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El relato erótico "Andrea obtiene una estrella, Parte 01 (de Janus)" es un texto de ficción, ni el autor ni la administración de BlogSDPA.com apoyan los comportamientos narrados en él.

No sigas leyendo si eres menor de 18 años y/o consideras que la temática tratada pudiera resultar ofensiva.

  1. Andrea obtiene una estrella, Parte 00 (de Janus)
  2. Andrea obtiene una estrella, Parte 01 (de Janus)
  3. Andrea obtiene una estrella, Parte 02 (de Janus)
Tiempo de lectura: 16 minutos

Capítulo 1 (18 de abril del 2011)

El jueves por la tarde, la profesora Torres detuvo a Andrea después del almuerzo para informarle que su madre la recogería después de la escuela. Después de que sonó el timbre indicando el final de clases, la niña obedientemente fue hacia la zona donde el autobús escolar hace su parada y buscó con la mirada el Sentra de su mamá.

Allí estaba. Su madre le hizo en gesto con la mano para que subiera. Antes de que la niña siquiera abrochara su cinturón, su mamá arrancó a toda velocidad. “Lo siento cariño. Tengo que trabajar hasta tarde, así que vas a quedarte con el tío Manuel. Tu papá te recogerá alrededor de las 8 de la noche”

“OK”, dijo Andrea. Manuel era su tío-abuelo, aunque ella siempre se refería a él como tío Manuel. Vivía solo en un condominio en un barrio a las afueras de la ciudad. A ella le gustaba quedarse con su tío porque tenía televisión por cable con cientos de canales y porque era un excelente cocinero.

Su madre mantenía un ojo en la carretera y otro en el tablero del auto, mientras jugueteaba con la radio buscando una estación. “Espero que a tu tío no le importe”, dijo, presionando un botón tras otro. “Esta estúpida radio… me siento mal dándole estas responsabilidades, pero realmente tengo que quedarme hasta tarde en la oficina, y tu padre también… ¡UY!” Pisó el freno justo a tiempo para detenerse en un semáforo en rojo.

“Déjame hacer eso, mamá”, dijo Andrea. Los ojos de la niña de 7 años se agudizaron, mientras se concentraba y estudiaba el monitor de la radio. El semáforo se puso en verde y el coche aceleró de nuevo.

“Vas a ser una buena niña con tu tío, ¿verdad?”, dijo su madre y agregó. “No seas quisquillosa con lo que te sirva para cenar y no hagas alboroto.”

“Nunca lo hago”, dijo Andrea. “¿Qué estaciones quieres en tu radio?”

“¿Ya aprendiste a usarlo?”, preguntó su madre, sorprendida. “He estado picando botones a esa radio satelital durante una semana. Encuéntrame alguna buena estación de música clásica. No puedo soportar escuchar el zumbido de la radio de tu padre mientras hablo.

Andrea hizo lo que su madre le pidió. “Voy a agregar varias estaciones de música clásica, solamente presionas los botones del 1 al 5 para cambiar.”

“Ohh, ¿también puedes arreglar la hora del reloj? Se quedó marcando las 12:00.”

“Claro.”

“Bueno, lo haces después” dijo su madre. “Ya llegamos. ¿Trajiste tu tarea?”

“Sí… ¿Dónde está el botón AM/PM?” respondió Andrea distraídamente.

“No te preocupes por eso,” le apresuró su madre, mientras besa la mejilla de su hija. “Corre, tengo que volver a…”

“¡Ya quedó!” exclamó Andrea triunfante y salió del coche.

“¡Se buena niña!”, dijo su madre. “Dile a tu tío que lamento no poder entrar a saludarlo.”

“Lo haré”, prometió Andrea, frente a la puerta de entrada. Su dedo estaba a centímetros del timbre cuando la puerta se abrió.

“¡Andrea!” Se inclinó su tío para darle un abrazo. “¿Cómo está mi sobrina favorita?”

“Bien”, respondió ella. “Mamá dijo que no podía entrar porque tiene que volver al trabajo.”

“No hay problema”, dijo. Andrea entró. El tío Manuel vivía en una acogedora casa de dos dormitorios que era eclipsado por un patio muy bien cuidado, con infinidad de plantas exóticas y arboles ornamentales. Andrea se sentó en el sofá y comenzó a sacar los libros escolares de su mochila.

“¿Tienes mucha tarea para esta noche?”, preguntó su tío.

“Solo un poco”, dijo Andrea mientras abría un cuaderno. “De cualquier forma no me va a tomar mucho tiempo hacerla.”

“Voy a salir al patio a terminar algunos trabajos de jardinería,” dijo su tío Manuel. “Termino en una hora. Estaba pensando que podíamos pedir comida china para cenar”.

“¡Yummi!”, asintió Andrea. “¿Puedo ver la televisión cuando termine mi tarea?”

“Por supuesto”, respondió. “También puedes tomar lo que quieras de la alacena, pero no comas demasiado o no tendrás espacio para el chow mein y los huevos fu yung. ¿Quieres algo para beber?”

“¿Tienes té? Yo sé hacerlo.”

“Ya tomas té? ¿Los niños de tu edad toman té?”

“Andrea puso los ojos en blanco. Había oído esa pregunta muchas veces. A ella le gustaba beber té porque la hacía sentir como un adulto. “Yo bebo té todo el tiempo en casa”, le dijo.

El tío Manuel se rio de ella. Ya sabía lo precoz que podía ser su joven sobrina. “Busca en el armario encima de la tostadora.” Dijo mientras se dirigía hacia el patio. “No quemes la casa”, bromeó antes de salir.

Diez minutos más tarde, Andrea estaba sentada con una caliente taza de té verde y su tarea de matemáticas muy bien organizada en la mesa del comedor. Incapaz de resistir la tentación de mirar el interior de la casa de su tío, la niña dejó el lápiz sobre la mesa y se acercó a la cocina para inspeccionar el contenido de la nevera. Era emocionante para ella mirar el refrigerador de otra persona. El tío Manuel tenía todo tipo de condimentos y bebidas embotelladas que nunca antes había visto.

En el exterior, oyó el ruido del motor de una cortadora de césped arrancando. Se asomó por la ventana y vio a su tío trotando a través de su patio mientras empujaba la máquina. Envalentonada, Andrea comenzó a buscar a través de sus armarios, emocionada al ver la amplia gama de cajas de cereales.

Cuando terminó en la cocina, se trasladó al armario del pasillo cuyas estanterías estaban llenas de todo tipo de interesantes materiales artísticos: marcadores, crayones, pinturas de acuarela, pegamento, un gran contenedor de tijeras. El tío Manuel era un profesor de arte y repartía su tiempo en varias escuelas primarias de la zona.

Andrea se detuvo en el baño para dar un rápido vistazo al interior del botiquín. No había nada interesante allí, así que siguió su camino. “Talvez en el sótano”, se dijo a sí misma. Las escaleras que conducían allá la atraían, pero Andrea se resistió. En lugar de eso, se dejó caer en el sofá y tomó el control remoto de la televisión.

Pasaron algunos minutos, pero pronto la niña descifró su funcionamiento. Andrea se desplazó por 75 canales antes de decidir que no había nada que valiera la pena ver. Estaba a punto de darse por vencida cuando se dio cuenta de la caja de TiVo que descansaba modestamente en el centro de entretenimiento. En cuestión de minutos estaba desplazándose a través de los programas que su tío había grabado digitalmente para verlos después. Los programas habituales estaban allí: NCIS, Dexter, Mad Men, Weeds, Glee… sólo había un programa que ella no reconocía de la lista: Siete Putas Mortales.

Sin pensarlo demasiado, presionó el botón de play. Parecía como cualquier otro programa. El escenario era un tipo de convento. Andrea pensó que sería una comedia, pero nada divertido ocurría. Una monja escapó de su habitación por una ventana y momentos después estaba vestida con ropa casual mientras caminaba normalmente por la calle. Llegó a una casa donde un hombre abrió la puerta. Seguido de una conversación aburrida, que hizo poco para despertar el interés de Andrea. Entonces empezaron a besarse.

“¡Eww!”, se quejó Andrea, tratando de alcanzar el control remoto. Podía ver sus lenguas jugando juntas. Pero justo antes de que ella pudiera apagar el sistema, se dio cuenta de cómo las manos del hombre recorrían ansiosamente el cuerpo de la mujer. Andrea había visto a otras personas besarse, pero nunca tan frenéticamente como eso. Dejando a un lado su disgusto inicial, la niña miró por unos segundos más y fue recompensada por la visión del hombre desabrochándole la camisa a la mujer, mostrando su sujetador. Un momento después éste fue desabrochado dejando libres los amplios pechos de la mujer.

Andrea se enderezó en el sofá. Había oído hablar de las llamadas películas “sucias” donde los adultos se desnudan y besan, pero nunca había visto una. La niña corrió a la ventana de la cocina y confirmó que su tío Manuel seguía cortando el césped. Su corazón estaba acelerado y sus rodillas temblaban de emoción. La pareja en pantalla continuó desvistiéndose hasta que ambos quedaron completamente desnudos.

Sintiéndose traviesa, la niña de 7 años los miraba besándose y acariciándose. El sentimiento de los besos le seguía pareciendo asqueroso, pero no podía evitar sentirse fascinada por la forma en que sus manos se tocaban entre sí. Andrea se preguntó si los dos actores estaban avergonzados de estar desnudos. Nadie podía pagar lo suficiente como para hacer eso. La pareja finalmente encontró camino a una cama donde continuaron besándose.

A pesar de que podía ver el trasero y el pecho desnudo de ambos actores, la cámara no reveló ninguna desnudez frontal completa. El hombre estaba ahora en la parte superior de la mujer, moviendo sus caderas de manera divertida. En respuesta, la mujer hacía ruidos raros, extraños sonidos que estaban en algún lugar entre risas y gemidos. Los adultos no sólo disfrutaban besándose, sino también les gustaba quitarse la ropa juntos y actuar como tontos.

“Ejem”

El sonido sorprendió a Andrea. Giró la cabeza para localizarlo y se horrorizó al encontrar a su tío Manuel de pie en la puerta de la sala donde ella se encontraba. Su rostro de puso rojo mientras Andrea frenéticamente intentaba apagar la televisión, pero sus dedos temblaban demasiado como para encontrar el botón en el control remoto. Lo mejor que pudo hacer fue poner en pausa el programa antes de que su tío suavemente le quitara el control.

“¡Lo siento!” dijo Andrea con voz temblorosa. “Sólo estaba… cambiando los canales. Y entonces salió eso y bueno… solamente vi un poquito”.

“¿Solo un poquito? Llevo aquí por lo menos cinco minutos”, dijo su tío. “No creo que eso califique como un poquito”.

Andrea se sonrojó, atrapada en su propia mentira. “Bueno… no creo que eso sea un gran problema”, respondió ella.

“No estoy seguro de que eso sea lo que digan tus padres”, dijo el tío Manuel.

La amenaza era fácil de ver. Andrea continuó su apasionada súplica, con la esperanza de influir en su tío. “¡Ya no soy una niña!” Insistió. “No se qué tiene de malo ver adultos que se quitan la ropa.”

“Oh, ¿enserio?”, dijo su tío. “Entonces supongo que no te importará si comienzo a quitarme la ropa, ¿verdad?”

Su tío de desabrochó la camisa, revelando su pecho. Las ropas fueron arrojadas en el sofá donde Andrea se encontraba sentada y aturdida. Seguramente su tío estaba bromeando. Seguramente la estaba engañando. Pero él desabrochó sus pantalones y jaló de ellos hacia abajo hasta revelar su ropa interior.

“Bueno, Andrea. ¿Debo seguir?”, preguntó su tío.

“Umm…” Era una de las pocas veces en la vida de Andrea que se quedaba sin palabras.

“Si realmente crees que eres lo suficientemente mayor como para ver películas para adultos, entonces puedes probarlo al venir aquí y poner tu mano dentro de mi ropa interior”, la desafió.

Andrea se sonrojó ante la idea de tocar a su tío ahí abajo. Ella lo miró a la cara, pero no pudo detectar algún indicio de que estuviera bromeando. La niña de 7 años de edad se deslizó por el sofá y lentamente se acercó a su tío. Sus boxers eran de color rojo oscuro, que le recordaban a su vestido veraniego favorito. El algodón se sentía agradable en sus dedos mientras buscaba la entrada en su ropa interior.

Andrea sintió un poco de miedo, pero también emoción. Recordó la vez en el zoológico cuando se le permitió tocar una serpiente pitón que se encontraba alrededor del cuello del cuidador. Dio un último vistazo al rostro de su tío antes de meter la mano a través de sus boxers. Sus dedos hicieron contacto con algo caliente y gordo.

“Continúa y explora,” la animó su tío. Y así lo hizo. Sintió el pelo de su tío que picaba contra la piel de su mano. También una extraña textura de piel que nunca antes había sentido. Y luego sus dedos volvieron al extraño tubo de carne, la primera cosa que había tocado.

“Dijiste que eres lo suficientemente mayor como para ver películas para adultos”, dijo su tío. “Dijiste que no eras una niña pequeña. ¿Y sabes qué? Te creo. Creo que es una idea tonta decir que los niños son demasiado jóvenes para aprender sobre el sexo. Bueno, tal vez algunos niños si lo son. Pero no creo que tú lo seas”.

“¿D…de verdad?”, dijo Andrea. Todavía con su pene en la mano, aunque algo extraño estaba sucediendo. Se sentía de alguna manera… diferente.

“De verdad”, afirmó su tío. “Mira lo valiente que eres al tocarme así. La mayoría de las niñas serían demasiado miedosas para hacerlo. Es por eso que los adultos piensan que los niños no deben aprender sobre el sexo. Debido a que se asustarían. Pero te puedo decir que tú eres diferente. Eres una chica inteligente. Me dijo tu mamá que eres la mejor en tu clase. ¿Cuántos de tus compañeros pueden hablar francés y japonés así como tú?”

“No muchos”, admitió Andrea. Comenzaba a tener problemas para escuchar a su tío. Estaba casi segura ahora que su pene estaba creciendo La niña estaba tratando de ocultar su asombro pero ella claramente podía sentirlo en toda la extensión de su pequeña mano.

“Exacto”, dijo el tío Manuel. “¿No sería bueno saber más que ellos también sobre el sexo?”

“Bueno… talvez”, respondió Andrea. Él estaba apelando a su orgullo. Y estaba funcionando. Su pene había crecido tanto bajo sus boxers que formaban un gran bulto. Era un espectáculo divertido, pero Andrea sabía que este no era momento para reír. Su tío la estaba tratando como a un adulto. Ahora tenía que comportarse como un adulto también.

“Mis boxers se están sintiendo un poco ajustados. ¿Porqué no me los quitas?” pidió su tío.

Andrea asintió con calma, aunque por dentro sentía una oleada de emoción. La niña comenzó a bajar los boxers por el elástico de la cintura. Una gruesa mata de pelo fue lo primero que vio, seguido por el tubo de carne endurecido, apareciendo centímetro a centímetro. Andrea estaba preocupada para la visión que le esperaba al liberar el pene de su tío, que al sentirse libre comenzó a agitarse de arriba a abajo. Eso la sobresaltó.

“Toma asiento”, dijo su tío señalando el sofá. Andrea tenía sus ojos y vista a la altura de la entrepierna de su tío. “¿Qué piensas, Andrea?”

“Umm… Es…” Un millón de pensamientos se le vinieron a la cabeza. “Es realmente… grande”, dijo Andrea inocentemente, demasiado joven para comprender el peso de sus palabras. Desde su posición creyó ver la boca de su tío contraerse hacia arriba en una sonrisa. “Sólo he visto… bueno, vi a mi primo Benjamín una vez. Pero no era mas que un bebé”.

“¿Sabes lo que es esto, verdad?”

Andrea asintió con la cabeza.

“¿Por qué no me lo dices, entonces?”

“Es un… pene”, dijo Andrea seriamente, sonrojándose ante la última palabra.

El tío Manuel sonrió, una sonrisa cálida, no una condescendiente. “Adelante, Andrea. Tócalo.”

Con cautela, Andrea dejó que un solitario dedo acariciara uno de los lados. “¿Por qué… um, ¿por qué es tan duro?” Preguntó. Se sentía divertida ver a su tío así y hacerle preguntas como si estuvieran llevando una conversación normal. Sentía más que un poco de vergüenza. Sentía algo mas. Una emoción que nunca antes había experimentado.

“Eso es lo que sucede cuando un hombre ve a una mujer que le gusta”, dijo su tío Manuel. “Eso significa que está listo para el sexo.”

“Oh.” Andrea se dio cuenta de que estaba hablando de ella. Se sorprendió de que pensara en ella como mujer y se sintió halagada. Su pene palpitaba en su mano, casi como si estuviera vivo. “¿Vamos a tener sexo?”

“No exactamente”, contestó el tío Manuel. “Estas son solo cosas sexys que podemos hacer antes de tener relaciones sexuales.”

“Oh.” Su respuesta la confundió, pero no quiso revelar su ignorancia.

“Recuéstate en el respaldo del sofá”, le dijo. Manteniendo un pie en el suelo, el tío Manuel apoyó su otra pierna en el descansabrazos. Andrea sintió otra oleada de vergüenza al ver sus piernas velludas pero alejó ese pensamiento al considerarlo infantil. Su vergüenza cambió a alarma cuando su tío comenzó a acercar su entrepierna cada vez a su rostro.

“¿Uhh, tío Manuel?

“Está bien”, le hizo callar. Aún de pie, balanceó un pie en el sofá donde estaba sentada. “No voy a hacerte daño ni nada…” Usando una de sus manos, sacó su pene de modo que quedara sobre el vientre de la niña.

“Tío Manu…” Andrea intentó hablar, pero sus palabras fueron cortadas cuando su escroto entró en contacto con su rostro. Estaba apoyada contra el respaldo del sofá por lo que no había ningún lugar a donde ir. Sus testículos le rozaron los labios, la extraña piel seca le recordó cuando besaba las mejillas de su anciana abuela. Él continuó más allá de su nariz donde olfateó el olor almizclado de un hombre por primera vez. Una sensación de sorpresa la llenó cuando la niña de siete años sintió los testículos de su tío descansando en sus labios.

“¿Cómo se siente eso, Andrea?”, preguntó su tío, que seguía moviendo su entrepierna mientras hablaba, pasando su escroto por sus labios, mejillas y frente.

Para hablar, la niña tuvo que alejar su boca de la entrepierna de su tío. “No sé…” Respondió Andrea con sinceridad. Ella realmente no tenía nada con qué comparar ésta experiencia.

“Vamos a intentar otra cosa”, dijo su tío mientras pulsaba una serie de botones en el control remoto. “Supongo que me has demostrado que ya eres una chica grande con edad suficiente para ver películas para adultos”. La televisión comenzó a reproducir una película, sólo que ésta era diferente. Había un hombre de pie y desnudo con una mujer, también desnuda, arrodillada ante él. Andrea miró con asombro como la mujer tomó la cosa del hombre en su boca moviendo su cabeza para hacer que se desliza dentro y fuera.

“Umm… ¿Por qué está haciendo eso?”, preguntó Andrea.

“Están teniendo relaciones sexuales”, respondió su tío. “Todos los adultos lo hacen. ¿Ves lo que hace con sus manos?”, preguntó su tío Manuel. “¿Por qué no lo intentas?” Se acercó al sofá y se quedó cerca de la niña de siete años.

Andrea se quedó mirando el órgano hinchado que apuntaba directamente a ella. Dejando de lado sus dudas, poco a poco se acercó a él y lo tomó con ambas manos. Una pequeña parte de ella sintió que lo que estaban haciendo era de alguna manera ilegal, pero ¿no era su tío Manuel un adulto? Seguramente no estaría haciendo eso si fuera malo hacerlo. Mirando las imágenes que había en la televisión, Andrea se orientó y torpemente intentó imitar los movimientos de la mujer. De subida y de bajada, subida y bajada…

“Lo haces muy bien, Andrea”, dijo su tío con aprobación. “Podrías sostenerlo un poco más fuerte?… No tanto. No… eso, perfecto. Aprendes bastante rápido, ¿verdad?”

Andrea no estaba del todo segura de qué estaba haciendo, pero los halagos de su tío le dieron confianza. La emoción que había sentido antes había cambiado, ahora se encontraba entre sus propias piernas. Quería preguntarle a su tío al respecto, pero en cambio prefirió concentrarse en la tarea que estaba realizando. Después de unos minutos, Andrea notó que una pequeña gota de algo se asomaba por la punta de su pene. Y ella se lo indicó.

“¿Oh, eso? Eso eso es líquido preseminal. Déjame mostrarte lo que tienes que hacer con él…”Se levantó del sofa y nuevamente se colocó sobre la niña. Andrea no pudo evitar retroceder, pero se encontró atrapada una vez más entre su tío y el respaldo del sofá. Él le levantó la barbilla con una mano para que mirara hacia él. Usando su otra mano pasó su pene por la mejilla de la niña, dejando un rastro de humedad.

Andrea se sintió un tanto desconcertada por sus acciones. Era como si su cara fuera un lienzo en blanco y él estuviera pintando sobre ella. Su puño jugó con su erección, sacando una segunda gota, repitiendo el proceso en su otra mejilla, esta vez arrastrando la punta de su pene a sus labios también. Era una extraña mezcla de sensaciones: la fría humedad del líquido preseminal combinado con el calor acogedor de la cabeza del pene.

“¿Cómo se siente?”, preguntó. “Bastante bien, ¿no?” Andrea asintió animosamente. Él movió su pene de nuevo a las manos de la niña para que reanudara sus movimientos anteriores. Después de unos minutos, apareció otra gota. El tío Manuel pintó de nuevo su cara, pero ésta vez fue la frente y la ceja. Hizo una pausa para admirar su obra, satisfecho. Andrea intentó sonreír.

“Oh, oye”, el tío Manuel notó algo en el televisor. Jugueteó nuevamente con el control remoto. “Te lo perdiste, quiero que veas algo.” La escena se rebobinó rápidamente y abruptamente reanudó su movimiento suave. La mujer de la película seguía tocando simultáneamente tocando al hombre mientras su pene entraba y salía de su boca. De repente se lo sacó de la boca. Manteniendo la boca abierta, ella continuó masturbándolo, hasta que finalmente un liquido blanco salió disparado a su boca.

Andrea estaba boquiabierta, su rostro era una mezcla de asombro y temor. “¿Por qué está haciendo eso? ¿Qué está sucediendo? ¿El hombre está bien?” El tío Manuel permaneció en silencio, dejando que una docena de preguntas se amontonaran en la mente de la niña. Sólo una vez que el hombre dejó de eyacular, el tío Manuel finalmente puso en pausa la película.

“Ese es el objetivo del sexo”, explicó a Andrea. “Bueno, hay algunos detalles más, pero lo que acabas de ver es el resultado final. El objetivo.”

“Así que… cuando los adultos tienen sexo, eso es lo que hacen?”, preguntó Andrea.

“A veces sí”, respondió su tío. “Aunque hay un montón de diferentes maneras de llegar a ese objetivo final. Tú juegas futbol, ¿verdad? ¿Cuál es la meta del futbol?”

“Meter el balón en la portería”.

“¿Y cómo se puede hacer eso?”

“Se puede patear la pelota. O cabecearla. Pero no puedes usar las manos”.

“Exactamente. El sexo es la misma idea. El objetivo es conseguir que el hombre eyacule”. Hizo una pauso al ver la expresión confusa de Andrea. “Eyacular. Eso es lo que se llama cuando esa cosa blanca sale disparada. Ese es el objetivo, pero hay todo tipo de maneras de conseguir que eso suceda”.

“Así que a los adultos… ¿les gusta hacer eso?”, reflexionó Andrea.

“Claro. Se siente bien tener relaciones sexuales. ¿No se siente bien para ti?”. Al ver la expresión confusa de la niña, el tío Manuel se encogió de hombres. “Talvez seas demasiado joven para comprender.”

Aquellas eran palabras de lucha para Andrea. Ella pensó rápidamente. “No, yo lo entiendo”, le contradijo. Su tío esperó a que continuara. “Yo… es como… es como que a los adultos les gusta el sabor de la cerveza. O el café. Es como que a los adultos les gusta escuchar emisoras de radio aburridas o ver programas de televisión aburridos…”

“O como que a los adultos les gusta besar”, agregó el tío Manuel.

Andrea palideció ante la idea, pero su mente seguía corriendo. Entendía perfectamente lo que significaba ser adulto. Hacer cosas de adulto. Andrea se había empujado a sí misma para hacer cosas de adultos toda su vida… El teléfono sonó de repente y su tío fue a contestar. Habló en voz baja durante un minuto antes de volver.

“Bueno, pequeña”, tomó sus pentalones y se los puso de nuevo. Andrea estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de cómo temblaban sus manos mientras se vestía. “Creo que te debo una disculpa, Andrea. Lo siento, te obligué a aprender sobre el sexo cuando claramente no estas preparada. Un día, cuando seas mayor, apuesto a que…”

“No, espera”, interrumpió Andrea. “¡Soy lo suficientemente mayor! realmente lo soy, tío. De verdad.” Se dio cuenta que su tío estaba pensativo y siguió adelante. “Me alegra que me hallas enseñado sobre el sexo. Fue muy bueno”.

“¿Lo dices honestamente?”

“Sí”, respondió Andrea con convicción.

“¿Qué pasa si me ofrezco a enseñarte un poco más sobre el sexo la próxima vez que vengas a visitarme? ¿Estarías interesada en eso?”

“Sí”

El tío Manuel parecía alegre ante la idea, pero luego su rostro se volvió serio. “En realidad, tus padres no estarán muy contentos si se enteran que te estoy enseñando sobre el sexo. Mucha gente piensa que las niñas como tú son demasiado jóvenes para sobre sobre él…”

“Está bien”, le apresuró Andrea. “Puedo guardar un secreto. No voy a decirles”.

¿Qué hay de tus amigos?”

“No voy a decirles tampoco”, prometió Andrea. “Lo juro. Nunca le dije a nadie sobre esa vez que me llevaste a pasear en motocicleta. ¿Recuerdas?”. La niña se puso seria.

“Muy bien”, el tío Manuel se rio entre dientes. “Creo que tenemos un secreto para mantener”. Andrea le tendió la mano y se la dieron para sellar el trato. “Por cierto, era tu padre el que llamó. Se desocupó temprano del trabajo, así que ya viene para acá”. Tomó el control remoto y apagó la televisión.

“Oh”, dijo Andrea tristemente.

“La próxima vez seguimos la lección”, dijo el tío Manuel, “vamos a continuar justo donde lo dejamos. Es una promesa”.

“Está bien”. Andrea le siguió hasta la cocina, donde ella empezó a recoger su tarea de matemáticas olvidada. “¿Crees que los demás niños de mi clase saben algo sobre el sexo?”, preguntó.

“No creo”, la tranquilizó. “Apuesto a que con la clase de hoy ya sabes más que ellos.” Andrea se tranquilizó al escuchar eso. “Hey, mira. Tu papá ya acaba de llegar”.

Andrea terminó metiendo sus libros en su mochila y se apresuró a ponerse los zapatos. El tío Manuel abrió la puerta. “Hola, Jacobo. La niña acaba de empacar sus cosas”.

“Hola, papá”, dijo Andrea sentada en el suelo, atándose los cordones de los zapatos.”

“Hola, cariño. ¿Te portaste bien con tu tío?”

“Claro”

“Quería hacer su tarea de matemáticas, pero la hice ver la televisión conmigo”, dijo el tío Manuel a su padre. Andrea contuvo una risita. El tío Manuel, detrás de su padre, sonrió hacia la niña y le guiñó un ojo. Andrea asintió con complicidad.

“¿Tienes todo listo?”, preguntó su padre. “Manuel, gracias de nuevo por hacerte cargo.”

“¡Cuando quieras! No es problema para mí… ¡Oh! casi lo olvido. Quiero darte algo, Andrea. Dame un minuto”. Abrió su armario de suministros de arte y rebuscó en el interior. Sacó un poster enrollado que le entregó a su sobrina. “Algo para colgar en la pared”, le dijo antes de regresar al armario y buscando otra cosa. “Y esto es por ser una buena chica”.

Andrea tomó el papel que le entregó. Era una pequeño pedazo de papel con una calcomanía en él. Una estrella plateada que brillaba. “Gracias, tío Manuel.” Dijo ella complacida.

Su padre sonrió y estrechó la mano de Manuel antes de salor. Cuando llegaron a casa, Andrea corrió a su habitación para desenrollar cuidadosamente el cartel. Era una hermosa imagen de Tinkerbell (Campanita), volando majestuosamente contra una puesta de sol dorado, con el brazo en alto en un gesto triunfal mientras apuntaba su varita. La única cosa que desconcertó a Andrea era que el cartel curiosamente de desvanecía en blanco donde terminaba la varita de Tinkerbell.

“¡La calcomanía!”. Al darse cuenta de su función, Andrea buscó en su bolsillo y sacó la etiqueta que su tío Manuel le había dado. La pegó con cuidado en el poster, más allá de los dedos extendidos de Tinkerbell. La estrella plateada coincidía perfectamente con los colores del cartel.

Distraídamente rascándose la frente, sus dedos tocaron algo que se sentía seco y escamoso. Frotó con un poco más de fuerza provocando que algunas escamas se desprendieran de su frente. La niña de 7 años de edad se dio cuenta que eso era lo que su tío había frotado con su pene. Líquido preseminal [Nota de traducción: preseminal es precum en inglés], lo llamó. Una palabra extraña. Estaba familiarizada con palabras como preescolar [preschool] o precocer [precook], pero líquido preseminal?

Tendría que preguntarle a su tío Manuel para más detalles. La niña continuó admirando su nuevo póster mientras se frotaba el líquido preseminal pegado en sus mejillas. Tinkerbell se veía tan bonita. Su varita podría producir una hermosa nube plateada, aunque tendría que conseguir más estrellas…

Continuará

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