ATENCIÓN:

El relato erótico "Dando mi mejor servicio (de Falko6699)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

Tiempo de lectura: 21 minutos

Muchos me han asegurado que tengo cierto parecido a la famosa actriz porno Rebeca Linares; aunque la mayor diferencia entre ambas es que yo poseo una verga de 23 cm de largo. Como se lo imagina, soy una chica transexual y que gracias a internet, me promociono como una acompañante profesional de lujo por lo que suelo ser visitada por actores famosos, empresarios, deportista y políticos por la calidad y el nivel excelente que ofrezco en cada uno de servicios con la más absoluta discreción.

Vale decir que soy muy fogosa y también muy morbosa, por lo que estoy dispuesta a cumplir con cualquier fantasía que a mis clientes se le ocurra y esto me ha llevado a vivir experiencias muy pero muy locas y sin duda alguna, puedo garantizarles que desde que me inicie en la prostitución y en la transexualidad, ninguno de mis cliente ha quedado insatisfecho conmigo.

Bien podría contarles sobre esas historias (y vaya que si tengo para contarles cómo se imaginaran) o sobre cómo me inicie en la transexualidad; pero eso tal vez lo haga en futuros relatos porque de lo que les quiero hablar es de lo que he estado viviendo en los dos últimos años. Pero antes de seguir y para que se hagan una mejor idea de cómo soy; les diré que ya tengo 45 años, sigo teniendo un rostro juvenil que junto a mi estatura de 1.68, mis medidas 99-65-95 (todo natural por las hormonas femeninas que ingiero y porque concurro frecuentemente a un gimnasio) y con mis largos cabellos de color castaño soy capaz de hacer babear y voltear a cualquier hombre en la calle, mientras que muchas mujeres de mi misma edad o incluso menores y también mayores me envidian al verme pasar a su lado. Bueno, sin más preámbulos vayamos a lo que les quiero contar.

Todo empieza a los pocos días de que comenzara año 2017. Enero suele ser un mes en que mi trabajo decaer bastante y es cuando decido tomarme un tiempo de relax de mi oficio. No recuerdo que estaba haciendo en ese preciso momento, pero cuando mi móvil sonó avisándome que tenía un mensaje, lo tome y leí:

  • .. Me llamo Érica y quería preguntarle si atiende solo a chicos o también a chicas.

Como no tenía agendado el número remitente, supuse que se trataría de un nuevo cliente y le respondí:

  • Hola cariño. atiendo a todos por igual y si son inexperta te garantizo que lo pasaras muy bien. Mis tarifas dependen de lo que deseen hacer y van desde los $ 1500 para arriba. XOXO

Como no obtuve una respuesta inmediata, pensé que había espantado a un potencial nuevo cliente con mi tarifa y como ya llevaba un par de días sin clientela, se me ocurrió hacerle una rebaja. No es que me hiciera falta el dinero, soy ahorrativa aunque no me privo de nada; pero me sentía aburrida y estaba escribiéndoles un mensaje con una nueva tarifa cuando a mi buzón ingreso un segundo mensaje que decía:

  • Puedo ir mañana a las 9.
  • Sí, claro. Vivo en XXXXXXXXX, piso 8 A. Te espero a esa hora y nos divertiremos un montón. XOXO… PD = no te preocupes si está el portero en la puerta; tu solo llámame que te abriré enseguida. XOXO

Mi horario de trabajo generalmente es de 12 del día a 12 de la noche, aunque a veces suelo trasnochar y normalmente no me levanto de la cama hasta la mitad de la mañana. Pero al parecer malinterprete el horario con mi nuevo cliente y a las nueve de la mañana del día siguiente, me levante de la cama algo furiosa porque el timbre de mi departamento no dejaba de sonar. Por lo que me dirigí hacia la puerta refunfuñando y maldiciendo; pero grande fue mi sorpresa cuando al abrir la puerta me encontré con una pequeña niña.

  • Si nena… en que puedo ayudarte – dije yo cortésmente a pesar de estar de mal humor.
  • Soy Érica y vine a coger – dijo muy resueltamente la niña a la vez que extendía una de sus manos en la que tenía un puñado de billetes.
  • Cómo???… que es esto???… quien sos??? – pregunte atónita y agregué – esto es una broma, verdad.
  • Vivo en el 9 C y ayer le envié un mensaje… – volvió a hablar la niña y continuo – soy Érica.
  • Que… pasa… Aclaremos esto adentro…. Pasa, nena – dije yo algo perpleja.

Como vivo en un edificio, es normal que haya chismes entre sus inquilinos y aunque prácticamente todos mis vecinos saben a lo que me dedico y lo que soy; nunca he tenido una queja formal o mal entendido con alguien del consorcio porque sencillamente no me dejo llevar por los chismes y trato también de no ser la causal de estos.

Cuando la niña se presentó en mi puerta se me hizo algo conocida y el hecho de que me pareciera que el ascensor estaba por detenerse en mi piso, hice que la pequeña niña ingresara a mi departamento ya que sabía que me sería algo difícil de explicar aquella situación si algún vecino me viera casi semi desnuda hablando con ella. Una vez dentro, de inmediato le exigí explicaciones a quien supuestamente seria mi nueva clienta y a razonar lo que sucedía.

Al parecer, la niña tomo mi número telefónico de una página de internet en la que publicito mis servicios y en la cual tengo varias fotos mías. Esas imágenes y el que escuchara algunos chisme sobre mí, le sirvieron para reconocerme como una de las tantas inquilinas del edificio en que vivíamos ambas (ella vive un piso arriba del mío) y tomo mi número telefónico de una de esa páginas de internet.

Pero como llego a esa situación. Pues resulta que el año anterior le habían regalado un portátil a la niña y gracias a esto, no solo descubrió la pornografía sino que también descubrió el mundo de los transexuales y a mí. Según Érica (así se llama la niña), al descubrir mi identidad y que éramos vecinas, la curiosidad la motivo a mandarme su mensaje y a concretar una cita; pues según la niña, siempre le resulte una mujer muy hermosa y llamativa las pocas veces que nos supimos cruzar en el edificio y al descubrir mi condición de transexual sintió un extraño impuso hacia mí y que no podía explicar con palabras.

Debo aclararles que tuve la suerte de estar antes con varios adolescentes (todos ellos mayores de 15 años) como así también que varias mujeres, algunas solteras y otras junto a sus maridos, forman parte de mi clientela; pero jamás había estado con una niña pequeña y que esta me revelara que tenía tan solo 11 años me había hecho poner algo nerviosa y no es que no me agradasen los pequeñines, simplemente porque nunca había tenido la oportunidad de practicarla ya que mi contacto con infantes era nulo. Por extraño que parezca, mi primera reacción y respuesta inicial fue la de negarme; pero Éricaresulto ser una niña muy determinada, insistente y hasta desvergonzada y no dejo de remarcarme que deseaba corroborar que mis fotografías eran reales, que al menos me desnudara para ella y que deseaba aprender sobre el sexo.

  • Te dije en el mensaje que mis tarifas van de $ 1500 en adelante y no creo que tengas esa cantidad en tu mano – dije con un tono de enojo.
  • Solo tengo $ 400… – respondió la niña con algo de resignación y seguidamente agrego – pero puedo traerle más mañana.
  • Basta nena… quieres verme en bola, bien… dame la plata – dije yo en un tono rabioso pero sin gritar y agregue – me desnudo, me ves y te vas. Está claro.

Érica me entrego el dinero, al cual deposite sobre la mesa y seguidamente y sin dudar, me quite primeramente la bata, después el camisón y por ultimo mi tanga para así quedar completamente desnuda frente a esa niña de 11 años.

  • Porque el pito está más chico que en las fotos – pregunto la niña con curiosidad.
  • Porque aún no está listo para la acción – respondí yo.
  • Puedo tocarte las tetas – dijo Érica y sin esperar mi respuesta poso sus manitos en mis pechos hormonados.
  • Nena, que es lo que quieres de mi – interrogue.
  • Quiero que me enseñe lo que hace con sus clientes… quiero coger – respondió.
  • Basta nena… si alguien llega a enterarse de esto, voy a terminar en la cárcel – dije yo quitándome las manos de la niña de mis pechos.
  • Además; este dinero no te alcanza… ya te dije que mi tarifa es de $ 1500 – agregue yo mientras me agachaba para tomar mi bata y ponérmela.
  • Porfa…. mis papas no vuelven hasta la noche y yo me aburro en el departamento – comento con voz inocente Érica.
  • Mmmm… con que te aburres…. – parafrasee yo entre dientes y recordando que me ocurría lo mismo.
  • Bueno; está bien nena… vamos a divertirnos… – respondí yo después de unos segundos de meditación.
  • ahora es tu turno… desnúdate para mi pequeña putita – le ordene de forma autoritaria a la precoz clienta.

Érica, con algo de titubeo comenzó a quitarse la ropa frente a mí y cuando al fin quedo desnuda, por segunda vez en mi vida me quede petrificada; pues resulta que esa niña tenía dos pequeños y puntiagudos conos en su pecho infantil que junto a sus respingosas nalgas la volvieron mucho más sensual y llamativa por no decir ardiente, lo que encendió mi morbosidad y hasta podría decirse que comencé a excitarme.

Después de aquella contemplación y habiendo pensado que era mi oportunidad de hacer con la niña lo que se me plazca, la tome de una mano y la conduje hacia el cuarto de baño. Mientras, le explique a Érica que antes de hacer algo, debíamos higienizarnos tanto por dentro como por fuera. Esas palabras intrigaron a la niña y fue entonces que le dije que le realizaría un enema para limpiarle sus intestinos y que esta operación es muy recomendable a la hora de tener sexo anal.

Hice que la niña ingresara a la bañera a la vez que le decía que antes del enema debía introducirse un supositorio, el cual serviría para ablandarle la mierda que tenía en las tripas; aunque en realidad era más bien un relajante y calmante muscular. Si bien le había dicho a Érica que se lo metería yo al supositorio, al final cambie de opinión y le dije que se guiara en cómo me introducía uno en mi ano para que ella misma lo hiciera en el suyo. Observar como esa niña realizo dicha operación fue algo graciosa, pues en un par de ocasiones se le cayó al suelo el dichoso supositorio ya que parecía no atinarle a su propio agujero.

Seguidamente y bajo la atenta mirada de la niña de 11 años, procedí a preparar los enemas para nuestros traseros. Primeramente, conecte unas finas manguerillas a un par de bolsas plásticas y a estas les agregue agua y otras sustancias. Por último, unte las dos cánulas con vaselina y le dije a Érica que se apoyara contra la pared y que se reclinara levemente para así poder introducirle uno de aquellos fino cilindro de plástico.

  • Perdón… te hice mal – pregunte después de haber introducido la cánula en el virginal agujero de la niña y ante el ligero quejido infantil.
  • No… es que estaba frio – respondió Érica volteándose para mirarme.
  • Jejeje… bien, pues ahora si vas a sentir frio… – dije con algo de malicia – voy a llenarte de agua las tripas para limpiártelas y vas a sentir ganas de cagar, pero tendrás que aguantarte hasta que yo te diga, okey.

La niña no pudo evitar lanzar unos cortos quejidos cuando el líquido comenzó a inundar sus intestinos y debió comprender que todo ello tenía una cierta lógica cuando observo que yo misma me introducía una segunda cánula en mi trasero.

  • Aagghh… señora… tengo ganas de cagar – susurro quejosamente Érica cuando ya tenía casi medio litro de solución dentro de sus tripas.
  • aguanta pequeña… – respondí yo a la vez que me colocaba detrás de la niña y le apretaba sus tiernas nalgas y agregue –llámame Susy si quieres.

Una vez que las bolsas plásticas se vaciaran, retire la cánula del trasero de Érica y no necesite decirle nada a la niña, pues esta raudamente se sentó en el inodoro y vacío explosivamente todo el contenido de sus intestinos. Unos minutos después, fue mi turno de evacuar mis intestinos y mientras lo hacía, mi infantil clienta se introdujo nuevamente en la bañera ya que la había comenzado a acondicionar cuando ella defecaba. Me le uní unos segundos más tarde y procedimos a higienizar nuestros cuerpos como si la otra persona no estuviera presente. Una vez finalizada aquella ducha y casi sin secarnos, nos dirigimos a mi dormitorio. Fue entonces que vi a la niña dudar por un segundo, pues le indique que se sentara al borde de la cama y que se recostara en ella.

  • Me va a doler mucho – pregunto Érica mirando fijamente mi garrote totalmente erguido ya.
  • No te voy a mentir nena… – dije conciliadoramente – la primera vez siempre duele… y más teniendo en cuenta mi verga y que sos pequeña.
  • Por lo que iremos despacio y vos me dirás si quieres parar o seguir – agregue por ultimo.

Érica finalmente se recostó en mi cama dejando sus piernas casi colgando y fue entonces que separo sus piernas y esto me dio una espectacular panorámica de su virginal entrepierna femenina. Acto seguido, me ubique en medio de aquellas delgadas piernas infantiles y procedí a acariciarle ligeramente las rodillas y pausadamente fui recorriendo la parte superior de sus muslos.

Ligeros temblores recorrían el cuerpo infantil dándome señales de que la niña estaba algo nerviosa y asustada, por lo que volví a reiterarle que iría despacio y hasta donde ella me dejara llegar. Para cuando llegue con mis manos a la zona de la cadera de Érica, esta me dijo que eso le causaba cosquillas por lo que intensifique mis tocamientos para que esa sensación de falsa alegría terminara de serenarla y al final, no solo lo logre, sino que también hice que la niña se riera infantilmente por unos instantes. Poco a poco seguí con mis tocamientos y al llegar a los insipientes pechos de Érica, casi susurrándole le dije:

  • Puedo besarte las tetitas.
  • Si… aaagghhh… si – respondió con la voz algo temblorosa.
  • Te gusta esto, verdad – interrogue después de haberle succionado ligera y suavemente el pezón infantil izquierdo.
  • Si… me gustan tus caricias – respondió suavemente la niña.
  • Vas a ver que todo lo que te haga te va a gustar – dije yo y succione el otro pezón de Érica.

Durante un par de minutos, solo me dedique a masajear y succionar esas pequeñas protuberancias mamarias, lo que sin dudas le agradaba a la niña, pues rápidamente me percaté de que jadeaba de gozo. Cuando los gemidos se intensificaron lo suficiente, dirigí una de mis manos a la lampiña entrepierna infantil y aunque este repentino y nuevo palpamiento sorprendió a mi pequeña clienta, esta se dejó hacer pues le susurre al oído que no tuviera miedo y que se relajara. Pero quien más estaba sorprendida era yo, pues cuando mi mano se posó en aquellos labios vaginales vírgenes percibí que estos ya se encontraban humedecidos, cosa que no creí posible antes.

Érica había cerrado sus ojos y echado sus brazo hacia arriba de su cabeza, como si sumisamente se rindiera al gozo que le daban mis caricias y cuando suavemente pose mis carnosos labios en los suyos, la niña abrió los ojo por un instante pasa después volver a la ensoñación que estuviera teniendo. Después bese con suavidad el lóbulo de la oreja izquierda de la niña y pausadamente comencé un descenso a la vez que besaba la piel infantil; sin embargo, cuando me aproximaba a la zona de su ombligo, Érica pareció asustarse nuevamente y fue entonces que para distraerla, hurgue con mi lengua ese hoyuelo abdominal. Poco después me encontraba besando el monte de venus infantil al que aún no le crecían bellos púbicos y unos instantes más tarde me dedique a lamer y succionar la virginal vagina de mi infantil clienta. Pude observar que Érica comenzó a menear su cabeza gracias a mis caricias lingüísticas y para cuando a esas oscilaciones se le sumaron unos suaves gemidos, le dije a la niña:

  • Quieres que haga algo más lindo.
  • Aaahhhggg… si… aaahhhggg – respondió Érica.
  • Bien… agárrate las piernas y mantenlas abiertas – le ordene a la niña.

Fue así que la niña de 11 años elevo sus piernas y las sujeto con sus manos a la altura de sus tobillos. La imagen era por demás de sublime y no solo me daba un total plano de la vagina infantil, sino que también de su anillo trasero. Fue así que pose mí endurecida verga en la entrepierna de Érica y comencé a frotársela suavemente en un principio. Ocasionalmente, apoyaba y presionaba la punta de mi garrote contra los labios vaginales o en el anillo rosado de mi clienta infantil. Al principio, esta acción amedrentaba un poco a Érica pero nunca dijo que me detuviera y a medida que se fueron precipitando las cosa, llegue a introducir completamente mi glande en la vagina o más de la mitad de este en el esfínter anal. Llego un momento en que me urgía penetrar profundamente a la niña, pero también tenía algo de miedo de lastimarla y fue por ello que le dije:

  • Te gusta Érica… la quieres toda adentro.
  • Si…. aaaggghhh… la quiero… aaaggghh – respondió gimoteando la niña.
  • Bien, entonces ven aquí – dije yo sentándome al borde de la cama y a un lado de Érica.

Le había indicado a Érica que se sentará sobre mi regazo, pero la niña me sorprendió al colocarse frente a mí y después de darme la espalda, seguidamente separo sus redondas y pequeñas nalgas con sus manos. Esto me indico que deseaba que su primera vez sea vía anal, lo que encanto y solo me basto apuntar ligeramente mi barra de carne hacia ese diminuto orificio e indicarle a Érica que se aproximara hasta que volver a presionar contra el esfínter infantil.

  • Aaayyy… duele – dijo Érica cuando mi glande comenzó a introducirse en su trasero.
  • Tranquila pequeña… – respondí sujetando los crecientes pecho de la niña y agregue – relájate y has como si tuvieras ganas de cagar.

Trabajosamente, más de la mitad de mi verga llego a introducirse en las tripas de la niña de 11 años y como frente a nosotras había un espejo que cubría la pared desde el piso al techo, me di cuenta que Érica no quitaba su vista de ahí. Fue entonces que nuevamente tome la iniciativa y primeramente pegue la espalda de la niña contra mi pecho para después, tomar sus piernas e ir levantándoselas. Increíblemente, Érica era muy flexible y prácticamente logre llevar sus tobillos hasta su rostro y esto, aunque dolorosamente, hizo que terminara de empalarla.

  • Eso es lo que querías ver nena – interrogue yo.
  • Aaayyyy… la tengo toda metida– respondió de una forma quejosa, pero también temerosa y seguidamente se mordió el labio inferior.
  • Siii….– comente yo con insana malicia mientras observaba que por las mejillas infantiles rodaban un par de lágrimas.

Algo que no les comente antes, es que Érica apenas si sobrepasaba 1.30 de estatura y como era delgadita, también era liviana. Por eso me resulto muy fácil flexionarla como les dije, como así también me fue muy sencillo ponerme de pie sin desarticular aquella postura tan acrobática para aproximarme al espejo.

  • Mira nena… tienes 23 cm de verga dentro de tu cola… te gusta, verdad – dije yo.
  • Y mira esto con atención – agregue.

Moví mi cadera hacia atrás y mi verga por poco se sale del orificio que acababa de desvirgar, pero al mover nuevamente mi pelvis hacia adelante se volvió a introducir completamente en los intestinos infantiles. Esta maniobra la repetí varias veces más y en cada secuencia le susurraba a Érica en el oído “ahora sale” y “ahora entra”. Aunque en un principio, mis arremetidas parecían hacerle daño a Érica; esta rápidamente comenzó a gozar de esa tormentosa penetración y los quejidos que lanzaba fueron remplazados por intensos gemidos.

El fornicar de pie es algo cansador y más si tenemos en cuenta que también sostenía el contorsionado cuerpo infantil. Por ello volví a dirigirme hacia la cama y nos recostamos de lado en ella; pero al poco tiempo, la niña quedo boca abajo y fue cuando mis arremetidas se hicieron tan intensas que no pude contenerme más y anunciándole que le inundaría las tripas, comencé a descarga mi primera dotación de leche. Después de eso, mi garrote comenzó a replegarse y antes de que nos desacopláramos definitivamente, estire uno de mis brazos hasta la mesa de luz y de uno de sus cajones extraje el butt-plug más pequeño que tenía y con ese tapón bloquee cualquier fuga de mi néctar de adentro de los intestinos infantiles.

  • Te gusto lo que hicimos hasta ahora, pequeña – interrogue yo con dulzura a mi infantil clienta y besando su frente.
  • Si… me gustó mucho, señora… pero también me dolió un poco – respondió Érica con la voz algo entrecortada y aun agitada.
  • Llámame Susy, cariño – le respondí dándole un tierno y suave beso en la comisura de los labios.
  • A donde va señora… perdón, Susy… ya terminamos – interrogo la niña unos instantes más tarde al verme levantarme de la cama.

Cuando tome el butt-plug, observe el reloj despertador que ya marcaba el mediodía. Como no había tenido tiempo de desayunar y aquel primer encuentro había sido bastante agotador, me sentía famélica. Así es que le respondí a mi infantil clienta que iría a la cocina para traer algo para comer y con respecto a si ya habíamos terminado, solo le dije que aún me faltaban iniciarla por sus otros dos agujeros; por lo que aún había muchas más cosa por hacer. Esas últimas palabras mías, dejaron algo intrigada y pensativa a la pequeña de 11 años.

Demore unos treinta minutos en preparar unos bocadillos, un par de bebidas y otras cosa que coloque sobre un carrito bar con ruedas y al volver al dormitorio me encontré a Érica queriendo observarse en el espejo lo que le había dejado incrustado en su pequeño trasero tras su desfloración. Le dije a la niña que podía quitárselo ella misma si tiraba con algo de fuerza, pero que mi leche se le saldría de sus tripas; por lo que opto por dejárselo puesto porque según ella, aunque le molestaba un poco también le agradaba la sensación que ese objeto le brindaba.

Mientras almorzábamos recostadas en mi cama, pude saber más sobre esta niña y entre todas las cosas que me dijo, dos me quedaron muy grabadas. La primera cosa que me dijo es que sus padres eran muy fogosos y no tenían reparo a la hora de tener sexo, ni siquiera cuando ella estaba despierta o deambulaba por el departamento en que vivían. La segunda cosa que me dijo, fue más bien la revelación de un secreto familiar que supuestamente ella aun no debía saber y eso era que su padre y su madre eran en realidad madre e hijo y que ella había sido el fruto de esa relación incestuosa. Al parecer y por lo poco que me pudo contar Érica; el incesto en su familia provenía de ya varias generaciones; pero ya tendría la ocasión de saber más de ese árbol genealógico más adelante.

Debo reconocer que a los progenitores de Érica me los he cruzado en el lobby del edificio unas cuantas veces y siempre me resultaron una pareja agradable pero algo disfuncional pues la madre parecía ser una mujer de uno 60 años, mientras que al padre le daba unos veintitantos. Pero como nunca fui de socializar con los inquilinos del edificio, no podía juzgarlos a la ligera y la revelación que Érica me hizo sobre la relación incestuosa de sus padres solo me sirvió para confirmar que no eran una pareja normal.

En un determinado momento, le pregunte a Érica si le gustaba la crema, el dulce de leche o la miel y ella me respondió las tres sustancias le gustaban por igual. Acto seguido y como había llevado de esas tres cosa en el carro bar, esparcí un poco de cada una de ellas en mi flácido miembro. La niña pareció no comprender cuales eran mis intenciones y cuando se lo explique, ella misma se reclino hacia mi pelvis para así comenzar a recolectar con su lengua y su boca aquellos manjares.

Como dije, mi verga estaba muerta pero los milagros existen y cuando Érica se engullo completamente mi miembro flácido, esta comenzó a dar señales de vida y rápidamente ya no cabio en la cavidad bucal infantil. Pero la niña siguió mis instrucciones y lamio y succiono mi herramienta con tanto esmero que en cuestión de segundos se convirtió en casi una experta mamadora de verga y mientras lo hacía, yo me dedique a acariciarle la virginal vagina.

Pero estaba ansiosa por desflorar a esa niña y decidida a ello la sujete por sus axilas para a continuación aproximar su rostro con el mío. Fue entonces que pose mis labios en los de Érica y nos fusionamos en un primer beso y fue tan ardiente como dulce, pues los labios infantiles estaban impregnados con miel, crema y dulce de leche.

Besándonos efusivamente, rodamos por mi cama hasta que quedamos en la clásica postura del misionero y cuando esto ocurrió, la punta de mi lanza volvió a hacer contacto con los labios vaginales infantiles. Aunque podría haberla penetrado de una sola estocada, quise volver a reproducir el frotamiento que hice al principio y esto hizo que la niña diera señales de que le gustaba lo que le hacía, pues comenzó a gimotear.

Para no recargar todo mi peso contra la niña, estire mis brazo y la niña aprovecho ese distanciamientos entre ambos cuerpos para encorvarse ligeramente y así prenderse con sus labios a uno de mis pechos. Mientras tanto, seguía frotando mi glande contra la entrada virginal y poco a poco mi barra de carne se fue introduciendo en esa vagina tan estrecha como la que puede llegar a tener una niña de 11 años. Para cuando más de la mitad de mi verga se introdujo finalmente en Érica, pude percibir en la punta de mi glande que una ligera obstrucción no me dejaba continuar y supe de inmediato que estaba frente al himen de mi infantil clienta.

  • Voy a romperte el virgo nena – proclame y solo me basto hacer un ligero movimiento con mi pelvis y observe que en el rostro infantil de Érica se dibujó una mueca de dolor al perder su virginidad

Fue así que comencé a fornicarme a esa niña de 11 años y aunque en un principio trate de ser sumamente suave y cuidadosa, las cosas se desmadraron tanto que acabamos ejecutando cuantas posturas me sabía y hasta llegue a poseerla tan violentamente que posteriormente considere que la había violado.

No puedo precisarles cuanto tiempo duro esto, pero si les puedo decir que después de haber inundado el útero infantil, seguí bombeando para que mi verga no se cayera y un tiempo antes de que volviera a descargar mi néctar, la niña entre gemidos entrecortados me anuncio la llegada de su primer orgasmo vaginal. También he de decirles que inmediatamente después de que hiciera mi primera descarga láctea, tome un consolador de doble cabeza y de unos 50 cm de largo e introduje una de sus puntas en mi agujero negro para acto seguido quitarle el tapón anal a Érica e introducirle el otro extremo de dicho artefacto. Podría decirse que gracias a ese artilugio flexible, yo pude fornicarme a esa niña mientras que ambas nos sodomizábamos mutuamente.

  • Aaagghhh… me hago pichin Suzy… aaaggghh… me hago pichin… aaaggghhh… Suzy.
  • Si putita… meate todo lo que quieras que pronto te vuelvo a dar mi leche en la concha.

En el momento que Érica llego a su orgasmo, ella se encontraba sobre mí y parecía saltar montada doblemente por mis 23 cm de verga y el largo consolador; por lo que literalmente cayo pesadamente sobre mi pecho y debí hacer rodar nuestros cuerpos hasta  formar la clásica del misionero para así poder terminar con mi faena.

El cansancio se apodero de nuestros cuerpos después de eso y nos dormimos profundamente. Lo destacable de esa siesta, fue que Érica se durmió apoyando su rostro en uno de mis pechos o mejor dicho, succionándolo como si fuese una bebe y esto me hizo desear tener un hijo como si fuese una mujer de verdad y no una transexual.

Esa tarde hubo un breve corte de luz en el barrio porteño de Palermo, por lo que Érica y yo nos despertamos de aquella siesta alrededor de la 6 de la tarde; pero lo hicimos muy transpiradas como también acaloradas, por lo que pensé en llenar la bañera y darnos un refrescante chapuzón.

  • Te ha gustado todo lo que hicimos nena – interrogue a la niña.
  • Si Susy… me gusto todo lo que hicimos… – respondió Érica.
  • Pero también me gustas vos – agrego la niña con sus mejillas ligeramente enrojecidas.
  • No solo soy transexual y prostituta – dije yo – sino que también podría ser tu padre o tu madre.
  • Jijiji… mamaíta con pito… podemos jugar un poco más – comento jocosamente Érica.
  • Mierda… me saliste muy viciosa nena y voy a tener que darte mas verga – le respondí a la vez que la sujetaba por la nuca y la empujaba hacia mi flácido miembro.

Érica hizo que mi verga se erectara rápidamente dentro de la bañera no solo la volví a sodomizar, sino que también fornique su vagina ya que alternaba mis estocadas en cada uno de sus dos agujeros y cuando fue evidente mi llegada, le hice abrir su boca para que recibiera allí mi cremosa leche.

Después de eso, podría decirse que tuvimos una sesión de maquillaje y juegos pues le enseñe a la niña a maquillarse como una verdadera puta y termine mostrándole todos mis juguetes sexuales. Obviamente que Érica probo la gran mayoría de ellos en cada uno de sus agujeros desvirgados. Pero lo más llamativo de esa tarde, fue que la niña no dejo de llamarme “mami” en todo ese tiempo y eso despertó en mí el deseo frustrado de formar una familia a la vez que me gustaba que me llamara de esa forma y comenzaba a sentir que me encariñaba cada vez más con Érica.

Érica abandono mi departamento casi a las 9 de la noche y lo hizo porque recibió un llamado de su madre. Como la niña me había dicho que el dinero con que pensaba pagar por mis servicios habían sido sus ahorros de casi todo un año, quise devolvérselos pero Érica no los acepto y termine colocándoselos secretamente en uno de sus bolsillos antes de que se fuera. Pero fue gracioso verla marcharse, pues antes de que se vistiera y a modo de regalo, le volví a insertar el butt-plug en su trasero como así también le coloque unas bolas chinas en su vagina. Aun así, cuando cerré la puerta de mi departamento, me embargo una extraña sensación. Por un lado tenía miedo de que la niña o sus padres me denunciaran y por el otro, comencé a extrañarla como si realmente me hubiera enamorado de ella.

Durante un par de días no solo me sentí contrariada, sino que también no supe nada de la niña. Pero una noche en que había quedado en encontrarme con un cliente fuera de mi departamento; en el lobby de este me cruce a Érica junto a sus padres que ingresaba cuando yo salía. Si bien nos saludamos cortes y educadamente, nadie dijo nada aunque si hubo un cruce de sonrisas maliciosas entre los cuatro. Unos minutos más tarde, recibí un mensaje que decía:

  • Hola mami Susy… te vi y se me mojo la bombacha pero no tengo dinero (adjunto llegaron varios emoticones con caritas tristes)
  • Hola mi cielito… a mí se me paro la pija cuando te vi y si necesitas de mi pija, ve mañana a la mañana que te atiendo gratis.

Esa noche casi no pude dormir y no porque hubiera tenido una noche ajetreada con aquel cliente, sino porque estaba ansiosa de ver y estar nuevamente con esa niña de 11 años.

Antes de que el reloj diera las 8 de la mañana, golpearon a mi puerta y cuando la abrí me quede helada porque allí se encontraba Érica con sus padres. Trague saliva como se imaginaran y me resigne a que me dijeran de todo; pero eso no ocurrió ya que los progenitores de la niña educadamente me pidieron ingresar y así comenzamos a dialogar.

Al parecer, Érica les había confesado que había estado todo aquel día conmigo y que ella había sido quien había contratado por mis servicios. Pero la madre había descubierto el dinero y sabiendo de mis altas tarifas quisieron saldar la deuda de su hija a la vez que me ofrecieron más dinero por otra sesión de sexo. También se habló sobre la relación incestuosa que aquellos progenitores tenían; pero como a ambos se les hacía tarde para ir a sus trabajos, quedamos que nos encontraríamos en la noche para aclarar mejor la situación. Lo que si quedo en claro, es que ambos adultos aceptaban que su pequeño retoño tuviera sexo con un transexual como yo porque según ellos, de esa forma se rompería la tradición incestuosa de la familia. Extraño, verdad.

Confundida pero excitada, acepte el pago por el primer encuentro con Érica y por un segundo servicio completo de perversión sexual. Decirles lo que hicimos la niña y yo ese día seria repetirle la historia de nuestro primer encuentro; pero lo que les diré, es que en ese segundo encuentro fui muy cariñosa con Érica y hasta llegue a decirle que me gustaba.

Aquellos encuentros pagos se sucedieron por el resto de la semana y cuando Érica me visito el viernes, después de besarnos me dijo que sus padres me invitaban a cenar esa misma noche y que también hablaríamos sobre todo lo sucedido. Lo que ocurrió esa misma noche, podría describirse como una típica cena entre un matrimonio y una vieja amiga con la salvedad de que los progenitores de Érica me contaron bien como era la historia de su incestuoso árbol genealógico; pero no se las contare para no aburrirlos y sacarlos de mi tema.

En cada visita que Érica me hizo hasta ese entonces, me las abono como si fuera una más de mis sesiones con cualquier otro cliente y como le había tomado cariño a la niña o mejor dicho me sentía enamora de ella; creí que estaba estafando a sus padres y a ella, por lo que en esa cena les devolví el dinero que me daba por cada fornicación que tuvimos.

  • Te gusta nuestra hija – dijo la madre de Érica cuando le entregue el dinero.
  • Si… es una niña hermosamente espectacular – respondí con rubor en mis mejillas.
  • No… vos estas enamora de Érica – volvió a decir la progenitora.
  • Y Érica lo está de vos – comento seguidamente el padre para después beber un sorbo de vino.
  • Si… si… Érica, me vuelve loca – pude decir yo casi balbuceando.
  • Bien… entonces si hay amor entre las dos no hay problema – dijo la madre de la niña.
  • Brindemos entonces por la feliz pareja – dijo el padre alzando la copa de vino.

Como punto final les diré que los padres de Érica no solo aceptan y permiten esta extraña relación, sino que también permitieron que su pequeño retoño duerma en mi departamento como si fuéramos una pareja de enamorados. Desde entonces, Érica y yo estamos juntas; lo que me ha hecho replantearme mi vida como prostituta y gracias a que a mitad de ese año recibí una herencia ya no ejerzo el más antiguo oficio de la humanidad y ya casi no ejerzo esa profesión para poder darle mi leche a esa niña de 11 años que es mi novia. Por otra parte, le cuento que cada vez que Érica y yo salimos a pasear parecemos  y actuamos como si fuéramos madre e hija y me doy cuenta que muchos hombres siguen con sus miradas lascivas nuestro andar si darse cuenta o imaginarse lo que ambas hacemos en la intimidad de mi departamento.

Continuará

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