ATENCIÓN:

El relato erótico "El aventón" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

Tiempo de lectura: 12 minutos

Era muy temprano, serían las siete de la mañana y el frío apenas se comenzaba a levantar, este tramo de carretera era nuevo para mi ya que nunca antes me había tocado traer alguna carga por este rumbo, el trailer que manejo nunca me ha dejado ningún disgusto referente a fallas mecánicas así que como de costumbre manejaba tranquilamente a unos 50 o 60 kilómetros por hora.

Pasé varios grupos de casitas que se apostaban a la orilla de la carretera y serían como las siete y media cuando a lo lejos alcancé a ver una figura que caminaba a la orilla de la carretera, con forme me iba acercando pude apreciar que se trataba de una escolar ya que su uniforme de color verde la delataba como tal. Cuando la chiquilla escuchó el motor que se acercaba se volvió y me hizo la señal de “aventón”, como ya iba un poco cansado por manejar parte de la madrugada decidí parar y así platicar un tramo con alguien, el vehículo lentamente se fue deteniendo después de dejarla atrás unos veinte o treinta metros y segundos después noté como trepaba al estribo, la puerta ya estaba abierta cuando asomó la linda carita.

– ¡Hola!… ¿Para donde vas?

– Aquí adelante al pueblo de San Pascual.

– ¡Vamos sube!… ¿Cómo te llamas?

– Dolores… – contestó tímida.

– ¿Vas a la escuela?

– Sí…

La platica continuó así mientras yo ponía en marcha el pesado trailer que lentamente comenzó a ganar velocidad, mientras que platicaba con la chiquilla la iba mirando de reojo, su faldita verde a cuadros se había recorrido un poco y asomaban la mitad de sus hermosos muslos color canela, traía puesto su suéter del mismo tono verde, blusa blanca y calcetas del mismo color, zapatos negros y venía peinada con un par de coletas amarradas al final con unos listones de color rosa que contrastaba abiertamente con el cabello azabache. Su cara delicada y tersa dejaba ver unos hermosos ojos color café y sus labios delicadamente esculpidos se apreciaban carnositos, su nariz respingadita le daba al rostro una hermosura natural. Debo antes de continuar describirme, pues comienzo diciéndoles que tengo cincuenta y tres años y soy un hombre fornido y alto, tengo el cabello castaño y corto y a pesar de viajar constantemente me encanta estar presentable en todo momento pues nadie sabe que o con quien se va a encontrar. A decir de los demás mi rostro es agradable y transmite en seguida confianza.
Pues bien mientras platicaba con la joven que acababa de recoger algunos cientos de metros atrás noté que me llamaban poderosamente la atención sus hermoso muslos y lentamente fue creciendo en mi entrepierna una dura protuberancia que la chiquilla no notaba por ir viendo el camino; nunca antes me había fijado en una muchachita de esa edad y ni siquiera me había pasado por la mente nada parecido, pero ella me llamó especialmente la atención no sé por que. Durante nuestra platica le pregunté si tenía novio a lo que ella entre risas me contestó que no pero que había un chico que le gustaba.

– ¿Cómo se llama el chico?

– Esteban…

– ¡Mmm! Muy bien y dime ¿él lo sabe?

– ¡Nooo!

– ¿Y porque no se lo dices?

– Me da pena.

– ¿Y tú ya has cogido? – pregunté a quema ropa.

– ¡He!… No, no sé que es eso… – dijo notoriamente nerviosa.

– Ya sabes, cuando el hombre y la mujer se desnudan y hacen cosas.

– No… no, este… est…

– No tengas miedo… Sabes coger es lo más rico… me extraña que no lo hayas echo… Las chicas como tú ya casi todas han cogido.

– Bueno, algunas amigas me lo han platicado pero… bueno, pues yo…

– Entonces ¿Nunca has visto una verga?

Dolores no contestó, solo movió la cabeza en señal negativa y antes de que ella pudiera reaccionar yo me saqué el bulto y al instante mi palo quedó al aire completamente erecto.

– ¡Mira! – dije a la chiquilla que volteó enseguida y fijó su mirada unos instantes en mi garrote para voltearse enseguida.

– No… no lo había visto. – dijo.

– Pues voltea a verlo… vamos no seas tímida… ¡Vamos míralo!

– No… mejor me deja por aquí.

– Espera buscó un claro.

Cerca de ahí había un pequeño claro y comencé a hacer la maniobra para detenerme en el lugar, la chica abrió la portezuela y apenas iba a descender cuando la sujete por la mano.

– Espera… no te vayas.
Jalé a la pequeña nuevamente al interior y ella asustada se quedó estática y presa del miedo, cerré de nuevo la puerta y cargándola con gran facilidad la metí al camarote del trailer que esta detrás de la cabina. Me bajé el pantalón y los calzoncillos para dejar completamente expuesta mi gruesa tranca.

– ¡Mírala!… Vamos, sin miedo que no muerde… Ya vez… ¿Te gusta verdad?

– Ahora préstame tu manita… tócala… mira que caliente esta… ¿La sientes?

La manita de la pequeña estaba en mi tronco y yo con mi mano se la movía de adelante para atrás masturbándome lentamente.

– ¡Vez que no esta tan mal!… Ahora muévela así… despacito, tú solita.

– ¡Así!… ¡Que bien… aprieta un poco!… ¡Eso, así ah!… ya vez que te gusta.

– Dale un besito en la cabecita… anda… vamos no tengas miedo. Con mi mano empujé la cabecita de la chiquilla y lentamente la fui acercando a mi tronco, la pequeña entonces depositó sobre la cabeza morada un tierno beso con sus labios paraditos.

– ¡No así, no!… Te voy a enseñar para que se lo hagas así a tu amigo.

– Abre tu boca… vamos ábrela – le dije sujetando su cabecita.

– Bien, ahora voy a acercar mi palo… Ya lo sientes… cierra un poquito.

Dolores cerró su boquita alrededor de mi glande y empuje lentamente un poco más de verga, en su cálida boquita, casi enseguida se echó para atrás paladeando el nuevo y extraño sabor; volví a empujar su cabecita contra mi garrote y la pequeña nuevamente recibió la tranca en la boquita, esta vez no se la sacó y entonces moví las caderas de adelante para atrás cogiéndomela lentamente por la boca.

– ¡Usa tu lengua para acariciar el palo!… eso… muévela, muévela así.

– Aprieta tus labios y no uses los dientes… eso es, vas muy bien… querico.

– Voy a meterte un poco más, apenas llevas una cuarta parte.

Empuje más garrote y pronto la chicuela se estaba comiendo la mitad de mi garrote, estaba nerviosa pero ya no se veía tan asustada como al principio,le levante la falda mientras me la chupaba para poder ver sus calzoncitos,traía uno blanco de algodón y enseguida pasé mis dedos por la entrepierna.
Ella apenas y reaccionó a la caricia y entonces pasé a los muslos llenitos y suaves, mis dedos se pasearon por la tersa superficie hasta que llegué a las tobilleras y entonces le desabroche el tirante de los zapatos, la descalcé pocos minutos después y regresé al frente para quitarle el suéter; ella trató de impedirlo pero entonces empujé más de mi tronco y ya no tuvo tiempo pues casi le sepulté en la boca mi tronco completo; el suéter no fue gran obstáculo pues tenía al frente solo cuatro botones que fácilmente cedieron, bajó la blanca blusa pude apreciar un par de pequeñas protuberancias que apenas comenzaban a despuntar.

– ¡Mira que hermosos se ven! pero, sigue… sigue mamando que ya lo haces muy bien.

Mientras que Dolores continuaba con sus mamadas sobre mi tronco yo me dedique a quitarle la blusa blanca del colegio y pude apreciar en efecto que sus senos paraditos estaban apenas repuntando, mis dedos juguetearon con los pezones que lentamente se pusieron duros como piedras. Me separé de la chiquilla entonces recostándola completamente sobre el colchón. Ya estaba Dolores casi desnuda la única prenda que traía puesta eran sus calzoncitos; yo entonces termine de desnudarme y me recosté al lado de la chiquilla.

– Ahora te voy a enseñar a besar… vas a ver que rico.

– Pero… es que…

– Nada, nada… tu tranquila no tengas miedo.

Posé mis labios sobre los de la pequeña y saque mi lengua para meterla en su boca, la chiquilla sorprendida no supo que hacer pero poco a poco me fue respondiendo, abracé su delgado cuerpecito y montándola sobre mi cuerpo y ya encima de mí mis manos quedaron en libertad para recorrer su espalda y sus nalguitas paraditas, mis dedos juguetearon con el ano metiéndose debajo de las bragas que lentamente fui bajando hasta sus rodillas para luego con mi pie empujarlas hasta que salieron de su cuerpo. Así besándonos estuvimos cerca de veinte minutos y luego le pedí de nuevo que me la mamara pero esta vez yo recostado, la chica no muy convencida sujetó con sus manitas mi tronco y tímidas mamadas comenzó a darle, yo la instigaba a que se tragara más y más verga y ella aunque con reticencia me iba haciendo caso y a los poco minutos ya se metía en su suculenta boquita más de la mitad de mi tronco. Mientras que ella se dedicaba a mamar yo busqué con mi mano derecha su colita y la acariciaba lentamente, su ano era mi principal objetivo y varias veces me ensalivé uno de los dedos para comenzar a metérselo. Su ano respondió perfectamente a mis dilataciones y ya lograba penetrarla con un dedo completamente metiéndolo y sacándolo a un ritmo regular.

Sentí de pronto como mis bolas se contraían y con mi mano izquierda sujeté a la pequeña por la nuca mientras que mis caderas eran empujadas a lo más profundo de su boca, el primer disparó fue profundo y llenó por completo la boquita de la chiquilla, esta no tenía opción de escupir y para no ahogarse con los chorros de leche que le depositaba tubo que tragarlos como podía. Por fin terminé de venirme en la boca de la jovencita y la dejé libre, se levantó con la carita colorada y de los labios escurriendo unas gotas de esperma.

– ¿Te ha gustado? – ella movió la cabeza negando – es la primera
vez… después que lo hagas más te va a gustar, ya lo veras.

Me incorpore quedando hincado en la cama y sujetando su cuerpo por la cintura la hice recostarse de espaldas contra el colchón, le acaricié las piernitas desde los tobillos hasta las nalgas y lentamente se las abrí aunque ella se negaba. Su rajadita apenas comenzaba a mostrar unos cuantos vellitos finamente dibujados en su parte alta. Le acaricie la panochita con la mano procurando hacerlo lenta y suavemente; noté que la piel de Dolores se erizaba por mis caricias y proseguí algunos minutos más.

Me agaché dejando mi cara a la altura de su rajada y olfatee el delicioso aroma de su entrepierna, saqué mi lengua y enseguida ataque su nido; la lengua se incrustó entre los labios y con movimientos circulares acaricié el interior de estos, comencé a subir lentamente por la rajadita hasta topar con la pequeña protuberancia de su clítoris que sobresalía levemente, al tocarlo sentí como el cuerpo de mi pequeña victima se estremecía y continué con el ataque a esa zona, fue pocos minutos después cuando la pequeña soltó el primer gemido que por más que trató de contener se le escapó, a este siguieron más y más.

La humedad de su entrepierna aumentó considerablemente a cada lengüetazo que le prodigaba en su pequeño botón y ahora la pequeña fuera de si me sujetaba la cabeza presa del furor que su cuerpo experimentaba, su venida la anunció con un largo gemido y la contracción de sus paredes vaginales; fue un orgasmo largo e intenso, posiblemente el primero de su vida y éste la dejó completamente desmadejada al finalizar.

Casi como si se tratara de una muñeca sujeté a la chiquilla por las piernitas y acomodándome entre estas apunté mi garrote entre sus nalgas apretaditas. Ensalive muy bien la cabeza y empuje con fuerza pero la verga resbalo por el canal de las nalgas, entonces con las manos me ayude y le abrí los cachetes para dejar expuesto el ano, la arrugada oquedad quedó a mi vista y nuevamente acomode el glande frente a esta, empuje nuevamente y Dolores gritó al sentir como la gruesa cabeza se abría paso entre sus nalgas.

– ¡Hayyy!… me duele, sáquelo… sáquelo.

Obviamente en lugar de sacarlo continué empujando mi garrote hasta lograr que la cabeza púrpura se perdiera en el apretado y cálido interior de la jovencita. Ella en vano se movía y trataba de zafarse pues la tenía firmemente sujeta por la cinturita. Me encantó ver como lentamente mi garrote se iba perdiendo en las profundidades de ese anito tan apretado y logre clavar en ella más de la mitad de mi nabo. Casi tres cuartas partes estaban dentro de la chiquilla cuando comencé a bombear lentamente viendo las muecas de dolor dibujarse en su rostro. La bombeé por espacio de veinte minutos, como a los quince ya mi verga entraba y salía con gran facilidad y logré clavársela completamente; mis caderas se movieron más y más rápido a cada instante hasta que no pudiendo contenerme más le regué las entrañas con mi crema, la chiquita al sentir como el esperma le quemaba las entrañas tuvo un orgasmo más que la dejó completamente desvanecida y casi dormida; saqué mi garrote completamente mojado por mi propia leche y un poco de restos de la niña, lo limpié y mientras que ella dormía yo me puse en marcha, volteaba de vez en cuando por el retrovisor para ver ese lindo cuerpecito completamente desnudo recostado en mi camarote.

Pasamos el pueblo de San Pascual y no me detuve, Dolores estaba profundamente dormida y no quería despertarla además seguro que ya llegaría tarde al colegio. Continué y por fin me encontré con la fábrica en donde tenía que dejar la carga, entramos y después de aparcar salí para llenar los formularios de rutina y en lo que descargaban la caja me metí al camarote para recostarme al lado de la chiquilla.

Eran las dos de la tarde cuando el responsable me avisó que ya estaba todo abajo y que cuando lo quisiera podría partir; Dolores seguía profundamente dormida, me puse de nuevo en marcha y maneje hasta pasar el poblado de San Pascual, después me detuve en otro claro solitario y me pasé al camarote nuevamente.

La chiquilla despertó cuando comencé a acariciarla, mi mano se paseaba por sus insipientes senos a los cuales se les estaba poniendo duro su pezón, me agache y se los mamé con gran placer, esta vez la pequeña no dijo nada, solo observaba lo que le hacía y de vez en vez cerraba sus ojos disfrutando de las caricias que mi mano le daba a su vagina. Mis dedos se paseaban por toda la longitud de sus labios y se detenían unos segundos sobre el erecto clítoris de la chiquilla que sobresalía un poco en la parte alta de los abultados labios.

Por propia iniciativa Dolores me sujetó el nabo y lentamente me lo comenzó a mover, luego de chuparle las tetas la acomodé en un sesenta y nueve y sin más le comencé a comer la conchita, sus jugos no tardaron en manar y bebí de ellos como si fuera el mejor de los vinos; por su parte la jovencita se tragaba mi garrote como le había enseñado la primera vez y así nos entretuvimos hasta que la hice venirse.

Dejé que la pequeña descansara unos segundos después de su venida y luego me volví a acomodar entre sus piernitas, la sujete por debajo de las rodillas y la jalé hasta que quedó a mi altura, dejé sus piernitas sobre las mías y acomodé el glande entre los húmedos labios, con mi mano subí y bajé la tranca a lo largo de la gruta hundiendo levemente la cabeza, una y otra vez mi glande se paseó de un lado al otro de la rajadita y logré que ésta se pusiera un poco más mojadita. Apunté por fin mí daga contra la estrecha vagina y apenas su agujerito pudo alojar la punta de mi pito; empujé con fuerza pero el avancé era en verdad nulo y ella se quejaba de dolor, ensalivé la punta y su conchita para que la lubricación fuera perfecta y volví a intentar la penetración, la cabeza avanzó un poco haciendo que la chiquilla nuevamente se quejara por el dolor experimentado pero en esta ocasión decidí hacer las cosas más rápidamente para evitar el sufrimiento de mi amiguita. Empujé con fuerza y sentí como iba desgarrando los pliegues de la chiquilla, su conchita verdaderamente me apretaba el tronco con extraordinaria fuerza, a la vez que hacía esto la hermosa chiquilla gritaba con tal fuerza que posiblemente si alguien se encontraba fuera nos hubiera escuchado; mi verga había logrado con esta acción avanzar casi hasta la mitad y allí me detuve esperando que el dolor en ella cesara un poco.

Largo hilos de lagrimas se escurrían por las mejillas de la morenita y noté también el riachuelillo de sangre que manchaba las sabanas, me mantuve dentro de ella sin moverme un par de minutos más, luego lentamente comencé un suave balanceo que fue logrando que mi pene avanzara más y más en cada embestida. Las paredes vaginales de la jovencita se aferraban a mi piel y seguían apretándome firmemente, tuve en dos ocasiones que ensalivar mi tronco para que la lubricación no se perdiera y continué empujando y empujando para conseguir ensanchar ese estrecho orificio.

Pasaron cerca de veinte minutos para que el dolor comenzara a cesar en la pequeña y mi verga se sintió un poco más libre, ya entraba y salí sin tanta dificulta aunque no lograba metérsela completa, mis caderas subían y bajaban rítmicamente ya a un paso más regular y sentí como a cada nueva embestida lograba avanzar unos milímetros más, por fin después de media hora logré que las bolas chocaran contra sus nalguitas; me quedé quieto sintiendo las deliciosas contracciones de sus músculos pélvicos, ella ya no lloraba pero se sujetaba con fuerza de mis brazos que estaban a los costados de su cabeza. Nuevamente reinicié las embestidas y esta vez con más velocidad logrando que a los pocos minutos la chiquilla se viniera con gran placer, sus gemidos y pujidos eran en verdad un aliciente para que continuara a ese ritmo. Proseguí en ese tono y pasados unos cinco minutos sentí que ya era tiempo de llenarle su conchita con mi leche, aguante un par de minutos más a su venida y justamente cuando la pequeña tenía otra orgasmo me vacié en su interior, la leche golpeó con gran fuerza sus interiores y al sentirlo ella se estremeció completamente complementando su de por si ya intenso orgasmo, nuestras mieles se escurrieron de su vagina mojando las sabanas y mi verga no dejaba de escupir en su interior; solo me salí de su gruta cuando ya la verga había perdido toda su dureza. Descansamos por espacio de media hora y luego nos comenzamos a vestir, no pude evitar tocar nuevamente ese joven cuerpo y casi nos volvemos a recostar pero ya era tarde y tenía que dejar a la pequeña en el sitio en el que la había recogido para darle el aventón, antes de llegar le pregunté si le había gustado y afortunadamente ella respondió con una afirmación, a esto le sugerí que si deseaba dejar su pueblo e irse a vivir conmigo, me dijo que lo pensaría; le dejé mi número celular y después que bajó me quedé un poco triste. Han pasado ya dos meses desde esa ocasión y hoy precisamente me ha llamado aceptando mi oferta.

Fin

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