ATENCIÓN:

El relato erótico "Con doble sabor, Parte 05 (de Cazzique)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Con doble sabor, Parte 01 (de Cazzique)
  2. Con doble sabor, Parte 02 (de Cazzique)
  3. Con doble sabor, Parte 03 (de Cazzique)
  4. Con doble sabor, Parte 04 (de Cazzique)
  5. Con doble sabor, Parte 05 (de Cazzique)
Tiempo de lectura: 7 minutos

Desde que tuvo sexo con Rene, la pequeña Elizabeth quería volver a probar lo delicioso de una verga dentro de su vagina, por supuesto que aun continuaba cogiendo con su madre y su hermana pero quería ahora probar a más hombres.

Las vacaciones llegaron y entonces Elizabeth fue inscrita en un curso de verano, la sociedad de scouts donde la inscribieron era exclusivamente para señoritas, todas de edad más o menos similar, los primeros días le resulto sumamente aburrido pues se reunían en un parque boscoso cerca de su casa, nada fuera de lo normal, les enseñaron a manejar las navajas, a hacer nudos, poner las tiendas y cosas por el estilo; durante ese periodo no había tenido sexo con ningún otro hombre y sus ansias crecían, a veces durante las noches soñaba a Rene cogiéndosela y despertaba sumamente excitada, se tenía que masturbar hasta quedar completamente agotada.

Un par de semanas antes de acabar el curso de verano la guía les dijo que se iba a organizar un paseo en un bosque real que se encontraba a un par de horas de la ciudad e invitó a las chicas que gustasen acudir para que sus padres les firmaran un permiso. A Elizabeth le interesó solo porque así podría dejar por un rato la ciudad y cambiar de aires. Esa noche su padre firmó el permiso para que ella pudiera asistir al campamento.

Por la tarde de un viernes las chicas estaban listas a salir, un autobús las esperaba mientras terminaban de despedirse de sus hijas, a bordo ya se encontraban las guías y el operador de la unidad, poco a poco las chicas fueron subiendo y cuando todas estuvieron sentadas en sus lugares la puerta del autobús se cerró, entonces se inició la marcha. La guía de la tropa se puso entonces de pie y comenzó a hablar. Un breve discurso de bienvenida y una baga explicación del lugar a donde iban, cuando terminó y antes de sentarse les indicó que además de ella el guía Carlos, la apoyaría en el campamento. Fue cuando un joven de cuerpo musculoso y aspecto agradable se puso en pie, todas las chicas que hasta ese momento ni siquiera se habían fijado en el prestaron más atención, los comentarios no se hicieron esperar y un ligero murmullo recorrió el interior del autobús. Carlos dirigió un pequeño comentario y poco después se sentó. Se apagaron las luces y el viaje continuó, arribarían a su destino por la madrugada.

Estaba muy oscuro cuando comenzaron a descender de la unidad, hacia frió y se reunieron a la luz frontal del autobús, Carlos les dijo que tenían que caminar un par de horas y que entonces llegarían al lugar definitivo del campamento. La caminata fue en la oscuridad del bosque y solo las lámparas ayudaban a ver algo, algunas de las chicas caminaban temerosas pues era su primera experiencia de ese tipo, las veteranas ya estaban acostumbradas.

Como a eso de las dos de la madrugada terminaron por fin de armar las tiendas y entonces por parejas ocuparon éstas. A Elizabeth le tocó compartir con una coqueta morena de unos 15 años, Dana, de platica muy alegre y sonrisa encantadora, cabello corto y lacio que le caía sobre los hombros. Ambas se desnudaron quedándose solo con las pantis y brasier y se pusieron sus pijamas y al poco se quedaron profundamente dormidas y agotadas por la caminata y la puesta del campamento.

Las actividades al día siguiente fueron variadas entre juegos y caminatas, las chicas secretamente comenzaban a hacer apuestas sobre quien sería la que lograra meter en su tienda al joven y apuesto guía. Por supuesto en la lista estaban las más atractivas y Elizabeth se encontraba entre ellas aunque con la desventaja de ser la de menor edad. Esa noche alrededor de la fogata Carlos les contó varias historias y discretamente comenzó a dirigir las miradas sobre la pareja de Elizabeth, luego ya casi para ir a dormir pidió hablar a solas con ella y solo fue un breve comentario que no le quitó ni dos minutos, las chicas se metieron en sus tiendas y se prepararon para dormir.

Elizabeth fingía dormir cuando Dana se levantó, se arropó debidamente y salió de la tienda sigilosamente, Elizabeth sabía hacia donde iba, se asomo después de que ella saliera y la vio alejarse en dirección al bosque, la siguió con la vista y después de unos minutos salió en esa dirección. Después de caminar en línea recta por un centenar de metros logró divisar las siluetas, se acercó muy lentamente y agazapada.

Carlos tenía a la joven recargada en un árbol y ambos se besaban eufóricamente, las manos de él le acariciaban las nalgas. Se separó un poco y se sacó su instrumento, tomó con su mano la de la chiquilla y la puso en su palo, ella lentamente lo comenzó a masturbar; Carlos aprovecho y le abrió la blusa de la pijama, amasó las tetas todavía con el sostén puesto y luego se lo quitó. Se agachó para chupar las morenas tetas, lamió con ansiedad los pezones y se volvió a separar para bajarse por completo los pantalones, puso sus manos sobre los hombros de Dana y la hizo hincarse; ella sabía lo que tenía que hacer, comenzó a mamarle la verga con prolongadas lengüetadas y lamidas, con sus labios atrapó la púrpura cabeza y la estuvo chupando. Carlos la paró y le bajó el pantalón, le acarició la entrepierna con la palma de la mano sobre la panty y luego bajó esta.

Su felpuda panocha se mostró hermosa y el la mamó por unos minutos, luego hizo a Dana recargarse sobre el árbol dejando su culo en pompa, sujeto por las caderas a la morena y empujó su daga entre las piernas de ella, el glande se abrió paso entre los labios vaginales y penetró a la pequeña, ella soltó un prolongado gemido al sentirlo y empujo sus caderas contra él haciendo más profunda la penetración. Comenzaron a moverse rítmicamente y Dana por fin se vino, sus gemidos la delataban, cuando terminó su orgasmo Carlos le sacó la gruesa daga que estaba escurriendo con los jugos de la chiquilla, apuntó contra su ano y empujó, ella soltó un fuerte gemido y trató de zafarse de las poderosas manos que la sujetaban por las caderas, no lo consiguió y la estaca siguió penetrando esa parte hasta ahora virgen de la jovencita. El joven no fue muy delicado pero consiguió su objetivo, se estaba culiando a la morena completamente la verga entraba y salía rauda y veloz, Dana sentía como la partía pero le comenzaba a gustar y entonces empezó a experimentar un nuevo orgasmo justo cuando sintió como la ardiente leche de Carlos le inundaba las entrañas.

Los dedos de Elizabeth entraban y salían también con gran velocidad de su panocha mientras que su palo estaba completamente duro y con la otra mano se lo movía igualmente, su orgasmo de mujer le impidió continuar moviéndose el palo, fue intenso y casi se delata con el gemido que iba a salirle pero se contuvo a tiempo, cuando terminó de venirse sacó sus dedos de las profundidades de su conchita y se los llevó a la boca, lamió los jugos que habían quedado impregnados con satisfacción. Vio como Dana regresaba a la tienda y ya no pudo moverse, tendría que esperar a que pasara, Carlos por el contrario se vistió y se sentó sobre uno de los troncos a observar las estrellas. Transcurrieron unos veinte minutos y él no se movía de su sitio, Elizabeth se estaba desesperando pues seguramente Dana ya estaría en la tienda preguntándose por su ausencia, entonces sigilosamente fue saliendo de su escondite y justo antes de alcanzar el sendero de regreso al campamento pisó una rama. Carlos se volvió enseguida y le marcó el alto a la chiquilla.

– ¿Qué haces ahí escondida, amiguita?

– Es… este… yo… yo… vine a orinar… – dijo Elizabeth muy nerviosa.

– ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

– So… solo unos momentos…

– ¿Y porque no te escuche llegar?

– Pues no sé…

Carlos se levantó y se encaminó hasta llegar frente a la pequeña Elizabeth, su cuerpo delgado temblaba y quería echar a correr pero estaba casi clavada al suelo y sus piernas no le respondían. Por fin Carlos llegó a su altura y la observó solo unos segundos.

– Eres la compañera de Dana… ¿No?

Elizabeth solo movió la cabeza en forma afirmativa dando por sentado que la habían descubierto y bajó la cabeza mirando al suelo, el chico se acercó más y entonces puso una mano sobre su hombro.

– Acompáñame.

Elizabeth siguió los pasos de él por el sendero, pero en dirección contraria al campamento, luego de unos cinco minutos caminando llegaron a un pequeño claro. Carlos se detuvo y ella detrás, no habían pronunciado palabra durante el trayecto y el ambiente era pesado.

Carlos se volvió y encaró a Elizabeth que seguía muda. La joven sintió como él le ponía las manos en la cintura por debajo de la pijama, se erizó y un brillo se dibujo en sus ojos a la vez que los abría ampliamente. El chico movió sus manos en busca de los senos de la jovencita y los acarició con ansiedad, sacó las manos y le quitó la camisa e hizo lo mismo con la suya, la abrazó y comenzó a besarla, su lengua se interno en la boca de ella buscando las caricias de su propia lengua. Las manos buscaron las nalgas de ella metiéndose entre la pijama y la panty, las estrujó y acarició. El pene de Elizabeth estaba creciendo por delante y ella se puso muy nerviosa y se separó del chico.

– ¡Espera! – le dijo.

– ¿Qué pasa? ¿No te gusta?

– Sí… pero a mi modo… ¿Está bien?

– Bueno… como tú quieras… ¿Qué hago?

La pequeña sin más se hincó y le bajó los pantalones, la verga dura saltó frente a su cara y sin más se la metió en la boca, enseguida percibió los sabores que su amiga le había dejado y esto la excitó más. Se la mamó por varios minutos y luego se puso de pie dándole la espalda, abrió su pantalón y lo dejó caer a sus pies; el la abrazó por detrás pegándole su cuerpo y le beso el cuello, comenzó a acariciarle la cintura y cuando iba con dirección hacia la entrepierna ella tomo sus manos y las llevó hasta sus senos.

Elizabeth sentía como la gruesa barra de Carlos se restregaba entre sus nalgas y paraba más el culito mientras que el la besaba en el cuello y le estrujaba los senos. La pequeña entonces se apartó y siguió dándole la espalda, se agachó dejando su cuerpo en un ángulo de noventa grados y se bajó la panty. Sus bien torneadas nalgas se dibujaron espléndidamente y Carlos se acercó, la tomo por las caderas y ella metió una mano entre sus piernas y dirigió la daga hasta sus labios vaginales; Carlos la embistió y lentamente se la metió, comenzó a moverse primero lentamente, la chiquilla le apretaba deliciosamente su tronco y el se retenía lo más posible para continuar disfrutando del calor y rigor de esa joven panochita. Con una mano ella se sujetaba el palo para que el no lo pudiera detectar. Así continuaron y cuando el sugirió cambiar de posición ella se negó, no hubo protestas por parte de Carlos y siguió cogiéndosela de esa forma, la chiquilla se vino dos veces y ya en la tercera fue que sintió como él la comenzaba a llenar de su crema, fueron varios disparos en lo más profundo que ella percibió y disfrutó a su máximo.

Al separarse Elizabeth se subió rápidamente la panty y luego los pantalones, Carlos le pasó su blusa y se la acomodó; él también comenzó a vestirse y la vio cuando se alejaba con rumbo al campamento, justo en ese instante le iba a decir algo que tuvo que reservarse y trató de apurarse para alcanzarla pero tropezó con sus propios pantalones y tardo un poco más.

Corrió pero no alcanzó a Elizabeth y cuando llegó al campamento vio con desilusión que su tienda se encontraba cerrada y a oscuras y para no levantar sospechas decidió esperar hasta el siguiente día.

Continuará

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 3 Promedio: 4.7)
Ayúdame a mejorar el contenido del blog dejando tus comentarios o dándole una calificación a esta publicación. También puedes ponerte en contacto usando los medios que más te convengan 🙂

Si el relato lleva varios días sin continuación, es probable que no la tenga disponible 🙁 ¡pero talvez tu sí la tengas! 😀
Para compartir tu relato puedes usar las opciones que te damos en este enlace.
Relato anteriorEl plan, Parte 12
Relato siguienteDoble con los albañiles (de Trickster666)
En este perfil de usuario se asignarán los relatos que no hayan sido publicados por usuarios registrados. Siempre tendrás la opción de registrarte y solicitar crédito por la autoría del relato :)