi colita… luego me llenó con una leche calientita que salía de su ese… sabía rara…

– Bien… veo que ya tienes un poco más de experiencia… ¿y tu Martha?

– No creo que yo no…

– Bien pues entonces voy a comenzar por enseñarles unas buenas revistas que tengo y así vamos a poder comenzar los tres… acompáñenme así vamos a estar mejor.

Salimos de la oficina y las encaminé hasta mi recamara, entramos y nos sentamos sobre la cama, saque de uno de los cajones unas revistas pornográficas bastante explicitas y las comenzamos a hojear entre los tres. Las niñas comenzaron a observar con curiosidad las imágenes de los actores cogiendo e inmediatamente me comenzaron a bombardear con preguntas “¿Por que la tiene así de grande? ¿Qué se siente eso? ¿Por qué se la esta chupando? ¿Por qué tiene pelos? Etcétera…” Yo entonces les comencé a explicar que es algo que se siente muy rico y mientras que lo iba haciendo comenzaba a sobar las nalguitas de Martha que estaba acostado en boca abajo viendo las fotos. La niña tenía unas nalguitas duras y bien paraditas, mis dedos se perdían entre los cachetes de su culito y podía sentir cada uno de los pliegues de su anito aunque todavía la estaba acariciando sobre la tela de su falda color pistache.

Las niñas no perdían detalle alguno de lo que mostraban las fotografías que estaban en la revista y note como comenzaban a respirar con un poco de dificultad debido a la natural excitación que comenzaban a sentir, mi mano se volvió más osada y comencé a acariciar los tobillos de la bella Martha y

lentamente fui subiendo por ellos sintiendo la tibieza de sus virginales carnes, su hermana María de vez en cuando volteaba para ver lo que le hacía a su hermanita pero continuaba viendo las revistas, por fin llegue a los muslos de la pequeña y comencé a acariciarlos delicadamente en forma circular, ella no decía nada pero podía notar como vibraba a cada una de mis caricias. Gradualmente fui subiendo más y más hasta que me tope con la costura de sus braguitas de algodón, delinee la prenda que me separaba de su intimidad por las costuras y estas me fueron guiando por su piel, primero los costados, fui subiendo lentamente y paseándome por todo el cachete de una de sus nalguitas, luego comenzó el descenso y me fui arrimando más hasta llegar a su cálida entrepierna, cuando llegue hasta este punto me retire de la costura y pude acariciar sus nalgas por el canal que las separa, primero subí hasta llegar al inicio de su cintura y luego regrese hasta llegar al ano en donde clave un poco más mi dedo.

Mi verga estaba totalmente parada y le dije a las niñas que si la querían ver, las dos me dijeron que si, inmediatamente me puse de pie y dejé caer mis pantalones quedando solo en calzoncillos bajo los cuales ya se apreciaba la prominente protuberancia, le pedía a María que se pusiera de pie frente a mí y ya que lo hizo le dije que sujetara mis calzoncillos por los costados y que lentamente los comenzara a bajar. Las manitas de la pequeña se sujetaron de la tela y lentamente fue bajando por mis costados, la gruesa cabeza de mi verga se asomó por la parte de arriba y mientras la prenda descendía más y más se iba mostrando. Los ojos de Martha estaban completamente abiertos y no perdía detalle de cómo su hermanita estaba descubriéndome el nabo, María por su parte tampoco dejaba de observar mi garrote pero con menos admiración ya que ella ya había visto el de su tío Raúl.

Por fin María me quitó por completo los calzoncillos y yo procedí a quitarme el resto de las ropas que me estorbaban. Le pedí a María que la tocara a su gusto y le dije a Martha que si ella quería podía hacer lo mismo. La manita de María comenzó a tocar con delicadeza mi duro nabo y a los pocos segundos se le unió su hermanita llena de curiosidad, su manita se posó temerosa en la candente barra de carne y palpó con curiosidad la dura verga, comenzó por la parte trasera y se fue acercando lentamente hasta la roja cabeza que se balanceaba de un lado al otro. Luego de esto nos volvimos a acomodar en las mismas posiciones que antes y yo ahora levante la falda de la pequeña Martha para poder ver en su totalidad las bellas carnes de la niña, sus bragas eran de color azul cielo y se le introducía la tela entre las nalgas dejándome ver lo bien paraditas de estas y el canal completo de su culito, nuevamente le acaricie las piernitas y luego le comencé a bajar las bragas lentamente, sus blancas carnes comenzaron a quedar libres, unas nalgas perfectamente hermosas, llenitas, paraditas y con un canal profundo, con desesperación retire por completo las azules braguitas y pude ver en su totalidad el lindo culito de la pequeña, me agache para poder oler sus carnes, es un olor que sería muy difícil de describir pero sumamente excitante; separe los cachetes de sus nalguitas y pude apreciar su anito rosadito y apretadito, saque mi lengua y se lo comencé a lamer y chupar.

La niña me dijo que le hacia cosquillas pero me permitió continuar con mi labor, bese cada unos de los cachetes y a la vez los acariciaba, luego comencé a recorrer el canal entre sus dos hermosas montañitas de carne y me fui acercando al bello anito, lo mamé con delicadeza y luego le introduje la lengua en el apretado orificio por varias ocasiones, ella respiraba cada vez más agitado y se reía de vez en cuando con nerviosismo. Le dije a su hermanita que se pusiera en donde yo estaba también acostada boca abajo y que le hiciera lo mismo que yo le hacia a su propia hermanita, ella no lo dudó mucho y se acomodo en mi sitió mientras que yo procedía a quitarle sus braguitas ahora a Maria.

María comenzó a besarle las nalguitas a su hermanita y sus manos acariciaban delicadamente el culito de su hermana, yo por mi parte le estaba comenzando a dar el mismo tratamiento en sus propias nalguitas, igualitas a las de su hermana Martha. Luego de estar chupando y mamando por varios minutos les dije a las niñas que les iba a enseñar algo nuevo.

Puse de pie a Martha y esta vez la termine de desnudar por completo, la niña no se resistió y entonces le pedí que se recostara en la cama pero ahora en la orilla y boca arriba, me coloque en medio de sus piernitas y busque su conchita, la acaricie delicadamente pasando mis dedos suavemente por encima de sus labios que eran aun pequeñitos y completamente lampiños. Maria por su parte estaba parada detrás de nosotros pero sin perder ningún detalle de lo que estaba pasando, uno de mis dedos se comenzó a enterrar levemente en la rajadita de la pequeña en cada pasé que le daba, ella se reía y se contorsionaba por las sensaciones nuevas que estaba comenzando a experimentar, a los pocos minutos comenzó su vagina a segregar sus juguitos y entonces acerque mi cabeza y mi boca busco unirse a la lampiña pepita de la niña, mi lengua se introdujo entre los apretados labios y comencé a lamerle la conchita, busque su clítoris y me dedique al pequeño botoncito por varios minutos más, y la niña comenzó a cambiar sus risitas nerviosas por leves gemidos de placer.

Levante la cabeza y le pedí a Maria que se desnudara y se pusiera al lado de su hermanita en la misma posición, inmediatamente la pequeñita me

obedeció y se acostó completamente desnuda al lado de su hermanita, las dos gemelitas estaban entonces a mi alcance y después de mamarle la conchita a Martha me dedique a la conchita de su hermanita con el mismo procedimiento, luego me levante por unos instantes para decirles a las niñas como se deberían de besar entre ellas mientras que yo continuaba mi trabajo en sus puchitas.

– Mientras yo les mamó la panochita ustedes dense de besos… acerque sus labios y úntenselos, chúpense una a otra los labios y luego saquen sus lengüitas y jueguen con ellas dentro de la boca de la otra.

Espere hasta que lo comenzaron a hacer bien y luego regrese a la panochita de María, esta vez me lubrique uno de los dedos de la mano y se lo comencé a clavar en el culito, la niña respingó pero como estaba ocupada con la boca de su hermanita no tuvo tiempo de decirme algo. Mi dedo se fue perdiendo más y más dentro del ano de la pequeña Maria hasta que por fin se lo logró tragar por completo, entonces la comencé a bombear metiendo y sacando mi dedo casi por completo, con la otra mano estaba acariciando la cuquita de Martha y le metía también el dedo que ya estaba bien lubricado por sus propios jugos vaginales. Mi boca siguió chupando en la pepita de Maria hasta que también ella comenzó a segregar sus juguitos a los cuales me bebí sin miramientos.

Continué metiendo y sacando mi dedo dentro del culito de Maria y al poco rato note que ella ya podría recibir un dedo más pues su anito ya estaba completamente delatado. Empape mi dedo con saliva y comencé a introducírselo junto con el otro, ahora la niña ya recibía dos de mis dedos en su caliente ano y así estuve por varios minutos más, chupándole la concha y metiéndole los dedos y hasta que pude percibir que ya su colita estaba completamente dilatada les dije:

– Bien bellezas, es hora de algo realmente nuevo… ven Mary vamos a probar algo nuevo que te va a gustar, tu Martita, levántate y te pones sobre la carita de tu hermanita como si te fueras a sentar y yo me pongo aquí atrás…

La pequeña marta entonces siguió mis instrucciones y se paró sobre la cama, la cabeza de su hermanita quedo entre sus piecitos, luego se fue como sentando y por fin su conchita completamente abierta por mis jugueteos y por la misma posición quedó completamente abierta sobre la carita de su hermanita. Yo por mi parte me puse de pie y me acomode entre las piernitas de Maria y la tome por los tobillos y lleve sus piernitas a los costados de mi cuerpo, mi verga le apuntaba directamente a la panochita.

Levante sus piernas acomodándola de tal forma que levantara un poco su colita y ahora mi verga apuntó directo a su apretado agujerito trasero, me ensalive perfectamente la cabeza del nabo y entonces empuje en el culito, con un poco de fuerza la verga logro entrar un poco y la gruesa cabeza se perdió en el apretado orificio que luchaba por expulsarla.

– Ahora tú Mary chúpale la panochita a tu hermanita mientras que yo te la voy metiendo poco a poquito en tu hoyito… Martha, ve como se va perdiendo mi cosita dentro de tu hermanita.

La lengua de Maria salió de su boquita para encontrarse con los lampiños labios vaginales de su hermana y rauda comenzó a lamer la pequeña cuquita de la pequeña, desde mi posición le iba dando instrucciones a la pequeña Maria para que aprendiera bien a como lamer una rajita, la niña iba siguiendo al pie de la letra mis indicaciones, primero comenzó por la parte baja de los labios vaginales, ahí en donde estos son más gorditos, su lengua se paseó por cada uno de los pliegues, ensalivando ambos lados de la panochita, corrió por todo lo largo del canal que forman los propios labios y llegó por fin al clítoris en donde le pedí que se dedicara a la pequeña protuberancia, la lengüita de la niña tímidamente comenzó a hacer círculos sobre el triangulito de carne que se formaba en la parte superior de sus labios vaginales, conforme su lengua se movía sobre el clítoris fue notando que su hermanita se mojaba más y más y ella se bebía todos los jugos que iba segregando la hermosa panochita.

Martha por su parte tenía su cara baja y su mirada fija en el trabajo que estaba haciéndole su hermana allá abajo entre sus piernas las sensaciones eran sumamente gratas y nunca antes las había experimentado de esa manera; un extraño calor le iba subiendo por todo su pequeño cuerpo y su respiración se hacia cada vez más y más difícil, sintió entonces como algo comenzaba a escurrir en su conchita y nuevamente una sensación satisfactoria la comenzaba a invadir por todos los rincones de su ser, fue en ese instante en que la saque de su ensueño y acerque mi boca a la de ella para comenzarla a besar apasionadamente, la lengua de la pequeñita y la mía se enredaron en una candente batalla, la practica con su hermana la había aprendido muy bien y ahora besaba como toda una profesional, sus labios succionaban mi lengua y la acariciaban mientras la iba metiendo o sacando y luego su lengüita se metía a mi boca buscando la mía. Mis manos ya recorrían su pequeña espaldita y se comenzaban a acercar a ese parado culito, cuando llegué a este comencé a acariciarlo delicadamente, solo pasándole los dedos casi sin tocarla, su piel se erizó por completo y un calambre recorrió toda la espina dorsal de la bella niña. Me separe de ella y le dije que mirara entonces como mi verga continuaba clavada solo por la cabeza dentro del ano de su hermanita y le dije que no perdiera detalle.

Tome a Maria por las caderitas y entonces lentamente comencé a empujar mi verga en su interior, un esquicito calor y una fuerte resistencia fue lo que encontré dentro de su culito, la niña se comenzó a quejar pero como tenía la tarea de darle satisfacción a su hermana no oponía más resistencia, lentamente la verga fue avanzando sin contemplaciones dentro del apretado agujerito, por fin una cuarta parte del nabo, en ese punto la volví a sacar solo dejando la cabecita adentro y de nuevo para adentro empujando cada vez más y más hasta que por fin logre que se le clavara más de la mitad de mi gruesa verga, sus blancas carnes se apretujaban mientras la gruesa barra iba entrando.

Pasaron cerca de veinte minutos y por fin la verga logro tocar lo más profundo de los intestinos de la pequeña, realmente me apretaba con fuerza y el calor que me transmitía era enloquecedor, tuve que permanecer por varios minutos en lo más profundo de su ano ya que de lo contrario me hubiera venido sin remedio y no quería que eso sucediera tan pronto. Maria entre tanto ya estaba haciendo tener a su hermana Martha el tercer orgasmo; le di instrucciones a Maria de que comenzara a meterle a su hermanita los deditos dentro de su ano para que ella también tuviera la oportunidad de sentir lo rico que esto es. La pequeña ni tarda ni perezosa comenzó a invadir la entrada trasera de su hermanita mientras que su vagina era empapada por la lengua de Maria.

Cuando sentí que la excitación se había pasado un poco comencé a menear mis caderas hacia atrás haciendo que la verga invasora retrocediera un poco, pude sentir cada unos de los pliegues del culito de Maria, se la saque hasta la mitad y regrese a mi posición interior, lentamente cada uno de los movimientos. Inicié así un lento bombeo dentro del culito de la pequeña Maria, sus quejas ya no eran tan fuertes y puedo decir que casi se había olvidado de estas. La piel de mi verga era realmente succionada por ese apretado agujero en el que me estaba perdiendo, dentro, fuera, dentro, fuera era una sensación formidable estarme cogiendo de esta manera a esa bella niña que ya lo estaba disfrutando tanto como yo. Pase una de mis manos hasta su conchita y comencé a acariciar su clítoris para que la sensación en ella fuera más placentera, no tarde mucho en lograr que la pequeñita se comenzara a venir entre gritos y gemidos realmente fuertes, tanto que su hermanita se quedo un poco asustada creyendo que la estaba lastimando pero cuando comprobó que en realidad gozaba se tranquilizó y continuó besándome tan apasionadamente que ahora el sorprendido fui yo.

Pronto comencé a sentir yo también que en mis bolas se comenzaba a mover la leche, mis caderas se menearon más rápido y la verga ahora entraba y salía a gran velocidad de la apretada entrada trasera de Maria, mi intención era también cogerme a su hermanita pero por ahora ya no me iba a detener, así que continué moviéndome rápidamente, a los pocos segundos mi verga se inflamó a lo máximo y un potente torrente de caliente leche salió disparado en lo más profundo de ese exquisito agujerito, a este siguieron otro y otro y otro más, todos con gran fuerza. Un fuerte gemido de satisfacción salió de lo más profundo de mí ser. La niña al sentir el calor de la leche dentro de su culito también comenzó a experimentar de nueva cuenta otro orgasmo que la hizo gritar de nuevo.

Mi verga ya comenzaba a perder su dureza y del culo de Maria escurría la leche que se mezclaba con los jugos que le escurrían de la panochita que se veía sumamente húmeda, me dieron ganas de meter ahí mi verga pero por el momento ya no iba a aguantar otro round de ese calibre, la niña en verdad me había sacado hasta la última gota de leche de ese día, así los tres nos quedamos acostados en la cama por un buen rato más y luego nos fuimos a bañar para después unirnos con el resto del grupo.

Continuará

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