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El relato erótico "El plan, Parte 20" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. El Plan, Parte 01
  2. El plan, Parte 02
  3. El plan, Parte 04
  4. El plan, Parte 05
  5. El plan, Parte 06
  6. El plan, Parte 07
  7. El plan, Parte 08
  8. El plan, Parte 09
  9. El plan, Parte 10
  10. El plan, Parte 11
  11. El plan, Parte 12
  12. El plan, Parte 13
  13. El plan, Parte 14
  14. El plan, Parte 15
  15. El plan, Parte 16
  16. El plan, Parte 17
  17. El plan, Parte 18
  18. El plan, Parte 19
  19. El plan, Parte 20
  20. El plan, Parte 21
  21. El plan, Parte 23
  22. El plan, Parte 24
  23. El plan, Parte 25
  24. El plan, Parte 26
  25. El plan, Parte 27
  26. El plan, Parte 28
  27. El plan, Parte 29
  28. El plan, Parte 30
Tiempo de lectura: 4 minutos

Capítulo 20. ¿Celos? Y más.

– ¿Quieres continuar?, será solo por tu vagina.

– Sí, claro, me estaba divirtiendo hasta que empezó a doler, además es temprano aun.

Dicho esto los besos y caricias no se hicieron esperar, después la eche en la cama, con un condón puesto me tendí sobre ella y la penetré, la embestía como siempre, poco tiempo pasó para que la situación dolorosa quedara atrás, todo era placer en ese momento, su orgasmo llegó nuevamente entre gritos, al sentir llegar el mío me salí de su interior, rápidamente me quité el preservativo, y descargue todo en un par de chorros, bañando su cara y su pecho, ella cogió un poco de semen que se roció cerca de su boca y lo miró.

– ¿Ahora, que hiciste?

– No debo terminar dentro tuyo hasta que estemos bien protegidos.

– Entiendo, así que esto es lo que me metes adentro, solo no es tan malo, pero no se debe mezclar con whisky, jajaja, ahora tiene un olor muy peculiar, pero después de un rato en mi cosita huele feo.

– Jajaja, no te hará daño, siempre me he cuidado mucho y te cuidare también.

– ¿Aun tienes esas cosas? (señalando al condón que acababa de tirar)

– Sí, compré media docena.

– ¿Entonces podemos seguir?

– Claro.

Se echó sobre mí en posición de 69, rápidamente estábamos a tono de nuevo, la acomodé echada de costado, me puse detrás de ella y la empalé, levanté una de sus piernas con mi mano, volvimos a llenar de gemidos la habitación, estábamos en lo mejor cuando sonó mi móvil, ¿Quién podría ser a esta hora?, no contesté, seguí bombeándola, instantes después comenzó a sonar nuevamente

Ella un poco molesta dijo

– Contesta, o apágalo, has que nos dejen en paz.

– Claro, disculpa.

Era Elizabeth, ¿Qué habrá pasado?, seguramente algún imprevisto para mañana, ya lo solucionaría, siempre lo hacía.

– Aló, Eli, ¿qué ocurre?

E: Hola…, (solo cuando tuvimos sexo me llamaba por mi nombre, la noté un poco ebria) disculpa que te llame tan tarde, pero hoy no quise cancelar así, tenía ganas de celebrar, también estuve trabajando por más de dos meses en ese contrato, estoy feliz de haberlo conseguido, es solo que él me pidió salir con mucha anticipación, no podía cortarlo.

– Descuida, tu puedes escoger con quien salir, además por algo estas con él, no te aflijas por eso.

E: Es cierto, es solo que yo…, no sé si lo quiero, es tan amable pero…, sabe ya estoy en casa, si tiene ganas de salir, aunque sea tan tarde, pues…

– ¡¿Quién es?! ¡Córtalo ya!, no puedo esperar más (interrumpió con su tierna voz).

E: ¡Oh!, lo siento creo que interrumpo, jefazo, ¿esta con una jovencita?, se aseguró que tenga documentos, puede tener problemas, jejeje, lo siento no debí decir eso, además tal vez sea mi culpa, nos vemos, no vaya a embarazar una colegiala, cuídese.

– No soy tan tonto descuida, descansa Eli, ya hablaremos, cuídate tú también.

Corté y dejé el móvil en su sitio, creo que ya sabía que me esperaba.

– ¿Con quién hablabas?

– Era mi asistente.

– ¿Qué quería?

– Problemas en la oficina, estoy de vacaciones y me llamó por que algo se le sale de las manos.

– No parecía ser así.

– Oye, no te enojes, (entonces comencé a embestirla nuevamente), tu eres mi mujercita, además tú me dijiste que conteste.

– Está bien, continuemos.

Así terminamos, toda la noche, hasta que se me terminaron los condones, de todas maneras acabamos rendidos, se lavó los dientes y cuando iba a ponerse el pijama la detuve.

– No te pongas esto, no te hace justicia, te compraremos algo más adecuado para cuando te quedes conmigo.

Se puso roja, pero asintió, nos acostamos, rápidamente caímos dormidos, otra vez fue un día muy largo, desperté a más de las 10:00 am, ella aún estaba dormida, la mezcla de pasión y alcohol la había dejado agotada, al ver la hora me asusté un poco, la desperté.

– Es tarde, olvidaste poner la alarma, tu madre ya debe haber llegado.

Tranquilo, no la puse adrede, mi madre si debe haber llegado pero estoy segura que no notó mi ausencia, llega a dormir, ni siquiera revisa, si estamos, aún tenemos tiempo, prepararé el desayuno, ¿dónde está la cocina?

– Pues, no tengo cocina.

– ¿Cómo qué no?, ¿siempre comes afuera?

– No, la verdad no vivo acá, solo me quedo en las noches por ti.

– ¿Dónde vives entonces?

– Cerca de acá en una casa.

– Bueno te perdiste de probar mi comida, soy buena cocinando, a veces cocino para mi hermana y madre.

– Me encantaría probar tu sazón, después de todo tu eres deliciosa, pondré una cocina, tengo espacio de sobra.

– Vaya, ¿tienes dinero para desperdiciar, verdad?

– Gastar en ti no es desperdicio.

– Gracias, ¿Me llevaras a tu casa?

– Claro, cuando quieras.

– Que tal hoy, después de ir con la doctora, cocinare para ti, ¿ahí si tienes cocina verdad?

– Si tengo, ¿pero no te echaran de menos en casa?

– Está todo arreglado descuida.

– Bien por ahora ve a desayunar a tu casa, tenemos que salir en una hora, además deben llegar pronto los que instalaran el armario nuevo, no deben encontrarte.

– Ok, nos vemos.

Nos despedimos con un beso, vi cómo se iba caminando un poco raro, diferente de la primera vez, comí algo que tenía por ahí, ordené un poco la habitación, justo a tiempo llegaron a poner el armario, era una empresa muy seria, ya les había encargado cosas antes, tenía confianza pero para más seguridad traje a don Carlos, un conserje del edificio de mi empresa, hombre mayor muy servicial y de mi total confianza, ya le había encargado trabajos similares por un dinero extra, llegó puntual como siempre, le encargué todo y salí al estacionamiento, bajé por las escaleras a modo de hacer algo de ejercicio, había dejado de ir al gimnasio casi dos semanas, pasando por el cuarto piso vi a la pareja de aquel día dirigiéndose con algunas cajas hacia el apartamento 404, los espié un poco, era un hecho que se estaban mudando al apartamento, la esposa estaba realmente muy bien, “¿cambiarán las llaves y la alarma?” pensé, un par de ideas maliciosas se pasaron por mi cabeza, pero nada más, continúe mi camino.

Continuará

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