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El relato erótico "Helen, Parte 01" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Helen, Parte 01
  2. Helen, Parte 02 (Final)
Tiempo de lectura: 22 minutos

Era el atardecer de un día como hoy, yo caminaba por la calle sin prestar atención a nada, estaba sumergido en mis sueños y problemas sin percibir los peligros que me deparaban el destino, aún peor era que tampoco me percataba de las oportunidades que me podría regalar la vida. Estaba por llegar a mi barrio solo me faltaba una cuadra, por lo que agilice el paso, con la mirada enfocada en la acera, quería llegar rápido a mi casa, para darle vuelta a los 5gr. de COCAINA que acababa de comprar, pero al voltear la esquina fue como si los dioses me dieran una señal, mostrándome lo que sería en el futuro mi más ferviente deseo. Pues al dar vuelta a la esquina un destello de luz dio a mis ojos, eran los últimos rayos de sol que penetraron mi visión pero había algo más que me obligó a voltear hacia la luz, y como si hubiese sido algo angelical, entre la cegadora luz apareció una sombra la que iba tomando forma, sentía que mis membranas oculares quemaban estaban casi ciegos, pero no podía dejar de ver a la figura que emergía del sol, poco a poco la distinguía mas, era pequeña y delgada, su rostro era delicado iba distinguiendo su angelical fisonomía a medida que se aproximaba, traía consigo una sonrisa hipnotizadora y coqueta, anonadado e incrédulo mis manos restregaban mis ojos para asegurarme que no estaba alucinando.

Centre mi mirada tratando de definir bien quién era ese ángel, en ese momento los rayos del sol cesaron, ya el día había cedido paso al inicio de la noche, y pude ver con nitidez, que se trataba de una niña de unos 8 o 9 años, con el cabello castaño casi llegándole a los hombros, tenía tez clara y unos ojos entre pardos y verdes que mostraban inocencia y ternura, pero algo había en su forma de mirar y moverse que la diferenciaba de las niñas de su edad, ella poseía un aire de madurez o de pretender alcanzarla rápidamente, combinado con la inocencia e ingenuidad de un infante, pero que ansía conocer los pasos o el proceso que debe de seguir para ser considerada como una mujer, para esto debía vivir diversas experiencias que la mayoría de mujeres tienen, y que en este momento ella ignora cuáles serían.

Ella traía un vestido de lana color azul, y una cafarena blanca que cubría su dulce cuello, haciéndolo más apetecible. No esperaba que me hablase, me podía quedar conforme con tan solo haberla disfrutado con la mirada y mis ojos recorrían todo su cuerpo, cuando al centrarme en su rostro nuevamente me percaté que ella me miraba fijamente a los ojos, y con pasos juguetones, pero seguros, se aproximaba directamente hacia mi, quedando paralizado no pude ni pestañar, pensaba que sabía todo lo que con ella había imaginado, pero suerte mía ella paso por mi costado sin detenerse, aunque pude notar que me miró de reojo, con un suspiro regrese a la vida, decidiendo seguir mis pasos hacia mi casa, sin atreverme siquiera a volver la mirada para marcar los últimos momentos que la vería.

Ni bien di dos pasos y una suave y pequeña mano se postro en la mía, deteniendo mis pasos, me sentía como cuando niño era pillado por alguna travesura, pero me era imposible no sentir el calor que de sus manos emanaba, la delicadeza con que me tocaba, y podía ver el brillo de su ser de tal pureza que me mareaba; con una voz suave me llamaba acelerando mi corazón al máximo, al volver mi rostro hacia ella, quede perdido, hipnotizado por unos segundos en la profundidad de sus ojos de su forma de mirar.

Ella me hablaba de algo que no entendía nada, solo como un orate asentía con la cabeza, sin saber en que me estaba metiendo, pero de pronto volví a la realidad pues una sonrisa como solo la pueden tener los niños, dibujo en su rostro, yo estaba tan atontado por su figura e inocencia, y me pareció que ella tenía cierto poder hipnótico, pues me arrastraba sin dificultad, con su dedito índice indicaba a donde íbamos, mas percatándome a donde me guiaba, unas gotas de sudor angustiosas recorrían mi frente, ella me llevaba hacia una casa en donde antes nadie vivía, enfrente de esta estaba estacionada un camión de mudanza, pero lo aterrado fue que una señora se postraba en nuestro camino, viendo algo de parecido deduje que era su madre, que al vernos llegar agitaba su mano como en un saludo, pensé en escapar antes del encuentro, pero no tenía o no veía ninguna salida, así es que caballeros acepte el encuentro con su madre, esperando lo peor. Pero fue todo lo contrario, ya que ella me saluda amablemente, solo querían que las ayude a bajar sus ultimas y más pesadas pertenencias de su camioneta ya que los obreros de la mudanza se negaron a hacerlo a no ser que les diese una “propinita” extra a lo cual la madre se negó y simplemente se marcharon sin mirar atrás dejándolas en apuros sin mas remedio a solicitar mi ayuda.

Yo acepte enseguida, aprovechando en esta faena cualquier oportunidad de rozar las manos o de tocar el cuerpo de tan alucinante criatura. Pasaron como 45minutos cuando al fin terminamos, la madre me invitó a pasar para beber algo, los tres nos sentamos en la sala ella estaba enfrente de mí y no podía dejar de admirarla, de pronto su mama se puso de pie ofreciéndome una bebida a la que acepte mas por estar solo con la niña que por la sed que secaba mi garganta, apenas se fue mi mente la desvistió y surgieron las fantasías, la podía ver desnuda en diferentes poses y paisajes.

En esos apetitosos sueños me encontraba cuando me vi obligado a retornar a la realidad por la repentina aparición de una bandeja que portaban tres especies de paletas de hielo en forma cilíndrica, de unos 10cm. de largo color rojo. La señora me extendió la bandeja pidiéndome disculpas, pues aún no encontraba los vasos y no tenía donde verter el líquido, pero que Helen había puesto a helar esas paletitas apenas estuvo disponible la refrigeradora.

Siendo lo único refrescante que podían ofrecerme. Para esto yo no prestaba mucha atención a lo que me estaba diciendo, pues mi mente se quedó centrado en el nombre de esa dulce niña que por primera vez lo oía pronunciar, y al que como un eco se repetía una y otra vez acompañado de diversos planes que pudieran funcionar para poder conquistar y lograr la intimidad con ella sin que nadie nos moleste. Son de fresa escuche, reaccionando de mis negros pensamientos, bromeando y como para tener un motivo para observar directamente en toda la dimensión a la inocencia de Helen, conteste “No se preocupe señora, además estas paletitas son de Helen y a lo mejor ella ya les había planeado su destino”, entonces ella rápidamente se acerco a nosotros con una sonrisita pícara como si ya tuviese una respuesta ingeniosa para el dilema, alargo ambas manos hacia la charola y con cada una tomo una paleta, una se la llevo a la boca y la colocó entre sus finos labios para luego empezar a succionar suavemente, trayendo mil pensamientos a mi cabeza, y con la otra mano colocó la paleta restante en mi boca, y dejando un momento de chupar su helado me dijo, “Te lo has ganado, si sigues así vas a poder pedirme lo que quieras” es obvio que lo dijo de la forma más inocente posible, pero mi cerebro se encargo de transformar todo, sacando a flote el lado morboso, me acorde entonces de que su madre estaba con nosotros y ella no debía ser tan inocente como su hija, por lo que volteé mi cara y enfoque de una forma juguetona y limpia de todo pensamiento impuro como me fue posible, me estaban esperando dos ojos intensos que sin perder detalle de mis gestos analizaba y buscaba la presencia o el brote de algún destello de perversidad y morbosidad, a lo que con suerte y mucha sangre fría pase la prueba impuesta.

Día a día ganaba la confianza de la mamá de Helen, la cual era una madre soltera, hace no mucho tiempo que enviudó. A duras penas pude averiguar que su esposo había fallecido en un accidente aéreo, pues ella hablaba poco sobre el tema peor aún si es que Helen estaba presente. Un día como a las 7:30pm el silencio y el aburrimiento de mi hogar se vieron felizmente interrumpido por unos golpeteos a mi puerta, al abrirla me di la sorpresa de estar frente a frente de una mujer con el rostro notablemente cargado de signos de duda, pero con un tono de voz amigable y segura me pidió el tan ansiado favor, de cuidar a su hija por unas horas mientras ella atendía unos problemas del trabajo, con cara de como quien no quiere acepte hacerle el favor, segundos después la señora me llenaba de números telefónicos en caso de emergencia y pasado unos minutos que para mí fueron horas se despedía, diciéndome que no me preocupara por Helen pues ya estaba durmiendo, y no tendría problemas con ella ni siquiera ir a verla a su cuarto, pues tiene el sueño pesado.

Por fin se marcho, mas tome mis precauciones pues imaginaba que la madre estaría al acecho para cuidar mis movimientos, así es que me senté en el sofá tome un libro que ni siquiera leía pues mis ojos estaban deambulando mas que todo vigilante enfocando las ventanas y puertas en busca de algún movimiento sospechoso, ya había pasado 30m. y decidí ir al cuarto de Helen, pero justo cuando estaba por ponerme de pie, escuche el ruido de unas llaves agitándose y la puerta se abrió en un segundo, dando paso a la madre de la niña que con los ojos buscaba el menor indicio de crimen.

Notablemente aliviada observo que me encontraba sentado y concentrado en el libro, además de la puerta de Helen cerrada sin indicio de haber sido abierta pues pude ver en la dirección a la que ella miraba tan intensamente lo que era un pequeñísimo trozo de tela que estaba astutamente postrado en el piso muy cerca de la entrada del cuarto de su queridísima hija que serviría de alarma, pero estaba en la misma ubicación que ella lo había colocado, rápidamente como para no darme cuenta que me estaba vigilando, llevo su mano a la altura de la frente dando a notar que se había olvidado algo, comento lo tonta y olvidadiza que ella era, recogió de la mesa unos papeles y se marcho con una sonrisa ya de confianza retirándose a paso veloz, pues se notaba que ahora si estaba retrasada para su cita. Espere 5m de su marcha, me puse de pie, estudie al milímetro la posición del retazo de tela, lo retire y abrí la puerta, mi corazón empezó a latir acelerando el paso cada vez mas, pues ahí estaba ella tan pura e inocente, tan bella despertando mil deseos de tenerla.

Estaba cubierta por una delgada sabana, hice unos cuantos ruidos para verificar si verdaderamente tenía el sueño pesado, ella ni se movió, la tentación me invadió y me acerque a su cama y con mano temblorosa tome la sabana comenzando a jalarla hacia abajo destapándola poco a poco con el mayor cuidado que ese momento me permitía, con gran jubilo me di cuenta que ella estaba completamente desnuda, podía ver su delicado cuerpo por completo, su piel parecía tan suave que no aguante las ganas de verificar por mi mismo su suavidad, me arrodille a su lado y con lentitud empecé a recorrer su espalda con mis angustiados dedos, llegue hasta su culito y baje poco a poco por la raya aproximándome a su vagina, ella se movió un poco a la vez que su respiración se hacía más profunda y fuerte, pero de pronto el temor a ser descubierto me venció y salí de su habitación colocando todo en su lugar, ni bien me senté nuevamente en el sofá cuando de repente la señora entró, dándome las gracias me acompaño a la puerta antes de despedirse me pregunto si podía cuidar nuevamente a su hija al día siguiente a lo que sin parecer ansioso accedí.

Estaba como un loco contando los segundos los que lentamente avanzaban, hubiese dado lo que sea para tener en ese momento poderes mágicos sobre el tiempo, pero como un simple mortal tuve que esperar hasta la hora en que por fin gozaría de la hermosura de Helen, mi tierna vecinita que traía loco a todos mis sentidos. Como cualquier otro miembro de la hermandad pase el tiempo labrando cientos de planes, estrategias, engaños que logren cumplir mis sueños de poseer a Helen de una manera tierna juguetona cariñosa, sin tener que utilizar la fuerza, sin necesidad de ser violento y ganarme el odio imborrable que llevaría en sus recuerdos toda la vida.

Por fin las agujas del reloj marcaban la hora pactada, mi corazón aceleró su paso en un segundo y a cada paso que daba este trepaba mas y más por mi pecho hasta alojarse en mi garganta. Al llegar a su casa y nervioso pensaba lo que diría apenas me abran la puerta, pero ni bien toque el timbre la puerta se abrió, aquella figura me regalaba una sonrisa sincera, de amistad y algo coqueta, yo estaba paralizado, solo me quede observándola, ella dio unos pasos hacia mi pasmado cuerpo haciendo que reaccionara, no sabía que quería, así es que opté por agacharme hasta estar a la altura de su rostro como si fuese a prestar toda la atención del mundo a lo que me iba a decir, pero sentí una corriente que iba desde la punta del dedo gordo del pie hasta la punta de mi cabello, en tan solo 2 segundos estaba lo mas excitado que jamás en mi vida había logrado sentir, ya que dos tibios y húmedos labios se habían postrado en mi rostro, y como yo no había movido la cara por lo estático que estaba, pues estos dulces tiernos y rojos labios fueron a dar nada menos que en la mitad de mis ansiosos labios, fue algo alucinante, pero esta escena quedo cortada en cuanto su madre salió en un instante a la puerta me saludo y se despidió, ni siquiera me dio el sermón de la responsabilidad que debía tener al cuidar a su virginal hija, era obvio que estaba recontra apurada, tan solo me dijo mientras se retiraba que a lo mejor estaba regresando a las 11:00pm o mas tarde en todo caso en la refri tienes el numero gracias y chao. Eso quería decir que tenía como 7 horas a solas con Helen.
Estábamos sentados en la mesa del comedor frente a frente y el sudor frío brotaba de mi frente ya que no decidía por una de las 100 alternativas que rondaban mi mente para poder despertar la curiosidad sexual de Helen e iniciar las demostraciones físicas. Cuando estaba a punto de decir una cojudes, el silencio de la habitación fue quebrantado por la dulce voz de la niña,

-¿Tu y yo somos amigos verdad? Me pregunto con cara algo angustiada.

-Claro que sí lo somos, y de los buenos.

-y ¿podemos contarnos secretos y solo queda entre nosotros?

-depende de que secretos sean. Le respondí con cara de preocupación

-de lo que sea pero debes prometer que no se los dirás a nadie.

Yo notaba su ansiedad de revelar o contarme algo, sabía entonces que debía comenzar a actuar aprovechando la ocasión.

-primero debes decirme si deseas que sea tu amigo especial-le dije con seriedad

-si quiero que lo seas, pero ¿qué hacen los amigos especiales?

-se cuentan secretos y nunca lo revelan a nadie.

-si quiero que lo seas, ¿tu me prometes ser mi amigo especial por siempre? Ella me preguntó entusiasmada

-Debes saber que los amigos especiales no solo se cuentan secretos también hacen cosas que nunca se deben contar a nadie, porque de hacerlo nuestras almas desaparecerán y no volverás a sonreír y tu mamá sentirá una tristeza muy grande que no se le pasará nunca, y estará enferma, por eso debes de prometerme tu primero que serás mi amiga especial por siempre y que no le contarás ni a tu mamá lo que hagamos. ¿Me lo prometes?

-si te lo prometo que nunca le diré nada a nadie, y tu ¿lo prometes?

-te lo prometo, pero ¿cómo sellamos este pacto para que sea sagrado? Pregunte maliciosamente.

-no sé, podemos darnos la mano, o ¿tal vez con un beso? Respondió con inocencia.

-yo creo que las manos no, porque todos los días y a todo el mundo se las damos.

-entonces un beso… ah pero también damos besos siempre. Comento Helen pensativa.

-¿pero que tal si es un beso especial, donde nadie te lo haya dado? Le pregunte sin demora.

-puede ser en el pie ahí nadie me ha besado nunca, ¿o donde más puede ser?

-tiene que ser un lugar especial donde nos besemos al mismo tiempo, y nos una, las personas que se quieren o que se casan ¿cómo se demuestran que son amigos?. Le comente algo preocupado pues podía perder la oportunidad.

Ella con una sonrisa picara con algo de timidez me respondió

-creo que en las manos.

Al escucharla la decepción comenzó a invadir mi cuerpo y ya le estaba echando tierrita a la idea de besarla, pero en eso Helen agregó:

-pero donde más se besan es en la boca, ¿nosotros donde lo vamos a hacer? Me preguntó

-entonces para cerrar el pacto tenemos que besarnos en la boca o ¿no quieres ser mi amiga?

-si quiero, hagámoslo. Replicó Helen cerrando los ojos, levantando un poco el rostro y ofreciéndome sus delicados y rojos labios.

-hagámoslo conteste, acercando mis labios a los suyos, cada vez estaba mas excitado, ya podía sentir su respiración, su calor, finalmente la bese, sin aguantarme las ganas empecé a jugar con sus labios, yo abría los míos atrapando su labio inferior y presionaba ligeramente, aun me encontraba incrédulo como si estuviese divagando en el más bello sueño. Entonces surgió el temor de despertar y ver mis besos entregados al vacío de una obscura soledad, así es que mis brazos rodearan lentamente su cintura para poder aferrarme a de mi dulce pasión, ella como que se asusto o sorprendió al sentir este nuevo juego, yo pensaba que me había excedido cagando todo lo que anhelaba, pero mi sorpresa fue, que de pronto ella oprimía cada vez mas sus labios a los míos para luego imitar mi jugueteo con los labios, hubiese querido que no terminase nunca este momento pero como todo lo bueno llego a su final, al menos debió durar unos 20s.

Que jamás en mi vida olvidaré. Después de ese intenso beso nuestros rostros se separaban lentamente, cuando llegamos a la corta distancia en que todavía podíamos sentir nuestra agitada respiración y aun percibíamos el calor de nuestras bocas, quedamos paralizados sin hacer el menor movimiento ni siquiera pestañar, pues nuestras miradas se habían cruzado y ambos nos perdimos en la profundidad de nuestros ojos, al estarla observando trataba de grabar y estudiar cada detalle, cada gesto que hiciera, aunque ninguno de los dos se movió pude sentir como una descarga eléctrica que salía de ella para luego alojarse en mi cuerpo, también pude sentir como si el palpitar de nuestros corazones de pronto se sincronizasen y lo que sentíamos en ese momento era exactamente lo mismo, que los dos al besarnos habíamos viajado a la profundidad de una emoción nunca antes sentida, donde las palabras sobraban, ante la efectividad de una mirada, de un roce de manos.

Al reaccionar de nuestra hipnosis solo atiné a decir: “Muy bien ahora si nuestro pacto esta sellado,” o ¿tu crees que nos falta algo? Le pregunté con picardía, pero casi sin esperanzas, de poder inducirla a mis juegos de perversión. Pero ni bien pestañeé, cuando me preguntó ¿porqué el hombre, en la película que había visto con sus amigas antes de mudarse, besaba por la entrepierna de la mujer?, ¿Qué se siente como para que las mujeres peguen semejantes gemidos?.

Le conteste de una manera responsable, protectora y casi paternal, algo muy raro en mí, a cada palabra que salía de mi boca una intensa sensación de arrepentimiento me invadía pues estaba alejando la oportunidad como las que solo hay una. Yo le decía muy serio que ella no estaba en edad para saber de eso, que no estaba preparada para gozar de esas nuevas experiencias.

Ella alegó bajando la vista, que una de sus amigas le contó que su tío ya le había besado por esos lugares y había sentido algo rico, un placer que la hizo gemir como a las chicas del video, también me comento algo extremadamente sorpresivo, que ella cuando nos conocimos y después que me marché de su casa al terminar de ayudar a su madre, se encerró en su cuarto para poner en marcha su cerebro y recordar las escenas para ella aún extrañas pero misteriosamente excitantes de la película, empezó a tocarse por donde supuestamente el hombre acariciaba la mujer del video, comenzó a sentir una extraña sensación que la envolvía de placer y la imagen de un hombre se le iba apareciendo a medida que se excitaba, y cuando pudo ver bien al hombre de sus sueños se percató que era yo el que la llenaba de placer.

Bueno y que si se lo hacía por unos segundos, ella como recompensa haría todo lo que se me pueda ocurrir.

Esta era la oportunidad por la cual había estado rogando todos los días desde que la conocí, por fin podía saciar mis sueños que abarcaban todo pensamiento sin dejar espacio a otro, sabía que debía estar feliz por esto, pero no sé si fue miedo o que mi estúpida conciencia me gritaba voz en cuello que lo que pretendía hacer con esa niña estaba mal, me hizo retroceder unos pasos de ella. Una lucha como antes no vivida se desarrollaba entre mi cerebro, corazón y mi sexo, donde dos ideales completamente adversos luchaban por ganar la decisión que mi cuerpo tomase. Ella percibió mi extrema confusión y la gran posibilidad de una negativa, y adelantándose a cualquier respuesta que hubiese dado, me dijo en la forma más tierna, inocente y atrayente:

-Yo pensaba que éramos amigos especiales

-Si lo somos. Le respondí algo confuso aun.

-¿Acaso los amigos especiales no son para eso?

-No…si…es que tu no entiendes. Le dije balbuceando sin saber que responder.

-Yo solo entiendo que no era cierto todo lo que me dijiste sobre los amigos, y que tu no quieres ser mi amigo. Me replicó con el rostro triste.

En ese instante me percate que los sueños que me había trazado y que tanto anhelaba estaban siendo obstaculizados por mí mismo, como si yo labrase mi propia infelicidad. Todo empezó a aclararse en mi ser, mi corazón y mi sexo habían dado la ultima estocada a mi conciencia poniéndole una mordaza para que dejara de joder. Mi rostro dibujaba nuevamente esa sonrisa picaresca y mis ojos enfocaron nuevamente a la razón de mis deseos y sin esperar un instante inicié mi cacería.

-Yo soy capaz de hacer cualquier cosa por verte feliz. Dije seguro y como retándola a que me lo vuelva a pedir.

-En serio ¿sigues siendo mi amigo especial?. Exclamó notablemente alegre nuevamente

-Pídeme lo que quieras y olvida lo que paso hace un rato tú eres muy especial para mí.

Note que su rostro se llenaba de vergüenza de volvérmelo a solicitar, parece que por mi reacción tan dramática le había hecho pensar que era algo malo, y su pedido que era del todo inocente se había transformado en algo ofensivo. Yo veía como la perdía poco a poco, me arrepentía por haber actuado de esa forma pero iba a hacer hasta el último esfuerzo por alejar las dudas de Helen.

-No hay nada de malo en querer aplacar la curiosidad y yo me sentiría feliz si soy el que te ayuda en hacerlo. Le dije de la forma más tierna y sincera arrodillándome ante ella.

-¿Aplacar? Me pregunto extrañada.

-Si, o sea el que puedas conocer lo que querías saber, de lo que tenías dudas. Es decir el que puedas experimentar y saber lo que se siente cuando un hombre besa a una mujer entre las piernas, ¿Recuerdas? Para eso están los amigos especiales. ¿Aun quieres hacerlo?. Le pregunte sabiendo que de esa respuesta dependía todo.

Helen no me contesto nada, simplemente se acercó hacia mí, y extendiendo sus labios me dio un cálido beso en la boca, se alejo unos centímetros regalándome una sonrisa del todo coqueta y me dijo:

-Para eso están los amigos especiales.

Nos tomamos de la mano, estábamos en completo silencio pero nuestras miradas se cruzaban a cada instante jugueteando y me guió hacia su habitación.

Cuando entramos a su cuarto mi corazón estaba golpeteando mi pecho como nunca, mi mente se adelantaba al futuro y estaba causando una erección prominente, que trataba de ocultar con el propósito de ir paso a paso con la iniciación de Helen y no cambiar el tema de golpe, debía tratar de excitarla primero, de satisfacerla y así ella también me retribuiría.

Nos detuvimos frente a la cama, tomando la iniciativa antes de que preguntase que debía hacer ahora y ponerla nerviosa, me senté sobre su colchón, la puse frente a mí, la mire por unos segundos agradeciendo al destino por haber puesto a esa niña en mi camino, luego poco a poco la comencé a aproximar hasta sentir su cuerpo junto al mío, quería probar el elixir de la inocencia de sus labios y empecé a acercarme lentamente a ella, adivinando mi propósito me ofreció sus rojos y finos labios, al hacer contacto una explosión de sentimientos, emociones, y éxtasis invadió mi cuerpo, causando como un vacío en mi estómago, como se le llamaba en mi infancia “mariposas en el estómago”, luego la abracé y bese el cuello, al alejarme unos cm para poder ver su rostro, ella tenía los ojos cerrados y parecía estar disfrutando de esas nuevas sensaciones.

Mis manos agarraron la parte inferior de su blanco polo y lo levante con cuidado hasta sacarlo, nunca olvidare su blanca piel, que al recorrerla con los dedos se sentía la inocencia de un cuerpo suave y terso, sus pequeños y rozados pezones se iban endureciendo poco a poco subyugados por esta nueva experiencia, y siendo blanco de mis labios, la llene de besos turnando el derecho y el izquierdo pues quería ser el dueño de ambos y de cada parte de su cuerpo. Fue en ese momento cuando besaba sus senos que pude escuchar el primer gemido de placer de mi querida Helen, fue suave y casi imperceptible, no fue muy largo, pero era la señal de que ella estaba disfrutando tanto como yo además sus manos empezaron a acariciar mi cabello sintiéndome en la gloria.

Mis dedos recorrían todo su torso descubierto sin obviar espacio, algunas veces el momento se veía interrumpido por una risita jovial pues Helen es muy cosquillosa y de vez en cuando mis dedos paseaban por las zonas sensibles a la risa. Era hora de pasar a la siguiente etapa, era hora de desnudarla por completo, mis dedos empezaron a juguetear con el botón de su Jean para calcular la forma más fácil de desabotonarlo, mientras que iniciaba a hacerlo mi corazón rogaba por culminar de manera exitosa la operación, pues había tenido dificultades al desabrocharlo en diversas experiencias que tenía relaciones.

La operación fue un éxito pude hacerlo en forma suave sin tener que forcejear, con una sonrisa de triunfo empecé a bajar su Jean dejando a la vista un calzoncito blanco, era tipo bikini como a mí me encanta, dejándome atontado unos segundos con el pantalón de ella a la altura de las rodillas, mientras que no desprendía la vista de sus interiores, provocando la incontenible excitación en un 100%, Helen acarició un poco mas fuerte mi cabeza como para que reaccionara, y así lo hice continué bajando su Jean hasta despojárselo totalmente, volví la mirada directo a sus ojos tratando de inspirarle ternura y seguridad y pose mis dedos sobre su calzón a la altura de sus labios vaginales y sin presionar demasiado acaricie suavemente recorriendo todo el contorno de su virginal sexo, al principio sus ojos aumentaron de tamaño con sorpresa para luego cerrarlos y empezar a disfrutar del acto, ella humedecía su boca y mordía sus labios y dulces gemidos cada vez más fuertes y largos brotaban de su ser, lo que me hacía excitarme mas, tratando de concentrarme por no apurar el paso. Luego le baje suavemente su blanco calzoncito quedando expuesta por fin su frágil y bella rajita, era tan pequeña y coloradita por el masaje que le estaba haciendo que me atrajo inevitablemente a besarla.

La levante y la puse en la cama donde la abracé sintiendo el calor de su cuerpo que había aumentado, luego como jugando la cargue y la puse sobre mí, de manera que su rajita estuviera accesible a mi boca para poder saborearla completamente, mi lengua entonces empezó a recorrer su vajinita para luego profundizarse en su inocencia, podía sentir el sabor de su virginidad, mientras ella probaba la sexualidad, retorciéndose y dando gemidos de placer apenas podía pronunciar palabra, lo que pude entender es,

-Aaah aah Ya ahhh se mmmhhh looohh que ehh se sienmmppphte!!!

Apenas me detenía un segundo ella me rogaba que siguiera, con tal de complacerla y escuchar sus gemidos yo continuaba con mas rapidez sintiendo como se humedecía su rajita. Yo ya sin poder aguantar había desabrochado mi pantalón dejando al descubierto mi pene a todo su esplendor, totalmente excitado, ella no se daba cuenta todavía pues estaba con los ojos cerrados y en una explosión de sus primeros orgasmos. De pronto ella aparta su rajita de mi boca y me comento lo increíblemente bien que se siente, pero como buena amiga era mi turno de pedirle lo que quisiera, la escena era increíble, ella estaba sentada sobre mi pecho viéndome a la cara, mientras a su espalda estaba erguido un coloso con hambre de su virginidad. La tome por las axilas y retrocedí su cuerpo hasta que sintiera mi verga, al hacer contacto entre su tierna piel y mi duro pene miles de fuegos artificiales estallaron en mi cabeza, tuve que concentrarme para no acabar en ese momento, ella al sentirlo trato de ver lo que era, pero yo se lo impedí.

-Dime ¿y que paso después en la película?¿qué mas hicieron?. Le pregunte

-Pues la mujer empezó a jugar y meter la cosa del hombre a la boca.

-¿quisieras tocar “la cosa” del hombre y saber a que sabe?

-Siii.. me contesto entre risas nerviosas

-Pues aquí la tienes, debes de hacer lo que viste en la película.

La cargue echándola entre mis piernas, ella sorprendida y como descubriendo un mundo nuevo se quedo viéndola un rato, segundos después sentí como sus pequeñas manos empezaban a explorar mi virilidad, el verla haciendo eso fue algo indescriptible, allí la tenía a la mas dulce niña tocando con sus inocentes manos mi sexo.

Esa emoción quedo pequeña a comparación de sentir sus labios puros hasta ese momento, en mi erecto pene, que fue bendecido con un beso cariñoso y delicado, ese fue sin duda uno de los momentos sublimes de mi existencia, pues allí estaba Helen postrada en mis piernas, con sus pequeñas manos sosteniendo mi verga, sus ojos atentos en cada cm de piel que se erguía enfrente de ella y con sus labios degustando su nuevo amigo.

Tras unos minutos en que ella hacía esto, levanto su carita y con gesto de ingenuidad me pregunto que mas debía hacer, pues con los nervios se había olvidado de cómo en la película la mujer continua su faena. Casi balbuceando de placer le informé de lo que debía hacer:

-¿te acuerdas de los chupetes que me invitaste la primera vez que nos vimos?

-Si me acuerdo, eran helados de fresa. Me respondió con extrañeza.

-pues ahora debes de imaginar que lo que tienes entre las manos es uno de esos.

-Pero el tuyo esta caliente y más duro, no creo que lo pueda morder. Me dijo bromeando mientras hacía el ademán de morderlo.

-Noo espera! así no…le dije casi levantando el tono de voz.

-Ya lo sé, solo estaba bromeando. Me respondió mientras se empezaba a tragar mi virilidad.

Yo no respondí nada estaba extasiado de ver como introducía mi pinga en su pequeña boquita.

-Así esta bien me pregunto como si estuviese rindiendo una evaluación en el colegio.

-Biiiieeen, biieen, lo estas haciendo bien, pero debes de chuparla como cuando le sacas el jugo al helado, debes de succio….(no fue necesario terminar la palabra pues sentía como Helen succionaba con todas las fuerzas que sus pulmones le permitían)naaaarrr, concluí de exclamar tras unos segundos.

No tengo idea del tiempo que pasó, pero para mí fue algo que debió durar más de 15m. Aunque yo quisiese que dure por toda la eternidad. Helen aumentaba cada vez mas el ritmo, como si disfrutase del verme la cara rebosante de placer y a cada articulación de placer que brotaba de mi garganta ella agilizaba mas sus movimientos y succionaba primero torpemente pero después con gran pericia, notoriamente mas profundo. Yo alucinando en un mar de éxtasis exclamé acaloradamente:

-Me vengo, ya voy a terminar.

Pero una pausa que Helen hizo para preguntarme algo, retuvo momentáneamente los mares de leche caliente que pedían a gritos salir.

-¿Cómo que te vienes? ¿Qué significa eso de que ya vas a terminar? ¿hice algo malo? Me pregunto con su rostro lleno de tristeza, pues creía que me había decepcionado.

-No al contrario, todo lo has hecho muy bien, es por eso que voy a terminar le dije un tanto angustioso pues quería que continuase.

-¿Y como es que vas a terminar? Me pregunto con mucha curiosidad.

-¿Te acuerdas que en la película llega un momento en que del pene del hombre sale algo blanco como leche?

-Si me contesto, mi amiga me dijo que sabe muy rico, y siempre le pide a su tío que le vierta esa leche en su boca. Me contesto presurosa relacionando lo que le decía con lo que su amiga le confesó.

-Pues si, pero no a todas le gusta, es cuestión de que pruebes.¿Te animas o no?. Esto se lo pregunte mientras mi corazón estaba golpeando mi pecho casi hasta salirse, pues con solo imaginar vaciándome en su pequeña boca, regando un poco de semen en su blanca y tierna cara, pues era realizar uno de los mas anhelados sueños que tenía con ella.

-Si quiero probar de tu leche. Contesto en forma segura y deseosa. ¿qué debo hacer?. Pregunto a continuación.

-Solo debes continuar con lo que estabas haciendo pero debes de moverme la pinga de arriba hacia abajo con tus manos mientras haces lo mismo con la boca, ojo que no debes dejar de chuparla por ningún motivo, haga el ruido que haga, o el movimiento que haga.

Ella sin pronunciar palabra empezó nuevamente con la faena, pero esta vez se notaba claramente su ansiedad por probar el néctar masculino, Helen se movía de arriba a bajo succionando con fuerza. En poco tiempo puso mi verga a punto de estallar. Al sentir que se me venía todo el líquido blanco trayendo junto a esto el más celestial orgasmo de mi vida, con un rápido movimiento me levante y la tome de la cintura echándola boca arriba y yo postrándome de rodillas encima de ella con el órgano apuntando a sus inmaculados labios, deje salir el torrente de semen, el que salió en forma violenta y en cantidades nunca antes alcanzadas por mí.

Ella aguardaba con la boquita abierta, recibiendo gran parte de mi jugo reproductivo. La primera reacción de ella fue el cerrar la boca en el primer chorro, pues estaba sorprendida ante el nuevo sabor que experimentaba, la verdad es que no sé si le gusto o no, pero después del primer trago ella volvió su mirada hacia mí, parece que se percató del placer que me estaba ocasionando y simplemente cogió mi pene y lo llevó nuevamente a su boca la cual estaba otra vez abierta dando la bienvenida a las ráfagas de leche que aún estaban brotando. (Ojo que esta reacción de Helen de tragarse o no mis fluidos sexuales tan solo duro unos milisegundos, pues yo no tengo tanto semen como para que el vaciado dure un minuto).

Allí estaba yo, con el pene descansando sobre los labios de mi Helen, los que aún acariciaban y besaban en forma juguetona mi extasiado miembro. De su rostro brotaba una sonrisa divina y coqueta, que dibujaba la complicidad de continuar con nuestros juegos, con todo lo que nuestra nueva amistad traiga para que ella pueda aprender de las experiencias que aún le faltan vivir. Al verla así le limpie la boca con mi pañuelo, la bese tiernamente en los labios para luego echarme junto a ella y colocando mis brazos alrededor de su pequeña cintura, deseaba abrazar su alma y poder entrelazar nuestros caminos en un solo sueño. Una sonrisa se apoderó de mi rostro pues había conquistado una ilusión que creía imposible de realizar, pero gracias a mi dulce niña que ayudo a vencer mis temores y forjó el camino hacía este encuentro, es que ahora puedo contar esta historia

Continuará

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