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El relato erótico "El camino a la depravación de una madre, Parte 02 (de Johernan)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. El camino a la depravación de una madre, Parte 01 (de Johernan)
  2. El camino a la depravación de una madre, Parte 02 (de Johernan)
  3. El camino a la depravación de una madre, Parte 03 (de Johernan)
  4. El camino a la depravación de una madre, Parte 04 (de Johernan)
  5. El camino a la depravación de una madre, Parte 05 (de Johernan)
  6. El camino a la depravación de una madre, Parte 06 (de Johernan)
  7. El camino a la depravación de una madre, Parte 07 (de Johernan)
  8. El camino a la depravación de una madre, Parte 08 (de Johernan)
  9. El camino a la depravación de una madre, Parte 09 (de Johernan)
  10. El camino a la depravación de una madre, Parte 10 (Final) (de Johernan)
Tiempo de lectura: 16 minutos

María estaba dispuesta a no perder la granja. Por lo que se dispuso a vender la mercancía de cualquier manera, que con tanto esfuerzo los trabajadores se habían esforzado en producir. En la mañana reunió a sus hijos antes de salir para el colegio y les dijo que ella se iba a encargar de los negocios de su difunto esposo, entonces encargo a Juanita para que cuidara a sus hermanos mientras ella no estaba en casa.

Después que María quedo sola, se dispuso a vestirse para salir a su primer día de trabajo, fue al closet y saco sus vestidos negros que había comprado para guardar el luto. Todos eran del mismo modelo por lo que tomo uno y se lo puso, entonces fue al espejo, el vestido era de una tela suave y se ajustaba a su cuerpo pero la falda estaba por debajo de las rodillas, y cerrado al cuello. Ella solo había usado estos vestidos en el funeral, desde entonces no había salido de la casa. Ella se quitó el vestido, y rápidamente le hizo algunos arreglos en la máquina de coser. La costura era su hobby desde pequeña, su mamá era costurera y le había enseñado, ella disfrutaba cociendo. Después de hacer los arreglos se lo puso, se miro en el espejo y sonrió, tomo el maletín y salió. Cuando llego al primer negocio ella estacionó la camioneta, y después de acomodarse su vestido y calzarse con unos tacones altos, entro al local. El lugar estaba vacío a esta hora y un jovencito como de la edad de Pedrito estaba acomodando algunas verduras. María se dirigió donde estaba el niño, que no apartaba la mirada de ella, un cosquilleo recorrió el cuerpo de María, entonces dibujo una sonrisa y sensualmente dijo:

“¿Buenos días hijo, cómo te llamas?”

Sin apartar la mirada de la hendidura de las tetas de María, respondió

“Pedro, señora.”

María estaba consiente donde estaba fija la mirada del niño, entonces ella bajo su mirada y notó que las mitades de los globos de sus tetas estaban a plena vista y parecían que luchaban por salirse, después disimuladamente miro la horca del muchacho y pudo notar un pequeño bulto, en vez de sentirse avergonzada ella empezó a sentir un cosquilleo de excitación que recorría su cuerpo, añadió:

“¿Qué edad tienes, hijo?”

El niño estaba incomodo porque noto que la señora no apartaba la mirada de su horca, rápidamente dijo:

“Trece señora”

“Uhm, Justo mi hijo también se llama Pedro y tiene trece años como tú. ¿Dónde está don Manuel?”

“En el almacén haciendo inventario, si usted lo busca yo lo puedo llamar.”

“¿No es necesario, será que puedo pasar al almacén para hablar con él?”

“Puede pasar. El almacén está detrás de aquella puerta.” Señalando al fondo.

“Gracias cariño. ¿Por qué no estás en la escuela?”

“Hoy no fui porque tuve que ayudar a mi abuelo aquí en la tienda, él necesitaba hacer el inventario y no tenía a nadie que atendiera la tienda mientras tanto.”

“¿Donde estudias?”

“En el colegio Santa María, octavo año.”

“Qué casualidad mis hijos también estudian en el mismo colegio y mi hijo Pedro también está en octavo.”

“Yo conozco a Pedro, él y yo somos buenos amigos.”

“Bueno yo le diré hoy que te conocí. Voy a ver a don Manuel. Chao.”

Alejándose del muchacho, mientras se dirigía a la puerta del almacén el niño se quedo mirando como aquella voluptuosa mujer meneaba su trasero. María atravesó la puerta y llamo a Don Manuel. Cuando escucho un “sí”, como respuesta al fondo, y la bulla de algunas cajas, ella dijo: “Soy la señora María, la viuda de José, que le vendía mercancía. ¿Puede atenderme un momento?”

“Lamento la muerte penosa de su esposo en ese accidente. Pase hasta aquí porque estoy atareado, tengo que hacer todo esto hoy. Por favor acérquese.”

María avanzó, al final estaba Don Manuel de espaldas acomodando unas cajas, un hombre de unos 60 años de edad, alto y fornido. Cuando ella estaba a su espalda, aclaro la voz de manera audible, entonces Don Manuel dejo las cajas y se volteo. Don Manuel había visto a María en el funeral, y había quedado impresionado por su voluptuoso cuerpo a pesar que el vestido que llevaba entonces ocultaba mucho de sus encantos. Pero el vestido que llevaba hoy, lejos de ocultar sus encantos los acentuaba: su vestido era negro con falda corta y escasamente llegaba a medio muslo, pero tenía dos aberturas a cada lado que llegaban a la altura de la horca; el vestido estaba ceñida a su cuerpo y hacía resaltar su gran trasero y el plano de su vientre. El vestido era escotado y dejaba ver gran parte de la hendidura de sus grandes tetas, la mitad de sus melones sobresalían claramente a la vista. Rápidamente María noto la mirada descarada de Don Manuel. Ella dejó que él la mirara, y disimuladamente se inclino un poco para revelar más de los globos de sus tetas, mientras le explicaba su situación.

El delantal que llevaba puesto Don Manuel le tapaba el tremendo hard-on. Sin embargo María noto el bulto, mientras se mordía su labio inferior. Don Manuel Dijo:

“Señora; no sé cómo decir esto, pero vino otro proveedor y… bueno yo pensé…”

“Don Manuel no me diga eso, por favor entienda mi situación.” Entonces se acerco y apoyo su cabeza y tetas contra el pecho del viejo, entonces empezó acariciando sus pechos, añadió. “Yo estoy dispuesta hacer cualquier cosa, realmente estoy desesperada.”

Don Manuel no podía resistir aquella mujer, `dicen que las oportunidades las pintan calvas.’ Se quedo allí, sin hacer el menor esfuerzo por alejarse de ella. María prosiguió siendo más atrevida y poco a poco bajo su mano hasta la entrepierna. Dijo: “Si usted me ayuda Don Manuel, yo estaré infinitamente agradecida de usted.”

María salió de la tienda media hora después con una sonrisa, y por supuesto limpiándose su boca después de haber chupado y tragado los 25 centímetros de palo de Don Manuel. No solo le había vendido la cuota que normalmente le vendía su esposo, sino que él seguiría comprándole a ella. Claro a cambio recibiría un trato especial.

María regreso a su casa, estaba satisfecha porque no le había ido tan mal en su primer día. Cuando llego, sus hijos ya estaban en casa reunidos en la sala viendo la tv. María inmediatamente noto las miradas de asombro de sus hijos, ellos nunca la habían visto vestida de esa manera. Para ellos su mamá era una madre enchapada a la antigua, con vestidos largos, o faldas que iban más debajo de las rodillas. Entonces Pablito que siempre era muy espontaneo y a veces había recibido una que otra palmada por la boca por soltar las palabras, dijo: “Mamá esta vestida como una puta.” Después se tapo su boca, mientras esperaba la manotada de su mamá, con temor. Sus hermanos miraban a su mamá y a Pablito, esperando el momento que saltara sobre su hermano y lo manoteara, sin embargo en vez de eso, María permaneció como si no hubiese escuchado nada. Juanita agrego: “¿mamá porque estas vestida de esa manera?”

Todos los demás hermanos estaban expectantes por la respuesta de su mamá, María respondió: “Niños es mejor que me escuchen y entiendan. Ustedes saben que tu papá que en paz descanse estaba trabajando duro por mantener la granja. Las cosas no estaban muy bien y por eso el se vio obligado a vender los productos lejos. Ya la gente no puede comprar como antes, entonces es muy difícil vender, y cuando se vende quieren pagar un mísero precio. Pero él no se desanimo y lucho duro para poder pagar todas las deudas que se estaban acumulando. Él no quiso vender la granja porque fue una herencia, y si la hubiese vendido escasamente podríamos vivir en un barrio. Además de que iba a trabajar, si toda su vida fue granjero. Por eso yo lo apoye todo ese tiempo. Y yo lo único que he hecho en mi vida es dedicarme a la casa y a ustedes, pero ahora que él no está, que creen ustedes que debo hacer. Pensé que lo mejor es seguir con la granja y asumir trabajo de tu papá, y esperar que las cosas mejoren, entonces podremos contratar a alguien que se encargue de las ventas.

(Después de una pausa agrego) Niños, había días que tu papá llegaba destrozado y deprimido, porque las ventas no eran suficientes para pagar las deudas. Él me decía que había mucha competencia y los clientes eran difíciles de convencer. Entonces esta mañana cuando me vestí con el vestido de luto para ir a visitar a mi primer cliente del pueblo me veía más como una adolorida y desvalida viuda, que daba lástima y no como la agresiva y decidida vendedora. Como yo no tengo ninguna experiencia en ventas, pensé que podría usar mis atributos femeninos y por eso hice algunos arreglos a este vestido. Y a no ser por la decisión que tome hoy no hubiera vendido la mercancía a Don Manuel, pero además logre que él renovara el contrato de nuevo por otros seis meses”.

Después que su mamá guardo silencio, Juanita dijo: “Si, bueno mamá pero no te parece que el vestido está un poco, usted sabe…”

“Vulgar, es eso lo que me vas a decir. Bueno déjeme decirte esto jovencita y a ustedes niños, la vida de una mujer es dura en un mundo de hombres. Por eso nosotras tenemos que recurrir a nuestras armas, así como los hombres utilizan las de ellas. Ahora nosotros estamos solos y debemos apoyarnos unos a otros, y además allí tenemos una granja que mantener y trabajadores que dependen de nosotros, y yo le jure a mi difunto José que haría cualquier cosa para conservar la granja. Y créenme esto, no estoy bromeando si yo tengo que ir desnuda a visitar un cliente para vender la cosecha, lo haré. Ese sacrificio no sería nada comparado con todo lo que mi querido José hizo por nosotros.”

Los niños nunca habían escuchado a su mamá expresarse de esa manera, en cambió la conocían como una madre estricta que no permitiría ningún comportamiento, que rayara en lo moral. Era la primera vez que alguno de ellos había visto las piernas de su madre, siempre usaba vestidos o faldas y algunas veces batas de casa que siempre llegaban unos centímetros de los tobillos. Ahora no solo estaba vestida con un vestido que mostraba las piernas hasta medio muslo y si cualquiera de ellos era detallista podría incluso ver parte de sus nalgas, cuando se agachaba, y el top que dejaba al descubierto prácticamente media teta, sin dejar mucho a la imaginación. E incluso hablaba de ir desnuda si el caso fuera necesario.

Patty dijo espontáneamente e inocentemente: “guao mami usted iría desnuda a vender.”

María se sentó en el mueble que estaba frente al sofá donde los cuatro niños estaban viendo la tele, y respondió: “Cariño es solo un decir, pero lo que quise decir es que haré cualquier cosa para cumplir mi promesa que hice a José.”

Pedrito en un tono un poco más serio dijo: “Mamá pero que, si alguien te dice que vaya desnuda a la tienda. ¿Usted iría?”

“En realidad no lo sé, pero si no tengo otra opción lo haré.”

Pablito dijo sin pensarlo. “Me gustaría eso.”

“Cállate Pablito” grito Juanita.

“Que te pasa, estas envidiosa. Mami Juanita le gusta andar en el colegió con la falda que casi se le ven las pantaletas, y no me digas que no porque yo te he visto.”

“Cállate Pablito”

“Es verdad mami yo también la he visto, y cuando ella y yo estamos solas en la casa, le gusta andar desnuda por la casa.”

“Cállate Patty.”

María en otro momento ya hubiese, reprendido duramente a sus niños. Pero contrarío a eso, una sonrisa se dibujo en su rostro. Entonces dijo interrumpiendo la discusión: “Ya Juanita. Me parece que este es un buen momento para que todos seamos sinceros. ¿Y tú Pedrito que tienes que decir, has visto a Juanita en esas faldas cortas, también?”

“Casi siempre. Pero casi todas las muchachas del colegio lo hacen y los profesores también lo saben y no dicen nada, incluso hay maestras que llevan unas faldas casi tan cortas como las que ella usa. A mi parece que está bien.”

“A mí también, cuando yo era más joven que Juanita, también me gustaba llevar las faldas cortas, justo como juanita cuando no había ningún profesor a la vista. Incluso le voy a contar mi secreto de adolescente. Yo antes de dejar el colegio para ir a la casa iba al baño y me quitaba las pantaletas, y me subía las faldas tan alto como pudiera, e iba a mi casa caminando contorsionando mis caderas para que todos me vieran.”

“Guao, mami eso debe ser Cool. Dijo Patty.”

“Si que lo es cariño, y por eso digo que ojala un día alguien me rete a ir desnuda a su tienda, yo iría pero necesito que me empujen, porque sola, por mi cuenta, no sería capaz.”

“¿Guao, mami usted sería capaz?”

“Sí cariño me siento que puedo hacerlo. Toda mi vida he tenido un sueño de ir por las calles desnuda y que las personas me vean, y me digan cosas obscenas. Eso siempre me ha excitado.”

“Guao, mami. Eso es Cool.”

“Por eso si Juanita quiere mostrar su cuerpo, me parece bien, no sería justo que yo se lo prohibiera.”

“Guao mami. Yo también puedo.”

“Si cariño tú también puedes. Además estoy segura que con ese cuerpo vas a babear más de un pervertido. Yo recuerdo que cuando tenía tu edad, los amigos de papá se reunían en casa los sábados en la noche para jugar y tomarse algunas cervezas. Mi mamá no permitía que tú tía Elena y yo usáramos el baño, mientras la casa estuviera llena de hombres tomando cerveza y yendo al baño a cada rato. Entonces nosotras teníamos que bañarnos en el patio con un perolito y sacábamos agua de un depósito donde manteníamos agua para cuando había escases. El patio estaba al frente del porche de la casa donde se reunían mi papá y sus amigos, pero también cualquiera que pasara frente a la casa podría vernos. Mi mamá nos había comprado dos bikinis de dos piezas tanto a Elena como a mí. Mientras nosotras nos bañábamos éramos el centro de las miradas de todos y nosotras durábamos horas allí, mientras nos reíamos de las miradas de todos esos viejos pervertidos.”

Juanita dijo: “Mamá el otro día vi a Pedro y Pablo que estaban fisgoneando en la puerta de su cuarto mientras usted se cambiaba, cuando vieron que yo los estaba viendo salieron corriendo a sus cuartos.”

Las miradas de Pedrito y Pablito se clavaron en Juanita, mientras Patty miraba a su mamá y a sus hermanos. María rápidamente intervino antes que se formara una discusión: “Sí ya lo sabía, y sé que no es la única vez, yo dejo la puerta sin seguro a propósito, como dije a mi me gustan que me miren. Eso no es de extrañar en jóvenes de su edad. Ellos son curiosos, y las primeras hembras que tienen a la vista son sus hermanas y por su puesto su madre. Yo estoy segura que todos los jovencitos hacen lo mismo en sus casas. ¿Usted no ha estado curiosa por saber que tienen ellos ahí abajo en sus horcas que nostras no tenemos, Juanita?”

Juanita vaciló un momento, entonces respondió: “Bueno e…e…este sí.”

“Ve, como yo pensaba.”

La conversación seguía mientras el sol se estaba poniendo y la noche ya se apoderaba de la granja, de repente se escucho el ladrido del perro afuera en la perrera. El perro se mantenía amarrado de día, para evitar que fueran a morder a alguien o corriera a la carretera y lo atropellara algún carro. Pero de noche lo soltaban para que cuidara, la casa. María se levantó y salió al porche para ver que estaba molestando al perro. Aunque la oscuridad ya se estaba apoderando, aún se podía ver a lo lejos. No vio nada, aunque el perro seguían ladrando, `Debe ser algún animal suelto que paso’ pensaba, entonces se dispuso a entrar a la casa. En el momento que dio la espalda para entrar a la casa, una mano la tomó por el cabello, y un revolver le hirió la espalda, entonces una voz masculina dijo:

“No haga ninguna cosa tonta si quiere seguir viviendo.” Entonces el hombre la empujo adentro. Los niños que aun estaban reunidos esperando a su mamá, quedaron paralizados de miedo cuando vieron que su mamá era empujada por un extraño. El hombre dijo: “Yo no les voy hacer nada si ustedes prometen hacer lo que yo les diga.” El hombre empujo a María al asiento donde ella estaba sentada más temprano. Cuando cayó en el asiento la falda se le arremolino en la cintura dejando el dobladillo al borde de la horca, enseñando las mini pantaletas rojas. La mirada de todos se poso sobre su horca. Ella bajo la mirada y se dio cuenta de su exposición vulgar, entonces trato de levantarse un poco para bajar la falda. Pero escucho la voz del hombre: “Quédese donde esta puta. No hagas nada.”

María levantó la mirada al hombre por primera vez y vio que llevaba un uniforme de presidiario. El miedo se apodero aún más de ella. Ella había escuchado en la radio en la tarde, que un peligroso violador se había escapado de la cárcel, y aconsejaban a todos a mantener las casas aseguradas mientras era aprehendido de nuevo. También se estaba dando una recompensa por cualquier información que llevara a la captura. Miró a los niños y vio la mirada de miedo en sus ojos, entonces, tomando fuerzas, trago duro y calmadamente dijo: “No nos haga daño por favor. Arriba de la mesa está el dinero en efectivo que tenemos. Puede tomarlo.”

“Cállate puta. Ahorita lo que tengo es hambre. Tráigame algo para comer. Yo la voy a estar vigilando y si hace algo estúpido, tus hijos van a pagar. ¡Vamos Muévete!”

María se levantó con temor, para ir a la cocina. Pero cuando se disponía a marcharse, escucho:

“Yo no he dicho que te muevas. Tenía tanto tiempo encerrado en ese maldito penal, y no había visto una mujer tan buena como usted, señora. De seguro no es difícil tener un hombre que este babeándose por usted.”

“Gracias señor.” Respondió María con voz temblorosa.

“Ahora quítate esas faldas, que quiero ver tu trasero.”

“Señor por favor, tenga compasión de nosotros. Ellos son mis hijos, y nosotros somos una familia cristiana.”

“Bueno entonces sería mejor que tu preciosa hija mayor se desnudara, para mí.”

“No, no está bien, yo me quito la falda.” Con eso María se soltó la falda con dedos temblorosos, y dejo caer la falda a sus pies, quedando de pie frente al hombre y a sus hijos. Inmediatamente bajo sus manos y cubrió su horca.

“Venga acá perra.” María se acercó al alcance del hombre. “Date vuelta.”

María se giro y el hombre empezó a manosear sus grandes nalgas, estrujándolas y abriendo sus nalgas, dejando a la vista de él y de sus hijos, el hueco del culo. “Uhm, uhm que rico, tanto años que no acariciaba, algo así.” El hombre se mantuvo unos minutos más manoseando y estrujando las nalgas de María.

“Ahora quítate la blusa, puta que quiero ver las tetas.”

María quería negarse de nuevo, pero no lo hizo, en cambio quito las manos de su horca y rápidamente soltó los botones de la blusa y se la saco dejándola caer al piso. “Date vuelta.”

María se giro de nuevo, pero esta vez no bajo las manos, para proteger sus zonas íntimas, más bien coloco las manos en sus caderas, y apunto al hombre sus grandes tetas, que querían salirse de sus sostenes rojos de media taza. Los niños ya se estaban acostumbrando a la presencia del extraño que estaba siendo entretenido por su mamá. El hombre había dejado el revólver sobre una mesita cercana. Los niños y María lo habían notado. Esto la tranquilizó. El hombre manoseo las tetas de María unos segundos. Entonces él mismo giro a María, y dándole una fuerte palmada en las nalgas que la hizo saltar y chillar. La mando a la cocina. En la cocina María había notado que ya no tenía miedo, extrañamente en cambio se sentía cachonda. Sentía que la horca de su mini panty estaba mojada. Preparó al hombre una comida rápida, ante la mirada atenta de él y de sus hijos, que desde la posición donde estaban podían verla.

Después de preparar el alimento María llevó el plato a la sala y lo coloco sobre la mesita. El hombre había puesto la pistola sobre su regazo. El hombre aparto la mesa, entonces se sentó en la orilla del asiento donde estaba sentado, abrió los botones de su bragueta, y expuso su miembro flácido que parecía un salchichón, de unos 25 centímetros de largo y al menos cinco de grueso. Los ojos de María se abrieron, de asombro y temor nuevamente. Ella pensaba que quizás el hombre comería la cena y luego tomaría el dinero y entonces abandonaría la casa, pero no. Más bien estaba allí mostrando a todos un palo del tamaño que ella nunca se imagino, que podría existir. Ella sabía que el miembro de su esposo era pequeño y delgado, pero ni en sus más húmedos sueños se pudo imaginar uno de este tamaño. Este era grande y grueso y estaba flácido, ella se maravillo que tamaño tendría cuando estaba erecto. Ella levantó la mirada del miembro y volteo a mirar a sus hijos. Lo que vio, la perturbó aún más. Tanto Juanita como Patty estaban hipnotizadas con ese palo. En cambio, Pablito y Pedrito tenían la mirada puesta sobre ella, como si quisieran adivinar que estaba pensando. El hombre la saco de sus pensamientos cuando gritó:

“¡No te quedes ahí parada perra! Agáchate en cuatro y venga acá.”

María nuevamente dirigió la mirada a sus hijos y noto que todos parecían interesados en ver lo que ella iba hacer. No percibió miedo en lo más mínimo en ninguno de ellos. Entonces pensó que no tenía caso luchar. Ella se agacho y se puso en cuatro, y agachas fue al regazo del hombre hasta que podía oler el fuerte olor del miembro. El hombre tomo un manojo del cabello de ella y la empujo hacía él hasta que la cabeza estaba completamente sobre la horca. Él dijo: “Ahora lame mi guevo como una buena perra.” María levantó la mirada a él como si quisiera suplicar, entonces a sus hijos. Pedro y Pablo tenían una sonrisa dibujada, mientras Patty y Juanita, estaban en expectativa, esperando. Ella sabía cómo complacer a un hombre con la boca, ella había mamado el guevo de su esposo incontables veces, y algunas veces hasta lo había hecho allí en la sala, con él sentado justo donde estaba sentado el hombre. También aquella tarde había ganado el contrato con Don Manuel, utilizando su boca. María aguanto la respiración un poco mientras se acostumbraba al fuerte olor que emitía la horca del hombre. Entonces tímidamente abrió la boca y empezó a dar pequeñas lamidas al salchichón que sobresalía de la horca. El tipo entonces agarro el plato y lo coloco sobre la espalda de María y empezó a comer. Los niños no dejaban de mirar a su mamá lamiendo, aquel trozo de carne. Al rato la excitación nuevamente se apodero de María y empezó a lamer con entusiasmo. El hombre empezó a sentir el efecto de las mamadas, y el miembro se puso erguido alcanzando, unos treinta centímetros y unos ocho centímetros de grueso. María estaba demasiado excitada para mostrar algún tipo de recato, entonces se dispuso a lamer aquel bello espécimen descaradamente, no solo lamiendo sino tragando el miembro hasta donde podía. Ella había aprendido el arte de la garganta profunda, los escasos quince centímetros de su esposo ella los podía tragar hasta que los labios tocaban las bolas, y luchaba por tragar lo más que podía con este. María no se había dado de cuenta, o no le importaba ya, que las tetas colgaran libres mientras batían de lado a lado, como peras de boxeador. El hombre se inclinó hacia adelante y empezó a bajar las mini pantaletas, María abrió las piernas para permitirle mejor acceso. Al rato la mini panty estaba en las rodillas de la mujer. El hombre manoseaba las nalgas y coño de María mientras comía y limpiaba las manos llena de grasa y comida. El hombre retiro el plato vació de la espalda y entonces se dedico a manosear todo el cuerpo de María. Ella empezó a responder a las caricias meneando el cuerpo y caderas al ritmo de sus mamadas. Entonces como a los veinte minutos de mamar un chorro de semen se disparo directamente a su garganta, María trago hasta que no salía ninguna gota, y continúo hasta que el miembro estaba flácido de nuevo. Entonces lo soltó y con ojos vidriados de excitación, levantó la mirada al hombre, como si esperara otra orden. En ese momento se escucho a los lejos y acercándose en el camino una sirena de policía. El hombre se levantó, empujando a María al suelo, y salió de la casa huyendo. Cuando sintieron que la patrulla pasaba frente a su casa, los niños corrieron a la ventana. Entonces vieron cuando pasaba la patrulla. Cuando los niños retornaron a la sala, su mamá había recogido todo su equipo que estaba regado en el piso y había corrido al baño. María salió del baño después de haberse bañado y puesto una vieja bata de casa, como las que normalmente usaba. Los niños estaban en la sala todavía descreídos de todo lo que habían visto. Cuando María fue a la sala todas las miradas se posaron en ella como si quisieran una respuesta a una pregunta. María fue directamente a la ventana y miro hacia la carretera. Pero solo había oscuridad y silencio allí afuera. María regresó a la sala, se sentó y dijo: “Si la policía viene para acá, ustedes no han visto a nadie. Yo no quiero problemas, con nadie. Más bien debemos dar gracias a Dios que nada paso.” Los niños no atinaban a decir nada, entonces María se dio cuenta que ellos querían era saber sobre su conducta, momentos antes.

“Porque me miran así. Yo hice lo que cualquier madre de cuatro en una situación como esta hubiera hecho.” Pero el silencio de los niños parecía preguntar más que las palabras.

“Ok está bien. Exagere un poco, pero no me culpen. Cuando vi que ustedes no estaban asustados, sino más bien interesados en lo que estaba pasando. Me sentí débil, y me deje llevar por mi deseo, además, yo ya tengo meses sin recibir el cariño de un hombre. Perdón ok.”

“Fue Cool Mami.” Dijo Patty en tono travieso. Todos reían. Entonces la tensión bajo.

“A mí me gustaría que regresara de nuevo”, dijo Patty de nuevo.

“Que estás diciendo Patty” rápidamente comentó Juanita.

“A mí también dijo Pablito.”

“QUEEE estás loco.” Dijo de nuevo Juanita.

“Cálmate Juanita, yo te vi también y a Patty, y vi como no apartaban la mirada del pene de ese hombre. Entonces deja de fingir. A mí también me impresionó ese pene. El de su papá no era tan grande, pero les juro que este debe ser muy difícil de encontrar, dicen que los negros son bien dotados. Pero definitivamente este hombre tiene uno de caballo. Bueno ya es suficiente de hablar. Es hora de cenar y dormir, porque mañana tienen clase y yo tengo que trabajar”

Continuará

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