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El relato erótico "Inexperta prostituta, Parte 01" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Inexperta prostituta, Parte 01
  2. Inexperta prostituta, Parte 02 (Final)
Tiempo de lectura: 11 minutos

Comienzo diciéndoles que soy de Córdoba, República Argentina. Un hombre ya con varios años a sus espaldas y con la satisfacción de haber vivido estos años plenamente. Me gustaba mucho la noche y era asiduo concurrente a sitios donde se podía conseguir alguna putita en más o menos buenas condiciones y previo acordar precio y pagar lo correspondiente, pasar la noche, o lo que reste de esta, con ella disfrutando del sexo y de la habilidad de estas profesionales del sexo. En mi ciudad a esos lugares se los llamaba *Wiskerías*.

En una de estas noches una de las prostitutas de este lugar, se excedió en la ingesta de alcohol, se sentó en uno de los taburetes de la barra, a mi lado, y me pidió que le pagara una copa, clásico de estos sitios y de estas mujeres, accedí al pedido con la condición de que luego se fuera a dormir la mona, se rió y luego de apurar de un trago su copa me dijo,

*eres un buen tipo, y por eso te voy confiar algo que solamente se le dice a los buenos clientes, ¿te gustan las pendejitas?,

– ¡claro!, le dije yo, a quien no,

– bueno, me dijo, ¿Cuánto me das si te llevo a una casa donde hay 4 chiquillas?,

– depende le respondí, depende de cuantos años tengan,

– entre 9 y 11 años me respondió,

casi se atraganté el trago cuando me dijo eso, pero no le dí mucho crédito a sus dichos ya que estaba muy borracha.

– Bah, deje de hablar macanas, le respondí,

-¿no me crees?,

– no, la verdad es que no te creo,

– bueno, dame $ 20 y te llevo al lugar,

– bueno, pero en que barrio está,

– no, eso no te lo digo hasta que me pagues,

– bien, entonces hagamos una cosa, yo te pago cuando lleguemos al lugar,

– no, no, estoy borracha pero no soy estúpida, cuando lleguemos allí vos no me pagas,

– ¿no era que yo era un buen tipo y que me tenías confianza?,

– si, pero negocios son negocios,

– ¿es lejos de aquí?,

– más o menos.

A todo esto ya me picó la curiosidad y me tentó la posibilidad de cogerme alguna pendejita de pocos años, ya que hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un manjar de ese tipo, por lo tanto le dije,

-bueno, te pago y vamos, pero si te duermes en el automóvil, te quito la plata y te dejo tirada en cualquier lado, ¿ok?,

– ok, me dijo, dame la plata.

Le dí la plata y salimos rumbo al lugar por ella mencionado, cuando me dijo en que barrio era, no me gustó nada, ya que se trataba de un lugar bastante peligroso, pero me dije bueno, el que no arriesga no gana, y allá fuimos. Llegamos al lugar, una casita modesta, descendió ella, tocó la puerta y se dio a conocer, le franquearon la puerta e ingresó a la casa dejándome a mi en el automóvil, se demoró un rato y salió haciéndome señas de que ingresara; hizo que guardara el auto en el predio de la casa y me hizo pasar, cuando entré me fijé que estaba bien limpito el lugar y había una pareja de adultos, mujer y hombre, jugando a las cartas. saludé y me hicieron ingresar a una habitación en donde al cabo de unos minutos fueron ingresando de ha una por vez tres niñitas aparentemente de las edades que me había dicho la prosti. Se imaginan que a mí se me caía la baba al ver esas criaturitas, no es que fueran unas bellezas, pero eran niñas y estaban limpias según pude apreciar, y eso solo nos basta a los que gustamos de estos *platos especiales*.

Cuando salió la última ingresó el hombre y me dijo que cualquiera de ellas y por dos horas, costaban $ 30, una cifra irrisoria teniendo en cuenta el *material*. Le pagué y le dije a este hombre cual de la niñas quería y le pregunté la edad de la misma,

– 10 años me dijo.

Se fue e ingresó la niñita, toda avergonzada, la mirada hacia el piso, con un vestidito humilde y unas zapatillitas viejitas pero limpiecitas. La miré un momento y le pregunté su nombre,

-Alicia, me dijo,

– ¿Cuántos años tienes?,

– 10,

– acércate, hizo un pasito y se quedó paradita,

– más le dije yo, otro pasito,

-más, más, acércate bien aquí a mi lado, entonces ella se paró bien a mi lado. Estiré mi brazo y la tomé del mentón para hacerle levantar el rostro, ella me miró y bajó nuevamente su rostro, insistí y levanté nuevamente su carita y le dije,

– me dejas que te de un besito, me miró y bajó nuevamente su rostro, levanté su carita y suavemente deposité un breve beso sobre sus labios. No dijo nada. Insistí y la besé nuevamente, esta vez un poquito más largo el beso y con la punta de mi lengua acaricié sus labios, que ella mantenía cerrados, ¿no sabes besar?,

– movió su cabecita en señal negativa.

– Bueno, yo te voy a enseñar, ¿quieres?, hizo un gesto con sus hombros como diciendo *si usted quiere*.

Le dije, cuando te bese, tu debes abrir un poquito tus labios y permitir que mi lengua ingrese en tu boquita y con tu lengüita acariciar mi lengua, ¿quieres?. Otra vez el gesto anterior, tomé su carita entre mis manos y la comencé a besar, al principio ella no hacía nada, me retiré y le dije,

– quedamos en con tu lengüita ibas a acariciar la mía, ¿no es así?, asintió ella moviendo su cabecita, la besé nuevamente y ella ya me dio su lengüita. ¡Que delicia! ¡Que placer! ¡Que deliciosa es la saliva de las niñitas! La besé varias veces y comencé a acariciar su cuerpecito y cuando metí mi mano entre sus piernitas debajo del vestido, ella en un movimiento instintivo cerró sus piernas y luego lentamente fue dejando que yo las abriera con mi mano. Acaricié esa piel tan pero tan suave y cuando llegue a la confluencia de sus muslos, ¡oh sorpresa!, estaba sin bombachita, así que de golpe me encontré acariciando, tocando esos labios gordezuelos de su conejito, un conejito sin un solo vello, calentitos y ya insinuando una incipiente humedad, quizás producto de los besos anteriores.

Con mis dedos índice y medio acaricié ese lugar por el cual suspiramos y somos capaces de cualquier locura los hombres. Sobre todo cuando se trata de niñitas pequeñitas. Lentamente procuraba separar esos labiecitos para llegar al interior de esa caverna y tratar de encontrar su clítoris.

Ella colaboró, y sin que yo se lo pidiera, separó un poco más sus piernitas permitiéndome acceder con más libertad al interior de su grutita, a todo esto ya se había humedecido bastante, retiré mi mano, la llevé a mi boca y la llené de esa saliva, más bien diría de esa baba que estaban segregando en cantidad mis glándulas salivares, llevé mi mano nuevamente a su conchita y la lubriqué bien con mis babas, quedando totalmente resbalosa permitiendo deslizar tanto mis dedos como la palma de mi mano sobre su vaginita, y también permitiendo que le fuera introduciendo mis dedos con más facilidad, cosa que hice, primero uno, luego dos, y cuando quise meter el tercero, ella se quejó y me dijo que le dolía, y yo le dije,

– mamita, si te duelen los dedos, ¿Cómo vamos a hacer para meter mi pija que es más gruesa y larga que mis dedos?,

– ¿la tiene muy grande?, me preguntó,

– ¿quieres verla?,

– bueno, a ver como es de grande. Saqué mi pija y se la enseñé, ella se quedó como extasiada viéndola y me dijo,

– ¡huy!, es más grande que la de mi papá.

Aclaro que no soy un superdotado, si tengo una pija de 18 cmts., por más de 5 cmts., de grueso, y muy cabezona.

– ¿la quieres tocar?, ella no se decidía,

– anda le dije, tócala, dame tú manito, le tomé la mano y la puse sobre mi pija, ella de inmediato cerró sus dedos y me la apretó, claro que no la pudo abarcar a toda, imagínense que era una niñita de tan solo 10 añitos.

– ¡Que gorda que es!, y prosiguió tocándola.

– ¿Te gusta?,

– no se,

– dale un besito. Se agachó tan solo un poquito ya que estábamos de pie y me besó en la punta de mi miembro, y sin que se lo pidiera continuó besándolo y de repente lo traté de meter en su boca, en un primer momento no pudo, pero luego lo intentó nuevamente y logró meter la *cabeza* de mi pija en su boca, la sacó y me dijo,

– ¡es muy gorda!, y se la metió nuevamente en su boca y trataba de chuparla como podía.

A todo esto como ustedes se pueden imaginar yo no permanecía indiferente. Todo lo contrario, me estremecía de pies a cabeza y estando a punto de soltarle toda mi leche en su boquita, tal era el morbo que me producía ver a una niñita chupándome la pija, que haciendo un esfuerzo supremo le quité el *chupete*, la levanté del suelo y casi diría que la arrojé sobre la cama, me abalancé entre sus piernitas y traté por todos los medios de *comerme*, de *devorarme* esa conchita, hinchadita, mostrando sus labios apenas separados, bien mojados y enrojecidos. Le dí tan solo dos o tres lengüetazos y subí sobre ella cuidándome de no aplastarla con el peso de mi cuerpo, coloqué la punta de mi verga en la entrada de su cuevita y traté de introducirla por medio de empujones.

No lo logré en un primer momento dado que debido a lo mojada que se encontraba su conchita, mi verga resbalaba una y otra vez hacia arriba o hacia abajo.

– Despacito don, despacito, no me haga fuerte que duele. Yo estaba como loco,

– te la quiero meter toda, le dije, bien hasta el tronco.

– Pero usted la tiene muy grande, me va a doler mucho.

Entonces me calmé un poco apelando al poco control que disponía en esos momento y me levanté de sobre ella, me bajé nuevamente a su conchita y comencé a trabajarla con paciencia, ya que como dice el refrán, *con paciencia y con saliva, un elefante se culió a una hormiga*. Luego de unos 15 minutos de chuparle bien chupada su conchita y de haberle rendido los homenajes que se merecía su pequeño y erecto clítoris, traté nuevamente de introducirle mi pene que no había perdido nada de su rigidez, por el contrario, cuando lo tomé con mi mano para guiarlo a su cuevita, me parecía que había crecido aún más, y ella también compartió esa sensación por que me dijo,

-¡huy!, se ha puesto más grandota ahora, por favor métamela despacito, pero me parece que no me va a entrar, ¡que caliente y gorda que está!.

Le dije que con sus deditos separara los labiecitos de su panochita, y ella obediente así lo hizo. Empujé y empuje hasta que entró la cabeza, cosa que hizo que ella pegara un respingo y me dijera,

– ay, ay, despacio que me duele, me va a lastimar, ahí nomás, no la meta más. Me detuve un momento y esperé que ella se calmara y lentamente reinicié mis tentativas por clavarme a esta criaturita. Paso a paso fue entrando mi verga, yo sentía con inmenso placer como me apretaban las paredes de esa conchita pequeñita, pero entre mi líquido pre seminal y los jugos que brotaban de su conchita, sumado todo ello a las babas que le había puesto antes con mi mano y con mi boca, iba ganando terreno en su interior.

Ella se quejaba y me pedía que no le metiera más, que con eso alcanzaba, que le parecía que le llegaba a la boca, que la sentía en su pancita, que le hacía doler el culito, en fin, todo solo hacía que mi calentura se elevara cada vez más y de golpe le sepulté hasta el tronco toda mi verga, ella gritó y me dijo que le dolía mucho, que se la saque, que no quería más, que no me moviera, pero todo fue inútil, yo seguía empujando y comencé a moverme, a sacarla un poquito y metérsela de nuevo, y así cada vez la sacaba más y se la enterraba de golpe toda entera.

Ella comenzó a quejarse menos y también comenzó a apretarme con sus bracitos. La besé y ella me devolvió el beso aferrándose a mi con sus bracitos y tratando de cerrar sus piernitas en torno a mi cuerpo, cosa que no podía por que estas eran muy cortitas aún, pero a pesar de todo empezó a responder a mis embates y decirme que era mejor que las veces que lo había hecho con su papá, que conmigo le gustaba mucho más. No me aguanté mucho, De repente sentí que mi cuerpo entero se licuaba y se derramaba por mi pija dentro de ese estuchito estrecho, suave y caliente.

Me parecía que volcaba litros y litros de leche y ella empezó a quejarse y a gemir como un gatito y a decirme,

– ¡Que lindo!, ¡Que lindo! ¡Quiero más, dame más! ¡Huy, que caliente es tu lechita! *Me está saliendo de mi conchita y me moja la colita!. Lentamente, tanto ella como yo, respirando agitadamente, fuimos volviendo a la normalidad. Mi pija se ablandó y se la fui sacando de su cuerpito, cuando terminé de salir, también salió un borbotón de leche teñida con un poquito de sangre. Nos quedamos acostados uno al lado del otro, calladitos.

De pronto reparé en todo lo que ella me iba diciendo, durante y antes del coito, lo que me dijo de su papá, y le pregunté cuanto hacía que su papá se la cogía, y me dijo que ese sábado a la noche la había culeado por primera vez, y que cuando lo hizo se encontraba borracho, tanto él como también su madre quien estaba culeando con un amigo en la misma habitación, y que cuando terminaron siguieron tomando vino y que entonces el amigo de su padre también se la culeó, pero que antes hizo que le chupara la pija, ella no quería pero le pegó una cachetada bien fuerte, entonces ella le chupó la pija y que el amigo de su papá también le chupó la conchita como lo había hecho yo y que una vez que terminaron de culear, todos se fueron a dormir.

Que el domingo el padre estaba atacado del hígado por todo lo que tomaron, pero que el lunes a la noche la volvió a culear y que le metía un dedo en el culito y que a ella le dolía mucho y que el amigo que la había culeado en su casa era el dueño de la casa donde estábamos ahora, y que cuando llegué yo la estaba por culear, pero, cuando yo la elegí ya no pudo y me dijo que mejor haya sido así, ya que conmigo le había gustado mucho a pesar de que la tengo muy grande, pero que luego del dolor inicial, le gustó mucho y que sintió cosas que anteriormente ni con su padre ni con el amigo de él lo había sentido.

O sea que esta niñita tenía en su haber tan solo tres culeadas antes que la culeara yo. Por eso le dolía mi pija y por eso me hizo gozar tanto a mí al sentir tan ajustada su rajadita.

Demás está decir que se me volvió a parar la pija y que ella la miraba con admiración y la tomó entre sus manitos y me la empezó a acariciar, la besó y la metió en su boquita y me la mamó un rato, yo ya me aguanté más por el polvo que me había echado anteriormente.

Ella me preguntó si se la iba a meter nuevamente y cuando le dije que sí, me pidió que lo hiciera muy despacito para que no le doliera tanto. Le dije ven, vamos a hacer un *69*,

-¿Qué es eso?, me preguntó, y yo le dije que se trataba de que mientras ella chupaba mi pija, yo le chupaba a ella su conchita. Nos pusimos en posición pero no podíamos por la diferencia de estatura, así que desistimos y luego de que ella me chupara un rato más la pija, yo me bajé y le chupé su conchita, y ahí fue cuando ella comenzó a demostrar una gran calentura, ya que me decía,

– Ay que lindo, como me gusta lo que me haces, que suavecita es tu lengua, huy que adentro me metes tú lengua. Y de pronto apretó mi cabeza con sus piernitas y empezó a quejarse y a gemir mientras me decía,

– Más, más, más, quiero más, ay dame más por favor, ay me muero, me muero, ahhhhhhh. Y se fue relajando luego del intenso orgasmo que tuvo. Saqué la cabeza de entre sus piernitas, subí sobre ella y con cuidado, con mucho cuidado le fui metiendo la pija hasta que sentí que se la había metido a toda, hasta el tronco, y la comencé a culear como loco, con fuerza, la quería traspasar, quería clavarla con colchón y todo, y ella de a poco se acopló a mis embates hasta que volvimos a culear un rato largo, durante el cual ella tuvo creo que tres orgasmos más y yo nuevamente le volví a llenar esa hermosa y dulce cuevita con toda la leche que ella le había hecho producir a mis testículos. Quedamos los dos totalmente agotados y cuando me avisé el dueño de la casa de que mi tiempo se había terminado, le dije que me quedaba dos horas más, le pagué y nos dormimos los dos con esa dulce chiquilla abrazados desnudos hasta el amanecer y cuando nos despertamos, repetimos una vez más lo anterior, logrando nuevamente gozar, ambos, de una manera magnífica.

Continuará

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